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Festejo
PLAZA DE LAS VENTAS,
Tarde del martes, 02 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros
de Joaquín Barral, terciados: 1º, con problemas, 3º y 5º, inválidos. Resto, de Puerto de San Lorenzo (dos devueltos por inválidos): 2º, flojo y aborregado. 4º y 6º, sobreros, también de Joaquín Barral, terciados e inválidos. Un toro despuntado para rejoneo de Hermanos Gutiérrez
Lorenzo, mansurrón.
Diestros:
Crónicas de la prensa: El Mundo,
El País
El País. LUIS M. MORCILLO.
Un bonito baile de disfraces
La Comunidad de Madrid ha montado, una vez más, su habitual chiringuito de calesas, piruetas ecuestres y pasacalles zarzueleros para celebrar la fiesta autonómica. Todo ello, con el personal disfrazado (toreros incluidos) de guardarropía teatral, como para asistir a un baile de Carnaval. Y todo ello en homenaje a Goya, al que se le supone una muy dudosa afición a los toros, sólo porque pintaba tauromaquias. También pintaba fusilamientos y no por eso hay que suponer que le gustaba ver morir a la gente a la luz de un farol. Goya era un liberal ilustrado, discípulo de Jovellanos, y se exilió a Burdeos porque no aguantaba al impresentable de Fernando VII. Pintaba toros y toreros para reflejar los horrores de una fiesta que, con toda probabilidad, aborrecía.
En realidad, no sabemos si el pintor aragonés era o no aficionado a la fiesta. Lo que sí es seguro es que jamás se entusiasmaría con la corrida de ayer. Si los toreros salieron disfrazados de Costillares en pijama, los toros salieron con el disfraz de artrósicos atontados. Se devolvieron al corral dos bichos que no se tenían en pie. Y si no se devolvieron los restantes fue, seguramente, porque el presidente quería irse pronto a casa a ver el partido del Valencia con el Barcelona, desde la impunidad del sillón hogareño.
Sólo hubo dos toros con un poquito de gas. Fueron el primero y el segundo. Uceda Leal se enfrentó a ese primero, que ya en el capote se revolvía y no humillaba. Estaba muy flojito y sólo le dieron dos picotazos. También se revolvió en la muleta y no permitió al torero molerlo a derechazos, como eran sus intenciones. Por no mandar en la embestida, se le coló en un natural. Luego estuvo porfiando y porfiando para no sacar nada. Como además, no se arrimó mucho que digamos, fue acogido con indiferencia.
Un pelín de fuerza tenía el segundo de la lidia ordinaria. Ello permitió a Eugenio de Mora gustarse en un toreo reposado con la mano izquierda, en el que desatacaron un par de naturales de mucha clase. El empleo de la mano derecha alcanzó ya niveles menos artísticos y otra tanda zurda no fue tan meritoria. La faena, que empezó con vuelos de águila, acabó con revoloteos de gorrión. Los aficionados restaron importancia al trabajo del diestro, porque consideraron que el torete era un borrego debilucho.
El resto de la corrida, pues eso: un bonito desfile de disfraces. Uceda hizo una faenita sin emoción al cuarto y Mora estuvo encimista y aburrido con el quinto, al que le sacó algunos pases.
Abellán sólo se lució con el capote. El saludo al tercer toro fue muy torero. Los floreos con el capote, en los quites, aceptables. Y con la muleta, inédito ante sus dos enemigos, inválidos. Encima, le aplaudieron por no torear.
Abrió el festejo el rejoneador Leonardo Hernández con un toro de los hijos de Niño de la Capea. Hernández se lució como jinete y no tanto en el toreo a caballo, pues los arreones de la res le tocaron en más de una ocasión el flanco de las cabalgaduras, por no medir bien los galopes del toro y no prever los cortes de terreno que eran visibles.
En banderillas, con sus caballos Duque y Zalduendo, galopó a dos pistas, suerte que se está poniendo de moda y estuvo menos acertado a clavar.
