Para explicar la ensalada de ganaderías de la tarde de ayer hay que
recordar el accidente que sufrió el camión que transportaba a Logroño
los toros previstos de Santiago Domecq. Hubo bajas y la necesidad de
recomponer la corrida que al final ofreció toros de cinco divisas, todas
de encaste Domecq.
Así, Juan José Padilla, Morante y El Juli dieron lo mejor de sí. Sólo
el más joven salió por la puerta grande, ya que el presidente mantuvo
una postura de peudodignidad, negando al menos tres trofeos ganados por
los toreros en la arena. El mismo usía, por la mañana, dio el visto
bueno al menos a tres toros impropios de esta plaza y de otras muchas de
segunda. Se la colaron en los corrales y se puso riguroso con los toreros.
Recibió tres broncas que estuvieron a la altura de la que escuchó Curro
Vázquez la tarde anterior. Los más exaltados hasta le tiraron
almohadillas.
Padilla no quiso desaprovechar la ocasión de verse anunciado en un
cartel de campanillas. Salió a por todas en el primero, al que recetó
cinco largas cambiadas de rodillas. Tan a gusto estaba que ofreció
banderillas a sus compañeros, incluido Morante -¡sí, Morante!-, que
salió más que airoso del trance. Con la muleta anduvo sin agobios y
hasta trazó algún natural largo y limpio antes de entrar de lleno en una
fase de molinetes, rodillazos y desplantes, que de todo hubo en
abundancia. Las manoletinas y el abaniqueo fueron ADSL, o sea de máxima
velocidad. La estocada ya valía una oreja, la otra se la quitaron. Pudo
cortar otra oreja al cuarto, que embestía sin humillar y al que toreó
con menos estridencias en un trasteo que no remató bien con el estoque.
Morante dejó chispazos de su toreo de capa ante el segundo, con el que
no acabó de acoplarse. Al quinto también le dibujó unos lances de
primor. El de Salvador Domecq, flojito y bueno, le permitió esculpir unos
naturales lentos, con la muleta barriendo la arena ya desde el cite, que
supieron a gloria. Faltó ligazón pero no inspiración en un conjunto que
tuvo picos de altísima calidad. La plaza entera pidió un trofeo que se
le negó.
El tercero, muy feo, se tapaba por los pitones y fue bueno. El Juli y
Padilla compartieron un vistoso tercio de banderillas. Y ya con la muleta,
el madrileño plantó las zapatillas y se lió a torear. Temple y mando al
natural y siempre bajo los cánones del mejor toreo, el de citar largo
adelantando la muleta y llevar imantado al toro con la mano baja hasta
donde el brazo no da más de sí. Unos circulares de espaldas y la
estocada provocaron el delirio. Una oreja, que hubieran sido dos en
cualquier plaza del mundo menos aquí, por aquello de mantener la dignidad
de Logroño.
Le arrancó otra al sexto a base de querer, de crecerse cuando el
sobrero de Torrealta se fue apagando, con la ilusión por el triunfo como
bandera y decidido a salir de la plaza en volandas.
FICHA
Plaza de toros de La Ribera. Martes, 25 de septiembre de 2001. Quinta
de feria. Lleno de «no hay billetes». Se lidiaron dos toros de Salvador
Domecq, uno de Santiago Domecq, uno de Ana María Bohórquez, uno de El
Torero y un sobrero de Torrealta. Desiguales de presentación y manejables
en general.
Juan José Padilla, de crema y oro. Estocada (una oreja y dos vueltas
al ruedo). En el cuarto, pinchazo, estocada caída y dos descabellos
(vuelta al ruedo).
Morante de la Puebla, de marino y oro. Dos pinchazos, bajonazo que hace
guardia y descabello (silencio). En el quinto, estocada desprendida
(vuelta al ruedo tras petición).
El Juli, de verde y oro. Estocada (una oreja con petición de la
segunda). En el sexto, estocada (oreja). Salió a hombros e inauguró la
puerta grande.
El Mundo. IÑIGO
CRESPO. El Juli volvió a dejar su rúbrica
Ayer se demostró que cuando salen al ruedo logroñés toros con la
presencia y el tipo adecuados, y no zambombos destartalados como son
habituales en esta plaza, la Fiesta adquiere todo su esplendor y el público
disfruta del noble espectáculo. Ayer tres toreros, tres conceptos. El
toreo en su máxima expresión. La raza de Padilla, la filigrana y el arte
de Morante y la calidad suprema de El Juli. Una gran tarde de toros sin
duda alguna.
Una colorista traca de fuegos artificiales fue el inicio de
corrida. Hasta cinco largas de rodillas le pegó Padilla al que abrió
festejo. La plaza en pie aplaudió un brillante tercio de banderillas
protagonizado por los tres espadas, incluido Morante. La faena del
jerezano fue una combinación muy expresiva de un torero bullidor, a la
vez templado y mandón. Una gran estocada puso la rúbrica a una actuación
de fresco y hondo calado. El cuarto toro tuvo feas hechuras. Padilla le
banderilleó con eficacia y se volvió a entregar con él. Dejó cincelada
una labor dinámica emborronada por la espada.
El comienzo de faena de El Juli a su primer toro fue un soberano
ramillete de muletazos largos y profundos. La faena fue buena por
profundidad y largura, torera por planteamiento y fondo, y soberbia por la
hondura de los infinitos naturales que dibujó.
Al sobrero de Torrealta que hizo sexto, El Juli le ganó la partida en
todo, principalmente en técnica, en ligazón y en un oportuno toque de muñeca.
Se tiró a matar muy de frente y cortó una oreja que unida a la del
primero le abría de par en par la primera Puerta Grande de la nueva plaza
logroñesa.
Por último, el primer toro de Morante se movió sin romper y el
sevillano sólo dejó detallitos. En el quinto el torero de La Puebla
dibujó una sinfonía de muletazos por el aroma y el empaque de los
mismos. Al conjunto le faltó un punto más de remate y profundidad debido
a que al toro le costó descolgar.