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PLAZA DE TOROS DE LAS
VENTAS
Tarde del domingo, 7 de octubre de 2001
Corrida de toros
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Manolo
González, de diferente presentación.
Diestros:
Entrada: lleno.
El País.
JOAQUIN VIDAL. Un símbolo del pundonor y la torería
La afición de Madrid recibió a Luis
Francisco Esplá con una ovación, que hubo de corresponder montera en
mano, y lo despidió sacándolo a hombros por la puerta grande bajo un
clamor y gritos de '¡Torero!'.
Luis Francis Esplá se lo merecía pues
estuvo sembrado, que se suele decir. Como lidiador estuvo sembrado, pero
también por su presencia en cada momento problemático, echando un
capote, y de paso dando una lección de poderío. Y también ciñendo
embestidas, jugándose el tipo, sacando pases de gran hondura y de una
belleza inmarcesibe.
Y eso apasionaba al público de Madrid:
la torería, que es magia y liturgia; el pundonor del que hacen gala los
toreros con profesionalidad y sentido del deber. Se lo decían a Esplá
de viva voz: 'Tiene usted lo que les falta a los demás: ¡torería!'. O
en corto y por derecho: 'Es usted cojonudo', a lo que contestó Esplá
desde el centro del redondel gritando '¡Gracias!' sin perderle la cara
al toro al que estaba porfiando un pase de pecho.
Quizá éstas sean, de verdad,cosas de
otra galaxia. Ya lo apuntó el maestro Cañabate llamando a la fiesta El
Planeta de los Toros. Cuando aparece un torero con torería auténtica
todo adquiere distinta dimensión, la plaza se traslada a un lugar
ignoto del cosmos. Fuera habrá tráfico ruidoso, ajetreo ciudadano o
vendrá la guerra (mientras Esplá ceñía los derechazos es justo lo
que venía: la guerra), mas el coso se cierra en sí mismo y vive los
momentos que le son propios, unas veces de gloria, otras de tragedia.
Tocaba gloria. Y hasta Rivera Ordóñez
se contagió instrumentando varios de los mejores pases de la tarde. En
su primer toro había dado una clamorosa manifestación de
incompetencia, sólo comparable a la de Eugenio de Mora, falto de
recursos con el tercer toro e incapaz, por tanto de domeñar su mal
estilo.
En su siguiente turno Rivera anduvo
dubitativo con un toro que se le coló por el pitón derecho, y pareció
que iba a repetir el petardo. Sin embargo reaccionó con coraje, se echó
la muleta a la izquierda, sacó tres tandas de naturales con mando y
abrochó el alarde mediante cuatro trincherillas que fueron otros tantos
carteles de toros. Llega a cobrar la estocada y alcanza un señalado
triunfo. Pero lo hizo al revés y se lo perdió.
El sexto, segundo sobrero, hierro
Guadalest, de imponente arboladura, acabó inválido total. En su
anterior intervención le habían devuelto a Mora dos, a causa de la
perniciosa invalidez. No tenía un pase aquel sexto y Eugenio de Mora
hubo de abreviar. La providencia había dispuesto que a Eugenio de Mora
sólo le salieran toros inválidos.
Este sexto, abanto igual que la corrida
entera, no había manera de fijarlo hasta que se hizo presente Luis
Francisco Esplá, echó el capote abajo y lo dejó tieso. Luego cayó en
diferentes manos y el díscolo sobrero volvió a corretear descastado,
huidizo y cojitranco.
Las intervenciones capoteras de Luis
Francisco Esplá constituyeron auténticas lecciones de tauromaquia.
Principalmente en el primer tercio, colocando a los toros. Después ya
dependía del picador. En el primero de la tarde, Anderson Murillo pegó
un petardo. En el cuarto, Pepillo (hijo de Pepillo) ofreció el gran
espectáculo de la suerte de varas, tirando el palo y picando por
derecho, sin valerse de la infame carioca ni acorralar al toro echándole
encima, artero, el caballo.
Banderilleó Esplá sin acierto al
primer toro y con enorme valor al cuarto. Y mató a los dos de sendas
estocadas, a un tiempo y aguantando, que los fulminaron sin puntilla.
La gran fiesta se había consumado y la
afición de Madrid, que tienen los taurinos tontos por insensible y
dura, se hacía de miel. A hombros levantaron a Luis Francisco Esplá en
el mismo burladero de capotes, y le dieron una lenta vuelta al ruedo
acompañada de un entusiasmo que no se había sentido en la plaza de Las
Ventas desde hace mucho tiempo.
