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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del domingo, 10
de septiembre de 2000
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Sorando,
que tomaban antigüedad, mansos aunque manejables. Bien presentados, varios con
seriedad, cuajo y trapío; también fuertes, dos derribaron; mansos de poca
casta, reservones.
Diestros:
-
Antonio Bricio,
estocada corta caída y rueda de peones (silencio); estocada ladeada, rueda
de peones, dos descabellos -aviso-; tres descabellos más y se echa el
novillo (palmas).
-
Reyes
Mendoza, tres pinchazos uno de ellos perdiendo la muleta, pinchazo hondo sin
perderla -aviso con retraso- y descabello (silencio); tres pinchazos y dos
descabellos (silencio).
-
Sergio
Martínez, tres pinchazos bajos y se echa el novillo (silencio);
cuatro pinchazos -aviso- y cuatro descabellos (silencio).
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, El País,
ABC
El Mundo. L.CAJITAN.
Un vago apunte
Hay tardes en las que aburrirse debería ser otra categoría olímpica, y
todos a Sydney, a por medallas. Uno ya no sabe si ese tedium vitae que ondea en
las banderas de Las Ventas es por falta de novilleros o por la ausencia de
novillos. Probablemente, lo segundo. Novilleros, ayer, hubo a ratos, como
demostraron, sobre todo, el mexicano Antonio Bricio y el cordobés Reyes
Mendoza, que se presentaba en el coso madrileño.
También dejó algunos detalles Sergio Martínez. Pero no veníamos a ver
detalles, sino toreo. Así que la cosa quedó a medias, deshilachada y sin
rematar. Lo mejor lo hizo Bricio con el segundo de su lote, al que le sacó dos
buenas tandas con la mano derecha y unas gotas de naturales largos. Algo que no
pudo, o no supo, interpretar con el que abría plaza, un animal reservón y
manso que se paró con insolencia terca.
Bien estuvo en el segundo Reyes Mendoza. Aquello era un pasmo de animal, y
ante su hieratismo, el joven optó por el arrimón, el cruzarse a ley y poner el
trapo arrancando un puñado de naturales lentos. Después, nada en el cuarto.
Por último, Martínez supo a poco. Por cierto, entre los seis novillos
sumaron una estocada.
El
País. JOAQUÍN VIDAL.
Una de tantas
"La tarde transcurría ni bien ni mal: una de tantas". La descripción
es del famoso poema de Rafael Duyos sobre La Chata y si valía para una de
aquellas corridas de la procelosa década monárquica, vale ahora también.
Una de tantas...
Una de tantas es la mayor parte de las corridas que uno ve en su vida, y aún
se daría con un canto en los dientes si efectivamente fueran todas una de
tantas. Pues una de tantas es la corrida que transcurre sin incidentes -esta
venteña sin ir más lejos-, los toros cumplen con su condición, los toreros
están decorosos y si nadie brilla tampoco nadie se hace merecedor de reproches
ni repudios.
Lo que suele suceder en esta hora de la fiesta, en cambio, es que los toros
se caigan, los toreros se pongan farrucos frente a semejante ruina, entre todos
monten una mascarada y la corrida sea una vergüenza.
Nada de eso tuvo la novillada venteña, por supuesto. Los novillos no se caían.
Algunos sacaron poder y zurraron a las plazas montadas. A las guatas espesas e
inmensas que cubren las carnes de las plazas montadas se quiere decir, que ahí
no duele. Sin embargo demostraron mansedumbre ya que, desfogada la bravuconería,
galopaban en franca huida. Y la mansedumbre se tradujo en actitudes defensivas
que dificultaban los propósitos muleteriles de la terna.
Los propósitos muleteriles de la terna eran buenos. Nadie les podrá negar
el aseo y la decencia que traían, el empeño que pusieron en torear, la
entereza que los libró del desánimo cuando tardeaban en exceso las embestidas
pese a sus porfías.
Muy buenos modos mostró el novillero mexicano Antonio Bricio. Lo de tirar
del novillo, embarcar con empaque, rematar donde se debe se lo tiene bien
aprendido y dejó claro que entre los cánones que actualmente presentan las
diversas tauromaquias ha elegido los legítimos.
El redondo y el natural los interpretó correctamente Antonio Bricio. Dentro
de lo trabajoso que resultaba sacar partido de la poca casta de los novillos
desempeñó Bricio un toreo serio, sobre todo en su faena al cuarto novillo (de
mejor conformar), con detalles de calidad, entre los que se encontraba la sucesión
de pases de la firma y trincherillas con que se lo trajo desde los medios al
tercio para darle allí muerte. Lo malo fue que se la dio mal y a la última,
parece mentira.
