GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de Otoño
MADRID
Tarde del domingo, 15 de octubre de 2000
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Utreros de Navalrosal, bien presentados, fuertes -varios recibieron tres varas-, encastados, algunos mansos pero en general nobles.

Diestros

  • Gregorio Alcañiz, dos pinchazos y estocada (aplausos y salida al tercio); pinchazo hondo ladeado, rueda de peones y dos descabellos (aplausos y también pitos cuando saluda)

  • Luis González, estocada caída (insignificante petición, aplausos y también pitos cuando saluda); dos pinchazos y estocada corta (pitos y palmas). 

  • Germán Rodríguez Procuna, pinchazo, estocada atravesadísima que asoma casi entera por el costillar, rueda de peones, estocada corta y descabello (silencio); estocada trasera (silencio).

Entrada: un tercio de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo


El País. JOAQUÍN VIDAL.  Les faltaba el hervor

Les faltaba el clásico hervor. A los novilleros, no a los novillos. Los novillos, por el contrario, salieron bien hervidos lo que, en lenguaje coloquial, significa enterizos, farrucos y carpetovetónicos.

Con novillos así (extiéndase a toros así) quisieran los aficionados ver a más de uno que va por ahí con ínfulas de figura.

Novillos enterizos, farrucos y carpetovetónicos -bien presentados, fuertes y desbordándoles la casta agresiva, características de los de Navalrosal- son siempre duros de pelar para los toreros hervidos o sin hervir.

Para los faltos del último hervor, naturalmente, a mayor abundamiento. No se crea, sin embargo, que por estar en esa circunstancia se amilanaron los tres novilleros. Antes al contrario, presentaron pelea y buscaron el triunfo, cada cual según su saber y entender. Distinto es, claro, que lo consiguieran. No lo consiguieron.

Por fas o por nefás, a los tres se les fue de la mano el triunfo, por la falta del hervor dicha o incluso porque ni siquiera habían empezado a calentar el agua del puchero donde se habían metido.

Pudo ser el caso de Procuna, colombiano y debutante, que destacó por su pundonor y por su verdor.

Verde estaba, el hombre. Llegó haciendo un paseíllo pinturero, caminaba por el redondel apoyando en la cadera el capotillo, no le faltaba detalle al componer la estampa, y en demostración de que nada se quedaba en la apariencia, recibió a sus dos novillos de rodillas, a porta gayola.

No fue suficiente. Los novillos tenían casta. Su segundo (que hacía sexto) añadió mansedumbre en tres varas fortísimas que le pegaron y si llegan a recetarle la cuarta tampoco habría sobrado.

Cómo pedirles a jóvenes inexpertos que dominen a este tipo de novillos y se hagan dueños de la situación. Procuna no se arredraba nunca, pese a que en cada pase que daba sufría un enganchón, le venían achuchones múltiples, el sexto lo volteó de mala manera. La afición venteña no lo descalificó, ni le expulsó de la cátedra y espera que vuelva cuando tenga aprendida la lección.

No desmereció en cuanto a coraje Luis González. Iba a por todas con acendrado valor. Sucedía, no obstante, que toreaba al revés. A su nobilísimo primer novillo le corría bien la mano aunque con la suerte descargada hasta la exageración. Al matar, el novillo no se le cuadraba... Suele suceder... Les pasa no sólo a los novilleros sin hervor sino a muchas figuras (la mayoría de ellas): cuando un toro no se cuadra es síntoma de que no lo han toreado de verdad. Y eso ocurrió con Luis González: que en vez de torear destoreó.

Con el novillo quinto apenas empleó las descargazones (de la suerte) y en cambio tampoco empleó el mando y la templanza que requería su boyante embestida, la mejor de la tarde.

Gregorio Alcañiz es otro tema. El hervor le falta, por supuesto -quizá no ha toreado lo suficiente- y sin embargo torería la tiene, conoce los cánones, intenta el toreo puro de parar, templar y mandar. No repitió, ni mucho menos, la lucida actuación de su debú en Las Ventas hace unas semanas pero no devolvió la oreja ganada entonces ni contradijo la buena impresión que causó su excelente interpretación de las suertes.

Por lo del hervor, probablemente, le faltó esta vez ligar -únicamente lo consiguió en su primera faena, que tuvo buenos detalles toreros-, matar -hace el volapié sin tiempos ni tino- y sobre todo templar, pues en su segunda faena prácticamente cada pase que dio acabó en un enganchón.

