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Temporada 1999
Temporada 2000 Temporada
2001 Temporada 2002
Temporada 2003 Temporada 2004 Temporada
2005

Plaza
de toros: datos e imágenes
TEMPORADA 2007
Feria de Nuestra Señora de los Remedios
Sábado, 25 de agosto. Toros de Albarreal y un sobrero (4º) de El Quintanar (bien presentados, nobles y justos de
fuerza), para Antonio
Ferrera (silencio y silencio tras aviso), Juan Bautista (ovación y
oreja) y Fernando Cruz (silencio y silencio tras aviso). Menos de media plaza.
Domingo, 26 de agosto. Toros de Ana Romero (nobles y manejables destacando el 5º), para
Miguel Abellán (ovación y
oreja), Iván Vicente
(oreja tras aviso y oreja) y César Jiménez
(aplausos tras aviso y aplausos tras aviso). Lleno.
Lunes, 27 de agosto. Toros de Buenavista
(bien presentados y juego desigual, destacando el 6º), para
Manuel Jesús " El Cid" (oreja y
pitos),
David Fandila "El
Fandi" (silencio y pitos) y Sebastián Castella
(ovación y dos orejas). Más de tres cuartos de plaza.
Martes, 28 de agosto. Toros de Los Eulogios
(de distinta presentación y descastados), para
César Rincón (silencio y
bronca), Julián López 'El
Juli' (ovación y ovación) y Miguel Ángel Perera
(saludos tras aviso y aplausos tras aviso). Tres cuartos de plaza.
Miércoles, 29 de agosto. Novillos de El Retamar (bien presentados y buen juego, destacando el 6º), para Pedro
Carrero (saludos y silencio), Pepe Moral (vuelta tras aviso y
oreja) y Juan Carlos Rey, debutaba con caballos, (silencio y oreja). Media plaza.
Jueves, 30 de agosto. Erales de Pilar y Tomás Entero para los alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Colmenar Viejo
TEMPORADA 2006
Feria de Nuestra Señora de los Remedios
Sábado, 26 de agosto. Toros de José Luis
Pereda (juego desigual), para Enrique Ponce (silencio y
bronca),
Miguel Abellán (silencio y ovación)
y Miguel Ángel Perera
(oreja y ovación). Dos tercios de plaza.
Domingo, 27 de agosto. Toros de Adolfo Martín
(deslucidos), para Sánchez
Vara (ovación tras aviso y palmas), Jesús Millán
(oreja y silencio tras aviso) y Luis Bolívar (ovación tras aviso y pitos tras aviso). Más de media plaza.
Lunes, 28 de agosto. Toros de Juan Albarrán
(descastados), para
Luis Miguel Encabo (oreja y dos
orejas), Julián López 'El
Juli' (silencio y bronca) y Manuel Jesús " El Cid" (silencio y oreja). Tres cuartos de plaza.
Martes, 29 de agosto. Toros de Albarreal (de distinta
presentación y juego), para David Fandila "El
Fandi" (silencio y ovación), Sebastián Castella
(oreja y dos orejas) y Cesar Jiménez
(dos orejas y ovación). Casi tres cuartos de plaza.
Miércoles, 30 de agosto. Novillos de Torrestrella
(bien presentados y buen juego, destacando el 4º premiado con la vuelta al ruedo), para
Benjamín Gómez
(oreja y oreja tras aviso), Pedro Carrero ( oreja y saludos tras
aviso) y
Pérez Mota ( oreja y silencio tras
aviso). Un tercio de plaza.
Jueves, 31 de agosto. Erales de El Retamar, para Juan Carlos Rey, Jesús Sánchez y Joselillo
TEMPORADA 2005
Feria de Nuestra Señora de los Remedios
Sábado, 27 de agosto. Novillos de
Fuente Ymbro
(de distinta presentación y juego),
para David Mora (silencio y silencio), Emilio de Justo
(oreja y oreja) y Alberto
Aguilar (silencio y oreja). Un tercio de entrada.
Domingo, 28 de agosto. Toros de Martelilla
(bien presentados y juego desigual), para
Ortega
Cano (silencio y pitos), Sebastián Castella
(oreja y ovación) y Salvador Cortés
(ovación y oreja). Media entrada.
Lunes, 29 de
agosto. Tres toros de La Dehesilla
y tres (2º, 3º y 6º) de María José Pereda (bien presentados y descastados),
para Miguel Abellán (vuelta al ruedo y oreja), El Juli
(silencio y ovación) y David Fandila "El
Fandi"
(oreja y silencio). Tres cuartos de entrada.
Martes, 30 de
agosto. Cuatro
toros de
Gavira (bien presentados y
descastados), un sobrero (5º) de José Luis
Pereda (manso) y otro sobrero (6º) de
La Laguna (terciado), para Jesulín de Ubrique
(silencio tras aviso y palmas),
El Cid (ovación y palmas) y Matías Tejela
(silencio y oreja). Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por cumplirse
el vigésimo aniversario de la muerte de José Cubero
"Yiyo".
Miércoles, 31 de agosto. Toros de
Adolfo Martín (juego
desigual),
para El Fundi (silencio y silencio),
Juan José Padilla (silencio y oreja)
y Luis Miguel Encabo (silencio tras aviso y oreja). Media entrada.
Jueves, 1 de septiembre.
Novillada sin caballos. Novillos de El Retamar, para Jorge Jiménez,
Juan Carlos Rey, Antonio Jaén y Jesús Sánchez.
TEMPORADA 2004
Feria de Nuestra Señora de los Remedios
Sábado, 28 de agosto. Toros de Fernando
Peña (bien presentados, mansos en general) para Luis
Francisco Esplá (ovación y silencio), Luis
Miguel Encabo (silencio y oreja) y Fernando
Robleño (silencio y silencio).Domingo, 29 de agosto. Toros
de Antonio
San Román, (2º bis) (deslucidos) y uno (6º tris) de Jaral
de la Mira (bueno) para Uceda
Leal (ovación y ovación tras aviso), Jesús
Millán (silencio y división) y Serafín
Marín (ovación y silencio).
Lunes, 30 de agosto. Toros de Montalvo
(bien presentados, desiguales en el juego) para Rivera
Ordóñez (pitos tras aviso y pitos tras aviso), Manuel
Jesús "El Cid" (dos orejas y oreja) y César
Jiménez (silencio y silencio).
Martes, 31 de agosto. Toros de La
Laguna (justos de presentación, desiguales en el juego) para Enrique
Ponce (silencio y silencio), Antonio
Ferrera (oreja y oreja) y Julián
López “El Juli” (silencio y dos orejas). Resultó herido de
gravedad el subalterno Mariano de la Viña, de la cuadrilla de Enrique
Ponce.
Miércoles, 1 de septiembre. Novillos de Ángel
Luis Peña (bien presentados, desiguales en el juego, el quinto dio
la vuelta al ruedo) para Rafael Ayuso (ovación tras aviso y silencio),
Alberto Aguilar (sustituía a Gabriel Picazo, silencio tras aviso y
oreja tras aviso) y Juan Ávila (oreja y silencio tras aviso).
Jueves, 2 de septiembre. Novillada sin picadores. Erales de El
Retamar (correctos) para Jorge Jiménez (oreja y ovación) Antonio Jaén
(oreja y dos orejas) y Luis del Valle (silencio y pitos).
Viernes, 3 de septiembre. Espectáculo mixto. Dos erales de
Pilar y Tomás Entero (buenos) para Ana Infante (oreja) y Sandra Moscoso
(dos orejas). Además se celebró un concurso de recortadores y números cómicos.
TEMPORADA 2003
Feria de Nuestra Señora de los Remedios en Colmenar Viejo
Sábado, 30 de agosto. Toros de Los Eulogios, para
Víctor Puerto, Jesús Millán
y Antonio
Ferrera.
Domingo, 31 de agosto. Toros de Alonso Moreno
(bien presentados), para
Luis Miguel Encabo (silencio,
silencio y silencio) y Fernando Robleño
(silencio tras aviso, silencio y silencio). Media entrada.
Lunes, 1 de septiembre. Toros de La Laguna
(de buen juego), para
Jesulín de Ubrique (silencio y
oreja), José
Pacheco El Califa (silencio y oreja) y César
Jiménez (dos orejas y oreja). Menos de tres cuartos de entrada.
Martes, 2 de septiembre. Toros de Alcurrucén
(bien presentada), para
Enrique Ponce (silencio y
oreja), Iván Vicente (oreja
y vuelta) y César
Jiménez (silencio y silencio). Media entrada.
Miércoles, 3 de septiembre. Novillada concurso de
ganaderías locales. Reses de El Retamar, Ángel Luis Peña, Hrdos.
Julián Sanz Colmenarejo, Torrenueva, Mª Antonia de la Serna y Justo
Leiro para Luis Bolívar (silencio tras aviso y ovación con saludos),
Gabriel Picazo (silencio y silencio tras aviso) y Rafael Ayuso
(silencio y palmas).
Jueves, 4 de septiembre. Novillada sin picadores.
Reses de El Retamar para Antonio Jaén, Luis del Valle y Jorge Jiménez.
Empresario: Tomás Entero
(desde marzo´2003)
TEMPORADA 2002
Feria de Nuestra Señora de los Remedios
Sábado, 24 de agosto. Toros de Hnos. Guardiola Domínguez, para
Leonardo Hernández
(sin trofeos), Pablo Hermoso de Mendoza
(oreja) y
Álvaro Montes (sin
trofeos).
