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PLAZA DE TOROS DE LAS
VENTAS
Tarde del domingo, 16 de septiembre de 2001
Novillada
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de
Valdeolivas, manejables y sosos.
Diestros:
Incidencias: el banderillero Manuel
Contreras fue cogido de muy fea manera por el cuarto toro. Según reza
el parte facultativo, Contreras sufre «una cornada en la cara anterior
del tórax a nivel del quinto espacio intercostal derecho, con una
trayectoria de veinte centímetros, no penetrante en cavidad torácica,
que produce desgarros en los músculos pectorales mayor y menor, y
fractura de las costillas tercera y cuarta en su unión con el esternón.
Pronóstico grave».
Entrada: un tercio de entrada.
Crónicas de la prensa: El
País,
ABC
ABC. ROSARIO PEREZ. El
banderillero Manuel Contreras sufrió una cornada grave de 20 centímetros
Un minuto de silencio -con los toreros
desmonterados-, en memoria de las víctimas de los atentados terroristas
en Estados Unidos, prologó una novillada con tintes amargos. El
banderillero Manuel Contreras fue cogido de muy fea manera por el cuarto
toro. Según reza el parte facultativo, Contreras sufre «una cornada en
la cara anterior del tórax a nivel del quinto espacio intercostal
derecho, con una trayectoria de veinte centímetros, no penetrante en
cavidad torácica, que produce desgarros en los músculos pectorales
mayor y menor, y fractura de las costillas tercera y cuarta en su unión
con el esternón. Pronóstico grave».
Los propietarios del hierro de Valdeolivas enviaron a Madrid una
novillada bien presentada, pero que flojeó y tuvo escasa transmisión
para los tres debutantes. Miguel Ángel Aroca estuvo voluntarioso toda
la tarde -una media verónica destelló con luz propia-, pero debe
practicar mucho la suerte suprema (saludos en los dos). Valentín Ruiz,
entregado, instrumentó algunos muletazos notables (saludos y vuelta al
ruedo). Javier Solís, muy dispuesto y decidido, causó una buena
impresión (palmas tras aviso en ambos).
El
País. JOAQUIN
VIDAL El Peón Contreras, herido en el tórax
El peón Manolo Contreras sufrió una cornada en el tórax al
banderillear al cuarto novillo. La herida es grave, lo cual no impide señalar
que la cogida fue de las que se llaman tontas. Es decir, que no había
peligro, ni situación comprometida, ni nada. Ocurrió que Contreras
prendió el par de banderillas (muy bien, por cierto); al deshacer la
reunión se alejó de la cara del toro corriendo hacia atrás y en estas
que perdió pie y cayó al suelo. Al verlo allí el toro se arrancó
como una bala. Contreras no tuvo tiempo de esquivar el embroque ni las
cuadrillas de hacer el quite: el toro lo corneó, lo levantó prendido
por el pecho y lo dejó malherido. La cornada, en el quinto espacio
intercostal, dicen que es limpia. Mas los destrozos llevarán tiempo en
curar.
El novillo cuarto ese, hierro Valdeolivas (propiedad del conocido Jesús
Gil, por cierto), un cárdeno salpicao botinero, lucía la buena
presencia de toda la novillada y parecía el padre de los que se han
visto lidiar como toros estos días atrás en Guadalajara y en la mayoría
de las ferias coincidentes.
Es lo que viene pasando en la actual fiesta: novillos de trapío -el
de toda la vida- para los novilleros principiantes, jóvenes e
inexpertos, mientras los novillos sin trapío se los echan a las figuras
experimentadas y adineradas dándoles categoría de toros, tócate las
narices.
Los novilleros principiantes, jóvenes e inexpertos, debutaban en
Madrid, que ésa es otra. Bien está que debuten novilleros, pero no
juntos sino alternando con otros conocedores del oficio, primero para
garantía del espectáculo, segundo para la de los debutantes a quienes
el experto siempre puede echar una mano en caso de necesidad.
Los tres nuevos en esta plaza, que estuvieron bien dentro de lo que
cabía, llegaron despacito. Seguramente les han dicho que el toreo se
hace despacio y para que nadie se llevara a engaño ya desde un
principio hicieron el paseíllo como pisando huevos, el pasito corto,
las puntas de las zapatillas dirigidas hacia adentro, la mano desmayada,
perdida en un dengue.
Luego, el toreo lo realizaron a tono, con la salvedad de que si no
podían ejecutarlo lento se ponían a pegar pases y no acababan nunca.
De manera que nos dieron las tantas, se hacía de noche, y allí seguía
la afición -el respetuoso turismo con ella- esperando que acabaran de
una vez.
Trajeron los tres la sorpresa de que no tenían reparos en echarse la
muleta a la izquierda y ligar los pases. Se les bendice por ello: In
nomine patri et filii.... Gustó la suavidad que imprimía a su
toreo Miguel Ángel Aroca y sus valerosas porfías, autor de unas
cadenciosas chicuelinas. Asimismo el entusiasmo lidiador de Valentín
Ruiz, el ceñimiento con que ejecutaba las suertes, los momentos buenos
que dio en varias tandas de naturales y, sobre todo, su interpretación
de las gaoneras, toreando al estilo clásico. Y el pundonor de Javier
Solís, con el peor lote, al que sacó partido a fuerza de tesón y
entrega.
Pero aún hubiesen estado mejor de ser más breves. Y hasta se
hubiese podido ver una bonita corrida. Si salvamos, claro, el drama de
la cornada al peón, que hizo la tarde amarga.
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