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PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del viernes, 12 de octubre de 2001
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Un toro de Valdeolivas
(grande, manejable), cinco de Núñez
del Cuvillo (desiguales de presentación
y juego). Diestros:
Incidencias:
- Mariano Jiménez resultó herido grave al banderillear al 1º.
Parte médico: "Herida por asta de toro en la
región inguinal izquierda, con trayectoria hacia arriba y adentro
de 30 cms. penetrante en cavidad peritoneal, que causa destrozos en
mesocolon izquierdo y perforaciones intestinales múltiples. Gran
hematoma retroperineal, que precisa transfusión de dos unidades de
sangre. Puntazo corrido en región torácica izquierda. Contusión
en cara con erosiones nasales y en labio superior, y herida de
mucosa en labio inferior. Pronóstico grave, que le impide continuar
la lidia.".
- Alfonso Romero resultó cogido grave en el 4º.
Parte médico: "Herida por asta de toro
en el tercio medio, cara anterior del muslo derecho, con trayectoria
hacia adentro de 20 cms. que causa destrozos en músculo recto
anterior y abductores, alcanzando la cara interna y disecando el
paquete vasculonervioso. Pronóstico grave, que le impide continuar
la lidia."
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, Efe.
El País.
JOAQUÍN
VIDAL. Cogidas
de Mariano Jiménez y Alfonso Romero
La corrrida fue un puro drama. El primer toro de la tarde ya había
cogido a Mariano Jiménez de forma espeluznante cuando intentaba
prender un par de banderillas. El cuarto corneó también de mala
manera a Alfonso Romero al iniciar un derechazo. Intentaban hacerle un
torniquete a este diestro mientras las asistencias se lo llevaban a la
enfermería, y al llegar se encontraron con que aún no había
terminado la intervención quirúrgica a Jiménez, que padecía
importantes destrozos. Ambos percances los califcó de graves el
doctor Máximo García Padrós, cirujano jefe de la plaza, si bien el
de Mariano Jiménez parece ser mucho peor.
Luis Miguel Encabo se tuvo que hacer cargo de cinco toros. Cinco
toros: se dice pronto con lo que estaba cayendo. Y lo que estaba
cayendo eran precisamente los toros, que sacaron un fuerza inusual en
estos tiempos (para empezar, ni se caían) y además esa casta brava
que parecen haber borrado los taurinos de la genética del ganado
bravo.
Los aficionados sospechan que si siempre salieran los toros con esa
presencia, esa entereza y esa casta, la mitad del escalafón se
retiraba o, si no, los ponían firmes. A la parte superior del escalafón
se refiere el barrunto.
Toreros con pundonor y valentía harían falta para lidiar esos
toros encastados. Y resulta que los había en la plaza. Allí se
encontraba Luis Miguel Encabo, que con capote y muleta cuajó lances y
pases de excelente factura; muchos de ellos los mejores que se le
hayan visto durante años en esta plaza.
Lo lamentable es que no rematara. Lo lamentable fue que en un toro
crucial, el que hizo tercero, de encastada nobleza, al que marcó
lances de capa de excelente corte y tandas de derechazos interpretados
con quietud y armonía, no pasara de ahí.
Llevaba Encabo seis minutos de faena y aún seguía con los
derechazos; como si no tueviera ganas de echarse la muleta a la
izquierda. Al fin lo hizo y dio la sensacióin de que tiraba por la
borda todo lo anterior: fuera cacho, sin templar ni reunir, cada pase
constituía una decepción y concluyó la faena sin éxito.
Algo similar sucedió con Alfonso Romero, que suscitó las mejores
expectativas con el toro segundo, otro estupendo ejemplar de encastada
nobleza. Lo toreó a la verónica con gusto y hondura, destacando las
medias verónicas y los recortes a una mano, y ya en el turno de
muleta se ganó entusiastas olés al ligar los derechazos. Pero ahí
seguía, vengan derechazos, sin sentir la necesidad, innata en
cualquier torero con vocación y corazón, de torear al natural. Y
cuando lo hizo (al final, en un tiempo en que la faena debía estar
terminada) se puso igual que su colega a torear fuera cacho, a repetir
pases insustanciales, a defraudar a un público que se le había
entregado. Y no salvó la situación ni cuando mudó a los ayudados,
que tanto gustan en el coso venteño.
