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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del domingo, 30
de julio de 2000
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de José Escolar Gil, bien
presentados y de juego desigual, con
trapío, con casta y fiereza y duros de pezuña; 4º y 5º, peligrosos, de juego
irregular.
Diestros:
-
José Gómez
Dinastía, que confirmaba la alternativa, pinchazo
hondo recibiendo, pinchazo sin soltar, estocada caída (silencio); estocada
(vuelta al ruedo).
-
Luis de Pauloba,
pinchazo
soltando, estocada casi entera, dos descabellos (silencio); dos pinchazos,
media baja, tres descabellos -aviso- estocada delantera, dos descabellos, se
tumba el toro (silencio).
-
Luis Miguel Encabo,
estocada
tendida y desprendida (ovación); media tendida, descabello (palmas).
Incidencias: Dinastía
fue asistido de una cornada de 10 centímetros que no le impidió continuar la
lidia. Pronóstico leve.
Entrada: menos de media entrada.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, El
País
ABC. ZABALA DE LA SERNA. Dinastía
y la épica callada del toreo
Existe una épica callada del toreo, una historia silenciosa construida sobre
mil atardeceres de miedo y cientos de batallas de valor; existen unos héroes anóminos
que han escrito páginas y páginas a sangre y fuego; hay toreros para la épica
y otros para la estética. Entre José Gómez «Dinastía» y Luis de Pauloba
cabe un mar de conceptos. Pero la corrida de José Escolar de ayer no daba pie a
estilismos. Toros duros como pizarrales, avisados y asesinos como los cachorros
de Jarrai. Y entre la idea plástica del sevillano y el bizarro planteamiento
del colombiano, los recursos, la sagacidad y la listeza de Luis Miguel Encabo.
Los toros de Escolar cogían hasta detrás de las tablas. Sólo se vio volar
la montera de Dinastía tras el burladero cuando el tercero derrotó con una
violencia decapitadora. El cuerpo del torero de Medellín se desvaneció al otro
lado de la madera con una herida en el cuello, como una cuchillada canalla y
barriobajera, como un atraco de portal y yugular.
Hubo que hacer apaños para esperar a su recuperación. Los turnos se
corrieron: el quinto fue cuarto, y el sexto, quinto, y ni uno ni otro generó ni
un solo pensamiento positivo o bien intencionado. Pauloba pasó las de Caín.
Sufrió y sufrió entre arreones de manso cabrón. Faltaron recursos. En la
lejanía se diluían las verónicas señeras, majestuosas y bellas con que saludó
al primero de su lote, como en un horizonte que desaparecía ahora entre
carreras. Todavía con la espada dentro, con ese acero desesperanzado que tantos
disgustos le ha traído al matador de Aznalcóllar, la presa y la madre del que
hizo la presa, las arrancadas violentas se repetían ante la amenaza del
descabello y los avisos.
Encabo, bullidor y veloz con las banderillas, anduvo valiente y templado
cuando se pudo. Las dobladas con que principió su faena inaugural describieron
un trazo de poder y buen gusto. La templanza predominó en las dos siguientes
tandas diestras, largas en contenido como largos eran aún los viajes, aunque en
el cuarto muletazo el toro ya hacía por herir. Tras el paso fugaz por la
izquierda, el regreso a la derecha se tornó en un imposible. Por los cuellos
resolvió raudo. También le funcionó la cabeza con el infumable quinto, al que
preparó para la muerte andándole con torería. Se libró de la cornada en un
voltereta padecida en un quite por delantales.
La emoción vino de la mano del colombiano cuando regresó de la enfermería.
Y nada más arrancar el último tercio, otra vez rodó entre las astas. Se creció
al natural, y aunque el toreo no era posible rozó la temeridad, firme seguro,
tremendo. La vuelta al ruedo fue protestada por unos cuantos, los que tantas
veces quieren silenciar la ya callada épica.
El Mundo.
VICENTE RUIZ. Volvió el verdadero Madrid
De todo pasó en la tarde de ayer en Las Ventas. Sucedió que un gran torero
como el sevillano Luis de Pauloba, mostró todo su repertorio, dando la de cal
en su primero y la de arena en su segundo; pasó que Luis Miguel Encabo demostró
su capacidad y facultades ante sus dos enemigos; el colombiano Dinastía fue
corneado en el cuello, cuando estaba en el burladero, en un derrote del tercer
toro y así multitud de detalles interesantes a vistas del aficionado.
Pero además Madrid volvió a ser Madrid en todos los aspectos, tanto en la
plaza como en los tendidos. En el ruedo aparecieron seis rematados toros de José
Escolar que además sacaron mucha casta, creando multitud de problemas a los
toreros. En los tendidos se dio paso del público festivo de los viernes o del
turístico de otros domingos, al auténtico de Madrid que ayer acudió en un número
considerable a Las Ventas.
La tarde comenzó con un decidido Dinastía, que confirmaba alternativa y que
se fue a la puerta de chiqueros a recibir a su primero. Tras banderillear con
dispar acierto, realizó una faena algo trabada, pero poniendolo todo para
agradar. En su segundo dio una discutida vuelta al ruedo tras una faena muy
entregada, en la que pudieron verse sus ganas de ser alguien en esto de los
toros.