Domingo, 25 de agosto.
Toros de Aldeanueva
(buena presentación y buen juego), para
El Cordobés (oreja y ovación
tras aviso), Pepín Liria (ovación
y oreja) y Morante de la Puebla
(ovación y oreja). Más de media plaza.
Lunes, 26 de agosto.
Toros de Fernando Peña
(2º, 3º y 4º, de
diferente presentación y juego) y dos de Manuel
San Román (1º y 5º, bien presentados y nobles), para Pepín
Liria (ovación y silencio), Antonio Ferrera
(pitos y vuelta al ruedo) e Iván
Vicente (oreja en el único que mató). La
lluvia obliga a suspender el festejo a la muerte del 5º toro. Media
plaza.
Martes, 27 de agosto. Toros de El Ventorrillo
(deslucidos),
para Finito de Córdoba (bronca
y bronca), Manolo Sánchez
(silencio y silencio) y Víctor
Puerto (oreja y oreja). Menos de media.
Miércoles,
28 de agosto. Novillos de Tierra Joven (bien presentados), para
Jesuli de Torrecera (oreja y oreja), Roberto Carlos (silencio y ovación
tras aviso), y para Reyes Ramón (silencio y silencio). Un cuarto de
plaza.
Jueves, 29 de
agosto. Toros
de Juan Albarrán (de
juego desigual). El 2º, de Jiménez Pasquau. El 5º, de Fernando Peña
(con peligro los dos), para El
Califa (silencio y ovación tras aviso), Jesús
Millán (oreja y ovación) y Fernando
Robleño (vuelta al ruedo y silencio). Media
plaza.
Sábado, 30 de agosto. Toros de Juan Albarrán, para
Víctor Puerto, El Califa y
Jesús Millán.
Sábado, 25 de agosto.
Rejones. Toros de Saboya (descastados,
mansos y de poco juego), para
Ribeiro Telles (silencio), Borja
Baena (silencio), Fermín
Bohórquez (oreja)
y Joao
Salgueiro (silencio tras aviso). Por colleras: Telles - Salgueiro,
silencio. Baena - Bohórquez, oreja. Algo menos de un cuarto de
entrada.
Lunes, 27 de agosto. Toros de Araúz
de Robles (de presentación desigual), para Enrique
Ponce (oreja con algunas protestas y dos orejas tras aviso), Jesulín de Ubrique
(palmas tras aviso y oreja tras aviso) y Jesús Millán
(oreja en ambos). Tres cuartos de entrada. Ovacionado tras picar al
segundo toro "Extremeño II", lo mismo que Francisco Javier
Rodríguez y Jesús Arruga tras banderillearlo. Crónica del festejo. Crónica
del festejo.
Martes, 28 de agosto. Toros de Carmen
Segovia (terciados y muy justos de presencia excepto el sexto,
tercero anovillado, mansos en diversos grados y en general blandos), para Manuel
Caballero (pitos y silencio), Víctor Puerto
(oreja y silencio) y El Califa
(oreja y palmas). Más de un tercio de entrada. Al finalizar el paseíllo
se guardó un minuto de silencio en recuerdo de Manuel Rodríguez
"Manolete" en el LIV aniversario de su fallecimiento.
Miércoles, 29 de agosto. Toros de Bernardino
Piriz (mal presentados y nobles), para Finito de Córdoba
(silencio tras aviso y bronca), Cordobés
(silencio y oreja) y
Miguel Abellán (silencio
en ambos). Saludó "El Pere" tras banderillear al quinto. Más
de tres cuartos de entrada.
Jueves, 30 de agosto. Novillos de Tierra Santa, para Martín
Quintana (ovación con saludos y silencio), Luis Rubias
(palmas y oreja) y Serafín Marín (silencio tras aviso y oreja).
Menos de un cuarto de entrada. Se guardó un minuto de silencio en el
aniversario de la muerte en este coso de José Cubero "Yiyo"
Viernes, 31 de agosto. Novillada sin picadores para alumnos
de Escuelas Taurinas.
Empresario: Manuel Martín
Crónica del festejo
El País. Martes,
28 de agosto´2001. Un reloj para el
presidente
A ver si algún aficionado se siente generoso y le regala un reloj a
Pablo Colmenarejo, presidente de esta corrida. El que lleva a la plaza
debe ser el que le regalaron de niño, cuando hizo la primera comunión
y, claro está, semejante peluco se le parará cada dos por tres
y así no hay manera de que pueda saber si han pasado ya los minutos
reglamentarios para el toque de clarín.
Con este viejo reloj de la infancia, las corridas que presida
Colmenarejo llevan camino de terminar con las claras del día. En la de
ayer, Jesulín de Ubrique y Enrique Ponce oyeron sus correspondientes
avisos con más de tres minutos de retraso. Y como luego ambos se
permitieron dar una vuelta al ruedo lenta, parsimoniosa y con mucha
flema y cachaza, pues, lo dicho: pudimos haber salido de la plaza con el
lucero del alba. Las corridas de este siglo XXI se caracterizan por la
larguísima y pesada duración del último tercio.
Durante los dos primeros, sólo podemos ver lances de compromiso a la
verónica, todos con el paso atrás. Una varita simulada por parte de
los picadores y un turno de banderillas acelerado y de trámite, con
alguna excepción de vez en cuando como la de Francisco Javier Rodríguez,
subalterno de la cuadrilla de Jesús Millan, que ayer saludó,
desmonterado, después de dos magníficos pares.
Luego vinieron las interminables faenas de muleta. Como la de Enrique
Ponce al cuarto toro. Faena típicamente poncista, con mucho toreo en
paralelo y superficial en la primera parte, aderezado con el uso del
pico y despidiendo al morlaco hacia afuera. Con ese toreo se pueden dar
hasta mil y un muletazos. Después vinieron cinco o seis pases toreando
de verdad para que veamos que también sabe hacerlo. Y, por último, sus
monerías con más teatro que toreo. Así no se extraña su colección
de avisos por todas las plazas y sus indultos de algunos toros, porque
los toros que torea Ponce vienen y van, vienen y van, sin castigo, como
los de los rejoneadores y, claro está, que así no se agotan nunca. Con
el que abrió plaza consiguió sacarle algún natural aceptable a base
de pisarle el terreno y entregarse.
Jesulín de Ubrique tuvo que recurrir a las mañas de sus tiempos frívolos
para conseguir los aplausos de un público que estuvo muy cicatero con
él. La faena al quinto, al que se enfrentó espoleado por el triunfo de
Ponce en el toro anterior, la empezó con frialdad y sin cruzarse,
aunque bien es cierto que toreó con mando y largura. Como el público
no mostraba mucho ardor se decidió por terminar con el pase de la
tortilla, desplantes arrodillado de espaldas al toro y otras lindezas.
Jesús Millán tuvo un toro incierto y quedado y otro inválido e
imposible. En los dos superó los problemas a base de ánimo y decisión.
En el tercero empezó bien y acoplado. Le aplaudieron mucho los
banderazos por alto con que remataba las series. El último de la tarde
no permitía el lucimiento y, a pesar de ello, Millán lo buscó con el
recurso del arrimón y los rodillazos. Algunos pases tuvieron mérito
por la prolongación que dio a la embestida de un burel que a duras
penas se tenía en pie.
En la corrida se cortaron cinco orejas, la mayoría regaladas. Y es
que el público, cuando adquiere en taquilla su localidad, se cree con
derecho a conceder los trofeos a todos los toreros y, si no lo consigue,
piensa que lo están estafando.
El País. Lunes, 27 de agosto´2001.
Rabieta de Ortega Cano
Ortega Cano cogió una rabieta. Ocurrió durante el brindis del
quinto de la tarde al periodista Paco Aguado, que ocupaba un burladero
del callejón. Aguado debió responder con alguna frase que desagradó
al torero, porque Ortega cambió el gesto y se fue al toro lleno de
coraje.
El morlaco tenía mucho que torear y para hacerle faena había que
echar ciencia y arrestos. Ese quinto fue un toro que ya le había dado
un susto, cuando lo recibió de capa. Apretaba el toro hacia los
tableros y Ortega intentó salirse con él a las afueras. Entonces, el
toro le cortó el camino y se fue directo al pecho del torero, que sólo
sufrió un topetazo.
Después, tras un aparatoso derribo, en un quite por verónicas,
Ortega se empleó sólo por el pitón izquierdo, porque el toro seguía
acostándose por el derecho, de modo amenazador.
Ortega Cano se fue a por él con la rabieta a cuestas y le salió la
casta y vergüenza torera, dispuesto a comerse al burel. En su labor
hubo torería y hubo técnica y, gracias a ambas, consiguió torearlo
con mando, temple y largura por ese pitón derecho. El toro embestía
con casta y fiereza y el cartagenero acabó dominándolo. Al final, al
recoger la montera, periodista y torero se abrazaron con afecto y
cordialidad, en un gesto reconciliador, que el público aplaudió
largamente.
Con el tercer toro, Ortega sacó dos o tres redondos muy buenos a un
animal que tenía una embestida un pelín molesta. Pidió el público la
oreja para el torero y el presidente, con acierto, no la concedió.
Curro Vázquez no encontró ocasión para exhibir esa torería que
todos le reconocen. Tuvo un primer toro descompuesto que se frenaba por
el pitón izquierdo y le rebrincaba por el derecho. Con su segundo,
estuvo voluntarioso y decidido, con algunas gotas de su arte y maestría.
