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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del domingo, 3 de septiembre de 2000
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Reses de
Hermanos Vergara, (2º, devuelto por inválido), con trapío, algunos con la
presencia de los toros de las ferias del norte (o más), flojos, varios inválidos,
en general manejables y un sobrero de Hnos.
Lozano.
Diestros:
-
Martín
Antequera, metisaca trasero bajo, pinchazo y otro hondo caído (palmas);
media estocada caída y rueda de peones (aplausos y salida al tercio).
-
Curro Gea,
nuevo en esta plaza: media estocada muy tendida baja, estocada trasera
desprendida y rueda de peones (silencio); estocada corta atravesada (algunas
palmas y también bronca cuando sale a saludar).
-
Tomás López: media estocada perpendicular muy baja y dos
descabellos barrenando (silencio); pinchazo hondo y bajonazo (silencio).
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, El País,
ABC
El Mundo. VICENTE RUIZ.
Destellos de buen toreo
Se cambió de tercio en el estío madrileño, pasando de las dominicales
corridas de toros a las novilladas de septiembre, pero el panorama no varió en
demasía. Eso sí, se vieron detalles de torero hecho y listo para dar el salto
al escalafón superior en el malagueño Martín Antequera. Del resto mejor ni
hablar.
El malagueño realizó dos faenas muy interesantes a dos toros distintos,
demostrando una gran capacidad para enfrentarse a astados de distintos
comportamientos. Con el que abrió plaza llegó al tendido con tandas llenas de
ligazón, temple y largura, llevando siempre la muleta muy baja y rematando
todas ellas con soberbios, largos y lentos pases de pecho. Mató desastrosamente
perdiendo un merecido trofeo.
Pero fue ante el cuarto de la tarde cuando pudo verse su verdadera dimensión
torera. Fue una faena para el buen aficionado. Nadie daba un duro por la res al
comenzar la faena de muleta, pero a base de mucho temple y cuidar mucho al
astado, acabó metiéndolo en el cesto de su muleta, logrando tandas por ambas
manos de mucho mérito y no por ello exentas de torería. Volvió a fallar con
la espada, siendo éste mal uso de los aceros el único pero posible a una
completa actuación que revaloriza a este veterano novillero.
Del resto del festejo muy poco que contar. A Curro Gea se le puede excusar
por sus pocas novilladas toreadas. Se le vio muy verde toda la tarde. Ante las
complicaciones de su primero se le vio con pocos recursos para solventarlos. De
su manera de matar, no comment. Frente al quinto más de lo mismo, es decir,
poco de todo.
Tomás López vislumbró maneras al abrirse de capa en el tercero, pero todo
quedó en agua de borrajas. Al coger la franela se mostró inseguro y muy poco
solvente ante las complicaciones que presentaron sus enemigos. Lo despachó de
una fea estocada contraria, afeada más aún por su particular manera de tirarse
a matar con la mano izquierda. Ante el sexto no supo sacar todo su jugo y se le
vio muy ramplón y atropellado. Y aquí no hay excusas, ya que el toledano lleva
un gran número de festejos a sus espaldas.
El
País. LUIS M. MORCILLO.
Martín Antequera al natural
La novillada resultó dolorosa, lo cual no fue óbice para que se vieran
algunas cosas interesantes. Uno destacaría entre ellas el toreo de Martín
Antequera, sobre todo al natural, que no es fácil de ver por estos pagos y aún
menos por los otros.
Claro que en estas cuestiones del toreo hay que fijarse. Por la plaza, de
cuando en cuando, se oían voces significativas de que los aficionados y el público
en general no lo estaban pasando bien. "¡Qué tarde nos estáis
dando!", por ejemplo. O "¡La culpa es de la impresa!".
Los aficionados, sin embargo, van con lupa (para eso se inventaron las
lupas), la ponen delante del ojo y por fas o por nefas siempre descubren algo.
En esta ocasión se pudo descubrir, por fas, que Martín Antequera ligaba los
pases y ejecutaba el natural de acuerdo con las reglas del arte.
Nada maravilloso ni del otro mundo por supuesto, entre otras cosas porque los
novillos, faltos de codicia, iban para deslucidos. Mas sí importante en estos
momentos de la fiesta en los que ligar y seguir las reglas del arte no se lleva,
apenas ningún torero lo intenta, las figuras menos que nadie.
Las iniciales tandas de redondos que ejecutó Martín Antequera en su primera
faena las dio ligadas. Los naturales que sacó al cuarto novillo, tardo y
deslucido, ajustados al canon; de manera que adelantaba la pañosa, tiraba de la
embestida, embarcaba templado, vaciaba en el punto donde conviene para continuar
la tanda.
Dícese ahora "detrás de la cadera" y, efectivamente, por ahí le
va. Ahora bien, ese no es un fin sino un medio; el pase se dibuja allá donde se
liga el pase siguiente con ganancia de terreno (un paso es lo que se gana) y,
obviamente, este empalme o cambio de agujas ocurre detrás de la cadera.
