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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del miércoles, 24 de mayo del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Los
Bayones (dos devueltos por inválidos; bien presentados, inválidos,
manejables). Sobreros: 2º, de Gabriel Hernández (bien presentado, inválido);
6º, de Peñajara (con trapío,
encastado).
Diestros:
-
Finito
de Córdoba. Pinchazo y bajonazo (aplausos y también pitos); estocada caída
(escasa petición, ovación y también pitos cuando sale al
tercio).
-
Uceda Leal.
Estocada trasera -aviso- y cuatro descabellos (palmas); pinchazo y
estocada (aplausos y sale al tercio).
-
Gómez
Escorial. Pinchazo perdiendo la muleta -aviso-, otro pinchazo perdiendo la
muleta, media y tres descabellos (silencio); cuatro pinchazos y estocada caída
perdiendo la muleta; se le perdonó un aviso (silencio).
Entrada: casi lleno
Crónicas de la prensa: El País, ABC
El País.
JOAQUÍN VIDAL, Madrid.
El público se quejaba de los toros, porque estaban inválidos, pero los toreros
no podrán quejarse de su nobleza. Bueno, a lo mejor sí se quejan. Los toreros
de hoy son muy quejicas y también muy triunfalistas. Por hablar que no quede.
Pero a la hora de la verdad pocos son los que a los toros les dan auténtica
fiesta y lo más probable es que no sepan pasar de la vulgaridad, en diversos
grados. Los de esta función no se quedaron cortos y lograron alcanzar la
vulgaridad absoluta. Tiene mérito.
Ni un lance, ni una suerte fundamental que mereciera la pena; se dice pronto,
con aquellos toros, inválidos y manejables. Cabría destacar, sí, los arrestos
de Gómez Escorial a porta gayola: el toro apareció lentamente midiendo con la
mirada el amplio espacio del redondel, amagó la embestida al descubrirle
arrodillado, se tiró de súbito al bulto y Gómez Escorial hubo de librar la
feroz tarascada, primero haciéndose el quite con el capote, luego apretando a
correr, aunque el toro le persiguió y de poco lo alcanza.
Otra excepción en la corrida dócil y aborregada fue el segundo sobrero,
hierro Peñajara, lidiado en sexto lugar, pues poseía casta. Ya se sabe lo que
trae la casta: emociones, y a su vez peligros si no se le sabe lidiar. Y de
ambas cosas hubo. Sacaba el toro genio, se arrancaba pronto y Gómez Escorial
era incapaz de resolver la papeleta de las embestidas encastadas. Mal colocado
casi siempre, sin mando, continuamente se veía achuchado y perseguido.
Del valor de Gómez Escorial nadie duda y de sus ganas de ser torero tampoco.
El último toro, luego devuelto por su absoluta invalidez, le pegó una
voltereta tremenda en los capotazos de recibo, y se incorporó sin mirarse
siquiera el terno. Antes -ya se dijo- había sucedido lo de la porta gayola. Y
toda la tarde estuvo muy animoso, manteniendo alta la moral a pesar de que se le
malograban los intentos de torear. Puede que aún le falte madurez; que no haya
adquirido la preparación adecuada para resolver las papeletas que presentan los
toros hechos.
El toro anterior de Gómez Escorial, que desarrolló nobleza, le achuchó
demasiadas veces en el turno de muleta, ya que le aplicaba medios pases, perdía
la colocación al rematarlos, y en todas las tandas se veía desbordado. Gómez
Escorial no dio la sensación de ser el torero que prometía en anteriores
actuaciones. Y, con la espada -pinchando mal, perdiendo la muleta- aún estuvo
peor.
Las limitaciones de Gómez Escorial podían entenderse: ha toreado poco, le
falta placearse. Pero no la vulgaridad apabullante, insufrible, de sus compañeros
de terna. Finito de Córdoba, el "resucitado" -que decían en
Sevilla-, se comportó como un pegapases aburrido y ventajista; venga de meter
el dichoso pico, de rectificar terrenos, de poner posturas pintureras para
aliviarse en el momento de parar, templar y mandar.
Nada paró, templó ni mandó Finito de Córdoba. Alargando el brazo al modo
de los guardabarreras, descargando la suerte, corriendo al rematar los pases, ni
se para, ni se templa, ni se manda.
Y lo propio podría decirse de Uceda Leal, que junto a algún muletazo
adormeciendo el recorrido, imprimiéndole cadencioso ritmo, multiplicó los que
llevaban los mismos defectos apuntados en Finito. Se nota que Uceda Leal, una
fuerte esperanza de torero artista, inspirado y exclusivo, en sus comienzos, se
ha apuntado a los trucos de la neotauromaquia adocenada y pegapasista.