El toro, muy soso, humillaba poco y levantaba con brusquedad la cabeza
en el remate de los muletazos.
Tomó la alternativa Pedro Lázaro, torero con arraigo local. A pesar
de su voluntad y algunos detalles de clase y personalidad, sobre todo
con el capote, a todos nos pareció que el doctorado ha sido muy
prematuro.
TEMPORADA 2000
Fiestas en honor de la Virgen de los Remedios
PortalTaurino. Sábado, 23
de diciembre´2000. Los toreros vencen a los
periodistas en un partido benéfico de baloncesto
El viernes, 22 de diciembre a las 20:00 horas el
Pabellón Lorenzo Rico acogió el partido de baloncesto entre toreros y
periodistas destinado a la recaudación de fondos para la construcción
de la parroquia de Santa Teresa, donde los toreros vencieron por un
total de 51 a 47 puntos.
Por parte de los toreros participaron El
Juli, Enrique Ponce, Rivera
Ordóñez, Diego Urdiales,
Jesús Millán, El
Tato, Eugenio de Mora, El
Califa, Alberto Elvira,
Manolo Sánchez, Fernando
Robleño, Luis Miguel Encabo,
Pedro Lázaro e Iván Vicente, que estuvieron dirigidos por Alfonso del
Corral.
El equipo de los periodistas estuvo compuesto por Paco Aguado, Alfonso
Mansilla, Juan del Val, Israel Vicente, Federico Arnás, José Miguel
Martín de Blas, José Enrique Moreno, Damián Bernal, Paco García,
Alfredo Casas, Alberto Ruiz, Miguel Ángel Barbero, Andrés Prieto,
Alfonso Santiago, Alberto Simón y David Casas, dirigidos por
Lorenzo Rico.
Además, se ha abierto una cuenta en el BBVA para todo aquel que desee
realizar su aportación: 0182 0959 91 0011511594.
Fiestas
en honor de la Virgen de los Remedios
Sábado, 26 de agosto. Rejones. Toros de Dehesa Norte,
para Joao Moura (oreja), Fermín
Bohorquez (silencio), Martín
Gonzalez Porras (silencio) y Andy
Cartagena (ovación). Por colleras, Moura-Bohórquez, silencio y González
Porras-Cartagena, silencio.
Domingo, 27 de agosto. Toros de Viuda
de Diego Garrido (desiguales de presentación, sobrados de kilos y mansos) y
uno de La Cardenilla (manso y
deslucido), para Juan José
Padilla (silencio y ovación), Zotoluco
(pitos en ambos) y José
Luis Moreno (silencio y silencio tras aviso). Crónica
de la prensa.
Lunes, 28 de agosto. Toros de José
Luis Pereda y María del Carmen
Camacho (justos de presentación, nobles pero sin fuerzas),
para Juan Mora (ovación y dos orejas), Enrique
Ponce (oreja y dos orejas), y Manuel Caballero
(oreja y ovación). Crónica
de El Mundo.
Martes, 29 de agosto. Toros de Loreto
Charro (terciados
pero bien presentados, no se cayeron salvo dos; poco bravos, manejables. 5º,
con trapío y serio, protestado y devuelto incomprensiblemente. Sobrero de La
Cardenilla, con menos presencia que el devuelto, inválido), para Uceda
Leal (pinchazo y
estocada ladeada perdiendo la muleta (escasa petición y vuelta); media muy
atravesada saliendo perseguido y estocada (silencio), Juan Bautista
(media estocada baja,
cuatro ruedas de peones en otros tanto terrenos, dos pinchazos y estocada corta
baja (silencio); pinchazo, rueda de peones y estocada corta trasera (silencio) y Jesús
Millán (pinchazo,
estocada ladeada, rueda de peones, un descabello saliendo arrollado y dos
descabellos más (insignificante petición y vuelta); dos pinchazos, estocada
baja y rueda de peones (silencio). Algo
más de media entrada. Crónicas
de El País y El
Mundo.
Miércoles, 30 de agosto. Toros de Araúz
de Robles (entre chicos y terciados, varios sospechosos de pitones, escasos
de fuerza aunque el 1º derribó con poder y estrépito; encastados y manejables
en general. 5º de Guadalest, discreto
de presencia, sospechoso de pitones, flojo, encastado, de excepcional nobleza, para
, Dávila Miura (estocada
atravesada contraria que asoma (silencio); estocada corta trasera contraria,
rueda de peones y descabello (escasa petición y vuelta), Eugenio de Mora
(dos pinchazos traseros caídos, descabello -aviso- y descabello (silencio);
estocada trasera ladeada (dos orejas) y Jesús Millán (estocada (dos
orejas); estocada corta trasera caída (oreja). Crónicas
de El País y El
Mundo.
Jueves, 31 de agosto. Novillos de Antonio
San Román (tres primeros chicos, resto bien presentados; flojos, varios inválidos;
todos dóciles y 3º y 6º de encastada nobleza), para Ángel Romero (dos
pinchazos, otro hondo tendido y rueda de peones (silencio); estocada desprendida
(silencio), Iván Vicente (dos pinchazos y descabello (silencio), pinchazo
perdiendo la muleta, estocada trasera y descabello (silencio) y Alberto
Martín (pinchazo perdiendo la muleta, estocada trasera saliendo trompicado,
rueda de peones y descabello (vuelta por su cuenta); tres pinchazos y otro hondo
perdiendo la muleta en tres de ellos y descabello (silencio).Un tercio de
entrada. Crónica
de El País.
Viernes, 1 de septiembre. Erales de Manuel Hurtado,
para Iván García, Matias Tejela y Juan Andres González, de la Escuela Taurina
de Madrid.
Empresa: Justo Ojeda
S.L. El empresario dimite
Temporada
1999
Sábado, 28 de agosto: Toros de Félix Hernández (toros despuntados para
rejones, de juego desigual. Corrieron) para los rejoneadores Curro Bedoya (silencio), Joao Moura (oreja), Fermín Bohórquez (oreja), Antonio Domecq (dos orejas), Luis Domecq (silencio) y González
Porras (dos orejas). Crónica de
El Mundo.
Domingo, 29 de agosto: Toros de Salvador Guardiola (-dos devueltos por
inválidos-, de escasa presencia. 6º, con más cuajo; 4º, inválido; 2º, primer
sobrero, discreto y flojo). De Guardiola
Fantoni (1º, inválido; 3º, flojo y gazapón; 5º, segundo sobrero, aceptable,
flojo) para Pepín Liria (pinchazo,
media tendida y descabello -silencio-; tres pinchazos y descabello -silencio-), Uceda Leal (pinchazo y media -aplausos
y saludos-; estocada, rueda de peones y dobla el toro -oreja-) y Dávila Miura (estocada atravesada
perdiendo la muleta -silencio-; media atravesada desprendida, rueda de peones y dobla el
toro -silencio-). Crónica
de El País.
Lunes, 30 de agosto: Toros de Javier Pérez Tabernero (desiguales de
presentación, muy flojos tirando a inválidos, terciados, mansos y con indicios de
manipulación en las astas. El sexto más serio de cara y astifino, manejable. Sobrero de La Cardenilla, cuarto bis, inválido y noble)
para Juan Mora (silencio y ovación), Vicente Barrera (silencio en ambos) y
El Califa (sustituía a Eugenio de Mora herido, -silencio y
ovación-). Crónica de
El Mundo.
Martes, 31 de agosto: Toros de Arauz de Robles (terciados, la mayoría bien
armados, alguno astifino, flojos, manejables en general) para Manuel Caballero (dos pinchazos y bajonazo
en los costillares -algunos pitos-; dos pinchazos -aviso- y estocada trasera
-ovación y salida a los medios-), El
Cordobés (pinchazo y estocada -oreja protestada-; estocada caída -dos
orejas-; salió a hombros por la puerta grande) y Miguel Abellán (estocada delantera -oreja-;
dos pinchazos y estocada ida -silencio-). Crónica
de El País. Crónica
de El Mundo.
Miércoles, 1 de septiembre: Suspendida por la lluvia, pasa al
viernes, 3 de septiembre
Jueves, 2 de septiembre: Novillos de Sancho Dávila (-uno rechazado en el
reconocimiento- de aceptable presencia, alguno sospechoso de pitones, con problemas. 6º,
manejable. 2º, de Flores Albarrán,
abecerrado y flojo), para Jesús Millán (cuatro pinchazos, media -aviso-,
tres descabellos y se echa el novillo -silencio- estocada perpendicular desprendida
-oreja-), Pedro Lázaro (media delantera caída y pinchazo hondo -silencio-;
pinchazo y estocada -oreja-) e Iván Vicente (estocada corta y rueda de peones -oreja-;
estocada corta, rueda de peones -aviso- y tres descabellos -silencio-).
Crónica
de El País.
Viernes, 3 de septiembre: Reses de Barcial (bien presentados,
regordíos, bravucones y sin recorrido), para Tomás Campuzano (estocada corta -silencio-;
estocada corta -aplausos y también pitos al saludar-), El Tato (dos pinchazos y estocada -pitos-;
media perpendicular y atravesada y tres descabellos -silencio-) y Oscar Higares (dos pinchazos, media,
estocada delantera y dos descabellos -silencio-; tres pinchazos y estocada delantera -silencio-).
Crónica
de El País. Crónica
de El Mundo.
Crónicas de la prensa
El
País.
Viernes, 1 de septiembre '2000. JOAQUÍN VIDAL. Ni con
borregos
Hay toreros que no son capaces de torear ni con borregos. ¿Cuántos toreros?
