GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE LAS VENTAS,
MADRID

Tarde del domingo, 16 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Juan José González (uno devuelto antirreglamentariamente al inutilizarse en la lidia, otro por inválido), discretos de presencia, totalmente inválidos, de media casta. Sobreros: 4º de Hermanos Astolfi y 6º del Conde de la Maza, ambos bien presentados, inválidos absolutos.

Diestros: 

  • El Tato: estocada (silencio); pinchazo y estocada corta delantera (silencio).
  • Ruiz Manuel: estocada corta saliendo volteado -aviso- y dos descabellos (insignificante petición y vuelta con algunas protestas); cuatro pinchazos y se tumba el toro (silencio).
  • Ignacio Garibay: que confirmó la alternativa: aviso en plena faena, estocada caída, rueda insistente de peones, tres descabellos y se echa el toro (silencio); media estocada muy tendida, rueda de peones y dos descabellos (palmas).

Entrada: Media entrada


Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, La Razon


El País. JOAQUÍN VIDAL. La inevitable invalidez

¿Por qué se han de caer todos los toros de la vida? A mi que me lo expliquen.

Saltan los toros a la arena y apenas han pegado dos carreras ya se están cayendo.

La invalidez de los toros es una patología inevitable, al parecer, y nadie da explicación acerca de sus causas.

Tonterías, sí, se dicen muchas. Los taurinos son quienes propalan las tonterías y eso es lo que pone la cuestión bajo sospecha.

No todos los taurinos (muchos de los cuales son unos absolutos incompetentes) mas sí buena parte de ellos, sobre todo los ganaderos con dignidad y sentido común, saben bien que, respecto a la invalidez de los toros, se están propalando unas fantasías orientales y luego el público las repite cual si se tratara de verdades absolutas.

Los seis toros titulares y los dos sobreros que soltaron en Madrid estaban inválidos, y ciertos espectadores justificaban con las tonterías de los taurinos su inexplicable invalidez.

He aquí un florilegio: antes las fincas eran grandes y ahora son parcelas, por lo que los toros no pueden moverse y se quedan entumecidos. Ha llovido mucho y tienen reuma. Los han traido en camión desde muy lejos y les entró el estrés. El ruedo está muy duro y se lastiman las pezuñas. El ruedo está muy blando y sufren torceduras. Vienen demasiado gordos y se asfixian.

La verdad es que siempre llovió, o hubo pertinaz sequía, y los ruedos eran lisos o parecían pedregales (según las plazas), y el transporte de los toros por carreteras infames duraban el doble que ahora, y su peso mínimo exigido era de 575 kilos, y ni por nada de esto ni por todo en conjunto se caían.

Nunca jamás se cayeron cuantos toros trae la vida, hasta el momento presente, y ninguna autoridad responsable en la materia ha ofrecido la menor explicación; tonterías aparte.

De manera que así está la fiesta. Y pues tendido arriba nadie del público tiene la culpa (a mí, por lo menos, que me registren), será necesario ir tendido abajo e investigar a quienes pululan por los callejones y, con ellos, a la llamada autoridad competente, que en este vidrioso asunto de la invalidez de los toros se conforma con hacer el Don Tancredo.

Toros inválidos a los que El Tato pretendía pegar derechazos. A uno de los inválidos que más se movió -el primero- se los pegó bastante malos. El Tato vino a Madrid con sus habituales registros: toreo fuera cacho, naturalmente despegado, adelante el dichoso pico, olvidado del arte.

Tampoco es que se apartara demasiado de estas reglas Ruiz Manuel, aunque estuvo a punto de triunfar. Ruiz Manuel le hizo al segundo inválido de la tarde una faena animosa, primero por derechazos, después por naturales (es el orden establecido por la tauromaquia moderna), corriendo la mano. Corriéndola e instrumentando muy largos los pases, con varias tandas incluso ligadas (una norma que la moderna tauromaquia no contempla), si bien pases y tandas los instrumentaba también fuera de cacho. Al ejecutar el volapié resultó volteado y la emoción del momento revalorizó su actuación. Tardó el toro en doblar y quizá por este motivo hubo escasa petición de oreja.