Pauloba, por su parte, mostró todo su repertorio. Toreó de capa de manera
excepcional, tanto a su primero como en un quite al que abría plaza. Algunas
verónicas fueron de una belleza extraordinaria, templadísimas, con las manos
muy bajas, provocaron un tremendo tumulto en la plaza. Ante su segundo pegó un
sainete de los que hacen época. No supo en ningún momento cómo afrontar su
lidia y dio una imagen lamentable con la muleta, para dar paso a un auténtico
caos cuando tuvo que matar al animal.
El madrileño Luis Miguel Encabo se mostró muy dispuesto en sus dos toros,
realizando dos meritorias faenas que fueron recompensadas por sendas ovaciones.
El de Alcalá de Henares demuestra cada tarde una gran profesionalidad pero no
termina nunca de rematar sus faenas.
Cogida
El matador José Gómez Dinastía, que fue cogido en el tercer toro de la
tarde, presenta una herida por asta de toro en la cara lateral del cuello con
una trayectoria ascendente de 10 centímetros.
El
País. MIGUEL A. CUADRADO.
Emoción, fiesta brava y torería
Los toros de José Escolar trajeron emoción a raudales ayer tarde en Las
Ventas. Trapío y seriedad tuvieron todos los toros y comportamiento muy
diverso. Los hubo que humillaron, o que pelearon con casta en el caballo, y
también abundaron los que buscaron a los toreros, rebañaron al final del
muletazo o lance y no dejaron de moverse. Allí nadie se aburrió, el toro y la
fiesta brava eran algo muy auténtico. Y además había toreros que le plantaron
cara con coraje y torería. Uno de ellos fue el torero colombiano, Dinastía,
que fue cogido en el tercero, en el primer tercio, pasó a la enfermería y
volvió a salir para matar con agallas a su segundo toro.
La cogida ocurrió de manera súbita, un segundo que fue eterno, y muy
certero. Se disponía a salir al ruedo cuando el tercer toro se le arrancó y lo
alcanzó junto a la tronera del burladero del ocho. La montera quedó en el
ruedo. Las asistencias se lo llevaron en volandas, y la sensación era de que
llevaba cornada posiblemente en la cara.
En su primer toro Dinastía estuvo digno y valeroso. Era el de confirmación
de alternativa y lo recibió a porta gayola y con lances de capote
desiguales. En la faena de muleta toreó por los dos pitones, en series de mano
baja y hubo algunos muletazos que tuvieron enjundia. Había banderilleado a ese
toro y conseguido algún par muy reunido, en todo lo alto.
Salió Dinastía de la enfermería para torear su segundo con el cuello
vendado y una cornada de 10 centímetros de pronóstico leve. Había corrido
turno y este toro hacía el sexto. Lució un gran trapío y fue aplaudido el cárdeno
bragado de Escolar. Un toro duro de pezuña al que el torero colombiano toreó
con agallas, expuso, asustó al público y fue él quien ganó en la brava
pelea. Una faena de muleta que se basó en el pitón izquierdo, el derecho era
imposible. Por ese pitón derecho le cogió el toro en el primer cite, se lo echó
a los lomos y le buscó en el suelo. Se libró rodando sobre sí mismo. Le puso
entonces la muleta por el pitón izquierdo, y a fuerza de valor, de cruzarse y
tirar del burel, le dio muletazos poderosos a media altura, con la ayuda de la
espada. Al final incluso le robó una serie por el pitón derecho que parecía
increíble. Mató certeramente y se dio una vuelta al ruedo que le sabrá a
gloria, mucho mérito tuvo su faena.
Luis Miguel Encabo estuvo muy torero toda la tarde. Lidiador y enterado, quería
triunfar y no dejó de intervenir en quites, de estar atento en todo momento a
las incidencias de la lidia cuando un toro de Escolar estaba en el ruedo. También
se llevó un voltereta, de la que salió lleno de sangre el traje y sin herida,
en un quite al segundo de la tarde. Se disponía a lancear por el pitón derecho
y el toro no respondió al toque de capote. Resolvió el asunto con una media
rodilla en el albero.
En su primero Encabo realizó una faena vibrante. Dos series de derechazos y
una de naturales, en las que hubo excelentes muletazos, y en donde faltó ligazón
final, en ese tercer muletazo fundamental, en parte por las condiciones del
toro, que no admitía más por el mismo pitón. En su segundo, peligroso, probó
la embestida, consintió, y en su momento se dobló por los dos pitones, andándole
hacia las tablas, para concluir en una estocada y descabello de eficaz ejecución.
Luis de Pauloba tuvo un lote muy complicado, y el buen torero sevillano
solucionó la papeleta como pudo y la suerte le dio a entender. Pero dejó
muestras de su clase indudable.
Pauloba le enjaretó tres verónicas de saludo a su primero y una media verónica
profunda en un quite al primero de Dinastía, y varios naturales de compás y
cante grande en su primero, uno a uno. El recorte con el que abrochó la serie
de verónicas de saludo resultó un prodigio de estética y buen gusto.
En su segundo Luis de Pauloba pasó fatigas, sufrió desarmes al torear de
muleta y le costó terminar con el morlaco de catadura peligrosa, reservón y
que tendía a hacer esgrima.
Ya lo saben ustedes, ayer tarde en Las Ventas hubo toros, hubo toreros y
mucha emoción. Una página venteña de fiesta verdadera.
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