La faena de Alfonso Romero al cuarto toro iba también de
derechazos y a la tanda tercera, al engendrar uno de ellos, el toro lo
cogió y corneó de mala manera.
Quedó solo Luis Miguel Encabo que banderilleó a todos sus toros
con más voluntad que acierto pues clavaba bajo. En el primero le había
cedido los palos Mariano Jiménez. Este torero prendió un par, el
siguiente lo intentó saliendo del estribo pero se le fue de la suerte
el toro y entonces pretendió cuartearlo, sin preparación previa. Y
sobrevino la cogida, horrorosa. El pitón entró en la ingle y el
derrote brutal campaneó en lo alto a Mariano Jiménez que aún sufriría
varios pitonazos en plena voltereta.
Encabo estuvo tremendamente voluntarioso con este toro del
percance, con el que pudo valerle y con los tres últimos. Y hasta con
los elementos, que se desataron de forma impresionante. Ya noche
cerrada, llegó una nube negra como el carbón acompañada de viento
huracanado, y soltó agua a mantas empleando una furia apocalíptica,
únicamente concebible en las venganzas bíblicas. Y Encabo siguió
toreando hecho un héroe, y mató a la primera, y obtuvo una oreja que
parecía un trofeo de guerra.
EFE.
Mariano Jiménez y
Alfonso Romero, heridos graves
El remiendo de Valdeolivas que abrió plaza salió
enterándose de todo, desarrolló, esperó y cortó mucho en el tercio
de banderillas que Mariano Jiménez compartió con Luis Miguel Encabo. Y
fue al colocar el tercer par cuando Jiménez resultó alcanzado y
corneado de muy mala manera. Encabo se hizo con el astado y compuso una
faena muy entonada basada en la mano izquierda con algunos muletazos muy
estimables. Siempre muy por encima del toro con el que nunca se pudo
confiar.
Con Mariano Jiménez en la enfermería, la corrida había quedado en
un mano a mano. Pero el infortunio no quedó ahí, pues también Alfonso
Romero caería herido en el cuarto de gravedad. En concreto, Alfonso
Romero fue intervenido de “herida en tercio medio, cara anterior del
muslo derecho, con una trayectoria hacia adentro de veinte centímetros
que causa destrozos en músculos recto anterior y abductores, alcanzando
la cara interna y disecando el paquete vasculonervioso”. Romero, antes
de esta espeluznante cogida había hecho cosas muy buenas frente al
segundo.
Un buen toro de Núñez del Cuvillo, terciado y muy astifino, al que
el murciano lanceó con gusto de salida. También con la muleta desmostró
su excelente concepto del toreo, de calidad y sintiéndose mucho. Hubo
temple gusto y sobre todo remates muy toreros, como los profundos de
pecho.
El otro animal, cuando lo toreaba por el derecho, en un descuido del
torero con la muleta retrasada, no se lo perdonó, hiriéndole de
gravedad.
El resto del festejo tendría como protagonista a Encabo que en
conjunto tuvo una importante y meritoria actuación. En el tercero, muy
bien, perdió una oreja por culpa del viento. En el quinto estuvo bien
con un toro andarín. En el último se la jugó en medio de un diluvio y
fuerte vendaval. Con muchas ganas y disposición, el madrileño resolvió
la papeleta muy dignamente y al final fue recompensado con un trofeo.
Amarga impresión con las ambulancias llevándose a los dos toreros,
Mariano Jiménez y Alfonso Romero, a la Clínica La Franternidad de la
capital madrileña. Por contra, la cara, con el triunfo de Luis Miguel
Encabo, que mantuvo el tipo y además cortó una oreja.
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