GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 2 de septiembre de 2001
Novillada
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Novillos de Juan Antonio Ruiz, seis novillos de tipo y juego variado; con trapío y serios en general, aunque bajó un poco el blando quinto. En general enrazados.

Diestros

Incidencias: Curro Duarte sufre herida en el muslo izquierdo con dos trayectorias que causan diversos destrozos. Pronóstico reservado.

Entrada: un tercio de entrada.

Crónicas de la prensa: El Mundo, ABC


ABC. JL SUÁREZ GUANES. Sergio Martínez, un novillero de Albacete que hay que tener en cuenta

El albaceteño Sergio Martínez se hizo con un merecido triunfo en esta primera novillada septembrina en la que brillaron con luz propia los novillos que mandó Espartaco. Se había lucido al veroniquear al tercero, con el que fue de menos a más. El astado se arrancó de lejos, apretó en la segunda vara y dio lugar al lucimiento del varilarguero El Chispa, del espada Paulita, en un quite, y del banderillero Rafael García. Con la muleta logró imantar, tras un comienzo voluntarioso, la embestida del rival en los dos últimos derechazos de una primera tanda rematados con uno de pecho, francamente bueno. Hubo engranaje y ligazón, pero también frialdad, al proseguir su labor. Toreó con ambas manos en terrenos de cercanías para acabar con el colofón de unas manoletinas. Se pidió una oreja, que no se le concedió, pero dio la vuelta al ruedo con fuerza.

GARBO Y TORERÍA

Volvió a estar bien con el capote en el sexto, que derribó en uno de sus encuentros con los picadores. Paulita se lució en su turno de quites y Manolo Montoya al banderillear. Con la franela, Sergio se sacó a su rival a las afueras, con garbo y torería. Se le ovacionaron dos logradas tandas con la derecha y subió muchísimo el tono al torear con la izquierda, sobre todo en la segunda de las series. Al matar de una estocada llegó un trofeo de lo más legítimo.

Paulita intentó lucirse con la capa en los dos novillos -a veces lo consiguió- y también en los quites que realizó en los novillos de sus compañeros. Se sacó a su primero al centro de la plaza y ahí dibujó dos derechazos de buen corte, rematados con un buen pase de pecho. Una serie más mecánica con la diestra dio paso a una garbosa tanda de naturales, a la que faltó un punto de reposo. Al continuar, por ambos lados, le pasó otro tanto y le empezó a faltar el ajuste. Acabó con muletazos insulsos que terminaron por difuminar los apuntes de la obra.

En el cuarto, Paulita arrancó unos derechazos valientes, sobre todo en la segunda de las series. Aguantó con la izquierda en dos tandas y volvió a la diestra con oficio y soltura, pero que acabó convertido en un tono aburrido por el largo metraje.

Curro Duarte cumplió con el capote en el novillo de la presentación y se lució al veroniquear a su segundo. Tuvo el peor lote, ya que su primero empezó a flojear en el primer tercio y llegó quedado a la muleta. Duarte lo obligó, sobre todo en el toreo al natural, lo que hizo con autenticidad hasta el punto de que la segunda de las tandas resultó cogido sin consecuencias. Mantuvo el ritmo con la derecha y volvió a ser arrollado y se instaló en un toreo por alto de cercanías al final de la faena. Muy voluntarioso en el quinto, en el que resultó cogido al torear con la izquierda, por lo que pasó a la enfermería una vez terminada su actuación.

Parte facultativo: Curro Duarte fue asistido de «una cornada en el tercio medio de la cara posterior del muslo izquierdo, con dos trayectorias, una hacia arriba de diez centímetros y otra hacia abajo de quince centímetros, que causan destrozos en los músculos semitendinoso y semimembranoso. Pronóstico reservado»


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Cogida grave y oreja grande

Hubo un herido, Curro Duarte; y un triunfador, Sergio Martínez, que también aparecía al final con una mano no sé si ensangrentada sólo o fracturada. Sergio Martínez dio ayer un muletazo de derecha, erguido el talle y baja la mano que hizo crujir la plaza de Las Ventas. Luego, encadenó el pase de pecho; sabor y verdad. Poco sería eso si Martínez no hubiera hecho más. Y lo hizo con novillos serios. Cualquiera de los novillos de Ruiz Román que salieron ayer a Las Ventas tenían más trapío que los toros infames que han salido días atrás en las afamadas ferias de Colmenar Viejo y San Sebastián de los Reyes.

Y ya que sale a relucir San Sebastián de los Reyes, aprovecho la oportunidad para decir que la gracia no fue mía; que no quiero adornarme con plumas ajenas y que los méritos son de otros compañeros; a ellos traslado las felicitaciones de palabra, teléfono y alguna sericente página taurina perdida en el bosque mediático que me adjudican los elogios a José Tomás y a El Juli. Palabra que no fui yo. A cada uno lo suyo y a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César: yo, habitualmente y pese a mi natural compasivo, suelo ser menos entusiasta y generoso.

Sin embargo, estoy a punto de entusiasmarme con el toreo de este muchacho llamado Sergio Martínez, que cortó una oreja con peso, a mi modesto saber y entender, de Puerta Grande. Vayamos por partes. En la lidia de sus dos novillos ocurrió lo más importante de la tarde. Por ejemplo, el salpicao cuarto derribó sin fijeza y se armó la batalla de las Termópilas: todos por el suelo. Después lo pusieron de lejos, se arrancó y Plácido Sandoval tiró la puya con estilo y agallas. El sexto sí derribó a conciencia; se fue de frente al caballo y empujó de firme; se agarró arriba El Chispa, pero acabó estrellado contra las tablas. Al salpicao había que bajarle la mano y cuando Martínez se la bajó surgió el muletazo largo como una iluminación continuada. Toda la tarde resolvió muy bien Martínez con estilo y empaque. Incluso resolvió un pase de pecho frustrado, cambiándose la muleta de mano y vaciando por el otro lado. Lo mejor vino en el sexto: naturales sentidos, exactos; redondos de la misma escuela en una faena sin altibajos y de novillero maduro. Toreo por bajo largo y hondo para cuadrar al novillo y una estocada defectuosa.

Yo creo que no por accidente, aunque, a lo mejor, es casualidad, Antonio Gaspar se ha puesto el apodo de Paulita. Hay maneras, hay buenas maneras incluso, en este novillero. Sólo que ese encogerse de hombros apaulado es más fácil que descolgarse, relajarse y que los pases surjan con naturalidad. Paulita, sin duda, tiende al paulismo. Y, dentro de esa estética, hace muy bien la puesta en escena. Sólo falta llenar esa estética de contenido.

Curro Duarte también tiene maneras: unas buenas y otras malas. El signo esteticista de algunos toreros de arte, el codilleo, en él se manifiesta más como vicio o como defecto técnico. Cuando saca los brazos, su estilo resulta atractivo y aparente. Cuando no, el animal se le viene encima. O mejor dicho, es Duarte quien se lo echa encima. Por eso el novillo se lo echó a los lomos y le pegó la cornada, por suerte no grave.