Tarde soporífera para un público que aguantó pacientemente las
interminables dos horas y media de función. Pocos se marcharon a la hora en que
empezaba el partido de París y decían por el tendido que quienes se quedaban
eran del Atleti. Pero qué va: cuando el Real Madrid marcó su primer gol,
menudo alboroto hubo en la plaza. Alguien dio la voz de alarma: "¡Gol del
Madrid!". Y para muchos fue el único motivo de jolgorio en la tarde espesa
e insoportable.
ABC. Vicente Zabala de
la Serna. Madrid. Finito mantiene el tono ascendente
de Sevilla
Medio mundo pendiente de la
Copa de Europa, y cerca de veinticuatro mil almas se encerraron en la Monumental
de Las Ventas relativamente ajenas a todo. El primer gol del Madrid se coreó en
los tendidos pasadas las nueve y veinte de la noche. No falla. Basta que
existiera una cierta prisa para que saltara al ruedo una corrida floja y blanda
de Los Bayones. Nadie juega a adivino, pero el fracaso de algunas ganaderías
venía cantado. El hierro de Los Bayones suele ser reincidente. Al presidente le
costaba sacar el pañuelo verde, quizá por su espíritu madridista, mas no le
quedaba otra ante la invalidez de algunos ejemplares.
Ana Obregón también se acercó a Las Ventas: sin Súker en
el Madrid, el interés es menor. Digo yo. Ana se aburriría luego como todos,
porque el festejo tuvo un transcurrir lento, cansino, soso. Y eso que hubo cosas
de interés, aunque muy separadas en el tiempo. La tarde plomiza pesaba como una
losa; y el corazón en París. No superó el atardecer el tedio, a pesar de que
Finito de Córdoba dejó muestra de su recuperación. Sigue subiendo enteros.
Bien es verdad que disfrutó del mejor lote, como también que exprimió al máximo
las posibilidades de sus enemigos.
Noble era el primero. Noble y soso. Principiada su faena con
un notable y torero inicio a media altura. Metía bien la cara el de Los Bayones
por el pitón derecho. El cordobés corrió la mano con largura y remató la
tanda primera con un soberano pase de pecho. Otra serie repitió con el mismo
son y la figura un tanto forzada, pero se irguió en la siguiente: Finito torea
con más estética cuando menos se tumba. Lo intentó al natural, y el bruto se
quedaba corto. Estuvo a la altura de las circunstancias, cosa que no todos
valoraron con el mismo calor.
SERIES AJUSTADAS
Muy apretado de carnes era el cuarto, precioso
burraco. La cuadrilla no anduvo fina antes de que su matador entendiera que el
pitón izquierdo de su enemigo valía la pena. Dos series al natural, muy
ajustadas, calentaron un ambiente distante, cuando los más forofos huían
camino del televisor. La tercera concluyó algo embarullada, metido en los
costillares, pues el bicorne ya se vencía bastante más. Cambió de mano y
exprimió la embestida con unos muletazos de excelente corte. Cobró una
estocada arriba, quizá mínimamente ladeada, y a algunos ya les dio el síncope
y le negaron el pan y la sal. Brotó una petición dudosa en cuanto a la mayoría
de pañuelos. El palco optó por la precaución. Finito de Córdoba debió dar
la vuelta al ruedo, que para eso está. Sin embargo, se frenó en el ruedo, con
cierta timidez ante las voces discrepantes que hicieron todo lo posible por
descentrarle. ¿Acaso empieza a pagar factura por su triunfo en Sevilla o un
cierto uso, en ocasiones, del pico de la muleta incita a la frialdad?
Fue devuelto el segundo, y Uceda Leal apechó con un sobrero
de Gabriel Hernández, sin chispa ni sal, gazapón y zapatillero. Se esforzó el
madrileño por apurar las embestidas, hasta pasarse de faena.
Más lucido estuvo con el capote en el saludo al quinto: verónicas
de manos bajas se sucedieron en el tercio, hasta la media. Quizá, como durante
toda la tarde, faltó la importancia del toro, la transmisión. Interpretó el
redondo con la clase sensacional que caracteriza a este matador, que algún día
tendrá que romper. Dos naturales, tal vez tres, se abrieron camino en la
anochecida con luz propia. Los obligados de pecho destellaron, como la estocada
en todo lo alto. Mató a sus dos toros muy por arriba, aunque en éste consiguió
el espadazo en el segundo embroque.
A Gómez-Escorial, que sustituía al lesionado Barrera, le tocó
bailar con la más fea. La larga a portagayola resultó espeluznante: se le paró
el toro justo frente al pecho y no obedeció al capote. Sólo los reflejos de su
juventud evitaron la tragedia. Huyó de ahí con las astas pegadas a los riñones.
Después, muleteó en cantidad con las embestidas del pupilo de Los Bayones, un
punto descompuestas. El flojo sexto le volteó con el percal, antes de ser
devuelto. El sobrero de Peñajara daba pavor por su presencia y por su torvo
comportamiento. Volvió a pasarlo mal con la espada. A estas horas, el Madrid ya
es campeón. ¡Hala Madrid!.
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