Habría que buscar datos, echar cuentas, pero, así, a ojo de buen cubero, podría
calcularse que es todo el escalafón, salvo dos. Y hay también novilleros empeñados
en demostrar que no quieren ser toreros, ni con borregos ni sin ellos. Sin ir más
lejos, los tres de la función colmenareña, que ya periclita.
Ni con borregos, parece mentira. Les salieron novillos dóciles, en el fondo
aborregados, y parecían incapaces de darles un solo pase con mediano decoro. No
dice uno pases de parar, templar y mandar cargando la suerte, y ligándolos -que
a eso nadie se atreve, las figuras menos- sino, simplemente, los de ir por casa,
lo de cada día, la monserga de los derechazos de nunca acabar.
Los daban, sí, nadie lo niega; mas con un desaseo y una vaciedad que aburrían
al personal, quitaban las ganas de aplaudir a la facción triunfalista, y la
experta colegía de lo visto que ninguno de los tres ha sido llamado por las
musas inspiradoras del arte de Cúchares.
Alguna excusa podría tener la actuación de Alberto Martín ya que le
correspondieron los dos novillos encastados de la tarde. Con la diferencia,
respecto a sus hermanos, de que desarrollaban la nobleza con el temperamento
característico de la casta. Y los toros de esta especie, únicos que justifican
el toreo verdadero, son difíciles de torear. No es una paradoja: es una cruda
realidad.
Precisamente uno de esos novillos, que hizo tercero, zarandeó recrecido al
caballo de picar en la suerte de varas, y en la de banderillas cogió al peón
Antoñares justo cuando reunía un par. El percance fue espeluznante pues el
derrote lo tiró el novillo al vientre del torero y le dio un tremebundo
volteretón. Se temió que llevaba cornada grande y ante la general sorpresa
resultó que sólo se había rasguñado una oreja y bastó que le colocaran un
pequeño apósito. Hecho, Antoñares volvió a la liza, fijó al sexto novillo
con apuros pues le embestía codicioso y luego lo bregó decidido. La facción
experta de la plaza se quedó con él. Antoñares, un respeto.
Ninguno de los pases de Ángel Romero suscitó olés y sus trasteos, que
incluían numerosos circulares de espaldas (al modo de las figuras) carecieron
de interés. Iván Vicente, muy pinturero y sin perder nunca la compostura, únicamente
toreaba por derechazos, que instrumentaba desligados y cortando las tandas.
Alberto Martín intentó resolver con decisión y afanoso trajinar la nada fácil
papeleta de las embestidas encastadas. Y acabó la corrida. Y si no llega a ser
por el bullido festero del graderío y los mozos que le daban al bombo, aquello
habría equivalido a un funeral de tercera.
La feria colmenareña, que termina hoy con una novillada sin picadores, ha
sido de una espantosa vulgaridad. La nueva empresa que administra el coso, por
desconocimiento de las raíces y las características de la afición de Colmenar
o porque le traen sin cuidado, ha destruido el prestigio de plaza y feria; y a
ver quién restituye ese valor tan difícil de cimentar.
Se habla de que hay crisis de ganaderías y de toreros, pero quizá aún sea
peor la actual crisis de empresarios, la mayoría de los cuales en cualquier
otro sector no valdrían ni para chico de los recados. Nunca los hubo peores. Si
serán malos que no son capaces de montar una función -¡es que ni una!- con
tres diestros dotados de torería y seis toros íntegros. Es decir, lo normal.
Se viven en la fiesta lances rocambolescos en los que impera la desvergüenza.
Los veterinarios de la plaza de Colmenar, que trabajan con profesionalidad, han
detectado sospechas de fraude en algunos toros de la feria y -según uno de
ellos- tienen dificultades para enviar las pruebas a análisis de laboratorio
pues se lo impide la autoridad.
Dicen que el alcalde, del PP, está en contra. ¿Y qué tendrá que ver el
alcalde con estas interioridades de las corridas de toros? Claro que el Gobierno
regional, asimismo del PP, tampoco da curso (que se sepa) a los expedientes que
le remiten por afeitado y otras corruptelas.
El día que los tribunales de justicia entren de lleno en el mundillo taurino
y sus conexiones mafiosas se va a armar la de dios.
El
País,
Jueves, 31 de agosto '2000. JOAQUÍN VIDAL.
En honor de Yiyo
El público en pie, las cuadrillas descubiertas, la música callada,
guardaron un minuto de silencio en memoria de Yiyo, muerto en esta misma plaza
de una cornada en el corazón hace quince años. Honor y gloria se quería
rendir al torero de imborrable recuerdo, pues ocupa un lugar preminente en la
leyenda de la fiesta.
Lo del minuto de silencio es un decir: apenas 15 segundos duró y gracias. De
un tiempo acá, los minutos de silencio duran lo que un suspiro. Hay gente muy
impaciente y lo interrumpe o será que algunos no pueden contener los nervios y
necesitan desfogarlos a gritos.
Apenas habían transcurrido los 15 segundos -íbamos por el 12 más uno- un
anónimo espectador gritó "¡Viva el Yiyo!", otros aplaudieron y se
acabó el minuto de silencio. En otras ocasiones lo habitual es que a los
impacientes les estimule el amor patrio y gritan "¡Viva España!" sin
venir a cuento, o "¡Viva la fiesta Nacional!", que guarda mejor
referencia, aunque lo mismo les daría gritar viva Cartagena.
Los minutos de silencio de toda la vida (o sea, los de antes) tenían una
enorme emoción. El silencio nunca era absoluto pues, muda la plaza, llegaba de
la calle un sordo clamor. Nunca como en los minutos de silencio se ha podido
apreciar con claridad meridiana la radical diferencia entre los dos mundos: la
vida civil y el planeta de los toros.
Fuera, el runrún de los motores, las voces, la calle. Dentro, el silencio de
unas cuadrillas, una afición y unos músicos conmovidos, cuya emoción e
intensidad aún resaltaba más el relincho de los caballos de picar, el
susurrado so de un mulillero a la mula revoltosa que empezaba a inquietarse. En
Colmenar lo que se oía era la voz aguda de un pequeñín, naturalmente ajeno a
la solemnidad del momento, que sólo quería jugar. Y a los 12 más un segundos
aquel "¡Viva el Yiyo!" que, sin duda involuntariamente, aguó la
función.
E irrumpió la función ya con olvido -momentáneo- de aquel importante capítulo
de la historia de la tauromaquia que se cerró trágicamente hacía ayer 15 años.
Y rompió a tocar la banda, y la gente llenaba de bullicio el tendido. Y saltó
a la arena el primer toro cuya apariencia distaba mucho de ser la que solía en
los toros colmenareños.
Ocurrió sin embargo que, ante la general sorpresa, ese toro de casta brava
le pegó un palizón al caballo de picar. Le anduvo a tortas, literalmente. Es
decir, que lo llevó de un tendido a otro como puta por rastrojo, durante la
refriega arrollaron monosabios, tiraron alguno al suelo, finalmente el toro
derribó con estrépito a la plaza montada, y la parte de arriba -un individuo
tocado de castoreño- la mandó a freír espárragos.
Allí desfogó el toro toda su ira y ya durante el resto de la lidia se
comportó con la debida decencia. Distinto es que Dávila Miura, a quien
correspondía, lo llegara a entender. Dávila Miura toreaba sin ligar y con
mucho abuso de pico. Al cuarto de la tarde, ya no fiero y bastante inválido, le
repitió los modos dominando menos; y pues mató pronto y el público estaba
bajo el síndrome del triunfalismo, pidió la oreja una minoría que pareció
mayoría pues lo hacía armando fenomenal escándalo.
Venía el triunfalismo de las dos orejas que premiaron en el toro anterior
una gran estocada de Jesús Millán. La faena a ese torillo, y lo mismo la que
le aplicó al sexto, carecían de fuste y ajuste que, no obstante, condonaban la
entrega y la voluntad de agradar.
Mal toreo realizó Eugenio de Mora al segundo inválido y en cambio aprovechó
la excepcional nobleza del quinto para montarle una faena de pulcra templanza e
irreprochable reunión. En cuanto a ligazones ya sería distinto cantar mas lo
dicho bastó para entusiasmar al respetable público.
Caía la tarde cuando se llevaban a hombros a Eugenio de Mora y Jesús Millán;
la misma hora -poco más o menos- en que el toro Burlero de Marcos Núñez
le partía el corazón a Yiyo 15 años atrás. Antoñete y Palomar acudieron al
quite pero la tragedia se había consumado. La muerte fue instantánea.
Los recuerdos se agolpaban durante el minuto de silencio. Parecía que fue
ayer. Y, sin embargo, los novilleros que empiezan, ni siquiera habían nacido.
Lo que es la vida.
El
Mundo,
Jueves, 31 de agosto '2000. VICENTE RUIZ. Gran faena a
un gran toro
La última corrida de la feria colmenareña trajo el mejor toreo del ciclo de
la mano de Eugenio de Mora en su labor al quinto toro del festejo. La faena del
toledano tuvo un trazo exquisito, estuvo repleta de buen gusto y torería, y únicamente
la fea estocada final evitó un alboroto aún mayor.
Comenzó la faena de muleta con una relajada tanda por el pitón derecho, que
rápidamente llegó al tendido por la transmisión de un gran astado de
Guadalest. Las tandas no eran muy largas pero la ligazón, la largura de cada
muletazo y los interminables pases de pecho pusieron la plaza boca abajo. Al
coger la mano izquierda la faena subió aún más de intensidad. Cortó las dos
orejas más de ley de la Feria, a pesar de matar de una fea estocada. Ante su
primero, una res parada y mansa, hizo lo más recomendable en estos casos,
abreviar.
