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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del domingo, 26 de marzo del 2000
Novillada
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Lozano Hermanos, bien
presentados, salvo 3º, impresentable e inválido, devuelto; flojos, varios inválidos;
1º con casta, resto manejables. Sobrero de José Vázquez, con trapío,
aplomado.
Diestros:
-
José Luis Angelino, que debutaba en plaza: pinchazo y
estocada saliendo cogido; descabella El Fandi (silencio).
-
El Fandi:
pinchazo hondo ladeado, rueda de peones, estocada atravesada que asoma y
descabello (silencio); media y dos descabellos (silencio); estocada corta caída
(silencio).
-
Javier Castaño,
que debutaba en plaza: dos pinchazos perdieno la muleta, estocada trasera y
descabello (ovación y salida al tercio); pinchazo, estocada, rueda de
peones, dos descabellos -aviso- , cuatro descabellos más y se echa el
novillo (palmas).
Incidencias: Asistido Angelino de puntazo y cornada de 15 centímetros
que le atraviesa un muslo; menos grave.
Entrada: más de media entrada.
Crónicas de la prensa:
El País
El País.
JOAQUÍN VIDAL, Madrid.
El debutante mexicano José Luis Angelino sufrió una cornada que le atravesó
un muslo. El pronóstico es "menos grave". Ocurrió al entrar a matar.
Había pinchado, se volcó en el siguiente volapié y salió volteado de mala
manera. Apenas había caído al suelo cuando el novillo le tiró rápido y
certero otro derrote. Los novillos de casta se las gastan así. Angelino, que se
incorporó con evidentes propósitos de volver al toro, perdió el equilibrio a
los pocos pasos. La herida le había dejado fuera de combate y las asistencias
se apresuraron a llevarlo a la enfermería.
Descabelló El Fandi y se acabó la historia del novillo encastado. La suya y
la de toda la función pues sus hermanos de camada ni se parecían.
El novillo causante del percance, bien presentado, sacó todas las
dificultades que trae consigo el toro de casta y que se fundamentan en la
fiereza. No era un pregonao sino un ejemplar de casta brava que vendía cara su
piel. Aquello de tomar un pase y quedarse tan ancho, según se suele ver cada
tarde en todas las plazas de la taurina Iberia, no iba con su temperamento. Un
diestro veterano lo hubiese embarcado sobre seguro, dominándolo a base de
cruzarse, templar, cargar la suerte y todo lo demás. José Luis Angelino lo
intentaba, incluso inició la faena de muleta por naturales, con tremendo
pundonor y muy torera seriedad, pero le faltaba la técnica fruto de la
experiencia. A fin de cuentas es un novillero de corta edad -17 añitos, ya ves-
y escasas actuaciones. Le salió mal el debú -cornada y toreo clásico que
desbarataba el genio del animal- mas ya curará y madurará. A veces se aprende
a golpes. La vida es así de dura.
El novillo y el novillero compusieron quizá lo más interesante de la función,
que luego decayó. Acababa de empezar y lucía el sol. Después el sol se fue
poniendo, el frío llegando y los novilleros se pusieron pesadísimos. Salimos a
las tantas. Es el sino de la moderna tauromaquia. Da igual que cambien la hora,
la adelanten o la atrasen: siempre salimos al caer la noche si no es noche
cerrada, con las luces encendidas y los borrachos agarrándose a las farolas.
Hubo un sorprendente pasaje de emoción a raudales que protagonizó el debutante
salmantino Javier Castaño. Aplomado el sobrero de José Vázquez que le
correspondió en primer lugar, el joven espada se arrimó y se ciñó con un
estoicismo escalofriante. Y si en medio de una tanda se le paraba el manso, no
tenía inconveniente en provocar la embestida presentándole lapañosa por la
espalda.
Muchos gañafones y achuchones se llevó; tantos, que la afición conspicua
empezó a silbar aquellos alardes encimistas con vitola tremendista; y en estas
que -ahora inesperadamente-, ligó dos tandas de redondos templando y mandando
sin trampa ni cartón. Emborronó finalmente la tarea matando mal, y la verdad
es que dejó expectante a la afición conspicua, en cuyas sensibilidades cupo la
sensación de que Javier Castaño era torero distinto, valiente y enterado.
La nueva comparecencia de Javier Castaño, sin embargo, causó gran decepción.
Se puso a muletear a uno de los novillos más nobles de la tarde (tarde-noche en
realidad; ventosa y gélida) y lo hizo en la modalidad de los pegapases. Las
tandas de derechazos y alguna incursión al natural como de compromiso, se sucedían
poco templadas, monótonas, interminables. El torero distinto se había
convertido en uno de tantos. La afición científica debatía en el tendido cuál
de las dos personalidades podría ser la auténtica.
Y hubo banderillas, a cargo de El Fandi. Otra decepción. Son su fuerte las
banderillas. Y resultó que si se salvan el par de la moviola y el del violín,
que aún constituyen novedad para algunos neófitos, los tres tercios
banderilleros que ejecutó El Fandi carecieron de relieve. A lo que se unió su
nulo estilo con el capote -pese a que entró pundonoroso a quites por
chicuelinas y navarras-, su vulgaridad con la muleta, su escaso tino con la
espada, el aburrimiento que transmitió en conjunto. Estoqueó al último
novillo y la gente salió corriendo. Huyendo de allí.
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