GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA RIVERA
Tarde del domingo, 22 de septiembre del 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Atanasio Fernández, bien presentados, mansos, descastados y con muy pocas fuerzas. Sobrero de Pérez Tabernero, manso y boyante.

Diestros

Entrada: lleno. 

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. PABLO G. MANCHA. Toros infumables

La corrida de Atanasio Fernández constituyó un lote de toros infumables. Salían, como es norma de la casa, fríos y abantones, olisqueando el albero, barbeando las tablas y enfilando sus enormes corpachones siempre en dirección a los chiqueros, como si esperaran que el chulo de toriles les abriera la salida hacia una dehesa que nunca debieron abandonar. Sólo se salvó el sobrero, que aunque también era de mansa condición, galopó en la muleta y tuvo una buena embestida por el pitón izquierdo, además de mostrarse siempre pronto y atento a cada cite.

Padilla, que se despedía de la feria, tuvo una tarde contradictoria. Se enfadó con el presidente porque consideraba que a su segundo oponente le valía con el tremendo puyazo que había ordenado recetar. Pidió el cambio con cara circunspecta. Más circunspecta la puso el presidente, que no cedió. Y entonces, el diestro jerezano mandó ejecutar un segundo puyazo carnicero y vil. El tipo del castoreño se cebó a placer y el toro, encerrado entre la acorazada y las tablas, acabó medio muerto, estado que no abandonó hasta que se consumó el atropello. Con el primero, el matador no se colocó una vez en el sitio. Se empeñó en una monótona lidia encimista que el borrego de Atanasio consintió como si la cosa no fuera con él.

El Fandi anduvo muy fácil toda la tarde. La primera faena fue un ejercicio técnico casi perfecto. Desde que salió el morlacó se decidió -con enorme conocimiento de la lidia- a limarle todas sus querencias para aprovechar las medias arrancadas que atesoraba. Como el toro no quería más que chiqueros, el granadino le puso la pañosa siempre en la cara. Y así, muy tapadito, lo acabó por convencer. Hubo una trincherilla monumental, y aunque el burel se escupía de cada muletazo, alguna serie resultó redonda, llena de gusto y mando. Al final y antes de la coda en forma de arrimón en tablas, dibujó una serie con las piernas flexionadas rebosante de plasticidad. El quinto se le paró demasiado pronto y él tuvo arrestos para consentirle mucho más de lo que se mercía.

Javier Valverde se encontró con el mejor lote del festejo. A la primera faena le faltó cierto reposo. El toro, que estaba encastadito, pedía distancia y mano firme. Hubo algún derechazo suelto de cierta enjundia, pero la sensación final fue de aturdimiento. El sexto mostró su franquía por el pitón izquierdo. Sin embargo, el diestro salmantino se colocó la muleta en la mano derecha y se empeñó en tandas cortas y encimistas con demasiados enganchones. Al final, cuando la faena estaba hecha, se echó el engañó a la izquierda, puso sitio entre el toro y su anatomía, y logró los lances más agraciados. Demasiado tarde. El manso ya había cantado la gallina.


ABC. A.G.ABAD.  El valor de Javier Valverde frente a la mansedumbre de los atanasios

En época de tanto adocenamiento y conformismo resulta gratificante comprobar que aún hay toreros capaces de jugarse la vida con ahínco para alcanzar el triunfo. Ayer, un joven con unos meses de alternativa dejó sobre la arena sus credenciales. El salmantino Javier Valverde trajo el aire fresco de quien, asumiendo todo, quiere llegar a lo más alto.

Tuvo el acierto de meter en su muleta al feo, manso y corretón sobrero de Javier Pérez Tabernero. Firme, sin concesiones, pasándose los pitones muy cerca, la faena caló hondo. Hubo algunos apresuramientos que deben perdonarse y que puede corregir, porque lo que no se aprende es la disposición, el valor y el querer hacer el toreo de verdad. Cortó una oreja y le pidieron con fuerza la segunda tras tirarse a matar derecho como una vela.

Con el sexto, se partió el alma en busca del éxito. Los pies asentados, sin importarle las tarascadas que tiraba el atanasio. Con poder, consintiendo, dibujó naturales largos y excelentes pases de pecho en el mismísimo platillo de la plaza. Emoción, toda la que tantas tardes se echa de menos. Pero esta vez la espada no entró a la primera y después de una estocada el toro se resistió a caer. Perdió las orejas, pero la ovación fue de gala.

Con el soso, trotón, manso y noblote primero se hicieron aplaudir Padilla y El Fandi con las banderillas. Fue un espejismo. A partir de ahí, el atanasio y el jerezano cayeron en el abismo de la nada. Quiso apretar el acelerador Padilla con el cuarto, pero sacar muletazos al marmolillo fue tarea imposible.

En el segundo se repitió el convite de garapullos que clavaron entre ovaciones acaloradas. La nobleza del toro no iba acompañada de un mínimo de casta y salía huyendo de cada muletazo de El Fandi, que al final toreó con empaque por el pitón derecho y aprovechó las huidas con adornos y airosos remates. El bajonazo no fue óbice para que el usía le concediera un trofeo. Con el quinto no se repitió la historia pese a que el espectáculo ofrecido con los palos hiciera presagiar un triunfo grande. El buey no dio para más.

Ayer, el presidente se puso digno y, al contrario de lo que ocurrió el día anterior con los victorinos, no permitió cambiar el tercio de varas con un solo puyazo. Sí autorizó, en cambio, que salieran por chiqueros animales anovillados como los dos primeros. Como si la comodidad que se disfruta ahora en la nueva plaza estuviera reñida con la hermosura y seriedad que aquí han lucido siempre las corridas.


 

 
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