Jesús Millán sería el triunfador del ciclo si al número de trofeos nos
atuviésemos, pero la realidad es que sus orejas tuvieron un sabor más
localista. Y no es que Millán estuviese mal, pues se mostró entregado y torero
toda la tarde, pero sus tres apéndices fueron un excesivo premio.
Dávila Miura se puso pesado ante el parado y soso toro que abrió plaza.
Frente a su segundo, el de más problemas de la tarde, estuvo dispuesto y pasó
con nota una complicada prueba. Mató bien dando una vuelta al ruedo.
El
País.
Miércoles, 30 de agosto´2000. JOAQUÍN VIDAL. Un
conato de toro
El toro que hubo una vez
se parecía al que salió en Colmenar. Hay gran distancia entre ambos pero
permitía a las nuevas generaciones tener una referencia de lo que un día fue
toro y no volverá.
La mítica tierra
colmenareña tuvo toros de aquellos, aunque mejores, en el sentido de
corpulentos y fieros. Y la proximidad generó promociones de aficionados que
dieron seriedad, carácter y argumento a las corridas de la feria colmenareña.
Todo esto ha pasado a la
historia. Quedan aficionados en Colmenar, pero pocos. Y no acuden, como antaño,
los aficionados de la Comunidad, que acudían desde sus confines. De Cadalso de
los Vidrios, de Villatobas o de El Molar bajaban a Colmenar (a lo mejor se debería
decir subían) aficionados puros, devotos de la fiesta, apasionados por la lidia
del toro bravo que podían contemplar en dicha plaza con toda su dimensión. Sin
embargo ya no existen tales aficionados, o quizá no les merece la pena viajar
para ver toros, pues Colmenar se ha igualado en la corruptela y el triunfalismo
con las restantes poblaciones y ya no ofrece la garantía del espectáculo auténtico.
Salieron toros con
aspecto de toros, sin embargo. Terciados, mas salieron y si hubo dos que se
pegaban batacazos, los restantes llegaron a romanear las plazas montadas y
embestir a las huestes de infantería sin doblar la rodilla ni nada.
Es algo que no ha
sucedido -sin ir más lejos- en Bilbao. El referente sobre la distancia se debe
al tiempo, y sobre la ciudad, a la leyenda que se trae Bilbao, donde han hecho
fama de la seriedad del toro que en su plaza sale, y lo real es que esa seriedad
nadie la ha visto. Sin ir más lejos de nuevo (o sea, de retorno) el toro de la
feria de Colmenar generaba mayor respeto que el toro de Bilbao, pues.
En cuanto a juego se les
apreciaba manejables (desde la barrera), y ninguno cometió la felonía de tirar
cornadas con mala intención.
Con buena intención, ya
es distinto asunto. Toreaba Uceda Leal al cuarto, el hombre tropezó, se cayó
ante las mismas barbas del toro y éste, al tenerlo a su merced, no se pudo
aguantar y le tiró dos derrotes espeluznantes, uno de los cuales volteó al
asendereado Uceda Leal. Esta violenta reacción no es que deba defenderse, pues
atenta contra la integridad física de los toreros; mas seguramente el toro no
podía tener otra sin faltar a su condición de toro bravo y caer en el oprobio.
Los cuernos son para lucirlos; póngase en su lugar.
Uceda Leal realizó un
toreo exquisito. Desde que irrumpió novillero siempre destacó por sus
exquisiteces dentro de una interpretación ortodoxa del arte de torear. Por eso
se lamenta que no construya sus faenas, que no las macice, que no plantee con
preferencia el toreo al natural y se dé -según repitió en Colmenar- a la
producción seriada y profusa de los inevitables derechazos.
Sus compañeros de terna
no estaban por las exquisiteces y ni lo intentaron. Jesús Millán se estiró en
sus dos faenas, instrumentó muletazos corriendo estupendamente la mano, utilizó
derecha e izquierda y se ajustó a los modos de la neotauromaquia, que dictan
aquello de hilvanar los pases perdiendo pasos o poner pies en polvorosa al
rematarlos y eso, a la luz de la tauromaquia, ya no es torear.
Juan Bautista -algo extraño
en él- trasteó sin gusto ni ambición y montó sendas faenas desconfiadas y
aburridas. La segunda a un sobrero llegado de extraña manera; como de penalti.
El toro titular, conato de los añejos toros colmenareños, lucía hondo, miraba
serio, y, no obstante, al público le debió entrar nostalgia de sus raíces
toristas, lo protestó largo rato y el presidente acabó devolviéndolo al
corral. El sobrero, de La Cardenilla, sacó menor trapío y además estaba inválido.
Y no lo protestaron. El surrealismo había tomado carta de naturaleza en
Colmenar, qué le vamos a hacer.
El
Mundo.
Miércoles, 30 de agosto´2000. VICENTE RUIZ.
Ser o no ser
Hay toreros con una gran
capacidad para el ejercicio de torear y que sin embargo no terminan de explotar
y hay toreros que sin tener esas cualidades terminan siendo figuras por la forma
en que venden lo que hacen o por su carisma cara al tendido. Los de ayer son
toreros con capacidad más que suficiente, a los que se espera pero nunca acaban
de llegar.
El caso más claro es el
de Uceda Leal, uno de los toreros mejor dotados tanto en el aspecto técnico
como estilístico, pero que está fallando en los momentos clave de su carrera.
Ayer hizo una gran faena al toro que abría plaza. Toreó en redondo con pureza
y hondura, rematando cada muletazo muy abajo y atrás, componiendo la figura
extraordinariamente. Al rematar un eterno derechazo fue cogido aparatosamente.
Tras pinchar dio una merecida vuelta al ruedo. Ante su segundo, el más
complicado del festejo, nada pudo hacer.
Jesús Millán es otro
torero con buenas maneras del que se esperaba más y que se encuentra sumido en
una preocupante situación. Ayer ante sus dos enemigos logró tandas de mérito,
sobre todo algún natural a su segundo y los excelentes pases de pecho, pero no
remató sus faenas con los aceros. Al francés Juan Bautista le tocaron dos
complicados toros a los que no quiso o no supo lidiar.
El
Mundo.
Martes, 29 de agosto´2000. VICENTE RUIZ. Los dos
escalafones
Con solo dos corridas lidiadas en Colmenar, ya puede verse claramente una
realidad que lleva vigente bastante tiempo: que el escalafón actual está
dividido en dos. Los que torean cada tarde los mismos hierros comerciales -véase
ayer- y los que torean lo demás, todo el conjunto de encastes restantes del
campo español.
Así las cosas, la gente debe concienciarse de que no puede realizarse el
mismo toreo a todos los toros. Y que no puede exigirse ayer a Padilla una faena
en la línea de las de hoy. Ayer lo más peligroso de la tarde lo provocó Juan
Mora cuando al querer retirar una banderilla, la mandó al callejón estando a
punto de herir a alguien.
Lo más torero de la tarde lo trajo Juan Mora en la faena a su segundo. El de
Plasencia toreó con hondura al natural en una faena que fue in crescendo en
cada tanda. Mató de una media arriba cortando dos orejas, un premio excesivo.
Ante su primero, otro de los inválidos de la tarde estuvo más gris.
Enrique Ponce estuvo como siempre. Hizo sus faenas de cada tarde, o quizás
fueron las mismas de cada tarde. Ante el quinto, un toro de una clase
extraordinaria pero que adoleció de fuerza, dio decenas de muletazos sin la
verdad que merecía el astado. Cortó dos excesivas orejas que añadió a la
facilona del primero. Manuel Caballero tuvo menos suerte en el sorteo y fue el
único que no salió a hombros.
El
Mundo. Lunes, 28 de agosto´2000. VICENTE RUIZ. Corrida
de bueyes
Se está poniendo de moda en la sierra madrileña, el lidiar corridas de
toros en las que únicamente se busca un volumen desmesurado en los astados, más
propio de bueyes que de reses bravas. Y es que, el que un toro pese 690 kilos,
como el que cerró plaza ayer, no significa que esté bien presentado.
Ayer en el ruedo de Colmenar, aparecieron seis simulacros de toro bravo que
impidieron el lucimiento de los de luces. Lo único destabable del festejo
sucedió cuando parecía todo terminado, durante la lidia del sexto toro. José
Luis Moreno, torero de gran condición, fue metiendo a su enemigo en el vuelo de
su muleta, logrando algunos plásticos muletazos sobre ambas manos, con algunos
naturales de bella factura. Falló con la espada y perdió los trofeos. Ante su
primer buey nada pudo hacer.
El resto de la tarde transcurrió entre la bulliciosa faena de Padilla al
quinto, en el que sacó todo su repertorio de largas cambiadas, aclamados pares
de banderillas y desplantes; y la gris imagen ofrecida por el mexicano Zotoluco,
con un talante impropio de quien quiere hacerse un hueco en los ruedos españoles.
El
País, LUIS M. MORCILLO. Colmenar Viejo, edición del 4 de septiembre '99
Buenos para solomillo.
Para el aficionado a la fiesta, el toro se cría con el fin de proporcionar arte y
espectáculo, en colaboración con el espada y con el impulso de la casta y la bravura.