Al quinto intentó Ruiz Manuel torearlo con la suerte descargada, y la afición no aceptó ni estas formas ni la invalidez del toro al que pretendía aplicarlas.

Toreo de mayor autenticidad ensayó el mexicano Ignacio Garibay, tanto en los lances a la verónica como en las suertes de muleta. No obstante, la excesiva duración de sus faenas, y la flojedad y la falta de casta de su lote le impidieron el lucimiento.

Al cuarto lo descordó un picador. El vil puyazo trasero le debió quebrar el espinazo (ya ha ocurrido antes y volverá a suceder), y el presidente envió antirreglamentariamente a los corrales al parapléjico toro. La afición no había pedido que devolviera ese toro inutilizado en la lidia sino los otros cinco y los sobreros. Por inválidos y sospechosos de manipulación fraudulenta.


El Mundo. JOSE LUIS VADILLO.Ruiz Manuel y un rayo de sol

MADRID.- El toreo de verdad, con emoción, puede con todo. Incluso el amago de una buena faena puede cambiar el color de una tarde que comienza cuesta arriba. Así ocurrió en el tercero de la tarde ayer en Las Ventas. Cuando la terna iniciaba el paseíllo, unas gotas comenzaron a salpicar los tendidos. Tarde de perros la que se auguraba, más que de toros. Media hora después, Ruiz Manuel enganchó la muleta con la diestra y prendió de ella al núñez de Juan José González sin remisión.

Lo hizo con tal ahínco y delicadeza que parecía no querer soltarlo. Con los cinco dedos en el centro del estaquillador, el compás abierto -quizá en exceso para presumir de estética- y la cabeza serena, el diestro almeriense citó al de González. Logró dos tandas de mérito, templadas, y aunque algunos derechazos quedaban a medio rematar, o lo hacían a por las alturas, el respetable agradecía el milagro de ver faena con un manso.

Las embestidas no eran sencillas: ora arreones, ora probaturas. O se decidía el de González a entrar al trapo.

Después se echó Ruiz Manuel la muleta a la izquierda, con el ambiente ya caldeado. De ahí brotaron los dos momentos álgidos de toda la tarde. Primero, un natural muy largo, de mano baja, que remató el torero con un alarde de flexibilidad en la muñeca. Luego, una sangre fría más allá de lo exigible se hizo presente cuando el animal dirigió la mirada y sus astifinas defensas al pecho de Ruiz Manuel.

Y en ese preciso mom!ento cayeron los primeros rayos de sol sobre los tendidos de Las Ventas.

Parecía que la tarde iría hacia arriba, que el almeriense cortaría una merecida oreja y que el ganado colaboraría. El aficionado es optimista por naturaleza o por convicción, ya se sabe. Pero no. Para empezar, el toro tardó en morir más de lo recomendable cuando se pretende un éxito en Madrid. Ruiz Manuel se fue tras la espada y no se preocupó de salir de la cara del animal, o no tuvo tiempo, o tal vez se resbaló, que dos días de lluvia habían castigado el ruedo. La cuestión es que acabó zarandeado de mala manera y pisoteado por el morlaco, aunque sin consecuencias.

Cambio de suerte

En el quinto fue otro cantar. El almeriense tuvo que tragar con un toro probón y demasiado blando que tiraba hachazos de continuo con la cara muy alta.

El mexicano Ignacio Garibay tuvo a una parte de su parroquia ayer en la plaza madrileña para presenciar su confirmación. Anduvo el mexicano variado de capa, animoso y aparentemente tranquilo.

Con voluntad

En su favor hay que anotar la voluntad por agradar, su participación en quites, la predisposición. En su contra, la eternización de sus dos faenas, que continuaban más allá de lo necesario. De hecho, recibió Garibay un aviso toreando el que abrió plaza, un toro muy justo de presencia al que salvaban sus astifinas defensas.

