GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

MADRID
Tarde del viernes, 14 de julio de 2000
Novillada nocturna
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de La Guadamilla (bien presentados, nobles pero justos de fuerza. 2º y 3º nobles y con buen son, el resto mansurrones; 4º devuelto por inválido; sobrero de Alejandro Vázquez, manso). 

Diestros:

Banderilleros que destacaron: José Castilla y de Ramón Moya.

Incidencias: 
los tres novilleros debutaban en la plaza.

Entrada:
más de media entrada.

Tiempo:
nocturna. Bueno.

Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, ABC.


El País. MIGUEL Á. CUADRADO. Pasajes de Arte
El viernes por la noche se celebró la primera novillada nocturna del verano, en la que hubo momentos de interés, pasajes artísticos, breves capítulos de lidia acertada y con ajuste a los cánones, y algún desliz por parte de los picadores o de los diestros, sobre todo cuando había que manejar la espada, instante decisivo, que llaman la suerte suprema. La noche, cálida, y el público, amable. Y no faltó la afición más conspicua, la que expresa su opinión con el punto de mira siempre muy afinado.

Quien resultó más agraciado en el sorteo, y quien puso de su parte las mejores intenciones, y a la vez conectó con el público, fue Leandro Marcos. Un novillero de Valladolid, ribeteado de artista, de templadas muñecas, y que interpreta el toreo con sentimiento. A su primero Marcos lo entendió bien, un novillo flojo y noble de buen tranco, al darle distancia y los medios. La faena de muleta fue variada, tuvo enjundia e imaginación, y aunque no resultó una obra que llegara a cuajar, hubo pasajes de muy bella factura. La espada, en fin, se le fue a los bajos. Aun así, le dieron una oreja pedida por aclamación popular. En su segundo, dejó su sello en unos lances aplaudidos y coreados. Permitió que picaran en demasía al novillo y luego realizó una faena de muleta por el pitón derecho de estimable temple que fue a menos. La espada, otra vez, mal.

El madrileño Iván Vicente no terminó de entenderse con su primer novillo, al que enjaretó algunos muletazos templados. Lo mejor lo hizo con el capote y en la ejecución de la estocada, en donde se dejó ver y salió de la suerte con limpieza. Hubo sabor en un quite por chicuelinas. Firme y dispuesto en su segundo, porfió ante un novillo que tuvo más dificultades que aceptables embestidas.

Mala suerte tuvo en su lote el sevillano José Luis Osuna. En su descastado cárdeno claro primero, apuntó buenas maneras en los pases de tanteo muleta en mano, y finura en el manejo del capote, en un quite que le hizo al tercer novillo de la agradable noche venteña. Hasta esos primeros pases logró engañar al novillo cárdeno de mala catadura, que se medio tragaba el primer pase y después decía que con él no iba la fiesta. En su segundo, valiente y con buen sentido de la lidia, expuso y demostró que quiere ser torero. Sería de justicia que le dieran otra oportunidad.


El Mundo. Vicente Ruiz. Una luz en la penumbra
Leandro Marcos abrió anoche en Las Ventas un resquicio para la esperanza. Dentro de un desangelado escalafón novilleril, donde el tono gris ha tomado el protagonismo, es especialmente agradable encontrar a alguien con este trazo.

Con un ambiente festivo en las gradas y ante un público deseoso de otorgar trofeos al menor resquicio, el tedio fue apoderándose de todos y el a priori jolgorio dio paso a los bostezos. En esta situación somnolienta en la que se encontraba la plaza, con la salida del tercer novillo se obró el milagro. En el ruedo apareció un novillo con una clase extraordinaria, un dechado de bondad y nobleza. En suerte le correspondió su lidia al vallisoletano Leandro Marcos. El agitanado torero recetó muletazos de una gran despaciosidad y limpieza. Mató mal pero recibió la única oreja del festejo.

Tras el espejismo volvimos a la cruda realidad. Un sobrero de Alejandro Vázquez y el quinto utrero, devolvieron el sopor a los tendidos. De tal guisa llegamos al sexto, con un público deseoso de decansar en un lecho, seguramente más cómodo que las duras piedras venteñas. Pero volvió a producirse una aparición en las cansadas retinas de los asistentes. Ante un manso novillo, Leandro Marcos volvió a mostrar a Madrid sus cualidades. La faena de muleta tuvo largura y ligazón, sometiendo mucho al animal, recordando por momentos a su paisano Luguillano en sus mejores tardes. Tenía la puerta grande entreabierta cuando el mal uso de la espada se lo arrebató.

Del resto, poco que reseñar. Al sevillano José Luis Osuna le tocó el peor lote, no pudiendo mostrar sus cualidades. Iván Vicente no acabó de sacar todo el jugo que tenía su primer enemigo y ante el quinto poco pudo hacer.


ABC. González Linares. Leandro Marcos, un torero con un futuro prometedor

La noche del viernes tuvo lugar en Las Ventas el primer festejo del III Certamen de Novilleros, y la verdad es que no pudo arrancar mejor. Buena respuesta de público, con casi tres cuartos de entrada; novillos de La Guadamilla que, pese a las excepciones, incluido el cuarto, sobrero de Palomo Linares, se dejaron, como el extraordinario tercero, y un joven debutante, de nombre Leandro Marcos, en el que se vislumbra un gran futuro. Pues es torero de exquisitas formas e importante fondo técnico.

Ambas facetas las dejó patentes a lo largo de su completa actuación, aunque hay que advertir lo de completa, ya que el único borrón lo echó con la espada. A su primero le pudo cortar las dos orejas, premio que quedó en un solo trofeo para una bella faena, con sello de artista, a base de buen toreo por ambos pitones, con pellizco y temple, con regusto e inspiración. Más un final de mucha torería con un tres en uno engarzado a un molinete muy conseguido. Todo gracias a la conjunción que hubo con la nobleza del novillo desde los primeros lances de capote, meciendo el percal con despaciosidad, y sin agobiar al animal, protestado por flojo.

Con el sexto, Marcos encontró de nuevo oportunidad de abrir la Puerta Grande, aunque otra vez el «handicap» de la espada se lo privó. En esta ocasión, además del gusto en la interpretación, demostró cabeza para pensar en la cara del novillo, dándole lo que requería en cada momento. Aun así, con un único trofeo de los tres que hubiera obtenido, Leandro Marcos es un hombre a tener en muy en cuenta.

De los otros dos debutantes, al primer espada, José Luis Osuna, le correspondió el peor lote. El primero tuvo las dificultades de la casta Santacoloma, deslucido en todos los tercios y tardo y sin rematar los viajes en la muleta, y el cuarto, de Palomo, áspero. Con ambos anduvo firme, y en los dos fue silenciado: en el primero, tras un aviso.

Iván Vicente dejó muestras de su buen hacer, a pesar de no terminar de cogerle el aire a su primero, en el que fue ovacionado después de escuchar un aviso. El quinto no dio tantas facilidades, pegó tornillazos y con éste el madrileño quiso, pero no pudo, por lo que se le guardó silencio.

 

 

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