GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 23 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Gabriel Rojas (dos devueltos por inválidos), anovillados e inválidos. 5º y 6º, con más presencia. 1º y 4º, sobreros de José Vázquez, bien presentados, flojo y con peligro, respectivamente.

Diestros: 

Entrada: Más de media entrada.

Crónicas de la prensa: El Mundo, La Razon


El País. LUIS M. MORCILLO. El Cid dejó buen sabor

Más de dos horas llevábamos chupando los amargos caramelos de la confitería de Gabriel Rojas. Unos acibarados confites que no sabemos a quién se le ocurrió que podrían gustar al público de Las Ventas. Y ese público que, pese a la fría y ventosa tarde -más marceña que abrileña- había acudido a la plaza, casi se atraganta con el mal sabor de los astados del ganadero de La Dehesita. Hasta que con el sexto de la tarde, El Cid nos dejó el buen sabor de un excelente toreo al natural, que fue de menos a más y que tuvo el enorme mérito de hacérselo a un morlaco, que se paró apenas comenzada la faena, y que punteó y hasta llegó a pegar hachazos.

Nada de aquello asustó al Cid, consciente de lo que se jugaba en la tarde de su alternativa. Se puso delante del incierto animal, en el sitio en el que los toros dan la cornada y con el pecho por delante y colocando muy bien la muleta, arrancó tres naturales de angustioso temple, seguidos de otra tanda de dos irreprochables y un cierre pectoral de una lentitud de asombro.

El Cid hubiera obtenido un sonado triunfo de no haber fallado en el manejo del estoque. Fue muy feo el bajonazo que colocó, además de quedarse en la cara y no marcar bien la salida con la mano izquierda. Para colmo, marró con el descabello. Pero la dulzura de su toreo zurdo llegó con hondura al público. Porque no hubo ni un solo derechazo en su trasteo. Ya iba siendo hora de que un torero se acordase de la mano de la verdad.

Con el toro de la ceremonia de su alternativa, un sobrero manejable y con poca fuerza, estuvo el Cid muy tranquilo y muy puesto. El burel se empleó más por el pitón derecho que por el izquierdo y por aquél lo llevó el novel matador con seguridad. Y como se frenaba con peligro por el izquierdo, la faena perdió lustre. Han quedado deseos de volver a ver a El Cid con confitería menos adulterada. Quedamos a la espera.

Se aguardaba a Finito de Córdoba con interés y deseos de verle un triunfo. Las dos birrias del hierro anunciado que le correspondieron en desgracia burlaron las expectativas. Su primer antagonista fue una cabra inválida que no podía con su alma y Finito intentó el toreo con la derecha. Se tomó el público a chufla la situación, con "olés" de burla y chacota y parte de culpa la tuvo el torero, por ponerse marchoso, desafiante y retador, delante de aquella mona artrítica. Con su segundo oponente, más de lo mismo. Le quitó el poco gas que tenía al doblarse por bajo y luego se perdió en el medio pase por aquí y por allá. No se podía hacer más.

Luguillano sacó algún derechazo suave, de mano baja, al primero de su lote. Todo sin emoción ni garra. De vez en cuando se iba al rabo, para dar alegría al asunto. Pero ni por esas. El empleo de la mano izquierda no llegó a buen puerto porque se lo impidió el viento.

El cuarto toro salió cerniéndose con mucho peligro. Tras enganchar a un peón, obligó al matador a salir a toda prisa y a la carrera para lanzarse de cabeza al callejón. En la hora final se limitó a machetearlo por la cara.


La Razon. Laura TENORIO.- Digna actuación de Manuel Jesús «El Cid» en la tarde de su alternativa

Gustó la estampa del primer toro de los de Gabriel Rojas que pisóplaza. Nada más salir al albero, se escucharon palmas. Era negro y con la encornadura engatillada. Pero en los primeros lances el toro apuntó falta defuerzas. Al entrar en el peto, donde derribó, el animal claudicó. Lo hizo reiteradamente provocando las protestas de los tendidos. El presidente asomó el moquero verde sólo después de que el burel llegara a perder las manos en cincoocasiones.
   
