GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID

Tarde del sábado, 3 de junio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros despuntados para rejoneo de Fermín Bohórquez, mansos y distraídos, que, a excepción del 6º, acabaron dando juego. 

Diestros: 

  • Luis Domecq, pasada en falso, rejón trasero y atravesado, rueda de peones y, pie a tierra, dos descabellos (palmas). 

  • Antonio Domecq, pinchazo y rejón trasero (algunas palmas).

  • Martín González Porras, rejón caído y atravesado, rueda de peones, pasada en falso, rejón caído, pinchazo y, pie a tierra, descabello (ovación y salida al tercio).

  • Diego Ventura, nuevo en la plaza: pinchazo, rejón bajísimo, pinchazo y rejón atravesado (palmas).

Incidencias: El sexto toro saltó la barrera sembrando el pánico en el callejón.

Entrada: Casi lleno

Crónicas de la prensa:
ABC, El País


ABC. José Luis Suárez-Guanes. Madrid. La última de rejones tuvo más pena que gloria

Tercera corrida de rejones de la Feria. Después de un competido mano a mano y de una terna, se vuelve al empleo de las colleras, que, repito, no deja de ser un juego de desventaja para el toro, con dos caballeros enfrente. Antes de entrar en la localidad, nos informan de la concesión de la Medalla de Oro del Trabajo al maestro Rafael Campos de España, a instancias de la Unión de Abonados.

Abría el cuarteto Luis Domecq, que colocó el primer rejoncillo en todo lo alto, sin apenas preparación. En el centro del ruedo, pero al relance y a la grupa, sobrevino la ejecución del segundo. En idéntico lugar, y sin ventajas, puso la primera banderilla, que cayó un punto baja. También en el mismo centro pero, de nuevo, a la grupa, llegó la segunda. Con la misma facilidad, el tercero. Nada menos que tres cortas en carrusel —la tercera entrando por dentro— desataron los aplausos para un hacer que, hasta entonces, había sido demasiado frío y cerebral. Al tener que descabellar se disipó lo conseguido. Además, la gente acusó el síndrome del primer toro y llegó la abstención.

Antonio Domecq toreó desde el caballo, en su turno, tanto al preparar un rejoncillo, de dentro afuera, como al salir de la reunión. Las dos veces con la banderola como muleta. Un segundo cayó más trasero. Perdió el palo Antonio en la primera banderilla, mas puso la segunda en lo alto con precisión y temple. Y el tercero alegrándolo, con arte, pero a la grupa, que es tanto como decir a toro pasado en el toreo a pie. En una tercera reunión sí ejecutó al estribo, que es lo arriesgado.

Le protestó un poco el caballo para el par a dos manos, en el que fue por dentro. Resultó de lo más espectacular. Tras una corta, se quedó el toro muy quedado, por lo que Antonio lo intentó mover toreando con el sombrero. La ejecución mortal resultó deslucida.

Tendencia a la huida

Martín González Porras tuvo ante sí un astado de tendencia huida, al que quiso desengañar con el primer hierro, pero su rival salió de él con el mismo tono distraído y emplazándose en el centro del anillo, de donde se quitó después que viniera el segundo con más denuedo que otra cosa, por parte del caballero. Toreó con la cola, cabalgando a doble pista, para colocar las banderillas. Falló al intentar un quiebro, pero logró colocarlo en segunda instancia, entre grandes aplausos, y, de nuevo, quebró en la misma cara con encomiable acierto. Las palmas echaban humo, sobre todo al sobrevenir un recorte en la misma cara.

Caballo albino

Con un caballo albino pasó en falso una vez, para clavar a continuación. Hubo alardes de monta, un exceso de pedir aplausos y un cite del equino de rodillas que rozó lo circense, pero no se puede negar su entusiasmo y muchas cosas positivas en medio de espectacularidades. Después de las cortas vinieron tres rejones consecutivos y al echar pie a tierra dejó sin efecto el entusiasmo anterior.

A Diego Ventura se le vio su nacencia portuguesa por cómo preparó a la res y toreó a caballo, desde la montura. Clavó los previos de arriba abajo, muy en el estilo de su tierra: ¿por qué no salió vestido a la federica? Una carrera a dos pistas preparó un quiebro ortodoxo y una banderilla en su sitio saliendo de dentro afuera. Tras un palo caído al suelo, volvió a los buenos caminos en dos nuevas reuniones. Destacó un quiebro. Luego colocó una rosa y falló en la colocación de los rejones mortales.

De forma sosa pasó la primera parte de la collera de los hermanos Domecq al clavar y torear en los prolegómenos. Estuvieron más lucidos con las banderillas, pero fallaron a la hora de la muerte y, además, su enemigo tardó en doblar.