El Mundo. JOSE
LUIS VADILLO. Llegaron los toros y se acabó la fiesta
MADRID.- Casi llenaron los madrileños la plaza de Las Ventas
en el día de su Comunidad. Les habían prometido fiesta, tres toreros jóvenes
y prometedores, un rejoneador como aperitivo y el encanto de una corrida goyesca. Pero fue salir el primer toro de lidia ordinaria por los chiqueros y descubrir que aquello tenía todo el aspecto de una farsa, una burla al
aficionado.
Sólo quedaban los restos desolados de una fiesta. Es cierto
que algún canapé abandonado en una bandeja era sabroso, y que quedaba todavía
algún que otro culillo de whisky de 12 años en los vasos. Pero también era
verdad, penosa verdad, que el ganado no permitió contemplar más que los
restos deslucidos de lo que debía ser una fiesta grande.
La mayor parte de la responsabilidad debe achacarse a los
toros de los dos hierros titulares: Joaquín Barral y el Puerto de San
Lorenzo. A la postre, con las devoluciones, de ésta segunda ganadería sólo
se lidió un ejemplar, el segundo, que resultó el más aceptable.
Entre unas cosas y otras, el público no pudo ver una faena
más que uniendo los retazos de lo mejor que salió de las manos de Eugenio de
Mora y de Miguel Abellán.
De Mora demostró ayer en Madrid lo que apuntó hace unos días
en Sevilla: que pretende alcanzar un toreo más pausado, relajado y profundo. Lo consiguió a medias ante su primero, un animal que fue a más tras acabar
muy apagado en varas. Lo sacó bien por alto el toledano a los medios y allí
instrumentó cuatro naturales bien templados. Después, otra tanda algo más
trabada y afeada por la sosa embestida del ejemplar del Puerto. Parió De Mora unos derechazos ligados y largos, perdiendo
los pasos justos, pero de nuevo los remates no pod! ían ir por bajo, como
mandan los cánones. Tenía una oreja ya amarrada De Mora, con el público a favor, pero mató mal. Igual de mal que usó los aceros en el parado quinto,
pero ante éste el lucimiento fue imposible.
Para ver toreo de capa hubo que aguardar a que Miguel Abellán se hiciera presente. Anduvo el madrileño muy variado, animoso y acertado con
el capote toda la tarde. A su primero lo recibió con verónicas a pies juntos, con medias citando de frente. Llevó al astado galleando con la capa a la espalda y lo puso en suerte con una larga cambiada de rodillas. Olía a triunfo en Las Ventas, pero el inválido de Joaquín Barral obligó a Abellán
a abreviar. Era la única opción posible.
Ante el que cerró plaza ofreció Abellán un quite por navarras rematado con una vistosa revolera. ¿Qué podía hacer ante un toro
descastado, paradísimo, ruina en pie y arrodillada?
Uceda Leal pasó un mal trago con su primero. No se lo
esperaba el diestro, que inició la faena con gusto, por alto. Tras tres coladas por el pitón derecho, una tremenda, se echó la muleta a la izquierda. Por ese lado el de Barral era igual de tobillero, y anduvo hábil y
rápido de reflejos Uceda para no salir herido.
En el cuarto se vio un Uceda Leal apático, con una frialdad
contagiosa que terminó castigando el público con protestas cuando el diestro
pretendía alargar una faena de nada y sin finalidad alguna. No todo fueron sombras en este toro: un espadazo tumbó al animal. Por delante de la terna actuó el rejoneador Leonardo Hernández. El caballero estuvo dispuesto a citar de frente y a clavar en lo alto. Unas veces lo consiguió y otras no. Dio grandes cabalgadas de salida en las que
templó, aunque también letocaron las cabalgaduras. Lo más destacado se lo
hizo al toro del Capea en las templadas carreras en lateral, paralelo a las tablas. Al astado le faltó un punto de picante, aunque sirvió más de lo
previsible cuando salió por el toril.
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