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Feria de Otoño
MADRID
Tarde del viernes, 6 de octubre de 2000
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Corrida de
rejones de Benítez Cubero
(desmochados) y Pallarés
(destacados).
Diestros:
-
Joao
Moura, rejón trasero (vuelta); cinco pinchazos, rejón trasero
y, pie a tierra, dos descabellos (algunas palmas y saluda desde el tercio).
-
Leonardo
Hernández, rejón trasero (oreja); pinchazo, medio rejón
trasero, rueda de peones, pie a tierra, siete descabellos -aviso- y el toro
se echa (silencio).
-
Fermín Bohórquez, rejón
caído trasero y atravesado (algunas palmas y salida al tercio); pinchazo y
rejón caído (silencio).
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
El País, El Mundo,
ABC
El
País. LUIS MARTINEZ.
Corrida sin
graduación
El caso es que el cartel era claro y se diría que hasta inequívoco: gran
corrida de rejones. Ni más ni menos que como el Gran Capitán, la Gran Vía, el
Gran Cañón del Colorado... Los problemas (pongamos que lingüísticos), sin
embargo, estaban en los chiqueros: toros terciados, regordíos, con las astas más
que arregladas amputadas a la altura de la mazorca y, para más desasosiego,
parados, estáticos, plúmbeos, mansos, descastados... un tostón. Ni los que
desarrollaron cierta nobleza justificaban su condición de toros bravos ni sus
cuatro años largos a cuerpo de rey en el campo. En efecto, lo de gran era una
licencia poética. Con la rima, eso sí, en los pies. Si eso era una gran
corrida (con perdón), el capitán de arriba, todo lo más soldado sin graduación.
En definitiva: corrida sin graduación.
Bien es cierto que el mundo del toro es dado a la hipérbole con la misma
facilidad con que los programas infantiles al histerismo. Apenas un rejoneador
coloca unas banderillas allí donde el toro acostumbra a sentar las caderas, lo
normal es que la plaza se entregue al frenesí con espíritu campeador. Pues
bien, ayer ni eso. Seis toros, más de 36 banderillas, 40 cabalgadas y 30.000
sombrerazos al respetable y... nones. Balance: una triste oreja más peluda y
fea que nunca.
Y todo ello, pese a que los toreros con montura se entregaron a su oficio con
las armas a punto. Se diría que los tres ensayaron y se esforzaron en hacer las
cosas de frente y por derecho. Hernández y Moura abrocharon los embroques en el
estribo con la cara del animal a la sombra de la barriga del caballo. Así hizo
el portugués con su primero y el sevillano con segundo. En los otros dos toros,
cada uno con el suyo, la estrella fue la suerte del quiebro: de cara al toro con
el caballo presto a amagar, encogerse y salir a la carrera templada en el
momento del cuarteo.
Bohórquez, por su parte, puso arrojo, voluntad, mucho grito y dos sofocos.
Uno por cada uno de sus toros: el primero fue manso, se mantuvo pegado a la boca
de chiqueros y se mostró enemigo de peleas. El otro, que algo más de juego
dio, tampoco o poco tenía que envidiar a los toros de Guisando. Hubo arreones
contra la grupa, pero libre del empuje de la casta.
Y así, todos. La casta se desparramaba por la arena en un trote cochinero
que más invitaba a la piedad que a fiestas. De nada valían, sombrerazos,
saludos (¿cómo se puede saludar desde el tercio con tanta frivolidad?),
desplantes y adornos. No había toros y cuando no hay toros los adjetivos se
encogen, los ánimos se enfrían y lo único grande es el aburrimiento.
El Mundo. L. CAJITÁN. Faltaron
toros, y quizás jinetes
Visto lo de ayer, el rejoneo ha entrado, de algún modo, también en coma.
Tan sólo los caballos supieron comportarse con humildad, como exigen Las Ventas
en Feria, y tras los finales de faenas, con bajonazos incluídos, iban
cabizbajos y en silencio a buscar la mano amiga que les sacaba del coso en el
portón de cuadrillas. Eso es educación y buen gusto, y no lo que ofrecieron
los caballeros Joao Moura, Leonardo Hernández y un timidísimo (o era miedo a
arriesgar, por si acaso) Fermín Bohórquez, que también es cierto que se
desesperó con el peor lote.
Moura, espectacular y decimonónico de atrezzo, de lo que ha hecho sello y
labor propias, resolvió bien con su primero. Dejó ver que, cuando quiere o
puede, se pone en buen rejoneador. Desarrolló bellas galopadas en corto y a dos
pistas. Pero el toro no siguió la estela de las intenciones del portugués.
