|
|
|
Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del martes, 6 de junio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Guardiola, bien
presentados, nobles y flojos.
Diestros:
-
El Tato,
cuatro pinchazos, se echa el toro, falla el puntillero -aviso-
y dos descabellos (pitos); estocada trasera perdiendo la muleta y
descabello (pitos).
-
Víctor
Puerto, media delantera y descabello (aplausos y saludos);
pinchazo hondo, rueda de peones, pinchazo -primer aviso-, pinchazo
hondo, pinchazo, estocada, falla el puntillero -segundo aviso- y cae
el toro (ovación y salida al tercio).
-
Alberto Elvira,
pinchazo y bajonazo infame (silencio); estocada corta (silencio).
Entrada: Casi lleno
Crónicas de la prensa: ABC, El
País
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Madrid. Víctor Puerto, cual Ave
Fénix
Quien haya naufragado en alguna etapa de su vida alguna vez, sabe lo que
cuesta volver a salir a flote. Quien no haya ardido en el fuego de las
vanidades, en las llamas de la desesperanza, en la hoguera de los errores, no
conoce lo que supone hacer de las cenizas cuerpo ni de las ascuas alma.
Aquello de cuanto más alta es la subida más dura es la caída se cumplió en
Víctor Puerto: ascendió un día a los cielos del toreo, saboreó las mieles
dulces de la gloria, se le atragantaron y se precipitó al vacío a plomo.
Nadie le derribó ni le descabalgó del sueño. No hubo culpables ajenos.
Bueno, quizá la juventud, el éxito rápido, la pérdida del sitio, muchas
cornadas, una confusión de ideas que mezcló en su cabeza caer bien con ser
un gracioso. Y desde ahí a los pueblos, a buscar la autenticidad que le aupó
a la cima, porque Puerto, que no lo olvide nadie, sabe torear, y con el
capote, mejor que muchos figuras o figurones.
Escalón a escalón, paso a paso, parece haber resurgido cual Ave Fénix.
Su esfuerzo le ha costado. A tenor de lo visto ayer en el ruedo de la
Monumental de Las Ventas, hay un nuevo Víctor Puerto, un torero que busca
hacer las cosas bien, mentalizado, con afán de participar en todos los
quites, con ganas de templar, mandar y volver a ser para recuperar su hueco.
Víctor Puerto no fue el único protagonista de la tarde. La corrida de
Salvador Guardiola Fantoni compartió elogios. Pese a moverse con justo
potencial en el tercio de varas, luego siempre fue a más, con nobleza en
conjunto, con matices, con la bravura del tercero.
Matices
Entre los matices, uno impidió que el diestro manchego cuajara
faena ante el quinto: tras la primera serie diestra, empezó el guardiola a
rajarse y a escarbar y a venirse abajo en definitiva. Puerto había lanceado
con gusto a la verónica y había quitado por tafalleras. Había derrochado
torería. Muleta en mano, en la izquierda y plegada, emuló el pase cambiado,
tan Bienvenida y tan torero, sólo que Antonio no rompía el «cartucho» de
la franela cuando llegaba el toro. Surgió un ayudado por bajo que se repitió
varias veces en su actuación con igual hondura y siguió con un pase del
desprecio. La templanza presidió la tanda inaugural sobre la derecha; otra
continuó con la figura más despatarrada, con los muletazos muriendo largos y
ligados. Y en sendos remates de pecho, por el izquierdo, el toro se le quedó
debajo. Premonitorio aviso de que poco más había. Al natural, los malos
augurios se cumplieron y se acabó lo que se daba.
Loable honradez
Con una honradez loable, Puerto, que se disponía a descabellar
después de un pinchazo hondo en todo lo alto, escuchó las protestas y volvió
a usar el estoque. La fortuna no recompensó el gesto, y encontró hueso en
otras tres ocasiones, siempre arriba, en todo lo alto. Sonó un aviso. Quizá
el toro pedía la suerte contraria: al menos así, a la quinta, hundió el
acero por arriba. ¡Ay, estos toreros que igual les da perfilarse al natural
que de manera contraria!
La agonía fue larga y el presidente le envió con toda su sensibilidad un
segundo recado. Como siempre que la muerte es tarda, el gentío se confunde y
aplaude, identificando con bravura con lo que no es. Fue ovacionado con fuerza
en el tercio. A pesar de los fallos con la espada, los tendidos valoraron su
honradez.
También salió a la raya de picar tras el arrastre del segundo, pastueño
toro. Interpretó un quite con el capote a la espalda, doblado, tras un medido
primer puyazo, muy meritorio y novedoso, que si lo hace cualquier Pepe se cae
la plaza. Otro cambio, por la espalda ahora, abrió faena y una tanda de
derechazos con las dos rodillas por los suelos y en los medios. En pie, corrió
la mano con temple, fondo y formas. En la siguiente, le perdió el ritmo al
toro por instantes y le costó recuperarlo sobre la izquierda. Sereno y
asentado, consiguió hacerse de nuevo con la situación; aunque tal vez debió
regresar a la mano de usar la cuchara. El final hacia los adentros contuvo
notables muletazos. Con media estocada y un descabello, despidió la cuestión.