Para el indiferente o el enemigo de las corridas, el toro se debe cultivar con el único
propósito de terminar repartido en filetes y solomillos por los platos de hogares y
restaurantes.
Los toros de esta corrida eran ideales para engullirlos en solomillo con salsa. Así,
seguro que estarán de rechupete. Para hacerles el toreo, imposible. Aunque el público de
Colmenar, un tanto alicaído ya porque se acaban las fiestas, exigiera que los toreros se
hartaran de dar naturales y derechazos.
Porque ésa es otra. La ignorancia de los públicos que acuden a las plazas en estas
calendas de fin de siglo roza la inopia y la estupidez. Muy pocos espectadores supieron
ver el nulo juego de los astados en la muleta y las dificultades y el peligro que
ofrecieron algunos, sobre todo en banderillas. Banderilleaba la cuadrilla de Tomás
Campuzano al cuarto, que esperaba con listeza y pegaba el hachazo cuando el subalterno
llegaba al embroque y salían los peones del trance como suelen hacerlo en estos casos:
clavando un solo palo. Hasta Luis Mariscal, un banderillero con mucha experiencia, tuvo
que recurrir a la artimaña, entre la rechifla y la bronca del público, y cuando Jocho
II, que tenía que cerrar el tercio, herido en su orgullo, le echó perendengues al asunto
y clavó los dos palos cuadrando en la cara, el toro le prendió por el muslo y lo
levantó del suelo. Tuvo la fortuna de salir ileso, pero si hubiera tenido una cornada,
más de uno estaría ahora arrepentido de sus exigencias.
Salían los cornúpetas de Barcial con muchos pies, para frenarse enseguida ante los
capotes. Para torearlos había que arriesgar y alguno pasó del tema. Sólo Óscar
Higares, tras una larga de rodillas, aguantó los frenazos del tercero que, además,
acudía sin fijeza. Los ánimos y el valor de Higares se mantuvieron a lo largo de toda la
corrida. Ese tercer toro estaba totalmente aplomado y arreaba el hachazo siempre que
tocaba el engaño. No se asustó Higares y a fuerza de consentir pudo tirar y tirar de
él, hasta conseguir alargar los pases. El sexto buscaba por el pitón derecho ya de
salida, acudió veloz al caballo y el picador apretó con la puya. Cortó y levantó la
cara en banderillas y no hubo manera de clavarle los palos. Tampoco se desplazaba en la
muleta. Vio Higares que si se quedaba quieto y le perdía el respeto podría conseguir
sacar agua de aquel pozo seco. Asentó los pies en la arena, pisó firme y se la jugó, lo
que le permitió, ahora sí, alargar y ligar alguna de las embestidas. No supo ver el
público el esfuerzo del torero, lamentablemente.
Agradecimiento
Tomás Campuzano fue recibido con una ovación cariñosa y tuvo que salir al tercio,
montera en mano, para agradecer este homenaje por su proyectado abandono de los trajines
lidiadores. Por culpa de los cochinos barciales no pudo irse de la plaza colmenareña con
un triunfo. Pasó suavemente por bajo al primero, hasta que se acabó. Intentó sacarle
partido de mil maneras, con vista y habilidad. Además, el toro no sólo estaba falto de
casta y empuje, también rozaba la invalidez. Tuvo que recurrir al molinete, por partida
doble. Al cuarto lo toreó de capa con sobriedad, se frustró el quite por la falta de gas
del toro y, armado Tomás de coraje, aprovechó hasta la última gota lo poco que tenía.
Esta vez vio el molinete invertido, que siempre resulta más vistoso.
No parecía tener muchos ánimos El Tato y se bailó un zapateado con el capote al
recoger a sus dos toros. El segundo del encierro tampoco embestía, por descastado y,
encima, muy flojo. Se fue enseguida el torero a coger el acero y lo mató sin brillo.
Tampoco pasaba el quinto y el torero aragonés se sumergió en un montón de apuros,
porque a estos toros que no tienen embestida, como no se les puede quebrantar con el pase
largo y mandón, cuando se arrancan de improviso hay que poner pies en polvorosa. Además,
las pocas embestidas que tenía se las quitó el diestro con un macheteo por bajo,
agachadito y sin pararse. Luego, se colocó en su acostumbrada postura de torero
tumbapases, e intentó llevárselo por uno y otro pitón. Fue vano el esfuerzo. El toro,
uno más del surtido acochinado que envió el ganadero, nos llevó de nuevo a la evidencia
de lo rico que estaría tras haber pasado por la barbacoa.
El
Mundo. JAVIER VILLAN. Colmenar Viejo, edición del 4 de septiembre '99.
En fuga y a la carrera
Salieron los berrendos de Barcial, nada exagerados de volumen, recortados y macizos y
con muy seria arboladura, aunque algunos se astillaran inmediatamente o salieron
astillados. Curiosamente, esas astillas, reprobables siempre, no lograban disminuir la
sensación poderosa que las astas desprendían. Salieron estos berrendos, del nuevo hierro
de Victorino Martín, y su sola presencia puso a los toreros en fuga, a los banderilleros
en una impotencia sublime y a los picadores con los congojos en la garganta.
Tomás Campuzano está saliendo esta temporada por lo menos a ovación por tarde. No
porque siempre lo haga bien, sino porque se despide. Esta es, al parecer, su última
temporada. De momento.
Entiéndase la cautela porque, en cuestión de retiradas, uno no sabe nunca a qué
atenerse con los toreros. No todas las despedidas son tan afables y tan sentimentales como
la de Tomás Campuzano. Hay despedidas que son un infierno o una liberación.
Pero a Tomás se le quiere. Y se le quiere por algo. Por su vergüenza torera. Y porque
ha tenido siempre presente, al vestirse de luces, que al aficionado no se le puede
defraudar; al menos, conscientemente. Veinte años de valentía, de honradez y no pocas
tardes de torería y sangre han dejado en las plazas de Iberia un recuerdo cariñoso.
Gracias a esta memoria sentimental de las gentes, Tomás Campuzano pudo escuchar ayer, al
deshacerse el paseíllo, una ovación sin sombras de sospecha. Después no hubo
fundamento; aunque le aplaudieran unos cuantos trapazos de difícil clasificación.
Se había aplazado el otro día esta corrida por culpa de una tormenta centelleante,
diluviante y serrana. Raúl Gracia, El Tato, hubiera querido, a buen seguro, que no se
diera ayer. El toro con trapío, con intenciones -malas casi siempre- y con cuernos de
respeto, aunque algunos se astillaran escandalosamente como los barciales, produce estos
efectos inhibidores. Luego, no son tan fieros, pero imponen ciertas precauciones. Esta
clase de toros es como el matón indeciso e inseguro que exhibe músculos y artillería
para acobardar a posibles agresores. El Tato ni siquiera se inhibió, pues la inhibición
puede llegar a ser una dimensión de la elegancia. El Tato no estuvo casi nunca y, cuando
estuvo, estuvo mal: a la defensiva y fugitivo. Ni fue ésta su tarde ni está siendo la
del 99 su temporada. A este paso, el que triunfara en La Maestranza hace tres años no va
a tener temporada. En su descargo -o en su contra, según como se mire- que le tocó el
toro más serio de la tarde y quizá de la Feria de los Remedios: el más astifino y
puesto de pitones y el de más trapío.
Pánico tienen los picadores a la arrancada de un toro. Se fue de lejos al caballo el
segundo; y leña al mono. Se arrancó tres veces el tercero, y allí se vio la saña del
montado: barrenando, descuartizando, carioqueando. He aquí cómo la carioca, recurso
técnico y extremoso del picador Atienza para los toros mansos, se ha convertido en
costumbre perversa. También los banderilleros lo pasaron mal. Y el sainete de las
banderillas en el cuarto pudo acabar en drama. Pedro Santiponce se sintió herido en su
amor propio por la rechifla de la gente y, en el último viaje, se metió en terrenos
prohibidos. Y salió volteado. El quite presto le salvó de males mayores. En el sexto, el
mismo sainete, sólo que sin voltereta.
Por su desconsiderada manera de escapar de la cara de los toros y por su infame forma
de entrar a matar, también Oscar Higares hubiera preferido que la corrida se aplazara
indefinidamente. Así no habría tenido que sustituir a Rodríguezni pasar tan malos
tragos. No se enmendó Higares en el sexto, en lo referido a conducta y disposición; en
lo tocante al arte de torear, se enmendó más de la cuenta: rectificó terrenos, cites y
posiciones con una incompetencia verdaderamente clamorosa.
El
País, LUIS M. MORCILLO. Colmenar Viejo, edición del 3 de septiembre '99
Los tres quieren ser toreros
Así como todos los niños quieren ser mayores, y cuanto antes mejor -deseo muy
natural, pues eso de ser niño es una coña náutica-, todos los novilleros quieren ser
toreros, a ser posible con cortijo en Medina Sidonia, mercedes con las ruedas
blancas y novia de la aristocracia. Hay algunos que no, o por lo menos no se les nota. Son
esos aburridos pegapases que circulan por ahí. Pero hay otros que sí, que se les ve a la
legua, como los tres novilleros de este festejo que, en todo momento y a pesar de las
dificultades que tenían los novillos, demostraron que quieren ser toreros.
Para comprobar si es verdad que aspiran a cortijo, coche y marquesa, han tenido delante
una novillada de digna presencia y llena de intríngulis. Como ese primer novillo sin
fijeza, que no humillaba, manseando por aquí y por allá y probando la embestida. Le
correspondió a Jesús Millán, novillero enterado y placeado, que le plantó cara y lo
pasó de muleta con quietud que parecía imposible, en una faena que empezó perfilera y
con aires de Enrique Ponce, y que terminó con un intento de toreo de suerte cargada, que
no cuajó porque el novillo iba a peor.