Y los aficionados se intercambiaban
parabienes. Algunos no querían ni hablar pues salían toreando, como
toda la vida, cuando en el redondel se había visto lidia interpretada
por un diestro con torería. Hasta Don Mariano surgió de no se sabe dónde
y pegaba revoleras a la luz de un farol en la calle Londres. Los
recuerdos se agolpaban. 'Primavera en el otoño de Antonio Bienvenida',
tituló Antonio Díaz Cañabate una crónica inspirada en tarde parecida
en la que el maestro Bienvendida se había convertido en símbolo. Y sí,
francamente: esa primavera de luz y de gloria le corresponde ahora al
otoñal Luis Francisco Esplá.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. La sabiduría lidiadora de
Esplá lanza otra tarde para el recuerdo
Otra vez Esplá y Madrid y una nueva lección de tauromaquia. Otra
vez la sabiduría lidiadora del maestro alicantino, como en mayo, aunque
en muy distintas circunstancias entonces. Ahora nadie se interpuso entre
el torero y la ansiada Puerta Grande.
Esplá conoce el toreo tanto como la mentalidad de Las Ventas. Se
sabe el pensamiento de esta plaza de pe a pa, y le busca las vueltas con
tanta sapiencia y listeza como a los toros. Domina el ruedo, por su
siempre exacta colocación, y los tendidos, porque además vende todo
muy bien envuelto en una torería añeja y distinta. El conjunto de
ayer, de nueve alto, así, a vuelapluma, sin meterse en análisis más
incisivos que desvelan matices menos favorables. El recuerdo de San
Isidro propició una ovación cerrada tras el paseíllo que el veterano
matador no compartió con sus compañeros de cartel como hubiera sido
menester.
Astifino hasta la cepa era el colorao, bajito y cornalón toro que
inauguró la tarde con modos abantos y distraídos. Luis Francisco Esplá
permitió su correteo hasta fijarlo en el capote en unas verónicas de
tralla que concluyeron en una media excelsa, arrebujado el capote en la
cadera.
Costó mucho poner al bello ejemplar de Manolo González en el
caballo. Hasta tres veces recortó con habilidad y desbordante torería
campera, pero Murillo se había situado muy retrasado, lejos de los
terrenos habituales: el toro quedaba cruzado hasta la tercera vez. Picó
mal el buen jinete colombiano.
Esplá usó los rehiletes a cabeza pasada, siempre por el pitón
derecho, y sólo expuso de verdad en la tercera reunión por los
adentros. Muleta en mano se creció, y manejó la situación como cabía
esperar. Sentado en el estribo prologó faena, antes de bordar unos
ayudados y un pase de pecho magistral. Marcó el toro un punto de
violencia a media altura, y entonces la mente privilegiada del maestro
entendió que todo había que hacerlo por abajo. Y así lo hizo. Porque
salvado ese escollo, el enemigo respondía. Ya la siguiente serie parió
un trío de derechazos soberbios. Y continuó con algunos naturales
salpicados de enorme calidad, y de nuevo la derecha mandona y
bienvenidista y un cambio de mano por delante, de la antología de
Antonio. La estocada al encuentro culminó como debía una obra que
entreabría el arco de la gloria.
Sonó la hora de rubricar la tarde con un toro de Carlos Núñez que
fue siempre a más, de menos a mucho más. Jugó brazos y piernas en una
brega de sometimiento. Picó Pepillo hijo arriba, como mandan los cánones.
El núñez se calentaba con casta a cada minuto. Don Luis Francisco quitó
por delantales y también por chicuelinas, más aplaudidas que puras.
Derrochó facultades físicas en el siguiente tercio, increíbles a sus
cuarenta y cuatro años. De poder a poder se midió con las astas,
eligiendo los terrenos con su propio cuerpo, en pasadas vertiginosas.
Hasta que se asomó al balcón de los horrores en un par por los
adentros que puso el corazón de Las Ventas en un puño y a la gente en
pie. No era para menos.Todo ya valía la segunda oreja. O sea que antes
de tomar los trastos estaba cortada. Aunque no le abandonó la torería,
la faena muleteril tuvo sus altibajos, momentos brillantísmos y una tónica
quizá por debajo de la encastada embestida. El espadazo a toro
arrancado abrió la gran Puerta.
