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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del domingo, 9 de julio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Valverde,
(uno rechazado en el reconocimiento), aceptables y mansurrones. 2º, anovillado
y muy flojo. 5º, inválido. 6º, manso. 4º, de Palomo Linares, con presencia,
flojo y noble.
Diestros:
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Manolo
Sánchez, pinchazo y estocada corta caída
(silencio); pinchazo, media tendida y atravesada y cuatro descabellos
(silencio).
-
Canales Rivera, dos pinchazos, otro hondo, descabello y rueda de peones que
tumba al toro (silencio); media tendida, nueve descabellos y se echa el toro
(silencio).
-
El Renco, que confirmó la alternativa: media estocada caída
(algunas palmas); estocada corta caída y descabello (oreja).
Entrada: más de un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa: ABC, El
País, El Mundo
ABC. JOSE
LUIS SUÁREZ GUANES. Madrid. Una oreja para la
entrega y el valor de El Renco, que confirmaba la alternativa
La corrida empezó con un minuto de silencio, como recuerdo a
las recientes víctimas de Soria. El primer toro de Valverde correspondió al
confirmante El Renco, que lo recibió con verónicas corrientitas, pero remató
con una media que tuvo fuste. El astado perdió gas tras la primera vara y empezó
a escarbar de lo lindo. El Renco, en el tercio postrero, se sacó a su rival a
los medios. Con éste muy parado insistió sobre la derecha, sin poder
apreciarse más que su voluntad. Ligera prueba con la zurda y, desengañado por
la falta de material, abanicó al morlaco y optó por desprenderse de él con
rapidez y de modo certero.
Eficacia
El sexto salió suelto de los caballos y hasta, a veces, rebrincó.
Al final y al «revuelo de un capote» tomó una vara en condiciones. El burel
siguió manso en el tercio de banderillas. Con la muleta, El Renco, recogió a
la res con eficacia y valor. Mucho más valiente se mostró en dos series de
derechazos y sobre todo, al aguantar una barbaridad, en una de naturales, en la
que se ganó totalmente al público. Unas nuevas tandas con la derecha, llenas
de denuedo, ardor y vibración, precedieron a un corajudo desplante, en el que
dejó patente su entrega y disposición. Se entregó en la estocada y, aunque
necesitó de un descabello, se ganó una oreja obtenida a sangre y fuego.
El segundo tenía poca fuerza. El piquero de turno, encima, le suministró
una interminable vara. La devolución de trastos —era tarde de confirmación
de alternativa— salió rematadamente mal, pues se hicieron un lío los
protagonistas con capote y muleta. Con el toro con poco recorrido, le arrancó
Manolo Sánchez unos derechazos. Siguió con esa mano y con la otra, mas sin
poder transmitir. No existía la mínima emoción. Tuvo el mérito de saberle
templar para mantenerlo en pie.
El cuarto, de Palomo Linares, derribó en el primer encuentro equino. Llegó
con un tono cansino a la muleta y embistió con cuentagotas. Manolo Sánchez
realizó una labor ardua y eficaz, pero sin brillo. También larguísima. Sólo
al final, a base de su voluntad e insistencia, logró una brillantez aislada. No
anduvo acertado con las armas toricidas.
El primero de Canales Rivera hizo ascos a los capotes, de salida. Luego
cumplió con creces con los caballos, aunque tomara las varas en diferentes
terrenos. En el centro del platillo comenzó su faena Canales, en un hacer en el
que imperaron los cuartos de pase, rematados por arriba y siempre bailando. Es
decir: sin asentar los pies. Mal con la espada, sin pasar de jurisdicción en
ninguna de las tres intervenciones.
Se centró más en el quinto, un toro tan soso como todos sus hermanos. A
base de tesón logró unos derechazos conseguidos. Se difuminó su voluntarioso
trabajo por lo rematadamente mal que anduvo con el descabello.
Al final del festejo los rostros ceñudos de otros días se habían tornado
en alegres gracias al valor y las ganas de ser torero de El Renco.
El País. LUIS MORCILLO, Madrid. El
Renco, valiente y lidiador
Una oreja se ha llevado El Renco en la comprometida tarde de confirmación de
su alternativa, y la ha conquistado después de demostrar, a aficionados y
turistas, un valor asombroso y escalofriante y una inesperada capacidad
lidiadora, con la que consiguió dominar a un toro muy serio, manso y con
peligro.