Pero la labor más seria y meritoria la tuvo Millán con el cuarto, que salió abanto y
buscando la puerta de chiqueros. Derrotó en banderillas y se presentó con poca claridad
en el último tercio. El novillero se hincó de rodillas, salió toreando desde esa
postura para las afueras, y, después, a pesar de que el astado se quedaba y le buscaba,
sobre todo por el pitón izquierdo, se empeñó en torearlo y en muchos momentos lo
consiguió.
Estuvo Millán muy por encima de su novillo durante todo el trasteo y hasta se
permitió rematar con unas manoletinas muy ceñidas. La impresión que causó el mozo
aragonés fue la de que está capacitado para afrontar papeletas de más envergadura.
El segundo animoso aspirante se llama Pedro Lázaro y recuerda en el tipo, el gesto y
hasta en el toreo de capa nada menos que a aquel trianero que se llamó Juan Belmonte. Su
primer novillo fue un regalito que se defendió con la cara por las nubes, gazapeó lo
suyo y terminó con peligro. Con él estuvo Lázaro discretito, pero muy animoso y sin
arrugarse. Había brindado la muerte del novillo a Rocío Jurado y, naturalmente, quería
quedar bien. Ganas no le faltaron. Con el quinto, al que salió a torear a la antigua, con
la montera puesta, lo que acentuaba su parecido con el Pasmo de Triana, se colocó muy
bien, siempre en la cara del novillo, cargó la suerte en casi todos los muletazos y no se
quitó de en medio cuando el bicho arreaba estopa. Echó un borrón en la escritura
cuando, al final de su tarea, le dio por hacer algo de teatro y por lanzarse a los
senderos del tremendismo. Pero la ejecución de la estocada, que fue la mejor de la tarde,
le purificó de estos pecados disculpables.
Iván Vicente vino en sustitución de Ricardo Torres, que presentó parte facultativo.
Es Iván un muchacho espigado, con una técnica torera muy bien asimilada. Tiene
tranquilidad, busca dar largura a los muletazos, adelanta el engaño en los cites, carga
la suerte con mucha pureza y procura bajar la mano, la pena es que es un torero muy frío,
de los que no te pone la piel de gallina. Pero no importa, así era Luis Miguel Dominguín
y ya ven ustedes a dónde llegó.
El
País, LUIS M. MORCILLO. Colmenar Viejo, edición del 1 de septiembre '99
La farándula de El Cordobés
Cuando El Cordobés va por los ruedos del orbe taurino, no lleva consigo un proyecto de
arte ni una oferta de torería. Lo que lleva este simpático torero es el teatro de
Manolina Chen. Y monta las bambalinas de su farándula tarde tras tarde, para regocijo de
públicos atónitos y de aficionados de tres al cuarto, que se le rinden y entregan con
desbordado regocijo, y hasta le gritan "¡torero, torero!", lo que ya es
exagerar.
Porque de torero, la verdad sea dicha, no tiene muchas cosas El Cordobés. O, a lo
mejor sí, y no le da la gana de demostrarlo. En la corrida de ayer hubo un momento,
durante la faena al quinto del encierro, en el que sacó un ramalazo de técnica torera.
Fue ese quinto un toro que se frenó de salida, rehuyó el encuentro con el percal, acusó
los arponazos de las banderillas y llegó al último tercio con la embestida muy corta.
Empezó la faena El Cordobés un tantico despegado, hasta que descubrió la falta de
peligro de su enemigo, más cobarde que otra cosa. Y allí le llegó el soplo torero. Se
envalentonó, se arrimó, y extrajo, casi de la nada, una tanda con la mano derecha,
embarcando muy bien, tirando del astado con buena técnica y, lo que parecía imposible,
ligando la serie. Luego debió pensar que así no iba a ninguna parte y dio luz a las
candilejas de su tinglado teatral: desplantes epilépticos, de pie y de rodillas,
cabezazos en la testuz de la res y, a petición de su parroquia, elásticos saltos de
batracio.
El montaje astracanesco terminó con el paseo con un niño en brazos, al iniciar la
vuelta al ruedo. Así es El Cordobés y así hay que tomarlo. En su primer toro anduvo
dando pases a media altura, sin arrimarse. Una voz, desde el tendido, le preguntó que
cuándo iba a empezar a torear, y es que siempre hay alguien que cree en los Reyes Magos.
Otro que anda ya cerca de montar un teatrito es Manuel Caballero. Hay que ver el cuento
que le echó a su faena al cuarto. Más pendiente de que el toro no se cayera que de
torear. Y todo con gestos feroces, como si en lugar de un inválido tuviera delante un
cinqueño pregonao. Sacaba el torero la mandíbula, se espatarraba y se perdía en
difíciles posturas de contorsionista. Hasta exigió a los músicos que siguieran tocando,
ya ve usted. Y todo para escurrir el bulto en el momento de la estocada. Con el primero,
otro inválido, abusó del pico y del regate.
No puede estar contento Miguel Abellán con lo que hizo ayer tarde. Seguro que no.
Aunque en algunos momentos el público sufrió el espejismo de que estaba viéndole
torear. Dio a su primer toro muchos derechazos, todos despegados y sin llevarlo toreado en
ningún momento. Cuando se agotó el animal, y lo hizo pronto, recurrió al toreo al
natural, que se quedó en simulacro. Mató de una estocada casi pescuecera, que produjo
vómito al animal, y que sus peones se apresuraron a sacar con rapidez para que no se
viera el desaguisado.
Tenía problemas el sexto desde que salió y Abellán no los supo ver, a pesar de los
consejos que, a gritos, le iba dando su banderillero David Navalón. La inconsciencia del
matador, que no tenía muy claros los terrenos, le pudo haber costado un percance. En la
faena de muleta volvió al toreo falto de mando y a sacar el culito.
El público, al terminar la corrida, salió convencido de que había visto una buena
tarde de toros cuando, en realidad, no vimos torear en ningún momento. La fantasía de
las buenas gentes que en este fin de milenio van a los toros no tiene precio.
El
Mundo. JAVIER VILLAN. Colmenar Viejo, edición del 1 de septiembre '99
Las orejas y la hora tonta
Dicen los gitanos que todos tenemos en la vida una hora tonta. O sea, ese momento en
que las decisiones no responden a un juicio recto y sano. Ayer, Mariano Aguirre tuvo su
hora tonta cuando dio la segunda oreja del quinto a El Cordobés. Se lo explico, señor
presidente: El Cordobés había toreado bien hasta que dejó de hacerlo; premiar con dos
orejas una faena, mitad seria mitad bufa es una barbaridad. La segunda oreja, señor
presidente, es responsabilidad de usted y con ella consagró por igual la parte taurina
que la parte circense. Pero no se preocupe; otros tienen no una, sino muchas horas tontas.
Caballero la tuvo en el primero y Abellán al matar al sexto, aparte otros sobresaltos que
también pueden ser considerados horas tontas, según la gitanería.
El Cordobés salió a hombros y no salieron igual Caballero y Abellán porque fallaron
a espadas. Si no, todos en volandas con dos orejas. O con más; depende de las horas
tontas que hubiese tenido el palco.
A Caballero la espada, en el cuarto, pinchando bien, le privó de la oreja; peor pudo
haber sido en el primero; podían haberle mandado la Policía Municipal para que le
apercibieran de que otro sartenazo similar le conduciría al cuartelillo. Tomó nota
Caballero y bordó el natural en las postrimerías. Descaradamente fuera de cacho en el
primero, se echó tan fuera al matar que, por poco, no encuentra toro. Bajonazo indigno.
Y, aunque la fechoría ya estaba consumada, trató de redimirse Caballero en el cuarto
apuntando arriba. No era su tarde de espadas y pinchó dos veces antes de una estocada
eficacísima. Y se esfumó la oreja que se había ganado a pulso por la suavidad de sus
naturales, por la cadencia de los redondos, por la belleza del toreo de frente. Dios
castiga y no con palo. El bajonazo inicial no podía quedar impune.
Clásico en la verónica y jaranero en un quite por navarras El Cordobés. La fiesta
grande vino en el quinto. Le pidieron el salto de la rana y El Cordobés dio el salto
espectacular. Sin embargo, ni este alarde de circo ni los tremendismo últimos deben
borrar la seriedad de una faena valentísima, técnica y muy seria; con un innegable
sentido de los terrenos y las distancias, sobre todo por la izquierda. El circo, la
payasada, irritó a muchos aficionados y con razón. Aunque respondió a un deseo
mayoritariamente expresado por la plaza. Fulminante con la espada.
Metidos los tendidos en el éxtasis del salto del batracio, ¿qué hacía Abellán si
quería abrir la Puerta Grande? Pues echarse de rodillas: con el capote y con la muleta. Y
el toro por poco lo levanta a cornadas. Toreó muy bien Abellán a sus dos ejemplares:
templando de arriba abajo en estupendos redondos y bajando la mano en los naturales. Está
pasando Abellán una etapa de asentamiento fructífero. Lo cual no evita sus apuros ante
la cara del toro; muchísimas coladas, tropezones y achuchones. Y desarmes.