El sol tampoco sirvió para favorecer la resurrección taurina de El Tato. Dicen que Raúl Gracia se está reencontrado a sí mismo en este inicio de temporada. Lo necesita el torero maño, sin duda.

Ayer no estuvo mal. Ni bien. Sólo tuvo opciones de lucimiento ante el segundo, un ejemplar muy alto, noble y blando. Comenzó la faena centrado El Tato, pero un desarme a destiempo, como todos los desarmes, pareció descentrarlo. Lo mejor de esa faena fue su rúbrica, un espadazo de muy buena ejecución.

Ninguna historia tuvo el trasteo al inválido sobrero de Astolfi. El del hierro titular, de cornamenta espectacular por veleta y astifina, se malogró en el primer encontronazo con! el caballo del picador. Por cierto, ¿qué esperaba el presidente para devolver o mandar apuntillar en el ruedo un toro patéticamente inválido?


La Razon. TENORIO.- Una valiente actuación de Ruiz Manuel


Dos horas y cuarenta minutos duró el festejo de ayer en la plaza de Las Ventas. Dos horas largas de tiritones, estornudos y viento. Sin agua, afortunadamente. El cartel, aunque muy del tipo de los habituales que anuncia la empresa en las fechas que preceden al ciclo isidril, no ofrecía, a priori, un atractivo capaz de echar para adelante a los aficionados capitalinos. De modo que todo puntuó para que apenas la plaza registrara un cuarto de entrada.
   
Sin embargo, la tarde, aunque gélida y aburrida en buena parte de la corrida, reveló la valentía de un torero acostumbrado a anunciarse en el coso venteño siempre en fechas periféricas. Ruiz Manuel, ayer, con una valentísima actuación frente a un manso y con peligro toro de Juan José González, reclamó como torero capaz un mejor trato por parte de las empresas. El de Almería tragó parones de susto. Gallardamente, con la muleta muy plana y siempre muy adelantada, enganchó en la tela la geniuda embestida del astifino animal. Al pasárselo por el lado izquierdo, su valor no tuvo concesiones: atornillado al suelo, firme, sin enmendar las zapatillas, obligó al toro a pasar. Caló en los tendidos su trasteo. Pero a la hora de la suerte suprema, la espada la hundió un punto caída y sonó un aviso. El toro dobló pero volvió a ponerse en pie y el torero tuvo que precisar de dos golpes de verduguillo para finiquitarlo definitivamente. El premio se quedó, tras una ligera petición de oreja, en una ovacionada ! vuelta al ruedo. Merecidísma.
  
Frente al que hizo quinto, tardo y muy deslucido en la tela, Ruiz Manuel insistió en hacer faena. Pero todo resultó un despropósito por la nula colaboración del animal.
   
Ignacio Garibay confirmaba ayer su alternativa. Sus dos actuaciones fueron silenciadas, aunque el mexicano dejó traslucir en ellas unas buenas maneras. Se le vio sereno a la par que decidido. Muy voluntarioso siempre, no perdonó mientras pudo entrar a su turno de quites. Frente al toro de la ceremonia, lució en el manejo del percal al colocarlo galleando por chicuelinas en el peto. Después, en la muleta, don Eolo molestó sin contemplaciones el trasteo del chaval, quien, muy porfión, a punto estuvo de llevarse una voltereta. Por alargar la faena gratuitamente, escuchó un aviso antes si quiera de cuadrar al toro para entrar a matar. Se le silenció. Frente al toro que cerró plaza, un sobrero del Conde de la Maza que brindó al público y que llegó rebrincadito a la tela para acabar parándose, Garibay anduvo digno, aunque sin brillo. En éste, sóobresalió con el percal en un bello y templado quite por chicuelinas.
   
El Tato, por su parte, pechó con un primer toro noblote pero sin apenas fuerzas. Fue el suyo un trasteo aburrido, de reparto. Puro adocenamiento. Con el sobrero de Hermanos Astol! fi -grande y largo como un tren-, el maño no tuvo opción. Argumentó su actuación dando pases a diestra y siniestra.