Valor, teoría, práctica y vocación. Eso es lo que necesitan los toreros para llegar a comprarse el mersede y un cortijo en Linares. Todos cuantos empiezan guardan alguna de aquellas condiciones y, al cabo, los que llegan a lo dicho, son los que reúnen las cuatro.

Los taurinos añaden "suerte". Bueno, podría ser; no es que se vaya a desdeñar. El infortunio acecha a todos, los toreros y los civiles. Ahora bien, muchas veces recurren a este tópico para justificar su fracaso y desmerecer el éxito de los demás. Parece como si fuese ley de vida que al saber lo llamen suerte.


ABC. SUÁREZ-GUANES. Llovizna, voluntad y algún buen novillo 

La novillada de Navalrosal, hierro oriundo del que Sonsoles Aboín y su marido Andrés Hernando compraron a Martín Berrocal, es ahora todo él de procedencia Núñez. Por el juego dado en esta ocasión, parecía más bien de sangre Atanasio, pues casi todos salieron corretones, distraídos y abantos de salida. La mayoría, luego, se arreglaron.

Gregorio Alcañiz volvía tras su afortunado debut el mes pasado. Ganó terreno en su primero en las verónicas y banderilleó de forma irregular. Un puyazo muy trasero pudo ser causa de que su rival llegara a la muleta algo tardo. Se lució al andar a la res en los inicios del trasteo, para sufrir un posterior traspié, que le hizo perder ritmo. Intercaló momentos positivos con otros en los que hubo enganchones. Al término de la faena instrumentó unos naturales logrados. Cuando entró a matar no pasó de jurisdicción y eso estropeó la labor, que siempre había sido valiente.

En el cuarto estuvo afortunado con los rehiletes, especialmente en un par al quiebro. Voluntarioso y valeroso con la muleta, pero echándose a su antagonista encima al ahogarlo demasiado, vicio que ya mostró en el novillo anterior.

El segundo de la tarde fue el mejor del sexteto. Luis González anduvo por debajo de él. Toreó de capa y en los prolegómenos de la faena de muleta, de rodillas, sin llegar a cristalizar los lances y pases. La mayoría de la faena la ejecutó por el lado derecho, forzando excesivamente la figura, como si estuviera descoyuntado. A pesar de todo, algunos de los muletazos resultaron largos, pero también rápidos y con electricidad. En el quinto se limitó a estar voluntarioso.

El colombiano Procuna brilló en un quite al segundo. Sus labores no pudieron pasar de deseos con el lote más difícil.


El Mundo. VICENTE RUIZ. El buen son de Gregorio Alcañiz

Acudía el valiente público que, pese a las malas previsiones meteorológicas se dio cita an Las Ventas, expectante e ilusionado por volver a ver a un joven valor que dejó una gratísima impresión en su presentación en este coso. Gregorio Alcañiz volvía al ruedo venteño, tres semanas después de rozar la gloria de salir por la puerta grande de Madrid. Pero las adversidades de un lote complicado, que midió en cada momento al diestro de Moraleja de Enmedio, impidieron el lucimiento. A pesar de todo, demostró gallardía y capacidad para resolver los problemas que le plantearon los astados.

Ante un difícil primer novillo, Alcañiz estuvo serio y valiente, logrando al final de la faena algunos buenos naturales. Frente a su segundo, las complicaciones del novillo, de violentas e irregulares embestidas, impidieron el lucimiento.

El mejor lote le correspondió al abulense Luis González. Dos novillos dotados de gran nobleza y casta que, si bien mansearon, eran propicios para el triunfo de su oponente. Ante su primero estuvo desbordado por la condición del astado saliendo a relucir sus carencias, matando, eso sí, de buena estocada. Con el que hacía quinto no supo acoplarse a las embestidas del burel, desperdiciando una buena oportunidad de triunfo.

Completaba la terna el colombiano Procuna, quien se presentaba en Madrid cargado de valor e ilusión como lo demuestran las dos portagayolas con las que recibió a sus dos enemigos. Puso empeño y voluntad toda la tarde ante los peores del encierro de Navalrosal, tanto, que fue cogido al tratar de sacar algo de las cortas y engañosas embestidas del que cerraba plaza.

 

 

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