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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del domingo, 4 de junio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Adolfo
Martín ( desiguales y de juego variado. Los tres primeros,
de escasa presencia, el resto con más trapío. 1º y 2º, flojos y gazapones. 3º
y 4º, con problemas. 5º, noble. 6º, bravo, se le dio la vuelta al ruedo).
Diestros:
-
El Fundi,
estocada delantera perdiendo la muleta (silencio); estocada corta
delantera perdiendo la muleta, estocada desprendida y dos descabellos (pitos).
-
Miguel
Rodríguez, estocada desprendida (silencio); pinchazo y
bajonazo escandaloso (bronca).
-
Oscar Higares,
media trasera (pitos); estocada delantera y descabello (oreja
protestada).
Entrada: Casi lleno
Crónicas de la prensa: ABC, El
País
ABC. ZABALA
DE LA SERNAAdolfo
martín, una corrida de puerta grande
Apenas empezada la corrida, al ganadero le estaban mentando al padre y a la
madre; acabado el festejo, todo eran parabienes. O casi todo. Los insultadores
profesionales, los que acusaban a Adolfo Martín de estafador o de cometer
delitos terribles contra la conspicua afición por la terciada y bajita lámina
un par de toros , callaron con el transcurrir de la tarde.
Una oreja se cortó, un pobre despojo, y casi se les olvida a los
alguaciles. De haber existido espadas de ley, toreros de cuerpo entero, ayer
se convierte en fecha memorable e histórica para la Fiesta. A excepción de
El Fundi, que apechó con el lote más deslucido, Rodríguez e Higares optaron
por seguir con sus trayectorias, aunque el hijo de Aurelio se salvó a última
hora con el mencionado trofeo tras una faena decreciente.
Los habrá que a estas horas sólo canten las excelencias del sexto toro,
premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Y a lo peor se olvidan de cómo
fue el quinto en la muleta o de la bondad del segundo o del tercero, quizá
sin la chispa santacolomeña, mas pastueños hasta aburrir.
Uno piensa que en ocasiones este tipo de ganaderías cuentan con un serio
nlastre, porque los toreros toman precauciones de más a sabiendas de los
antecedentes, y con una ventaja, porque los públicos acuden con una cierta
predisposición en el ánimo (la vuelta al ruedo al último quizá sea una
consecuencia de ello: «Curioso II», el toro de Javier Pérez-Tabernero
lidiado por David Luguillano el pasado día 21, tampoco hubiera desmerecido de
semejante premio, pero no cuenta este hierro debutante en Madrid con ese favor
popular).
Importantes puyazos
La suerte de varas que protagonizó Martín-Ojeda —¡vaya dos puyazos en
todo lo alto y agarrando al toro por delante!— será de las que queden en la
memoria de la afición, y probablemente, tras tardes y tardes de picatoros,
habrá que reconocerle como un señor torero a caballo. De lejos se arrancó
el adolfo, de nombre «Malagueño II», tras haber probado el frío hierro de
la puya en una ocasión. ¿Por qué no hubo un tercer encuentro con el equino?
Muy malos aficionados son, en general, estos presidentes actuales.
Entrega menor
Se movió en la muleta este segundo malagueño de la jornada («Malagueño»
fue también el primero), con franqueza y claridad, sobre todo por el pitón
derecho. Por el contrario, la entrega fue menor, y echaba ligeramente la cara
arriba. Óscar Higares principió bien la obra por bajo. Siguió sobre la mano
derecha, con ligazón y desmayo. Y desde ahí la cosa bajo en intensidad, más
al natural, después de otras dos tandas diestras de muletazos largos. Se
atracó el espigado diestro madrileño de toro en la suerte suprema, en un
volapié de entrega: la espada se hundió levemente contraria, lo suficiente
para que fuera necesario el uso del verduguillo. Y el pupilo de Adolfo Martín
con la boca cerrada, esperando el golpe de la cruceta que le enviara al cielo
de los toros buenos. Se preveía la vuelta al ruedo para el bruto, y tal y
como presagiaba Santiago Martín, compañero de localidad de torero nombre, la
presidencia sacó el pañuelo azul por aclamación mayoritaria.
Toro importante, toro de público este que cerró la corrida. Y, sin
embargo, en el tercio de muleta nos gustó más el anterior, más humillado y
con un pitón izquierdo para romper San Isidro y volver boca abajo Madrid.
Miguel Rodríguez no cuajó una actuación feliz, por decirlo de una manera
suave. Otro tren así no pasará por su puerta más. Hace falta también una
renovación en la zona dura del escalafón, donde se sitúan los mimos que
despachan siempre las mismas corridas año tras año en esta bendita y eterna
Feria isidril.
