GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA RIVERA
Tarde del martes, 24 de septiembre del 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Torrealta, bien presentados, dóciles y de pocas fuerzas. El 5º devuelto. Sobrero de San Martín, colaborador.

Diestros

  • Finito de Córdoba, silencio en ambos

  • El Juli, silencio tras aviso y dos orejas 

  • César Jiménez, dos orejas y oreja tras aviso con fuerte petición de la segunda y protestas al presidente por no concederla.

Entrada: lleno. 

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País, ABC


PortalTaurino. Micky Rioja. Cuarta corrida de la Feria de San Mateo

 

Con la plaza casi llena, y la cubierta prácticamente cerrada, hicieron el paseíllo Finito de Córdoba, El Juli y Cesar Jiménez, para lidiar cinco toros de Torrealta de justos de fuerzas y de juego desigual, mostrando nobleza en la muleta, el tercero muy aplaudido en el arrastre, con escasa pelea en los caballos y uno quinto bis de San Martín, noble y manejable. Se guardó antes de romper el paseíllo un respetuoso minuto de silencio por los acontecimientos acaecidos en el país vasco.

La lástima de una gran tarde de toros es que un señor con corbata que se sienta en un palco, sea el protagonista de la tarde. Concedió la segunda oreja a Cesar Jiménez, tras un descabello, cosa que realmente sorprendió y se negó a dar la segunda en el que cerraba plaza tras estocada, cierto es que la segunda oreja es de su potestad, pero su criterio es más variable que el caudal del río Ebro. No hizo caso de las solicitudes de cambio de tercio de los matadores, por esa manía estúpida que el toro vaya dos veces al caballo, este señor tendría que hacerse un reglamento especial para él. Lo único que consiguió por ejemplo en el sexto fue quitarle pases. De todas las maneras si tiene un ápice de dignidad después de las broncas recibidas, debiera dejar esto y dedicarse a otros menesteres.

No vamos a descubrir que Cesar Jiménez es un buen torero que lleva camino de convertirse en figura, pertenece a esa generación de jóvenes que esta temporada está dando guerra a los muy puestos y que puede ser una figura del toreo. El mejor toro de la tarde fue sin dudas el tercero, pero la capacidad de este muchacho de ponerse en el sitio donde embisten los toros y como le funciona la cabeza delante del animal y la capacidad de interpretar toreo del grande, son las mejores virtudes de este chico.

Toreó con ambas manos, enroscándose el toro a la cintura, mandándolo lejos, adelantando la muleta, en definitiva haciendo toreo del grande y llevándose a los tendido de calle, tanto que incluso hasta el de la corbata se rindió dando la segunda oreja. En el sexto que llegó muy justito de fuerzas tuvo la habilidad de saber cuidarlo y exprimirle todo lo que podía dar de sí el morlaco.

El Juli estuvo despegadito toda la tarde, en el segundo no se confió en absoluto toreando con el pico de la muleta, sus precauciones le llevaron a entrar hasta seis veces a matar, sin pasar con precauciones y saliéndose de la suerte, cobró un bajonazo alargando la mano, después de una faena vulgar indigna de esta figura del toreo. En el quinto bis, salió a no dejarse comer el pan después de las dos orejas de Jiménez y se lió en una faena variada que caló en los tendidos pero que para mi gusto le faltaron apreturas y le sobró galería, siendo una buena faena al un toro que debió tener una gran faena. El de la corbata le dio dos orejas de las que le sobraba una.

Finito en su línea, no tuvo los toros que necesita para interpretar su toreo, sin confianzas en el primero y mostrando más ganas en el cuarto, con el que poco pudo hacer estrellándose con la falta de fuerzas del burel.

Gran tarde de toros en el coso de La Ribera con dos matadores a hombros que no pudo estropear ni un presidente que mejor podría dedicarse a otra cosa.