Fue ese toro el sexto de la corrida, que salió haciendo cosas muy feas y
exhibiendo unas evidentes condiciones de manso, mansísimo. Costó un mundo
colocarle los puyazos reglamentarios, pues el morlaco se repuchaba, y cuando
llegaba a tocar el peto y a sentir el contacto de la puya, pegaba un brinco y
salía coceando. A base de buscarle las vueltas y taparle la salida, se le pudo
medio castigar al final, pese a lo cual llegó a la muleta muy entero, avisado,
bronco y queriendo coger al torero por ambos pitones.
El Renco se fue a por él, muy decidido. Y ante la sorpresa de todos, se paró
y se estiró en una serie de derechazos que el público acogió con angustia y
el alma en un hilo. El bicharraco no pasaba y persistía en buscar al torero a
la salida de cada uno de aquellos pases imposibles. Pero El Renco estaba
construyendo una faena sobre las piernas, con sabor de lidia antigua, y cuando
parecía que el toro le iba a prender, el torero, semigenuflexo, le hacía
pasar, evitando el derrote.
Cuando el torero de Elda se echó la muleta a la izquierda, todo el mundo le
imitó, pero echándose ambas manos a la cabeza. Y con un valor increíble, El
Renco tiró del manso con esa mano de los privilegiados y le sacó naturales con
mando. El toro ya se había olvidado del torero y seguía la muleta más
sometido. El diestro, muy quieto, sin cambiar en ningún momento de color, se
adornó con muletazos por alto. Y todavía se permitió un descarado desplante,
después de unos pases de pitón a pitón que quitaron al burel las ganas de
seguir intentando atrapar al torero.
Fue una faena de dominio, conseguida por los senderos de una lidia acertada y
un valor espartano. En la pasada Feria de San Isidro se han concedido algunas
orejas con menos mérito que el que El Renco ha demostrado en la tarde de ayer.
En el primer toro de la corrida, con el que confirmó la alternativa, El
Renco estuvo menos acertado. Fue su enemigo una res andarina, que escarbó y
mansurroneó durante toda la lidia. Equivocó el torero el planteamiento de la
faena. En lugar de darle distancia, se puso encima y le ahogó la embestida.
Nada consiguió, naturalmente.
Canales Rivera tuvo una tarde muy poco animosa. Tampoco le dio la debida
distancia a un tercer toro que iba de largo. Cuando se colocó encima de él, se
encontró con que derrotaba mucho, y el de Barbate se fue enseguida a por la
espada. Se empeñó en darle pases al quinto, un inválido que se caía a
chorros. Allí no había nada que hacer y no se entiende la intención del
torero en hacer una faena que era imposible.
Manolo Sánchez aprovechó la nobleza y debilidad del cuarto para sacarle un
par de naturales con temple y lentitud. Si hubiera continuado bien colocado en
el sitio donde se consigue el toreo, es posible que la faena le hubiera
resultado más completa. Pero, por torear despegado en la mayoría de los
momentos del trasteo, aquello le salió falso y sin emoción. El toreo lejano y
a media altura no le gusta a casi nadie.
Al segundo le dio nada más que medios pases, la mayoría con el pico del
engaño. Ese rollo lo alargó por ambos pitones, y como el toro iba andando y
tenía una aborregada embestida, esa sesión de mal toreo pasó sin pena ni
gloria.
El Mundo.
JAVIER
VILLAN. Madrid. Una de romanos
Se guardó un minuto de silencio por las víctimas del autocar de Soria. La
tarde ya tenía colgado un lema hasta la salida del sexto toro: Ni siquiera
nada, pero El Renco, que ayer confirmaba la alternativa, se encargó de dar la
vuelta al marcador y al ruedo, con una oreja ganada a golpe de arrojo, decisión
y una extraña osadía más propia de gladiadores que de toreros finos, aunque
menos es nada.
Con el vergonzoso ganado de Valverde, con menos fuerza que el carretón, poco
pudo hacer la terna. Manolo Sánchez apenas dejó ver en el cuarto, quizá el
mejor, una tanda discreta de derechazos y tres naturales arrancados a un morlaco
que necesitó del engaño en el hocico para emprender un soso trotecillo.
Canales Rivera más de lo mismo, o sea, poco. Sólo una larga cambiada para
recibir al tercero y lo demás, mantazo y trasteo con un aliño insufrible de
descabellos. Pero ahí estuvo El Renco, voluntarioso y caníbal, lanzándose a
la cara de un buey de 644 kilos que hizo botar los tendidos. El joven hizo lo
que pudo y consiguió una estocada atravesada pero certera. Fin del asalto, y
una oreja. Ah, y que no nos tomen más el pelo, con un merengue en forma de
toro.
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