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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del miércoles, 31 de mayo del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de distintas
ganaderías, bien presentados. 1º, Las Ramblas, inválido
aborregado; 2º, Adolfo Martín,
inválido, noble; 3º, Manolo González,
inválido total, devuelto; 3º bis, Jandilla,
inválido, bronco. 4º, Aguirre
Fernández Cobaleda, manso de solemnidad. 5º, Alcurrucén,
manso, pastueño. 6º, sobrero de Atanasio
Fernández, morucho declarado.
Diestros:
-
Enrique
Ponce, pinchazo y estocada (palmas y algunos pitos);
metisaca bajo, pinchazo perdiendo la muleta y estocada ladeada (silencio);
pinchazo y estocada ladeada a toro arrancado (silencio).
-
Manuel Caballero,
estocada tendida trasera y rueda de peones (aplausos y también
protestas cuando saluda); estocada trasera y rueda de peones
(minoritaria petición, ovación y también algunos pitos
cuando sale a los medios).
-
El
Cordobés, pinchazo, sufre una voltereta cuando trastea, pinchazo y
estocada saliendo volteado (ovación y salida al tercio).
Incidencias: El
Cordobés, asistido en la enfermería de cornada de 5 centímetros en un
muslo, erosiones múltiples y conmoción; pronóstico reservado.
Entrada: Lleno
Crónicas de la prensa: ABC, El País
ABC. José
Luis Suárez-Guanes. Otra tarde de lujo y caras famosas
Corrida de la Prensa. Antaño, tenía siempre una fecha tradicional: el
primer jueves de julio. Recuerdos de los tiempos novilleriles de Aparicio y
Litri; de Jumillano y Pedrés; las faenas cumbres del citado Pedrés y de Curro
Romero, en 1963; del mismo Romero y de Antoñete, en 1966; las seis orejas de
Miguelín, dos años después. Así hasta llegar al indulto del toro «Belador»
en 1982, aquel gran ejemplar de Victorino Martín que correspondió a Ortega
Cano. Nunca se había indultado un toro en Madrid y tampoco se volvió a hacer
después de esa fecha.
El próximo día 7, en «Torres Bermejas», se impondrá a Julián López «El
Juli» el Garbanzo de Plata en el tradicional cocido con el que se agasaja a
personajes famosos.
Por estas tierras ha estado Indalecio Sobrino, presidente de los hosteleros
de Cantabria. Indalecio, que es un gran admirador de Curro Vázquez, contraerá
matrimonio el próximo día 16 en sus tierras montañesas.
Juanito Posada, como se le denominaba cuando era un estupendo matador de
toros, acaba de sacar a la luz un nuevo libro, «Los toreros del siglo XXI».
Juan ha publicado obras tan importantes como «De Paquiro a Paula, en un rincón
del sur» y «Juan Belmonte, la sombra de Joselito». Entre los muchos famosos
que asisten a este festejo, vemos a Antonia dall'Ate; a la célebre Mar Flores,
que se encuentra en una fila baja del tendido «10»; al financiero Juan Abelló.
El marqués de Cubas no falta a la cita. Tampoco Carlos Espinosa de los Monteros,
que fue presidente de Iberia.
El ganadero Samuel Flores y su esposa, Lilí Santos-Suárez. Alejo García es
uno de los periodistas adictos a la Fiesta. En esta Corrida de la Prensa no
puede faltar Alejandro Fernández Pombo, presidente de la Asociación. Rafael
Marichalar, periodista de ABC. Vuelve de nuevo José María Álvarez del
Manzano, alcalde de Madrid, que nunca se pierde un acontecimiento taurino. Jorge
del Corral, secretario general de Antena 3; Fernando López-Amor, Javier Delgado
Barrio, presidente del Consejo General del Poder Judicial y presidente del
Tribunal Supremo, ocupa un burladero; Marta Valentí, Juan Antonio Gómez-Angulo.
El doctor Vila, cirujano jefe de la plaza de toros de Sevilla. En esta ocasión,
los médicos del coso venteño, hermanos García Padrós, no han podido ver la
corrida entera por el percance de El Cordobés. Otra vez Ramón Mendoza. También,
otra vez, Enrique Múgica en su delantera baja del «9». Juan Onieva,
vicepresidente del Real Madrid. El empresario de Nimes, Castellón y Zaragoza
—aparte de apoderado de unos cuantos toreros— Simón Casas. Manolo Vázquez
habla con la marquesa de la Vega de Anzo.
El ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio. Alipio Pérez-Tabernero (padre)
añora sus tiempos de novillero, cuando alternaba con el citado Manolo Vázquez
y Antonio Ordóñez. Vuelve a acudir a la plaza Inés Ballester. También,
Palomo Linares. El periodista Fernando Jáuregui. El ganadero de bravo Juan
Manuel Criado, propietario de los hierros que llevan su nombre, el de su esposa,
Auxilio Holgado, y el de sus hijos, Criado Holgado. Terelu Campos, tan guapa
como siempre. La presentadora de televisión Inmaculada Galván.
Al final del festejo, el gran aficionado Ricardo Chicharro nos dice que, artísticamente,
es la Feria de San Isidro más deslucida que recuerda. Ricardo lleva más de
cuarenta años abonado a esta plaza. El profesor José Serrano Carvajal nos
habla del desacierto de los veedores de los toreros a la hora de elegir los
toros para esta tradicional Corrida. A la salida de la plaza saludo a Rafael de
la Serna, acompañado por su madre.
El País.
JOAQUÍN VIDAL, Madrid. Un desaguisado
Ocurrió de todo y nada bueno. Desde las cogidas de El Cordobés hasta la
boyancona mansedumbre de los toros de Atanasio, en sus dos ramas. Desde el
desastre que armó uno de ellos por el redondel, con estampía y posterior
voltereta del caballo de picar, hasta la incapacidad manifiesta de Enrique Ponce
para lidiar a ese y a otro moruchón de la factoría atanasia. Por los
toros vino principalmente el desaguisado y eso que los habían elegido los
propios toreros, casi a cala y a cata, como los melones.
Uno siempre ha pensado que es aberrante eso de que los toreros elijan sus
toros. Primero se dejan anunciar, luego sus apoderados, y los que llaman
veedores, se van a las ganaderías, las revuelven, este quiero este no quiero y
una vez adquirido el paño, se le comunica al público. Oiga, así se las ponían
a Felipe II.
La cruda realidad es que los apoderados y veedores irán de listos y expertos
en la materia, pero del toro no tienen ni la menor idea, y en lo único que
aciertan es en escoger al más inválido. Y si el toro elegido no estaba en el
campo inválido ni nada, se le invalida después y aquí paz, después gloria.
De eso sí que saben los apoderados, los veedores y los taurinos en general: más
que Briján.
Y así sucedió que, salvo lo de Alcurrucén, que sacó pastueña embestida
apropiada para bordar el toreo, y lo de Adolfo Martín, el resto era basura. Un
borrego tullido de Las Ramblas abrió la muestra y Enrique Ponce le aplicó el
toreo superficial de su especialidad, lo que permitió al público dejar
discurrir la imaginación en esotéricas ensoñaciones con la mirada perdida en
los tejadillos.
El inválido de Jandilla tenía guasa. Iniciaba El Cordobés sus habituales
porfías encimistas y en estas que le enganchó por la axila y le pegó un
volteretón tremebundo. Aún dio unos muletazos El Cordobés, pinchó, e
intentaba cuadrar de nuevo al toro cuando, en un descuido, este le volteó pegándole
la cornada. No acabó ahí el hule: al cobrar la estocada volvió a salir por
los aires, y menos mal que esta vez el topetazo fue sobre el testuz.
Desmadejado, sin duda molido, El Cordobés correspondió a la ovación del público,
y pasó por su propio pie a la enfermería.
Manuel Caballero, con el mejor lote, hizo un toreo muy mediocre. Al flojo
playero de Adolfo Martín, noble en el último tercio, le construyó una faena
sin asomo de arte, desigual y reiterativa. Al pastueño de Alcurrucén, después
de dos aseadas tandas de derechazos con la suerte descargada, lo pasó por
naturales, ya perdido el temple, y sufrió numerosos enganchones. Mató a la
primera y le pidieron la oreja. No muchos, aunque pegando unos gritos
desgarradores, aderezados de toda clase de insultos, según costumbre de la época.
El cuarto desmontó y volteó al caballo que, desbocado, se había pegado un
porrazo contra la barrera. Ponce lo sacó a los medios para darle los
derechazos. A cada derechazo que daba, el toro escapaba a tablas, y seguía allí
empeñado en pegarle derechazos que el toro despreciaba olímpicamente. ¿Acaso
no hay otro toreo distinto al derechazo para sujetar a un toro querencioso?
La mansedumbre del toro y la incompetencia del maestro se reprodujeron en el
sexto. La vuelta entera al redondel dio el toro y le seguía Ponce pretendiendo
meter el derechazo, con un somero toque al natural. Nada más: ningún recurso,
entre los muchos que prescriben las tauromaquias para estos casos; ni siquiera
las suertes elementales que enseñan en las escuelas. Y consumó el desaguisado
matando a paso banderillas, como en las capeas. Verlo, daba vergüenza ajena.
Menudo bochorno. Vaya cantada, que diría el poeta.
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