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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del domingo, 23
de julio de 2000
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Carriquiri, bien
presentados en líneas generales, que dieron buen juego.
Diestros:
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José Antonio
Iniesta: tres pinchazos (aviso), pinchazo, metisaca muy bajo, pinchazo y
estocada tendida (silencio); pinchazo y media tendida (primer aviso), tres
pinchazos (segundo aviso) y descabello (silencio).
-
Manolo
Bejarano, que confirmaba la alternativa: estocada atravesada y caída
(palmas); pinchazo hondo, otro pinchazo y estocada caída (silencio).
-
El Renco: estocada tendida y dos descabellos (vuelta);
estocada tendida (oreja).
Incidencias: El picador Francisco Antuñedo sufrió conmoción y contusión
en el hombro. Pronóstico reservado.
Entrada: un tercio de entrada.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, El
País
El Mundo.
JAVIER VILLAN. De
doce orejas, una
Cinco de los seis toros se fueron con las orejas puestas. Uno no es que vaya
por la vida pidiendo a la gente que rebane las orejas de todo lo que se mueva;
mas es cierto que algunos toros tienen las orejas para que se las corten los
toreros. Eso ocurrió ayer. Menos en el sexto que, hartos público y presidente
de no haber tenido oportunidad de sacar los pañuelos, se liaron la manta a la
cabeza y organizaron la pañolada. Fue la oreja que menos se esperaba dada la
condición del toro inferior a la de sus compañeros.
Tiene gracia, aunque sea una triste gracia, que el gesto más celebrado de El
Renco en su primero fuera una patada al aire para desprenderse de la zapatilla
que le quedaba. Había perdido la otra en un lance apurado de pisotones.
La tarde no es que fuera pródiga en gestos memorables; mas quede claro que
el de la zapatilla no fue el mejor. Sólo que el público andaba un poco
desnortado y, puesto a aplaudir, le daba igual un zapatillazo al aire que un
natural o un redondo como Dios manda. Naturales y derechazos como Dios manda dio
algunos El Renco. Y el público se lo agradeció, no tanto como el arrebato del
descalzamiento, pero lo agradeció. Y como el llamado respetable tiene buena
memoria, en el sexto le obsequió con una oreja. Esta oreja acaso la tuviera
ganada en el tercero y la perdió con el descabello. Se tiró bien a matar y el
toro tardó en doblar. Fue el toro más blando y más claudicante de la tarde.
Dos tandas de redondos fueron largas y hermosas, algunos naturales también. Y
El Renco se encontró en el sexto con un pago aplazado. Hizo un estropicio este
toro, que empezó manseando. Primero, saltando al callejón. Después, en el
tercio de varas, descabalgando con estrépito a Tomatito, fue llevado
inconsciente a la enfermería. Por último, hizo un estropicio, el peor, en la
muleta de El Renco, que no llegó a dar ni con el temple ni con la distancia.
Mas acertó a la primera estocada y quienes habían aplaudido el zapatillazo en
el tercero, unidos a los que recordaban los muletazos, consiguieron la oreja.
El toro de la alternativa, regordío y que perdió la virginidad de los
pitones a las primeras de cambio, pareció asfixiarse enseguida: tras una tanda
de derecha de Bejarano firmada con un precioso trincherazo. Pero sacó casta y
había que ponerse en el sitio para vencer su resistencia. El quedarse puesto y
en el sitio no lo hizo mucho ayer Manuel Bejarano. Y sus compañeros tampoco.
Apuntó detalles de torero, aunque le faltó ese don preclaro que se adquiere
con corridas: el ángel de la colocación. Más imperdonable fue que se le
escapara el quinto. Se le fue el toro y al torero se le fue también la mano en
las estocadas.
Alarmante es el estado de ánimo evidenciado ayer por José Antonio Iniesta.