Alberto Elvira ha pasado un largo y penoso trance y quizá por ello sea más
disculpable su falta de entendimiento con el bravo tercero. Ora el viento ora
el toro, las tandas tendían a la cortedad, incluso tras acoplarse en
derechazos de categoría y calidad. Pero allí, bajo los tendidos de sol, el
guardiola imponía su temperamento en una faena demasiado desigual y rematada
por los sótanos.
No midió el castigo en el peto, y se quedó Elvira sin toro para cerrar la
tarde. Hay que tener más ambición, un poquito nada más.
El Tato disfrutó de un nobilísimo toro, justito de potencial, al que
templó a media altura y con largura, pero por las áreas más lejanas al eje
de su cuerpo. Manejó mal la espada y se encontró con una sonora pita.
Reincidió en argumentos con el cuarto, muy metido entre los pitones para
buscar una inútil solución.
El País. LUIS MORCILLO, Madrid. Falta
de vitaminas
A lo mejor lo que le está haciendo falta a la fiesta es un veterinario que,
vestido de bata blanca y con el maletín lleno de fármacos, vaya de ganadería
en ganadería repartiendo vitaminas. Es posible que así la alarmante falta de
fuerzas que se aprecia en los toros que están saliendo en todas las plazas
tuviera algún remedio. No sé si la puesta en práctica de esta propuesta es
competencia del Ministerio de Sanidad o tal vez de alguna multinacional de
potingues curativos. Sea quien sea, que alguien la ponga en marcha, por favor.
Porque ha sido una pena que una corrida tan bien presentada y de juego tan
noble y codicioso no haya permitido, por la debilidad de los toros, que los
toreros hayan podido hacer un toreo de mayor vibración.
Quien mejor ha sabido intentar el toreo de verdad, y más de una vez lo ha
conseguido, ha sido Víctor Puerto, que ha tenido enfrente dos toros muy nobles,
de embestida incansable y repetida, y que sólo le han permitido hacerlo a ráfagas.
Pero ese toreo ha sido muy ortodoxo. Sus tandas con la derecha en ambos toros
han tenido profundidad y ligazón, especialmente la segunda serie de redondos al
quinto de la tarde. Fue una tanda con el compás abierto, muy templada y muy
sentida. No lució tanto el torero madrileño al torear al natural, porque su
primer toro se acostaba y se quedaba corto por el pitón izquierdo y había que
tirar mucho de él. Los pases que intentó con la zurda le salieron con menos
recorrido y sin remate, pero no por culpa del torero, sino porque al toro se le
había acabado ya el gas. Este mismo problema lo tuvo también con su segundo
oponente.
La faena a ese segundo suyo y quinto de la tarde le pudo haber deparado un
trofeo orejil, de no haber sido porque, en vez de descabellar tras el primer
pinchazo hondo, optó por entrar de nuevo a matar, esta vez con muy mala
fortuna.
Víctor Puerto hizo, además, el mejor toreo de capote que se vio en la
corrida. Fueron buenas sus verónicas al quinto, con el que se salió jugando
bien los brazos y ganando terreno. Entró a los quites con variedad y trazó una
excelente media verónica como remate a unas tafalleras en su segundo. Una buena
tarde de Víctor Puerto, merecedora de esa oreja que perdió por la maldita
espada.
En cambio, el dichoso Tato no parece tener remedio. El torero aragonés lleva
camino de convertirse en un diestro malogrado y es una lástima que esto le
pueda ocurrir, porque tanto de novillero como en sus primeros años de matador
de toros era un torero de mejor fuste, sobre todo cuando toreaba al natural.
Hoy El Tato anda metido en el empeño de ejecutar un toreo de muy mal gusto.
Con el primero, que sólo tenía el problema de su flojera, empezó con
precauciones, despegado y con el pico de la muleta por delante. Iba el toro de
maravilla y El Tato se colocaba lejísimos, medio tumbado y con la pierna de
salida colocada para el destoreo. La misma tónica tuvo su faena con el cuarto.
Otra vez semiacostado, otra vez la pierna para el destoreo y otra vez la muleta
en uve.
Hay algunos aduladores de los toreros que justifican esta postura de torear
medio tumbado con el argumento de que, como se trata de toreros altos, tienen
que doblarse para bajar la mano y poder llevar así a los toros. Pues miren
ustedes, no. Manolete era un señor alto y toreaba derecho como un huso. A Luis
Miguel Dominguín le llamaban El Patas Largas por su estatura y dominó a
los toros como nadie sin necesidad de tumbarse. A lo más que se puede llegar es
a romperse por la cintura, como hacía Paco Camino. Pero eso de tumbarse es
horroroso. Medítenlo El Tato y sus muchos seguidores.
Mejor gusto para el toreo tiene Alberto Elvira, que toreó muy bien, erguido
y vertical. Aprovechó la nobleza del sexto toro para darle muletazos templados
y bien ejecutados. La casta del tercero le desbordó un poquito, haciéndole
pasar malos ratos. Con el sexto, tal vez el más flojo de la corrida, Elvira
volvió a exhibir su buen gusto y su idea del toreo estético. Se colocó muy
cerca y aprovechó la nobleza del animal con muletazos de no muy largo trazo,
pero muy templados.
|
|