GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID

Tarde del domingo, 2 de julio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Javier Guardiola Domínguez, bien presentados, inválidos, de poca casta y escaso juego. 5º de Guardiola Fantoni, cinqueño, con gran trapío, inválido, manejable.

Diestros:

  • Leonardo Benítez,  estocada trasera, siete descabellos -aviso- y nueve descabellos (silencio; estocada trasera ladeada saliendo volteado (escasa petición, ovación y salida al tercio); pasó a la enfermería donde se le curaron lesiones en el pene y un muslo, de pronóstico leve.

  • Javier Vázquez, pinchazo y estocada caída (silencio); pinchazo, otro perdiendo la muleta, pinchazo -aviso- y estocada (silencio).  

  • José Antonio Iniesta, dos pinchazos, rueda de peones, pinchazo y estocada (silencio); pinchazo y estocada corta ladeada perdiendo la muleta (aplausos).

Entrada: menos de media entrada.

Crónicas de la prensa: ABC,


ABC. VICENTE ZABALA. Madrid. La decisión de los toreros primó frente a las complicaciones de los toros

Como suelen ser todos los festejos que se programan en estas fechas en Madrid, la corrida de ayer tenía como fin servir de oportunidad para tres toreros que necesitan y merecen relanzar sus carreras. Pero como es habitual también en Las Ventas, resulta difícil que se conjuguen todas las circunstancias. La culpa, fundamentalmente, la tuvieron los toros, pese a las pequeñas salvedades del sexto y, sobre todo, el quinto.

Herido

El venezolano Leonardo Benítez acabó herido en la enfermería por la cornada que recibió en el último minuto de su actuación, es decir al entrar a matar al segundo de su lote. Hasta ahí, había llevado a cabo una meritoria actuación en sus dos toros. Sin pensárselo dos veces, se fue hasta el chiquero a recibir con una larga al que abrió plaza, teniendo que rectificar el lance al saltar el toro por encima. Se lució, ya en pie, en verónicas posteriores y en vistoso quite por gaoneras y saltilleras. Banderilleó fácil, destacando el segundo par por los adentros y un tercero, como se dice en el argot, asomándose al balcón, pero en la muleta de nada le valieron los deseos de triunfar, pues nada más iniciar faena en los medios, citando de largo, en el segundo muletazo por el derecho el animal enseñó sus condiciones con un tremendo hachazo. Valiente Benítez intentó bajarle la mano por ese pitón, sin poder evitar la violenta embestida. Lo peor, el mal uso que hizo del descabello: hasta diecisiete golpes dio. Frente al cuarto, de nuevo derrochó ganas, valor y vergüenza torera en los tres tercios. Impávido y muy firme, logró muletazos por ambos pitones, realmente conseguidos.

Javier Vázquez no tuvo suerte con su flojo primero, tardo además en la embestida y probón. El quinto se dejó algo más al natural, por donde surgieron tres series cortas pero de gran calidad, aunque en conjunto a la faena le faltó ligazón.

Empaque y calidad

José Antonio Iniesta, torero que alcanzó cotas altas en su etapa de novillero en Madrid, era esperado por esta afición. No pudo triunfar, a pesar de lo cual de su muleta surgieron los mejores muletazos de la tarde, los de mayor empaque y calidad en el sexto, protestado por flojo en los primeros tercios, y que acabó apagándose en la muleta. El joven torero estructuró faena con preciosas trincherillas y después aprovechó la media embestida del astado en series que tuvieron gusto y plasticidad.

Parte facultativo: Leonardo Benítez sufrió una herida superficial en el pene, de seis centímetros, y un puntazo corrido en el muslo izquierdo de pronóstico leve.Firma el parte el doctor Máximo García-Padros, cirujano jefe de Las Ventas.


El País. JOAQUÍN VIDAL. Madrid. Diga 33

Lo único que salva a la actual fiesta de los toros es que aún no ha pasado un reconocimiento médico. Pues en cuanto la sometan al juicio pericial de los galenos se descubrirá que no tiene media torta. A la fiesta de los toros la dicen que diga 33 y la decretan incapacidad laboral permanente. O sea, que la dan la absoluta.

La fiesta de los toros está tocada de ala o, utilizando su propia jerga, mejor cabría afirmar que lleva media en las agujas. A la fiesta de los toros sospecha uno que no la salva ni la paz ni la caridad, entre otras razones porque ya a casi nadie interesa la tal fiesta de los toros, ni su salud, ni incluso su supervivencia.

Una fiesta de toros como la que se vio en Madrid o la que montan cada día en todas las plazas y todas las ferias del Señor, no interesa absolutamente a nadie salvo a quienes podrían lucrarse con su celebración, lo cual cada vez resulta más difícil.

Ni media entrada había en Las Ventas, de esa media entrada la mitad aproximada eran turistas y todos a una, prietas las filas, se aburrieron como ostras. No tuvieron otra opción: los toros se caían. Y con toros inválidos, no hay forma de emocionarse ni de divertirse, ni mucho menos justificar las suertes que componen el arte de Cúchares, los cruentos tercios de la lidia, tan difíciles de explicar (y de entender) si no es desde el peligro y el miedo que impone el toro con toda su bravura y su poderío.

Nadie vaya a creer, a estas alturas, que el toro lisiado constituyó en Madrid una sorpresa. El toro lisiado de Madrid puede hasta parecer fuerte si se le compara con el toro anovillado, despitorrado, fofo, enfermo y drogadicto que sueltan en todas las plazas y ferias del Señor. Donde, por supuesto, tampoco acude el público, los aforos se resuelven con medias entradas si no son cuartos, y el fraude evidente, el fracaso escandaloso de la función lo disimulan con disloques triunfalistas y regalando orejas.

Como un solar han dejado la fiesta de los toros esos empresarios incompetentes que sólo estaban en el negocio para llevárselo crudo; esos ganaderos que se prestaron a cuantas tropelías les imponían los apoderados a cambio de asegurar la venta del género; esas figuras falsas que han venido mandando en la fiesta a base de corromper cuanto se movía alrededor para garantizarse el toro inofensivo e inútil, manipulado fraudulentamente.

Ese tipo de toro ya es general en la fiesta, sale en cualquier parte y sirve lo mismo para que se justifiquen las figuras que para estrellar a los modestos. Estos modestos estrellables estuvieron en Las Ventas y los tres se emplearon a fondo con ese ganado desesperante de soberbio cuajo pero de feble condición. Leonardo Benítez, que es muy teatrero, entró a quites, banderilleó animoso, muleteó tirando de repertorio a despecho del peligro de las embestidas y convirtió en angustiosos algunos pasajes de sus trasteos. Mató a sus dos toros encunándose, y el segundo le volteó de forma dramática.

Javier Vázquez no se lo pensó dos veces para echarse de inmediato la muleta a la izquierda, e insistir en el toreo al natural, con diversa fortuna, lo mismo en su bronco primer toro que al quinto, de mejor conformar.

José Antonio Iniesta, a quien correspondió un primer Guardiola de nula embestida, le sacó al sexto redondos de enjundioso trazo, cargados de toreo auténtico, que no pudieron tener continuidad pues al bruto le faltaba casta y se marchó pronto a mansear al hilo de las tablas.

Todo era estrellarse y sucumbir a la incuria de los taurinos, que han dejado la fiesta para el arrastre. Ni siquiera es hora ya de decirle que diga 33 pues no serviría de nada ya que está entonando el gori-gori. Claro que a los taurinos lo que les preocupa no es que se muera, sino que se diga. La ley del silencio.

 

 

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