El Fundi, que en su primera comparecencia en Madrid hizo el mejor toreo a
la verónica que hayamos visto en estos veinte días, se llevó en el sorteo
los más delucidos ejemplares: el primero, de bastas hechuras y blando juego,
apenas le dio oportunidad de nada; el cuarto, duro como un predegal e incierto
como esta primavera tormentosa, se resistió hasta la muerte a rendirse, a
pesar del bajonazo tremendo que recibió.
Mientras España se volvía a vestir de luto por culpa de los cobardes
asesinos de ultraizquierda de ETA, en Madrid, ajenos a todo, tanto que a nadie
se le ocurrió guardar un minuto de silencio, la afición acababa entregada a
los adolfos. Y los que chillaban en el prólogo, calladitos.
El País. LUIS
MORCILLO, Madrid. Buenos mimbres para un mal cesto
Dígale usted a un torero que se las va a ver con un albaserrada y verá
cómo se le cambia la color. Sobre los toros de ese encaste, ya sean los de
Victorino, ya sean estos de su sobrino Adolfo Martín, pesa una leyenda de alimañas
y tobilleros. Pero, a veces, puede salir un toro de bandera. Un toro que lleve
en sus pitones un manojo de mimbres para que su matador pueda hacer un cesto
vistoso y armonioso que le lleve a la gloria.
El último toro de esta corrida de Adolfo Martín salió con los mejores
mimbres. Ya lo demostró en la forma de tomar el capote, al que acudió como un
tren por ambos pitones, galopando de largo y sin tirar una cornada. Ya lo
demostró también en el tercio de varas, con tres encuentros con el caballo, el
tercero arrancándose de lejos, a cambio de un gran puyazo del picador Manuel
Martín Ojeda. Nos quedamos con las ganas de verlo en otro encuentro más, que
hubiera sido el cuarto y que, si picador y diestro lo hubieran medido, nos habría
permitido ver completa esa suerte de varas que tan pocas veces se ve. Porque,
entre unos toreros con pocos conocimientos de la lidia, que lo colocaron mal en
los dos primeros puyazos, que el toro tomó corrido y al relance, y la
ignorancia y la falta de afición de un presidente que cambió el tercio cuando
todo el mundo se las prometía muy felices con otra posibilidad más de verle
acudir de nuevo al caballo, nos quedamos con la miel en los labios.
Allí había un toro para hacer con él ese toreo auténtico que tan poco
vemos a menudo. Un toro para un torero que lo supiera hacer. Un toro con un
manojo de mimbres para hacer el cesto. Y Óscar Higares no fue ese torero.
El diestro de Usera le ha hecho a Malagueño II la faena vulgar y
trapacera de todas las tardes. Ni le dio distancia para verlo llegar a la muleta
con la belleza de la arrancada, ni remató bien los pases, ni le hizo ese toreo
rondeño de suerte cargada y muletazo en redondo que ya no se ve. Óscar se
espatarró, puso la pierna atrás y lo toreó con el pico de la muleta,
procurando que el toro le pasara lo más lejos posible de su anatomía. En vez
de un cesto de armonía y bellos colores, hizo una canastilla torcida y desteñida.
Una pena.
Que el torero no está para hacer no bonitos cestos, sino también estuches
para bisutería, lo demostró con su labor en el tercero. Éste fue un toro escuálido
y sin trapío, muy parado en banderillas, que se revolvió en la muleta y que
probaba la embestida. Higares lo pasó con precauciones, a prudente distancia,
con un toreo feo y brusco, y más pendiente de ver por dónde iba a salir
corriendo, si llegaba el caso, que de hacerse con un toro que, al final, tomó
bien la muleta, aunque bien es verdad que echaba la cabeza arriba a la salida de
los pases.
Otro que desaprovechó también los mimbres de otro gran toro fue Miguel Rodríguez.
El quinto embistió con el morro por la arena, con suavidad y sin puntear ni
cabecear. En vez de empaparlo en el engaño y llevarlo lejos, bien dominado,
Rodríguez le quitaba la muleta. Más que torearlo, parecía que lo estaba
abanicando. Todo ello en postura retorcida y sin saber conducir la embestida. El
segundo fue un toro gazapón, con el que hacía falta valor para estar con él y
no asustarse si se paraba en la mitad del pase. A Miguel le faltó ese valor.
Para El Fundi fueron los toros más complicados. El primero fue un morlaco
andarín y muy mirón, que se paró muchas veces durante el trasteo para buscar
al torero. El de Fuenlabrada lo enviaba largo y hacia fuera, sin querer saber
nada de él. También estuvo pendiente de buscar a El Fundi el cuarto bicho.
Salió el torero a darle pases con miedo, poniéndole y quitándole la muleta
cada dos por tres. Naturalmente, el toro se dio cuenta de que aquel señor no
sabía cómo meterle mano y se hizo el amo de la situación. Le faltaron
recursos al torero, todo hay que decirlo. Alguien tendría que enseñarle que la
lidia es otra cosa.
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