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Feria de Otoño
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del viernes, 29 de septiembre de 2000
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Tres novillos de José Vázquez,
dos fueron rechazados en el reconocimiento, uno devuelto por inválido, bien
presentados, encastados; 3º de excepcional nobleza. 5º y 6º de Félix
Hernández,
con trapío, inválidos, manejables. 2º, sobrero, de Alejandro Vázquez, grande
con gran presencia, manso.
Diestros:
-
Luis
Vilches, estocada atravesada muy tendida y trasera, rueda de peones y dos
descabellos (silencio); pinchazo y media estocada caída perdiendo la muleta
(aplausos y saluda).
-
Fernández
Pineda, pinchazo perdiendo la muleta, pinchazo, estocada caída perdiendo la
muleta -aviso- y dobla el novillo (silencio); pinchazo, estocada corta baja,
rueda de peones y dos descabellos (silencio).
-
Rafael
de Julia, media estocada baja, rueda de peones -aviso- y descabello (palmas
y algunos pitos); pinchazo bajo, estocada corta y tres descabellos
(silencio).
Incidencias:
Entrada: Tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
El País,
ABC, El Mundo
El
País. JOAQUÍN VIDAL.
El toro que se le fue
Se le fue el toro... A Rafael de Julia se le fue el toro y los aficionados lo
comentaban con consternación.
No era toro sino novillo pero decían toro. La frase, clásica en la
tauromaquia, así lo exige. "Se le va el toro", es una de sus formas.
Y todo el mundo queda al cabo de la calle de que el toro se le está yendo al
torero, y ya no volverá nunca más. "Pasarán años y se seguirá
acordando del toro que ha dejado ir".
A los no aficionados (quiere decirse, a los no conspicuos) estas expresiones
les llenan de zozobra. Es difícil de entender que a un torero se le ha ido el
toro, y resulta que el toro está ahí, vivito y coleando, y embistiendo.
Claro que esa es la cuestión. El toro, vivito y coleando, embiste, mas con
una nobleza clamorosa y una casta excepcional. Y el torero -el caso se daba en
Rafael de Julia- no acierta a interpretarle el toreo exigible en semejantes
circunstancias. El toreo puro que requiere el arte cuando la embestida clama al
cielo.
Los grandes fracasos no vienen de los toros pregonaos sino de los toros
dotados de una embestida excepcional. Tiene su lógica: un toro pregonao está
concebido (mal parido, podríamos decir) para llevar por la calle de la amargura
al más pintado y, perpetrada, suscita sentimientos de piedad hacia quien padece
sus intemperancias. En cambio un toro de excepcional embestida ha sido criado
para recrear las más excelsas suertes de la tauromaquia y dotar al recreador a
la categoría de genio, al tiempo que se le concede el título de propiedad de
un cortijo en Linares.
Los taurinos a estos toros o novillos los llaman "de vacas". Y se
refieren a que son los que deben echarse a las vacas para el gozoso himeneo y
consecuente concepción del recental que, en virtud de la genética, habrá de
ser toro de vacas también, símbolo de la fortuna que conduce a ganarse un
cortijo en Linares.
Todo eso perdió Rafael de Julia y se teme que le será recordado por los
aficionados conspicuos y por los taurinos que manejan el cotarro. Le salió el
sexto novillo, de Félix Hernández, que ya no era noble y desarrollaba genio
agresivo, y aunque le intentaba con pundonorosa entrega el toreo al natural, la
afición le estaba recordando el excepcional novillo de José Vázquez que una
hora antes se había dejado ir.
Los naturales que intentó y no pudo cuajar Rafael de Julia fueron emotivos.
Uno sostiene que fueron extraordinariamente emotivos. Allí estaba el torero,
citando con la mano de la verdad e intentando embarcar y conducir la embestida más
violenta de cuantas hubo en la tarde, en busca del éxito que le brindó el toro
de vacas y había dejado escapar lastimosamente.
La novillada entera poseyó unas características radicalmente distintas a
las que ofrecen los toros de las ferias que exigen las figuras. Trapío, para
empezar. Cabezas de limpias y buidas astas para seguir. Casta para acabar de
merecer. Con lo cual hubo lidias argumentadas y actuaciones meritorias.
Muy desvaída resultó la de Fernández Pineda, que pareció aún verde, y se
llevó un volteretón del novillo sobrero que, por cierto, lucía una importante
envergadura. Y muy esperanzadora la de Luis Vilches, porque templó y ligó el
natural en algunos pasajes de sus faenas e interpretó con torería no exenta de
sabor cañí los muletazos de recurso y de adorno. Y eso con novillos boyantones,
aunque sin llegar a la excepcionalidad del toro de vacas. No tuvo esa suerte
Luis Vilches. O sí la tuvo. Recuérdese aquella sentencia del maestro cuando un
principiante le dijo que estaba rezando para que le saliera un toro bravo:
"¡Ay, hijo! Como te salga un toro bravo, vas dao".
ABC. VICENTE ZABALA El
sevillano Vilches contra el frío
Para este final de temporada se lleva el estilo Chicago años veinte, como
el burdeos y el verde en los escaparates de El Corte Inglés. Las hojas
empiezan a caer de los árboles para alfombrar los suelos. Para la Feria de
Otoño los hombres del tiempo anunciaron frío, y frío hizo en la Monumental
de Las Ventas. Destemplado clima y nada templada tarde.
