GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de Otoño
MADRID
Tarde del jueves, 12 de octubre de 2000
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Carmen Segovia, desiguales de juego y presentación. 1º, manejable; 2º, justo de fuerzas se quedaba corto, aunque se dejó por el derecho; 3º, con peligro sordo; 4º, complicado, bronco; 5º, con peligro.

Diestros

  • Luis de Pauloba, silencio en ambos.

  • El Renco, silencio y ovación con saludos.

  • El Cid, silencio en ambos. 

Entrada: un tercio de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo, ABC


El País. JOAQUÍN VIDAL. Contra los elementos

Los toreros vinieron a luchar contra los elementos, que menudos eran -en forma de toro, bronco; en forma de viento, gélido-, y no se les arrendaba la ganancia.

Alguien del tendido, que se identificaba con los coletudos y le moqueaba el constipado, lo decía en audiencia pública: "No hemos venido a luchar contra los elementos".

Oírlo, los taurinos se amostazaban. Los taurinos -o buena parte de ellos- oyen lo de elementos y se dan por aludidos. Claro que no está mal traído el barrunto. Los hay que son unos elementos de tomo y lomo, auténticas alhajas, buenas piezas.

Hablamos del toro y del toreo, lo diferentes que eran años atrás, y con los taurinos pasa lo mismo. A lo mejor una cosa trae la otra. Los taurinos de anteriores generaciones puede que no resistieran la tentación de dar gato por liebre si convenía a su negocio, pero nunca se salían del marco de la propia fiesta, no la hubiesen denigrado jamás, sabían lo que se pescaban, conocían la tauromaquia y además, ¡qué demonio!, tenían gracia.

Dentro del taurinismo actual, en cambio, hay una caterva de prepotentes e ignorantes, aprovechados de los valores de la fiesta pero sin importarles en absoluto traicionarlos o incluso destruirlos, sin idea de lo que es el toreo y además, ¡rayos!, tienen maldita la gracia. Son unos mediocres y unos muermos de mucho cuidado.

Y así le va a la fiesta, donde hay toreros de valía sin ayuda y sin futuro, mientras los hay malísimos que se llevan el gato al agua y -lo que es peor- han convertido las corridas, antes argumentadas y emocionantes, en un aburrimiento mortal.

Los tres diestros que cerraron la Feria de Otoño son de aquellos con señaladas virtudes toreras pero que les habría dado igual no tenerlas. Cada tarde las demuestran pese a que los ponen con ganado difícil, y sólo les vale para esperar una nueva oportunidad de estrellarse.

Los toros de Carmen Segovia sacaron un genio, a veces una bronquedad, y hasta un sentido de los que ya no se llevan. Terciados de tipo, les sobraba trapío y a varios de ellos también poder. Dos derribaron con un estrépito como hace tiempo no se producía. Después de empujar encastados a la durísima vara, acababan derribando en los puros medios y mandando al picador a freír gárgaras. Los porrazos fueron tremendos. Menos mal que algunos picadores están hechos de distinta materia a la del resto de los mortales, según descubrió Wenceslao Fernández Flórez.

Con este ganado duro de pezuña, probón e incierto, que hubiese puesto a muchas figuras en franca huida, vimos porfiar redondos y correr la mano con mucha verdad a Luis de Pauloba, un estilista del arte de Cúchares al que no se ha hecho justicia. Vimos a El Renco, valeroso, lidiador, recrecido, capaz de sacar excelentes muletazos sueltos a un toro probón y a otro peligrosísimo que desarrolló sentido. Vimos a El Cid, reapareciendo de una grave cornada (y recibido con aplausos por la afición), que de poco lo manda de nuevo al hule el terrible derrote que le lanzó el tercer toro. Voluntarioso con este y con el de Los Eulogios -de mejor conformar- al que meció unas verónicas de estupenda factura. Y entre estos toreros detalles, los derrotes, los arreones, el viento racheado que flameaba pañosas, los elementos... Mal asunto, los elementos.


El Mundo. VICENTE RUIZ. Frío, clase, valor y ganas

Cuatro elementos fueron los protagonistas del festejo de ayer en Las Ventas: el frío, la clase, el valor y las ganas; lástima que menos el frío, que en ningún momento nos abandonó, el resto de los elementos nunca vinieran de la mano del mismo torero.

Clase, y mucha, tiene Luis de Pauloba. El sevillano es un torero con una cualidades artísticas extraordinarias, pero con unas limitaciones cardiológicas igualmente importantes. Pocos toreros torean de capa como él -antes de cada lance ya se empezaba a jalear el capotazo-, pero pocos han perdido tantas orejas importantes por su lamentable uso de los aceros. Así las cosas, cuando como ayer los astados no le permiten realizar su toreo pero con la espada mantiene su desfortunada línea, llegan los nervios y el desánimo a los tendidos. Ayer se dio esta circunstancia ante el que abría plaza; ante el cuarto se mostró más dispuesto de lo habitual, valiente y con oficio, pero de nuevo pegó el mitin con la espada.

Valor, y también mucho, tiene El Renco. De todas las tardes en las que actúa -no muchas-, la gente sale con una grata impresión del torero alicantino. Sale a la plaza con gran disposición y valor, no estando exento de técnica, pero nunca se termina de ver su verdadera dimensión.

Y por fin, ganas. Las ganas que puso El Cid. La pena es que no fueron acompañadas de las dosis suficientes de técnica y clase, como para meter en su muleta al astado más potable de la tarde, el sexto.

Y terminó la tarde con todo el mundo deseando llegar a algún rincón más templado y con la ilusión de ver alguna tarde, en algún torero, una conjunción de estas tres cualidades: la clase, el valor y las ganas. Otra tarde será.


ABC. SUÁREZ GUANES. Sólo unas verónicas de El Cid 

La corrida de la Fiesta de la Hispanidad no arrojó ningún balance positivo, a pesar de su cartel prometedor, a excepción de unas verónicas de El Cid en el último toro de la tarde. Culpa de ello la tuvieron, en primer lugar, los elementos atmosféricos en forma de viento —¡cómo no!—, el ganado deslucido, topón, de Carmen Segovia, que se quedaba corto y que impidió la mínima brillantez.

En esta época de oficinistas del toreo, uno de los pocos diestros tocados por el sino del arte es Luis de Pauloba, que dibuja el toreo a la verónica cuando las condiciones son más favorables que en esta ocasión. En la memoria de la afición madrileña están las que ofreció el día del Carmen en el último verano. Esta vez sólo pudo haber retazos, en el segundo de sus toros, y al que pasó con ambas manos, en la faena de muleta, mejor a la hora de torear por el lado derecho. Luego, con la espada, se mostró tan moroso como es su costumbre.

No se pueden negar las ganas de El Renco, que tropezó con el toro más dificultoso del encierro —el quinto—, al que recibió con una larga en el tercio y vio cómo derribaba al piquero. Llegó a la muleta colándose y «buscando». No cabía otra cosa que el aliño. Había andado bien para las afueras al segundo. Se le coló por el lado izquierdo, quitándose toda esperanza por ese lado, y se le vio peleón pero gris al torear con la derecha.

Insistente El Cid con su primero, al que mató con demora, hizo en el sexto lo mejor de la tarde al torear francamente bien, a la verónica, en los lances de recibo. Hubo hondura, templanza y armonía. Quedaron buenos atisbos capoteriles en un quite, y con la muleta aguantó una colada en una voluntariosa faena. Optó por acabar con su rival.

 

 

©PortalTaurino, SL Pastor y Landero, 6-4º  41001 Sevilla España.  Contacto con PortalTaurino