Estas torpezas pusieron un ¡ay! en los tendidos. A la vez que reposa su toreo,
Abellán está siendo esta temporada el diestro del ¡ay! Le están dando los toros más
que a una estera. Ayer ni le rompieron los astados su buscada anatomía ni él rompió la
barrera del sonido; pero el toreo de capa, algunas tandas de naturales y de redondos de
buen trazo firman su buen momento.
El
Mundo. JAVIER VILLAN. Colmenar Viejo, edición del 31 de agosto '99La espada
maldita
Se condena a El Califa a reclusión menor en cualquier dehesa de Iberia y se le
obligará a practicar sin descanso la suerte de matar, a ver si aprende. No se puede matar
tan mal después de haber toreado tan bien. A estas horas, de no ser por El Califa,
estaríamos hablando de un desastre de corrida, lo cual que, bien mirado, tampoco los
naturales y los redondos de El Califa solucionan la cuestión.
Habrá que resignarse; Colmenar Viejo, como reserva torista, ya no es lo que era.
Tierra de toros se llamaba a Colmenar Viejo; plaza de toros y no se trataba de una
denominación genérica, sino de un signo específico. Hoy día, y desde hace algún
tiempo, de Colmenar Viejo lo mejor son el pan y las chuletas. Los toros, como en las
demás plazas de Iberia: regular tirando a catastrófico.
Se está borrando la personalidad de algunas plazas: justo aquellas que tenían como
tradición y orgullo el toro fuerte y encastado. Se defiende, en cambio, la independencia
y la diferencia de las plazas que defienden el toro light; eso es lo taurinamente
correcto, que se corresponde en estos tiempos con lo políticamente correcto. O sea, una
mierda. Tierra de Toros se llama también una Asociación de Colmenar. Las pasan negras
para otorgar sus trofeos al mejor toro, a la mejor corrida, al mejor puyazo. Lo tienen
más fácil con el concurso literario de cuentos que este año, por cierto, ha ganado un
canario de nombre Diego Hernández. La muerte de Yiyo en esta plaza -ayer hizo 13 años-
marcó una divisoria. Puede que una divisoria subconsciente, pero cierta y temerosa.
En estas circunstancias de apagamiento puede surgir, por supuesto, el azar indeseable.
Juan Mora se libró de una cornada de puro milagro al quedarse paralizado ante las
tablas, sin tomar el olivo y sin dar salida al toro. Y en estas circunstancias basta muy
poco para que el rescoldo se avive.
Bastó que el sobrero de La Cardenilla metiera tres veces la cabeza y que Mora
aprovechara pintureramente el viaje para que rugieran los olés y las palmas. Vicente
Barrera hizo el paseíllo desmonterado, pero nadie, a su paso por Colmenar, se quitará el
sombrero ante él en señal de admiración.
Los toros, con más kilos en el tablón que romana. En esta tierra ganadera donde se
calcula a ojo de buen cubero, conviene ajustar mucho la báscula, no sea que esté
descompensada. Vino al final El Califa y desde el pase del péndulo por la espalda en los
medios alborotó al gentío. Estaba tan postrado el personal que no hacía falta mucho. O
sí, según se mire. El toro fue el más serio de cabeza y astifino y la muleta de El
Califa una gloria, por la izquierda y la derecha. La espada, un infierno. No se puede
matar a capón, sin bajarle la cabeza al toro.
El
País, LUIS M. MORCILLO. Colmenar Viejo, edición del 30 de agosto '99Para echarse a
dormir
Iban saliendo los toros de la segunda corrida de la feria colmenareña y un amodorrante
sopor invadía los tendidos. Se abatían los párpados del personal, se abrían las bocas
en inevitables bostezos y se bamboleaban las testas en amenazadoras cabezadas. La culpa de
aquellos irrechazables deseos de echarse a dormir la tenían los toros de Guardiola. Todos
faltos de fuerza y sin motor. Y cuando los toros no se pueden mover por aquello de la pata
tullida, la fiesta es un somnífero y un tostón. Nada pudimos ver ayer y nada se vio. Ni
siquiera un miserable quite, que ya es decir.
Mariano Aguirre, representante de las peñas federadas, viene presidiendo desde hace
años las corridas de la feria de Colmenar. No le tiembla la mano a la hora de sacar el
pañuelo verde. Y en virtud de esa firmeza fueron para adentro, porque andaban dando
tumbos y costaladas, el segundo de la tarde y el que debía haber sido quinto, y que
salió como segundo bis, tras correr el turno de la espada. Tuvo que matar Uceda Leal los
dos sobreros. El que hizo segundo fue un toro alto de agujas y astifino de defensas. Tomó
una varita y un picotazo. Tenía la cara alta y llegó a la muleta tardeando y sin fijeza.
Uceda, que es diestro de mano baja y pase dominador, tuvo que trastearlo a media altura.
Con el quinto construyó una faena de enfermero, con el mimo de la media altura,
acompañando los viajes, más que toreando y con total carencia de emoción. Todo eso
transcurrió entre bostezos y palmitas. Pero no impidió que, tras la muerte del
cornúpeta, se pidiera y se consiguiera la oreja. Pues no faltaría más.
Pepín Liria, que es espada de conocidas hazañas frente a toros serios, no ha podido
hacer nada con su lote de inválidos. El primero fue un toro de media arrancada, que se
ceñía por el pitón izquierdo. Se acopló mejor el torero por el pitón derecho y cortó
la faena cuando el animal empezó a caerse. Fue el cuarto el más chico del encierro, y le
simularon la suerte de varas. En la muleta punteó y manseó. La faena de Pepín tuvo
muchas pausas, rectificaciones de terreno y algunos momentos de irse al rabo y agarrarse a
los lomos. Desesperante y aburrido.
Dávila Miura se enfrentó a un morlaco gazapón y descastado, al que probó, sin
éxito, de mil maneras. Cuando se le coló por el pitón derecho, lo macheteó y lo envió
a las celestes praderas. El sexto tuvo peligro. Se frenaba por el derecho y no tomaba el
engaño. El torero le plantó cara, intentó tirar de él por el izquierdo y aprovechó
hábilmente algunos viajes. Fue el colofón de una corrida en la que, a pesar de las
ganas, nadie pudo dormir con el jaleo de las peñas.
El
Mundo. JAVIER VILLAN. Colmenar Viejo, edición del 29 de agosto '99Seis orejas y algo de Moura
Abolidas en algunas ferias las colleras infames, se está extendiendo la corrida de
seis rejoneadores. Como solución sindical a un problema de trabajo, no está mal; mas,
como solución taurina, no sé yo qué decir. Es preferible que tres caballeros aburran
por partida doble, a que seis caballeros nos sepulten en tedio de uno en uno. En la
variedad, dicen, está el gusto. Pero nunca se sabe. Ayer, algunos rejoneadores aburrieron
y otros, no.
La veteranía de Curro Bedoya ya no está para trotes; o sea, que aburrió con todas
las de la ley. Fermín Bohórquez clavó bien los rejones de castigo y mal las
banderillas, sobre todo las cortas. Estuvo parco en el clavar y parco en el matar. O sea,
que aburrió con sobriedad. Y Luis Domecq descordó al toro: aburrimiento siniestro.
Gracias al alegre y espectacular galope de sus caballos, Antonio Domecq se cameló al
personal. Clavar y citar es otra cosa, aunque no puede negársele la insistencia para
despertar al adormecido manso de Hernández Barrera. El rejón de muerte fue fulminante.
Sentir el hierro el toro y caer patas arriba fue todo uno. Y si, como se dice, una
estocada vale una oreja, este rejonazo valió las dos.
González Porras puso al público, al toro y a sus caballos a cien por hora. Clavó con
contundencia y metiéndose en terrenos comprometidos, galopó como un centauro haciendo
córcovos y quiebros, y mató a la primera con lo que, y tal como se había disparado la
tarde, las dos orejas eran pan comido.
Joao Moura parece más veterano porque empezó muy niño y lleva siglos a caballo. Hace
dos decenios, año arriba, año abajo, fue el niño prodigio de esta cosa. Niño prodigio
que no se rompió en dos temporadas y que abrió los caminos por los que hoy cabalga
Hermoso de Mendoza. Veinte años de Moura en plan figura y maestro; conviene no olvidarlo.
Ayer, con un toro parado y manso, clavó banderillas impecablemente al quiebro;
desengañó al animal de su querencia a las tablas prendiéndolo en la grupa del caballo,
y clavó de fuera a adentro, aunque no siempre al estribo. Y se demoró en las banderillas
cortas porque el toro frenaba la embestida en las proximidades del caballo. En lo que no
se demoró Moura fue con el rejón de muerte ni con el descabello: a la primera los dos.
Flamearon algunos pañuelos y el presidente sumó el suyo al jolgorio, que por algo
estamos en fiestas y hay que contribuir a la alegría universal. Y municipal. Otorgada
esta oreja ninguna razón había para no otorgarla también a Fermín Bohórquez y las dos
a Antonio Domecq y González Porras.
Cierto que Hermoso ha colocado esto muy difícil; pero proclamado el triunfo de ayer de
Domecq y González Porras y proclamado el magisterio del navarro, me atrevo a afirmar que
Moura toreó mejor y que en ningún momento el portugués es una consecuencia de Hermoso
de Mendoza, sino un precedente que el navarro ha elevado a la máxima expresión: en el
galope a dos pistas, en el temple y en el toreo con la grupa algo tiene que decir, como lo
dijo ayer, Moura. Y, si me apuran, como lo dijo en algunos momentos el tío de los
actuales Domecq, Alvarito Domecq.
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