La figura de torería de Antonio Bienvenida se engrandece en el XXV
aniversario de su muerte, en la temporada 2000, cuando los toreros se
calientan contra la Prensa en lugar de con el toro. Hoy habrá que juzgar a un
matador, Miguel Abellán, por lo que haga en la plaza, independientemente de
altercados recientes; hoy, a Abellán se le exigirá en el ruedo por lo que en
el ruedo realice; por justicia, así debe ser.
Los novilleros que abrieron el ciclo otoñal se encontraron con novillos
desiguales. Fernández Pineda bregó con el lote peor, no anduvo fino y todavía
ha de dar gracias porque la voltereta ante el sobrero de Alejandro Vázquez no
pasó de ahí.
Otro sevillano, Luis Vilches, luchó contra ambiente y agradó con
fogonazos, como en un quite al tercero, muestra de arte, o en el inicio de
faena al flojo y noble primero, cuyo pitón izquierdo merecía la pena. Y
Vilches movió la zurda con largura y temple en dos series, dos, pero alargó
demasiado. Tampoco supo cortar su intervención con el capote ante el cuarto:
la bella media verónica de remate se difuminó con otras tres, absurdas.
Derrochó valentía con la muleta, tras un arranque de buen gusto por bajo y
una intensa tanda zurda. Hay que verle más.
Rafael de Julia transmite la seguridad de un matador de toros, y sin
embargo su labor ante el tercero no alcanzó la altura deseada, a pesar de los
eternos pases de pecho. Al natural, la cosa bajó, porque el utrero no respondía
igual que por el otro pitón; una importante serie diestra sacó la faena del
atolladero, pero él solo se volvió a enredar. Al final, hubo más palmas
para el bruto que para el novel torero, que nada logró del inválido sexto,
deslucido como el festejo.
El Mundo.
JAVIER VILLAN. Buenos novillos y mal
comienzo
Sólo los apuros de Fernández Pineda, muy tierno como
novillero todavía, y media docena de muletazos de Luis Vilches, salvaron
del aburrimiento absoluto el inicio de la Feria de Otoño. Y hubo novillos
para bastante más: algunos de ellos para haberles arrancado las orejas.
Comenzó esta Feria bajo el síndrome del tedio y de la
placidez en los tendidos. Para que luego hablen de las masas levantiscas.
Nadie diría, viendo la tranquilidad de Las Ventas y el fresco de la tarde,
ahuyentador de pasiones malsanas, que los taurinos le están metiendo una
violencia sin precedentes a este último tramo de la Fiesta. Tranquilo,
Vicente. Hace poco se escribían artículos para desestabilizar a Joaquín
Vidal y a algún otro; ahora las razones esgrimidas son más contundentes.
Torear no torearán, pero meterle presión al ambiente, ¡joder con el
personal! Para mí, que soy descreído, es el azar quien dice qué avión
tenemos que tomar; para ti, que eres creyente, sólo Dios. Respecto a los
nacionalismos taurinos, sobre todo el nacionalismo sevillano, sería de
desear que no rebroten ahora que, con tanto ahínco, reprobamos los
nacionalismos políticos.
Los cuatro novillos de José Vázquez eran preciosos como
zapatos de charol: terciaditos, pero armoniosos; muy bonitos de cabeza, pero
ofensivos y astifinos. Con todo, las dificultades no eran insuperables. Fue
peor la incapacidad de los novilleros, salvo algunos apuntes y los buenos
trazos de Vilches que, sin romper moldes, estuvo muy torero en varios
momentos. Los dos de Félix Hernández superaron en complicaciones y
apariencias de toro a los demás. Con ese material los novilleros no
hicieron gran cosa.
Luis Vilches, en el primero, no levantó entusiasmos ni
tampoco decepciones; no estuvo mal ni, ni se le silbó ni se le aplaudió.
Corrió bien la mano en algunos momentos. Esta circunstancia de correr la
mano la acentuó en unas tandas de naturales al cuarto. Dominio. Acortó
terrenos, empezó el novillo a tropezarle la muleta y la segunda tanda se
fue al carajo. Bien con la derecha, templando y transmitiendo mucho
sentimiento. Por falta de colocación adecuada, no sólo se deslucieron
algunas fases de la faena, sino que pudo sufrir un serio percance. Se le
quedó el novillo, no le dió salida y pudo prenderlo por la axila. Estocada
y bajonazo.
A Fernández Pineda el sobrero de Alejandro Vázquez le
pegó el revolcón en las tablas del seis. A Pineda le vino grande la Feria
de Otoño, Las Ventas y el ambiente.
A Fernández Pineda le falta todavía mucho para andar en
esto con cierta solvencia. Y mucho para andar, simplemente, con desahogo. Lo
pasó mal el novillero, estuvo a merced del sexto novillo en todos los
terrenos, y no porque volviera la cara o se arredrara, sino porque está huérfano
de técnica y de recursos. Si le daba las tablas, el novillo se lo llevaba
por delante; si le daba los medios, también. A la hora de matar, un
calvario.
Puede que Rafael de Julia acabe acordándose de las
posibilidades del tercer novillo. Tres tandas de redondos más atropelladas
que limpias; y con la izquierda, una alternancia de naturales tersos y de
naturales muy poco naturales
Pese a los ayudados por alto y por bajo bastante notables,
se le fue el novillo. Y no están los tiempos para que novillos así se le
vayan de las manos a un novillero que aspira a ser puntero. Y si Rafael de
Julia pasó apuros y tuvoproblemas en el tercero, desisto de contarles las
duquelas del sexto; oscurecía, llegaba esa luz violeta de Las Ventas que
tanto nos gusta a algunos y la gente escapaba a la carrera para librarse de
la lluvia.
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