El País. PABLO G. MANCHA. Jiménez se dio el atracón

Se hizo presente César Jiménez en Logroño como invitado de excepción al convite de El Juli, que había exigido un torero por delante y otro por detrás. Finito, que abría la mesa, mantuvo una actitud pasiva durante todo el banquete; el esperado protagonista estuvo apático en el primer plato y César Jiménez, que sabe muy bien lo que es degustar el toreo, se dio un atracón. El toro, que era un bomboncito, tenía dos pitones extenuantes. Sin embargo, el tercer hombre, el que apenas contaba en los pronósticos, bordó el toreo. Su faena resultó emocionante desde principio hasta el final. Empezó genuflexo y acabó sometiendo al toro con la mano izquierda, con la que dibujó naturales de largos vuelos y singular parsimonia. Sus virtudes: el terreno que pisó y las distancias que generosamente ofreció al morlaco. Fue capaz de mantener la emoción y se explayó como un torero a carta cabal, como un proyecto muy claro de figura.

El Juli no entendió al segundo y se las vio con un sobrero de San Martín de noble condición. Espoleado, firmó todo un largometraje en la que las tandas se sucedían sin solución de continuidad. Toreó unas veces despegado, en otras se ajustó más, pero el temple fue la nota más característica de un trasteo en el que el diestro madrileño no se quería quedar sin postre. Lo más triste vino de la mano de Finito de Córdoba. Toda la tarde se mostró sin sitio, inseguro y desganado, aunque los bocados que le ofrecieron los toros de Torrealta supieran a melón con jamón.


ABC. A.G.ABAD. El Juli defiende su reino ante un imparable César Jiménez

Tarde de toros en el más amplio sentido de la palabra. El Juli y César Jiménez, a hombros como balance final. Pero sobre todo, la confirmación de un joven torero como valor indiscutible. Lo venía apuntando durante toda la temporada, César Jiménez avisaba de sus intenciones de ser figura. Ayer despegó y dio un aldabonazo que puede ser definitivo. De seguir por ese camino, de mantener intacto ese afán, va camino de la gloria.

César Jiménez cortó tres orejas, que bien podían haber sido cuatro, si el presidente no se hubiese abstraído del clamor general. Da lo mismo despojo más o menos. Lo importante es la gran tarde de toros que dio el madrileño, que tuvo la réplica -ahí otra de las virtudes de la corrida- por parte de El Juli, que no quiso dejarse ganar la partida y culminó en triunfo una actuación que había comenzado un tanto desangelada. A todo contribuyó una bien armada y buena corrida de Torrealta, con un excelente sobrero de San Martín.

Faena plena de emoción

El tercero de Torrealta, serio por delante, con dos puñales y bueno. El de Madrid, valiente, pausado, clásico, torero. Muy bien con el capote y excepcional con la muleta. Brindis al cielo y sin pensárselo dos veces Jiménez hincó las dos rodillas en la arena y así citó de lejos para enjaretar una serie con la derecha de muletazos muy largos y mandones. Fue el aperitivo de una faena plena de emoción, a rebosar del mejor toreo. Dejando siempre que el buen torrealta se viniera de largo, empapándolo en la muleta que adelantaba para marcar un extenso viaje. Una y otra vez, ligado; y fruto de esa ligazón los tendidos rugían. Con la espada se tiró a matar o a morir y salió triunfante.

Volvió a estar templadísimo toreando a la verónica en el sexto. Puso la sal que le faltaba a su enemigo, al que dio siempre todas las ventajas con la obsesión de hilvanar los muletazos, de ofrecer un conjunto armónico y vibrante.

El Juli, que con su primero no acabó de encontrarse, salió ante el quinto -el buen sobrero de San Martín- a demostrar el porqué del lugar que ocupa, a no dejarse ganar la partida. Comenzó la faena un tanto despegadillo, pero la culminó con entrega y un toreo poderoso. Los naturales fluían engarzados unos con otros en una labor que fue a más, a mucho más y que remató toreando por bajo, sintiéndose el torero como no lo había hecho en toda la tarde. La estocada, para descubrirse y las dos orejas ganadas a ley.

Como un triste convidado de piedra estuvo Finito de Córdoba.


 

 
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