El resto de la tarde nos trajo la sorpresa de un Rivera Ordóñez muy
templado al natural con el noble quinto. Formas hasta hoy desconocidas
en él, aun al hilo. Toreo largo y parsimonioso, excelente en el reunido
cierre por bajo. Tres series y el broche le hubieran traído la oreja de
no fallar con la espada. Lejos quedó la vulgaridad habitual, como se
vio en su soso y manejable primero.
A Eugenio de Mora la suerte le volvió la cara, como si se le hubiese
cruzado un gato zaino.
El Mundo. VICENTE
RUIZ. Esplá sale a hombros
La tarde estaba para Esplá y de Esplá fue. La plaza le hizo saludar
antes de comenzar el festejo en una demostración de intenciones para
con el torero alicantino. Y toda la tarde estuvo con él. Aunque nunca
sea bueno que el público tome partido hacia cualquier diestro antes de
la corrida, Esplá se ha ido forjando este aprecio a lo largo de su ya
dilatada carrera. Salió a hombros y todo el mundo tan contento.
Las orejas de Esplá se entregan a un conjunto, a una actuación
global desde que el toro aparece en el ruedo. Con su primero estuvo
bien; muy torero e inteligente siempre. Quizás en manos de otro
diestro, el de Manolo González no habría dado tanto de sí. Faena sin
bajones culminada con una eficaz estocada. Los 25 minutos que estuvo el
cuarto en el ruedo se convirtieron en una sucesión de ovaciones. Desde
la atronadora que recibió Pepillo hijo, el picador de Esplá, que
estuvo soberbio, hasta el grito de guerra que acompañó a la estocada
final. Sin embargo, esta vez la faena de muleta fue muy menor, sin
apenas algún muletazo reseñable, pero como decía, el premio fue al
conjunto.
El problema de estas situaciones preferenciales hacia algunos
diestros es la injusticia que se comete siempre hacia otros. Ayer, por
ejemplo, hacia Rivera Ordóñez. Pero, a pesar de todo este clima
adverso, dio los mejores muletazos de la tarde. Fueron dos tandas de
naturales a su segundo que precedieron a otra tanda que serviría de
inmejorable colofón; con muletazos de mucho gusto y mayor belleza.
Pinchó y perdió una justa e indiscutible oreja. A Eugenio de Mora le
tocó un lote imposible con el que bastante hizo con matarlo.
Marc
Lavie. ESPLÁ EN MAESTRO
S'il nous est arrivé de trouver exagéré
l'enthousiasme du public madrilène au regard de certaines journées de
Luis Francisco Esplá, son triomphe de ce jour nous semble d'autant plus légitime
et justifié.
Soutenu, aimé et vénéré par le public de Las Ventas
– quel autre torero serait appelé à saluer après le paséo dans cette
enceinte si exigeante envers les hommes de lumières ? – le torero
d'Alicante sut répondre à l'attente qu'il avait suscité et, ne se
contentant pas de son intelligence de la lidia et de ses capacités athlétiques,
remporta d'abord et avant tout avec la muleta et l'épée l'oreille de
chacun de ses adversaires lors de deux combats passionnants qui méritent
d'être détaillés.
Le premier toro de Manolo González était présenté
dans le type zootechnique de l'origine Núñez, c'est à dire sans
graisse, élancé, tête haute, cornes fines et légèrement refermées
vers le haut. Si la présentation fut dans le type de la maison, le
comportement aussi : sortie rapide, fins de charge violentes contre les
planches, coureur et fuyant d'abord les capes et ne s'employant guère à
la cavalerie en deux rencontres – au cours desquelles le picador
colombien Anderson Murillo se montra plutôt approximatif – mais se
grandissant lors du combat, chargeant de loin avec force au deuxième
tiers et terminant in crescendo. Plus discret que d'habitude avec la cape
et les banderilles, auteur d'un deuxième tiers correct sans plus, Esplá
fit une faena courte – quatre séries, trois à droite et une,
l'avant-dernière, à gauche – mais de haut niveau technique, sachant
soumettre le piquant de la caste de son adversaire et juguler sa violence,
en liant les passes sur place sans rectifier les positions. Il avait
commencé son travail de muleta assis sur le marchepied de la barrière.
Il le termina de façon superbe en portant une magnifique estocade "a
recibir", d'effet foudroyant. L'oreille fut rapidement octroyée et
la deuxième fut même demandée par une partie du public.