El toro de Bohórquez que cerró la corrida correspondió a la pareja González Porras y Ventura. Demostró mansedumbre y saltó la barrera para sembrar de pánico el callejón.

Fue trabajosa la parte primera de la lidia, subió el tono con las banderillas, debido a causas espectaculares, y se difuminó a la hora de la muerte.

Indudablemente, en este festejo se ha demostrado que el rejoneo lo han puesto muy difícil Moura y Hermoso de Mendoza porque basan su hacer mucho más en el toreo que en el clavar, en mantener los cauces de la seriedad antes que buscar el espectáculo y el llegar al público. No quiere decir con esto que los rejoneadores que hemos enjuiciado hayan estado mal, pero les ha faltado a todos —menos en algunos momentos al novel Ventura— la profundidad, la hondura y la sensibilidad que han hecho del arte de Marialva más parecido al toreo a pie. Por eso de mandar, parar, templar y cargar la suerte desde un caballo.


El País. LUIS MORCILLO, Madrid. El susto del 6º

La tercera corrida de rejoneo con la que este año ha tenido a bien la empresa inflar el abono ha resultado un tostón. Una corrida de rejoneo sin orejas, ya me contará usted. Sólo al final, el 6º toro ha contribuido, con el susto que ha dado a los ocupantes de la barrera del tendido 10, a que el personal tuviera motivo para la bulla y el regocijo.

Fue ese 6º toro un manso, que salió con más ganas de volver a la dehesa que de quedarse allí a jugar con aquellos señores que le hacían extraños gestos con un palo en la mano desde lomos de un caballo. En uno de esos intentos de irse a casa, el toro saltó al callejón, hizo correr a un alguacilillo derecho al burladero y, después, como el que no quiere la cosa, pegó el brinco para intentar colarse en el tendido y les dio un buen susto a los que ocupaban la fila de barrera. A pocos centímetros del salto del toro fugitivo se encontraban los duques de Lugo, que presenciaban el festejo desde sus localidades de barrera. Es evidente que ese toro cobardón sabía muy poco del respeto y protocolo que se debe a la Familia Real.

Estábamos en que la corrida fue un tostón porque no se cortó ninguna oreja. Los espectadores de este tipo de corridas tienen la mano fácil y pronta para airear el moquero y en este festejo no tuvieron ocasión de exhibirlo. Y es que todos los rejoneadores fallaron con los rejones de muerte. Ninguno de los cuatro jinetes pudo matar los toros con arreglo a los cánones del rejoneo. Ya sabemos que matar un toro montado sobre un caballo es muy difícil. Pero pudieron esmerarse un poquito, caramba.

En el capítulo del toreo a caballo el espectáculo tuvo momentos brillantes y otros en los que nos llevaron un ratito al circo. A caballo torearon los hermanos Domecq y, a ratos, González Porras, que fue el que nos obsequió con alardes circenses. Diego Ventura, en cambio, está todavía en las primeras letras.

Luis Domecq ha mostrado un toreo sobrio, siempre pendiente de llevar al toro fijo en el caballo. Lo consiguió, especialmente, cuando su enemigo, un toro abanto y distraído, quería irse de las suertes. Su hermano Antonio toreó menos y estuvo algo más bajo en su actuación. Pretendió dar espectáculo con sus cites desde larga distancia, en los que fue al toro recto y de frente. Le había tocado un toro incierto, que iba a oleadas y aunque abusó mucho de las pasadas sin arrimarse al final, lo mejor de su tarea fue un par a dos manos, por los adentros, del que salió toreando muy templado con la grupa del caballo.

González Porras es el que más ha impresionado al público. Lo malo es que lo ha hecho con el truco de los aspavientos teatrales y las corvetas de circo. También echó mano del numerito de citar con el caballo arrodillado. Es una lástima que el rejoneador madrileño tenga que recurrir a estas triquiñuelas para buscar el aplauso, porque también demostró que sabe torear. En banderillas galopó llevando al toro con mucho temple y, en sus espectaculares quiebros, clavó con pureza y colocó al toro en suerte de forma magistral. Lo mismo ocurrió cuando actuó en collera con Diego Ventura. Con ese 6º del susto, que llevaba la cara muy alta y cortaba terreno, González Porras llevó a cabo una lidia a caballo muy segura y eficaz. Siga por ese camino y déjese de hablar con el público para pedir aplausos.

Diego Ventura salía por primera vez al ruedo de Las Ventas. Clavó siempre sin ton ni son ni preocuparle dónde dejaba rejones y banderillas y no supo impedir que a su caballo Camerún el toro le diera una cornada grave de 10 centímetros de profundidad. En cambio, estuvo breve y, en algunos momentos, llegó a torear muy medido y templado. También debe seguir por ese camino.

 

 

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