Reyes Mendoza debutó poniendo el alma en su tarea. Sí señor: así se
presentan los novilleros buenos en Madrid. Ciñó los estatuarios iniciales de
su primera faena, mandó en los derechazos, cumplió en los naturales, intercaló
péndulos temerarios que inquietaron al público en general y espantaron a los
japoneses en particular.
La faena de Reyes Mendoza al quinto transcurrió asimismo voluntariosa, si
bien deslucida, lo que no se le debe achacar ya que el deslucido era el novillo.
Entre la nula clase de los novillos y lo mal que manejaban los aceros, a los
esforzados novilleros la tarde se les fue sin éxito alguno. Es lo que le ocurrió
a Sergio Martínez, valeroso, decidido, mandón y bullidor con la pañosa,
aunque sin conseguir faenas reunidas y brillantes por la falta de codicia y las
renuentes embestidas de sus enemigos.
Con esas, la tarde transcurría, efectivamente, ni bien ni mal. No pasaba
nada. Hasta que pasó. Ocurrió cuando el segundo novillo, que permanecía
reservón, empitonó a José Muñoz al banderillear, le rajó de arriba abajo la
taleguilla y lo dejó literalmente con el culo al aire. No se crea que se amilanó
el perjudicado. Antes al contrario tomó rápido otros palos y se jugó el tipo
al prenderlos pues el novillo seguía esperándolo con las del beri. Sí, la
tarde transcurría una de tantas, hasta que la llenó de emoción y de torería
un torero de plata.
ABC. SUÁREZ
GUANES. El descabello deja la actuación del mexicano
Bricio en un injusto olvido
Antonio Bricio hizo lo mejor de la tarde en el cuarto novillo,
que había cumplido en varas y que llegó a la muleta con mejor son que el resto
de sus hermanos. El mexicano dejó ver sus buenas disposiciones en dos tandas
con la derecha. Puso gusto y armonía en un bonito cambio de mano y en el remate
de un excelente pase de pecho. Se pasó a la izquierda y no alcanzó idéntico
rango, aunque una tanda no tuviera mal tono. Al final, volvió a encontrarse en
unos pases de pecho encadenados, pero, al fallar repetidamente con el
descabello, dejó su buena actuación en un injusto olvido.
Ya había causado buena impresión con el que abrió plaza, un astado distraído
y terciado. El de Sorando manseó en el primer tercio y huyó de capotes en los
preparativos del tercio de banderillas. Con la flámula, Bricio toreó muy en
corto sobre la derecha en una primera tanda. La segunda quedó interrumpida
enseguida por arrebatarle terreno su oponente. Tardó en amoldarse a la hora de
los naturales y, al conseguirlo, abusó del excesivo metraje. Ejecutó unas
sanjuaneras con sabor, que no encontraron repercusión.
El primer novillo de Reyes Mendoza manseó lo suyo en el primer tercio, en el
que sólo se lució Bricio, que, por otra parte, intervino en un quite por
gaoneras. No dejó resquicio el mexicano de intentar lucirse con el capote
durante toda la tarde. Reyes Mendoza, en su turno muleteril, toreó sobre la
derecha, en muy poco terreno, y fue jaleado con motivo. El bovino se quedó
enseguida y empezó a tardear, y su matador lo ahogó excesivamente, por lo que
el resto de su hacer no fue muy limpio. Ejecutó unas manoletinas de cierto buen
porte, pero no estuvo afortunado con las armas toricidas.
Trabajosa y oscura
En el quinto empezó su labor en unos pases por alto, al igual que
en el anterior. Su labor —siempre con la derecha—, resultó trabajosa y
oscura, frente a un antagonista que también se quedaba corto. Tampoco estuvo
acertado con la tizona.
El tercero derribó al picador, seguramente más por la poca fortaleza del
equino que por la fuerza propia. Sergio Martínez realizó una labor porfiona y
larga. Fue desarmado al principio, y, al final, intercaló algún muletazo que
otro de cierta prosapia, con un conjunto gris. El sexto tampoco hizo mal papel
con los varilargueros. Llegó a la mitad de la faena de muleta en un tono
cansino. Martínez se dejó ver en unos derechazos con temple y mando, pero
luego predominó lo mecánico.
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