Algo que no sucedió en el tercero, donde Moura, a lomos de Belmonte, citó de
frente, enceló a la res con el estribo, clavó buenos pares de banderillas al
quiebro y, sobre todo, marró con el rejón de muerte de modo insolente,
perdiendo el diminuto temblor que puso en la tarde y el trofeo, claro.
En esas que llegó Leonardo Benítez sin encontrar el tono entre lo clásico
y lo kamikaze, como una tiple ronca. Apostó fuerte recortando con peligro,
pegando la grupa de su cuadra al morro del toro, llevándose enganchones
evitables. Eso sí, puso bien la nota en algunos pares a dos manos, de fuera a
dentro, en su primero; bien con el acero, ganó una oreja. Para el cuarto, recetó
más de lo mismo, pero en el rejón de muerte estuvo pésimo, y peor en el
descabello.
Aunque la tarde se puso de plomo con las faenas de Fermín Bohórquez,
incapaz de sacarse a los medios a un manso, tercero de la corrida, con obsesiva
querencia a tablas. Era insufrible ver la impotencia de Bohórquez para hacerle
faena a este animal. Ni los quiebros, ni las entradas por los adentros, ni los
galopes cortos disimulaban su incertidumbre. Con el que cerraba plaza le salió
el genio, y el miedo. No arriesgó casi nada; destacar un par a dos manos, y
esas palmas de tango que aderezaron su paso por Las Ventas.
ABC. JL SUÁREZ GUANES.
Leonardo Hernández confirmó su buen año ante una corrida harto
deslucida
La gran crisis que atraviesa la
Fiesta de los toros —en cuanto a ganado— ha llegado también a las corridas
de rejones. Antes, todos los toros destinados a esta modalidad embestían de
forma incansable casi siempre y por supuesto no se caían jamás, como le pasó
a alguno de este festejo al que hacemos referencia.
La corrida de Benítez Cubero-Pallarés fue harto deslucida para el toreo a
caballo. Distraídos, con tendencia a tablas. Toros que había que ir a por
ellos. Esos en los que los rejoneadores tienen que poner casi todo de su parte.
Por no decir todo.
Una oreja
Leonardo Hernández se hizo con una oreja en el segundo y confirmó
la buena temporada que ya ha llevado a cabo y que le ha terminado de situar
entre los primeros. Dirigió la res con la cola del equino para colocar
rejoncillos previos, y con los rehiletes clavó los quiebros geométricos y
precisos en los que dejó llegar al toro e hizo olvidar que en las dos ocasiones
hubo, cada vez, un intento fallido antes de llegar a la realización plena.
Batalló después por sacar el astado de la querencia, consiguiéndolo, y puso
un par a dos manos francamente bueno. Como el rejón final fue instantáneo
llegó la muy legítima oreja.
Peleón y con ganas en el quinto, al que corrió a dos pistas, de costado y
al revés. Destacó en la ejecución de una banderilla sobre un caballo isabelo.
Su labor fue más lucida con los rehiletes , hasta que llegó el garrafal fallo
con el descabello.
El primer toro de Moura era de los que —como decía al principio— había
que ir a por él. Con las ancas traseras se los sacó de las tablas para parear
después de haber toreado mejor que clavado en los pasos preliminares. Bien en
las galopadas a dos pistas y sin pasar de fácil con las banderillas, pues
además clavó a la grupa, cosa nada frecuente en este torero y en general en un
rejoneador portugués. La petición de oreja no fue lo excesivamente abundante
para su concesión.
Lo mejor de su labor en el cuarto fue la manera de quebrar. Cosa que hizo
hasta tres veces. Antes y después de este menester se mostró más borroso,
pero con los garapullos dejó ver su maestría.
Fermín Bohórquez hizo una labor de lo más meritoria en el tercero,
totalmente huido y emplazado en tablas. Se lo sacó a las afueras con alegría y
terminó banderilleándolo con brillantez. El toro tardó en caer y se enfrió
el público, que hasta entonces se había mostrado cálido con el caballero. El
sexto fue quizá el más distraído de todos, y la labor de Bohórquez la más
gris, a la fuerza, de las seis de la tarde, pero dejó patente su voluntad y su
maestría.
Ficha
Monumental de Las Ventas.
Viernes, 6 de octubre de 2000. Casi tres cuartos de entrada. Toros para
rejones de Benítez Cubero (primero y sexto con el hierro de María Pallarés,
todos deslucidos, quedados, cobardones).
-Joao Moura, rejón (petición y vuelta al ruedo). En el cuarto, dos
pinchazos y dos descabellos (ovación).
-Leonardo Hernández, rejón (una oreja). En el quinto, dos rejones y siete
descabellos (un aviso con silencio).
-Fermín Bohórquez, rejón (palmas). En el sexto, metisaca y rejón
(ovación de despedida).
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