GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID

Tarde del miércoles, 7 de junio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería Toros de Celestino Cuadri, (uno devuelto por inválido), algunos pobres de cara, la mayoría inválidos. 5º, sobrero de Cebada Gago, con presencia, manso.

Diestros: 

  • Luis Francisco Esplátras dejar un pinchazo, es cogido y conducido a la enfermería. 

  • Pepín Liria, pinchazo, media atravesada, descabello -aviso- y descabello (aplausos); estocada caída y tendida, descabello -aviso- y descabello (ovación); pinchazo, media delantera, rueda de peones y seis descabellos (silencio); estocada caída y seis descabellos (silencio). 

  • El Califa, pinchazo hondo, rueda de peones y descabello (ovación y salida al tercio); media muy tendida y descabello (aplausos).

Incidencias: Esplá sufre una cornada de 20 centímetros en el muslo derecho, contusión en el hombro, erosión frontal y conmoción cerebral de pronóstico grave. 

Entrada: Lleno.

Crónicas de la prensa:
ABC, El País, El Mundo


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Madrid. Esplá: grave cornada al último lidiador 

La tarde se fue al carajo con la grave cornada de Luis Francisco Esplá y la blandura de los toros de Cuadri. La plaza se quedó muda ante el desvanecimiento posterior a la voltereta. Esplá, inerte y a merced del bruto, había sufrido una absurda e inesperada cogida cuando preparaba al enemigo para darle matarile, y por poco el enemigo le da matarile a él. Si ya lo recoge la voz popular: al enemigo ni agua. Esplá no le dio de beber, pero sí se confió en exceso tras haber pinchado en una ocasión; el ejemplar de Cuadri alargó la gaita y le prendió. Boca abajo le llevaron las cuadrillas hasta la enfermería, como un Cristo sin cruz.

Desde entonces fue todo cuesta abajo, en una teoría y práctica del caos: el último lidiador como es Esplá no estaba para poner orden en semejante desconcierto. Porque el veterano alicantino, con todos sus defectos, que los tiene, se preocupa por la lidia, algo que muy poquitos espadas hacen.

A este primero hiriente, lo puso en suerte con torería y banderilleó con facilidad y escasa reunión. Mas hubo detalles difíciles de entender en tan buen profesional: ¿era necesario meterse tanto por los costillares del noble cuadri para colocarlo frente al caballo? ¿Y el inicio de faena cortando los viajes en lugar de enseñar al toro a embestir? De cualquier manera, con Esplá habría existido en el ruedo otra sensación distinta al barullo posterior.

Allí quedaron en un mano a mano extraño Pepín Liria y El Califa. Extraño porque Liria estoqueó el toro que mandó al director de lidia al hule, su lote y el segundo de Esplá, mientras que su compañero despachó sólo los que le correspondían.

La tarde fue «desaboría». Los cuadris defraudaron. Flojearon mucho en los primeros tercios, y luego se venían arriba con desigual comportamiento, con embestidas sin entrega, reservonas o tibias, sin clase.

El Califa hizo un esfuerzo de valor con el tercero, que blandeó como el resto y derribó dos veces. Bueno, lo de derribar es un decir, porque el caballo sufrió un vahído cual damisela. Semejantes desmayos se han repetido en los equinos de la cuadra Salcedo-Fontecha a lo largo y ancho de la Feria. Si al final acabaremos añorando los percherones del Pimpi...

José Pacheco, nombre de civil del torero de Játiva, se clavó como un poste en el centro del ruedo, muleta en mano, para dejarse llegar al toro como un tren y cambiarle el viaje por la espalda. Desarrolló a continuación toda la faena sobre la zurda, ante unas embestidas descompuestas e irregulares. Tras una primera tanda que acabó sin remate, sin colofón, cortando así la supuesta ovación, tragó su ricino y bajó la mano. Conjugó quietud e instantes de emoción. Por bajo cerró con gran belleza la meritoria labor, con enorme plasticidad. Escuchó una fuerte ovación tras manejar con más acierto el verduguillo que el estoque.

Ante el mansísimo sobrero que hizo quinto, de Criado Holgado, demostró estar aún muy nuevo en cuestiones de la lidia; aunque la veteranía de Liria de poco le sirvió. Otra vez resolvió a base de redaños ante un toro incierto que acabó acobardado.

Pepín Liria mató malamente al que hirió a Luis Francisco Esplá y se entonó por momentos con el segundo de la tarde, que apuntó un mayor recorrido y calidad por el pitón izquierdo. Pero le perdió el temple tras unos naturales curiosos y loables, y hasta que lo volvió a encontrar pasaron dos series de lío y arrojo. La cosa con el débil cuarto al menos fue breve, no tan densa como la faena al sexto, otro que también se escobilló los pitones al clavarlos en la arena, donde algunos deseamos esconder la cabeza para que pase ya este fin de Feria de una santa vez. No usó con tino las armas toricidas y se anotó un considerable número de descabellos.


El País. LUIS MORCILLO, Madrid. Cogida grave de Luis Francisco Esplá

Luis Francisco Esplá sufrió una grave cogida cuando se disponía a preparar a su primer toro para entrarle a matar por segunda vez. El percance, ocurrido de forma inesperada, impresionó enormemente al público, pues el torero, después de ser prendido por la ingle, giró sobre el pintón y cayó de cabeza, quedando completamente inerte y boca abajo sobre la arena. La inmovilidad del torero y la premura de las asistencias para conducirlo a la enfermería llevaron a los tendidos la sensación de que la cogida podría haber tenido graves consecuencias.