Así no se recupera un torero: inseguridades, precauciones, deriva a la hora de
elegir los terrenos. Descolocación. Mal síntoma cuando un estilista de la verónica
como él, da el paso atrás en cada lance y recula hacia tablas. La apertura por
bajo, doblándose en las rayas, fue espléndida en el cuarto. Toro breve y
comunicativo. Toro caliente, de pocos muletazos, pero intensos. Le molestaron al
carriquiri las dudas y las tribulaciones de Iniesta y todo empezó a venirse
abajo. Lo peor fue la espada: dos tristes espectáculos.
El
País. MIGUEL A. CUADRADO.
El picador Francisco Antuñedo resulta herido
La corrida fue interesante, que se dice; resultó entretenida por el juego de
los toros y las ilusiones que pusieron los toreros, en distintos grados y
maneras, y porque hubo faenas con cierto rumbo, hasta trofeos, premios a la
labor del matador que dio lo mejor de sí mismo, El Renco, que se llevó una
oreja por su labor y entrega en el último de la tarde. Pero a esas luces le
sucedieron sombras de mal agüero. Ocurrió precisamente en el sexto. En el
primer encuentro con el caballo, el picador de turno, Tomatito, salió
despedido del encontronazo por encima del cuello del caballo y cayó en el
suelo, junto al burladero del 8, de mala manera, a plomo, sobre los hombros.
La impresión fue bastante fuerte entre el público. Se lo llevaron a la
enfermería inerme, desmadejado. Ese mismo toro último, momentos antes había
saltado la barrera y producido un pequeño sainete. Obligó a tirarse al ruedo,
entre otros, a un alguacilillo que, al incorporarse y salir corriendo, perdió
el pie y volvió a caerse, sin consecuencias. Alborozo del público, y luego
ocurrió la mala caída del picador.
Con ese toro sexto de la tarde, que fue manso, que se rajó y que fue el único
que no sería manejable, El Renco estuvo entregado, valiente y con todas las
ganas del mundo de salir triunfante. Recibió al toro en chiqueros, una larga
cambiada, a porta gayola, lenta y angustiosa. En la faena de muletas llegó a
conseguir alguna tanda muy trabajada de derechazos. Se paró el toro pronto y se
metió entre los pitones, para acobardar y decirle al morlaco que quien mandaba
era El Renco.
En su primero logró una faena templada y que llegó a los tendidos con
fuerza. Empezó el trasteo de muletas en los medios, a base de un péndulo o
pase cambiado por la espalda, y siguieron después dos pases de pecho bien
dichos. Sobre el pitón derecho ligó dos tandas muy lentas, de mano baja, en la
que llevó al toro muy toreado y sometido. Al natural no ligó tanda, ya el toro
estaba apagado, aunque consiguió algún muletazo largo y bien rematado. Llegó
a gustarse en muletazos de remate o cuando se ciñó el toro en la cadera.
Manolo Bejarano estuvo entonado en el toro de su confirmación de
alternativa. Comenzó el trasteo de muleta con doblones poderosos, que fueron
aplaudidos, y después, en el toreo fundamental, ligó alguna serie de redondos,
la mano que manda muy baja, el remate en la pala del pitón, que conectó con
los tendidos. Hubo color y transmisión. Sin embargo, en su segundo, Bejarano,
que empezó de rodillas muleta en mano y se echó la pañosa a la izquierda sin
pensárselo dos veces, no terminó de acoplarse. Le faltó temple y rodaje para
sacar al toro todo lo bueno que tenía.
José Antonio Iniesta se fue de vacío ayer en Las Ventas, después de
manejar muy mal la espada, y sobre todo, de naufragar en el cuarto toro de la
corrida, que tomó un primer puyazo por debajo del estribo y llegó a la muleta
embistiendo franca y noblemente. El comienzo, esperanzador, se diluyó muy poco
a poco. Doblones templados hacia adelante, en donde hubo gusto y hondura, y un
cambio de mano ligado al pase de pecho, que tuvieron arte y marchosería. Luego
fue la nada. En su primero, Iniesta, que sufrió hasta cuatro desarmes, dibujó
algún muletazo de clase que llegó a arrebatar. Todo muy aislado. Lástima por
partida doble.
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