Como sobrero salió un toro de José Vázquez, cárdeno y lucero. Quiso saludarEl Cid rodilla en tierra, con una larga afarolada sobre el tercio, pero el torose frenó. Después intentó quitar tras recibir el animal la primera vara, peroel toro se le rindió a sus pies delatando también éste una acusada falta defuerzas. Tras la ceremonia del doctorado El Cid brindó a El Gallo de Morón, quien fuera su apoderado. El viento no le permitió abrirse más allá del tercio. El sevillano inició el trasteo sobre la diestra, el animal tomaba elengaño bien, con nobleza pero con escasitas fuerzas. El diestro enjaretóvarias tandas, medidas y ligadas, aunque no había vibración. Acabó justificando el trasteo sobre la zurda en una tanda de naturales hilvanados deuno en uno, cortos y deslucidos por la sosa condición del toro. Tras un pinchazo, hundió más de medio el acero. Lo hizo en lo alto y un punto trasero,pero suficiente para hacer doblar al toro. La labor del sevillano, aseada ymeritoria, fue premiada con una ovación.
   
El segundo toro también fue devuelto por inválido. Luguillano corrió turno ysalió el reseñado como cuarto: negro, largo y de 506 kilos. El toro manseó desalida y, como los anteriores, blandeó. Tuvo genio en el peto y esperó enbanderillas. Con él, Luguillano supo resolver un trasteo que, a la postresilenciado, tuvo dignidad. El de Valladolid lo brindó al respetable. Deliberadamente colocó la montera bocarriba. El toro, facilón aunque sintransmisión alguna, trazaba corto el viaje. Luguillano le enhebró alguna tandaen redondo. El quehacer torero del diestro, muy entregado, no tuvo el brillo del triunfo -no tuvo mimbres-, pero su actuación estuvo siempre por encima de las condiciones de su enemigo.
   
Frenándose y perdiendo las manos salió el tercero. Finito de Córdoba quedó inédito en la capa. El toro, que entró dos veces al peto, apenas podía con el rabo. Llegó a la muleta berreón y tardeando. «Peor que el Atlétic», dijouna voz en el Siete. La corrida no parecía levantar cabeza y el frío se ibadejando sentir cada vez más. El torero, entre tanto, intentaba pasar turno condignidad. Toreó sobre la diestra, entre las rayas del tercio, al tiempo que la guasa de los del Siete se hacía presente con palmas de tango y coreados olés. Todo, lo coreaban todo.
   
El aprieto de Luguillano

El sobrero de José Vázquez, que hizo cuarto, puso en unaprieto a Luguillano. El torero tuvo que tomar el olivo con precipitación, trasel intento de pasarlo de capa. El toro se frenaba y medía los vuelos delpercal. Tenía lo suyo; o sea, no tenía un pase. Era de los que se dice un regalito y Luguillano, acertadamente, lo macheteó por bajo sin más. El Siete, otra vez con su guasa, aplaudió en el arrastre al burel y pitó la breveactuación del torero.
  
Cuando el que hizo quinto pisó el ruedo, el viento pareció echarse. Pero tal ventaja no pudo ser aprovechada por Finito: el toro salía suelto y rebrincadode las telas, también echando las manos por delante. Cuando Finito agarró la muleta, don Eolo volvió a soplar. Al torero no pareció importarle y, entregado y con ganas, se inventó pases inexistentes. Marró con la espada y escuchó un aviso.
   
En el sexto, El Cid justificó sobradamente su doctorado en Las Ventas. Frente a un blando y a la par complicado animal, resolvió con maestría un trasteocimentado en exclusiva sobre la zurda. Cruzado a pitón contrario, exponiendo lo suyo, hurtó varias tandas meritísimas. Sobresalieron tres naturales de ley. La labor hubiera sido premiada con una oreja de haber acertado con el acero. Pero El Cid dejó claro ayer que está preparado para darle fiesta al de los cuatrocumplidos.