Hasta el momento de ser cogido, Esplá había dejado en el ruedo el sello de una torería asombrosa. El de Alicante dirigió la lidia de forma magistral y planteó la faena con un sabor de torero clásico que ya no se ve. Su labor transcurrió en una constante porfía frente a un toro parado y flojísimo y los pocos muletazos que pudo extraerle fueron ejecutados con pureza y ortodoxia.

A partir del segundo toro, la ausencia de Esplá se notó de forma evidente. La lidia fue un continuo desorden y toreros, banderilleros y picadores camparon por sus respetos y cada uno hizo de su capa un sayo. Pepín Liria y El Califa se quedaron solos, sin el magisterio de Esplá, frente a la colección de inválidos que nos había colado el señor Cuadri.

A lo largo de las horas que transcurrieron hasta el final de la tarde se pudo comprobar algo que, seguramente, merece una profunda reflexión. Tanto Liria como El Califa se las tuvieron que ver con unos enemigos tullidos que no podían con el rabo y que, no obstante, impulsados por la casta, llevaban a cabo, de vez en cuando, algo que podría considerarse como una embestida. Pepín se dedicó a dar medios pases rematados siempre por una carrera digna de unos juegos olímpicos, mientras El Califa, con el mismo tipo de toro y la misma clase de embestida, se quedaba quieto, no tenía que salir corriendo nunca y sacaba, sin duda alguna, los mejores muletazos que se vieron en la corrida.

Puede irse contento el torero de Xàtiva, porque, sin que pueda apuntarse un triunfo rotundo, salió de esta su primera comparecencia en el abono con una dignidad irreprochable. El valenciano mató el tercero y, en quinto lugar, se las vio con el descastado sobrero que sustituía al sexto, devuelto por inválido y que le había correspondido en el sorteo. Con su primer toro, un inválido que apenas se movía, construyó una faena que resultó ligada en muchos momentos, con muletazos de mucho temple, y la consiguió porque se puso en ese sitio en que todos los toros embisten y se quedó quieto, sin retorcerse ni agacharse para nada.

Con el sobrero amoruchado se jugó limpiamente el pellejo. Volvió a quedarse quieto y, siempre entre los pitones, terminó por asustar al toro.

Liria, que tuvo que matar cuatro toros por la cogida de Esplá, no tuvo su tarde. No fue ese diestro arrojado y de técnica irreprochable que hemos visto otras veces. No pudo con unos toros que le planteaban problemas derivados de la invalidez y los pases templados y rematados se pudieron contar con los dedos de una mano. Este año se va de la feria con muy poca brillantez.


El Mundo. JOSE LUIS VADILLO. Madrid. Cornada de 20 centímetros y conmoción cerebral para Esplá

Luis Francisco Esplá se convirtió ayer en el torero herido de mayor gravedad en lo que va de Feria. El Cordobés y Miguel Abellán le precedieron en su paso por la enfermería, aunque con lesiones de menor consideración que las que sufre el diestro alicantino.

El parte médico facilitado por el cirujano jefe de Las Ventas, el doctor Máximo García Padrós, recoge que Esplá sufre una «cornada en el triángulo de Scarpa del muslo derecho con una trayectoria ascendente de 20 centímetros, que interesa piel y tejido celular subcutáneo. Contusiones de la arteria femoral y del hombro derecho, pendiente de estudio radiológico. Además de erosión en región frontal y conmoción cerebral, de pronóstico grave».

El percance llegó en el momento más imprevisto. En un doblón para cuadrar al primero de la tarde, tras un pinchazo previo, el matador se encontró de repente con la cabeza del ejemplar de Cuadri cerca del cuerpo. Un derrote certero lo corneó en el muslo derecho, pero lo más espectacular fue el golpetazo que Esplá se dio contra el suelo.

A la enfermería

El toro buscó con ahínco el cuerpo del diestro, inerte sobre el albero venteño.

Trasladado a la enfermería por miembros de su cuadrilla y el apoderado, Santiago López, Esplá llegó aún a manos de los cirujanos en estado inconsciente. Poco a poco fue recuperando el sentido, según explicó ayer a este periódico su representante.

Tras recuperar la consciencia, el torero había perdido la orientación. Inmediatamente, fue operado de la cornada de 20 centímetros que sufrió y trasladado a la clínica La Fraternidad.

Posteriormente, Esplá fue conducido a la clínica San Francisco de Asís, en la que fue sometido a una resonancia magnética y a otros estudios radiológicos para comprobar si existen lesiones internas.

Santiago López explicó que tanto él como la cuadrilla no temían las consecuencias de la cornada. «Ha sido muy extensa, pero superficial, por lo que no le ha afectado ningún órgano importante», explicó el apoderado refiriéndose a la herida en el muslo derecho de Esplá.

Más preocupado estaba Santiago López por los efectos del golpe de su torero contra el suelo. «El topetazo ha sido muy grande. De hecho, tiene un desollón en la frente, del golpe que se ha llevado, pero creemos que será menos grave de lo que parecía al principio», explicó.

 

 

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