Le quatrième, de Carlos Núñez donc de même origine
que le premier, eut un comportement similaire, mais il fut plus
spectaculaire lors du premier tiers. Il s'avéra d'abord manso et le
travail de cape de Luis Francisco fut un modèle d'efficacité. Lors de la
première mise en place face au picador, l'animal quitta la cape du torero
et, en ruant, lui donna un coup de patte en pleine cuisse. L'intelligence
d'Esplá et le remarquable travail du jeune picador "Pepillo de Málaga
hijo" incitèrent le fauve à s'intéresser peu à peu au combat,
pour s'élancer de loin et recharger le cheval lors de la troisième
rencontre. Nous retiendrons notamment, après la deuxième pique, un quite
du torero par deux chicuelinas, une serpentina enchaînées avec une
remarquable mise en place du toro : magnifique. La sortie du jeune Pepillo
fut accompagnée d'une grande ovation. Esplá prit à nouveau les
banderilles mais, cette fois, le deuxième tiers fut phénoménal, l'un
des plus spectaculaires que nous ayons vu à ce torero - et pourtant ils
sont nombreux - car les trois paires de banderilles, "de poder a
poder", en partant après le toro, en le laissant venir de loin, en
l'écartant une première fois d'une esquive au millimètre puis en
clouant dans le berceau des cornes, furent époustouflantes. Lors de la
dernière, l'animal, longuement et finement armé, tira avec sa corne
droite la cravate verte du torero et lui troua la chemise. Autre ovation
de gala. Avec la muleta, Esplá eut plus du mal qu'au premier à tempérer
et à soumettre la charge brave et vibrante du Carlos Núñez et se fit
accrocher la muleta lors de la première série à droite. La deuxième
fut beaucoup plus centrée, en exposant totalement dans chaque passe et en
se faisant passer le toro très près. La troisième séquence fut calme,
terminant les passes par le bas. Ayant pris l'épée de mort, Esplá
dessina, en exposant à nouveau, une courte série à gauche et porta une
estocade identique à la première : une entière parfaitement placé, en
laissant venir le toro, qui fit roulé l'animal dans l'instant qui suivit
son exécution. Contrairement à son habitude, Esplá fut promené en
triomphe à la fin du spectacle et sortit ainsi jusqu'à la calle de Alcalá.
Le public n'eut d'yeux que pour Esplá et la passion se
calma lors des quatre autres combats.
Passons sur Eugenio de Mora qui joua de malchance,
affrontant d'abord un manso intégral de Manolo González après que deux
toros aient été retirés car faibles et qu'il ait finalement choisi de
faire sortir le sixième en troisième, avant d'échouer sur un réserve
invalide de Guadalest, toro de peu de présence sauvé par une
impressionnante armure mais qui fut maintenu sans raison en piste. Le
torero de Tolède resta donc inédit aujourd'hui.
Autant Esplá jouit d'une forte popularité à Madrid,
autant Rivera Ordóñez, pour un tas de raisons, y souffre d'une hostilité
systématique. De plus, le torero sembla affronter son premier sans
illusion, comme battu d'avance, et entre les doutes de Rivera et l'épuisement
rapide des charges du Núñez, il ne se passa pas grand-chose. Le cinquième,
un beau toro au pelage chamois de Manolo González, prit deux piques sans
insister, déséquilibrant à la première rencontre le picador Francisco
López qui tomba dangereusement devant les cornes de l'animal. Lors du
deuxième tiers, magnifiquement conduit à la cape par Curro Molina, ce
toro chargea avec classe et suavité. Lors de la première série droitière
de Rivera, affichant encore une moue de contrariété, il prit bien les
deux premières passes avant de dévier dangereusement sa charge à la
troisième. Rivera désista à droite et opta pour la main gauche, côté
sur lequel la charge du Manolo González s'avéra de grande classe. Il y
eut trois séries de naturelles, la meilleure étant la première, toutes
exécutées sur le terrain des lignes concentriques, avant une magnifique
série de trincheras déclenchant des ovations. Le toro aurait-il
davantage exprimé sa charge au centre de la piste ? Sujet de discussion.
Après cette faena courte mais très agréable, Fran Rivera avait peut-être
une oreille en poche mais il n'enfonça l'épée qu'au troisième voyage
avant un descabello. Il a manqué à Rivera Ordóñez un poil d'ambition
pour triompher ce dimanche à Madrid et basculer l'ambiance en sa
faveur.
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