También se dice "tócale" y "pónsela". Es jerga
novedosa, traída por un pelotón de banderilleros largones que no es muy seguro
sepan lo que están diciendo. Gritan "tócale" y deberían precisar qué,
pues si es lo del día de la boda, que vayan a tocárselo al toro ellos, ¿no te
digo lo que hay?
Esta jerga vacía de lógica ha trascendido al público y hay quien la
repite. Así, citaba Tomás López y uno del tendido le gritaba "¡Toca!";
embarcaba un natural Gea y otro le apuntaba: "¡Puesta!". Qué cosas.
Y aún entraban en honduras peligrosas pues ligaba los pases Martín Antequera y
le exigían: "¡Dale sitio!".
Sospecha uno (desde la verdad de la lupa) que semejantes proposiciones
venidas de la labia de los banderilleros malos no son del todo inocentes, ya que
convienen a los trucos usuales del peor toreo. Y el "tócale"
significa en el fondo meter pico, el "dale sitio" perder pasos al
rematar el pase (o salir corriendo) con lo cual se da por inexistente la ligazón,
que es la emoción del toreo hondo.
Militantes de semejante vaciedad parecían ser Curro Gea y Tomás Lopez,
aunque no es seguro. Ambos trastearon deslucidos y lo más probable es que fuera
fruto de la inexperiencia. Se les vio verdes y no es problema: ya madurarán. El
tiempo y la voluntad, que ambos demostraron, trae el oficio.
Tomás López es zurdo, luego mataba con la izquierda. No pasa nada. Se puede
matar igual con la izquierda que con la derecha. Sin embargo desde el tendido se
perdían las referencias. De manera que se perfilaba en la suerte natural y era
la contraria.
Asimismo se demostró que ser zurdo no mejora el toreo al natural, que es de
izquierdas. El toreo al natural es parar, templar y mandar, sin alivio de
espada, con todas las de la ley. Y eso lo hizo Martín Antequera, ya ves.
ABC. SUÁREZ
GUANES. Martín Antequera fue el único novillero que
demostró su madurez
Volvía Martín Antequera a Madrid después de cortar una oreja
en cada una de sus actuaciones isidriles. No están los tiempos para que los
novilleros recojan sus triunfos y Martín, que los ha sembrado, no los ha
recogido en forma de novilladas de fuste, ya que en la actualidad se dan escasas
en las ferias. En la mayoría de ellas: ninguna.
Pues bien, Martín vio como su más que entonada actuación, en el novillo de
Vergara que abrió plaza, no se vio reconocida como debía, quizá por culpa de
la espada. Pero, Martín, voluntarioso con el percal, con un novillo distraído
y sin excesivas fuerzas, lo supo traer y llevar en cuatro series con la derecha
y una de naturales, en las que se quedó de verdad en su sitio. Luego vendría
el fallo estoqueador y el pasotismo del público.
Con cuentagotas
Tampoco le acompañó la suerte en el cuarto, un novillo flojo que
embestía con cuentagotas, y con el que no se pudo lucir con la derecha, pese a
dejar la muleta en la cara para empalmar un pase con el siguiente. En cambio,
con la izquierda, procuró arrancarle algunos pases bastante más que bonacibles,
aunque intermitentes y de uno en uno, a excepción de unos naturales empalmados
a un par de auténticos forzados de pecho. Esta vez sí se le reconoció su
esfuerzo. Intentó lucirse en quites durante toda la tarde, aunque siempre
toreara por chicuelinas.
Curro Gea vio cómo volvía a los corrales el primero de sus novillos de
Vergara, así como el sobrero de Palomo. Manso, el segundo reserva, de los
Hermanos Lozano. Gea, que había sido aplaudido en un quite en el que abrió
plaza, realizó un trasteo embarullado y entusiasta, en el que ahogó a su
oponente y no le dio sitio. Indudablemente, su rival era pegajoso y representó
una traba para un novel.
En el quinto volvió a estar voluntarioso, ahogó de nuevo la embestida y se
echó al novillo encima. Tardó en igualarlo, aunque colocó una estocada
certera.
El tercero tenía poca fuerza. Por eso llegó a la muleta a la defensiva. Tomás
López lo había lanzado con rapidez y construyó una faena anodina, cosa
disculpable pues tropezó con un novillo alto y deslucido.
Al sexto lo lanceó con mayor sosiego —destacó una media— y en la faena
de muleta, el astado se cayó a los primeros compases. Luego punteó demasiado,
quizá por defecto del novillero que no templaba lo suficiente. Después, Tomás
anduvo más centrado hasta que, a la mitad, resultó desarmado. Recurrió a
desplantes y manoletinas para intentar borrar su desvaída actuación.
Existe una gran crisis de novilleros. Los dos últimos espadas de esta tarde
se ve que no están muy toreados, pero no hay novilladas importantes en las
plazas en que debiera haberlas, se tiene que recurrir a venir a Madrid a ver qué
pasa. Otra historia es que cuando un novillero —como es el caso de Martín
Antequera— está sobrado, se le ve maduro y cuajado suficientemente para la
alternativa, no termina de romper en el gusto de los asistentes que,
seguramente, se fijaron demasiado en el número de espadazos.
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