GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA MANZANERA
Tarde del martes, 25 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de varias ganaderías, manejables

Diestros

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo


El País. PABLO G. MANCHA. La torería de Morante

Morante de la Puebla bordó el toreo en el quinto de la tarde con capote y muleta, sobre todo al natural, donde desplegó una torería sobrecogedora. Echaba el engaño por delante y con donosura embebía a la res desde el primer tiempo del lance hasta consumarlo con una belleza desnuda que hizo crepitar los cimientos del coso de La Ribera. No fue una faena completa, tuvo la rara y sutil hermosura de la imperfección, pero aquel racimo de muletazos y dos medias verónicas interpelaron el alma de los aficionados. Cayó la estocada desprendida y con petición mayoritaria el presidente negó el trofeo.

Juan José Padilla se entregó en la lidia de su primero pero la faena resultó desigual. Calentó a los tendidos gracias a su entrega y el palco, con buen criterio, no le concedió el segundo trofeo. En el cuarto, empezó muy centrado y el trasteo se diluyó cuando recurrió a las cercanías. Los derechazos le salieron rápidos y al final recurrió a los consabidos rodillazos y desplantes.

El Juli cuajó a su primer toro y demostró que a su proverbial casta se une un conocimiento profundo de la tauromaquia. Primero dio sitio y confió al animal, después le bajó la mano y consiguió ligar tandas medidas por ambos pitones. No hubo carreritas entre pase y pase e hizo de la colocación y el temple sus dos principales bazas. La estocada le quedó trasera y el presidente dio la segunda oreja. Sí se la concedió en el sexto, un sobrero de gran cuajo, con el que arriesgó al máximo en banderillas. El toro se quedaba corto y El Juli se metió con la res para arrancar otro trofeo. La estocada le salió desprendida. Con menos petición que en el toro de Morante consiguió la oreja y se fue a hombros de forma antirreglamentaria, ya que según la reglamentación de La Rioja para salir por la puerta grande es necesario cortar dos orejas a una misma res.


ABC. A.G.ABAD.  La ilusión y la juvenil maestría de El Juli, a hombros

Para explicar la ensalada de ganaderías de la tarde de ayer hay que recordar el accidente que sufrió el camión que transportaba a Logroño los toros previstos de Santiago Domecq. Hubo bajas y la necesidad de recomponer la corrida que al final ofreció toros de cinco divisas, todas de encaste Domecq.

Así, Juan José Padilla, Morante y El Juli dieron lo mejor de sí. Sólo el más joven salió por la puerta grande, ya que el presidente mantuvo una postura de peudodignidad, negando al menos tres trofeos ganados por los toreros en la arena. El mismo usía, por la mañana, dio el visto bueno al menos a tres toros impropios de esta plaza y de otras muchas de segunda. Se la colaron en los corrales y se puso riguroso con los toreros. Recibió tres broncas que estuvieron a la altura de la que escuchó Curro Vázquez la tarde anterior. Los más exaltados hasta le tiraron almohadillas.

Padilla no quiso desaprovechar la ocasión de verse anunciado en un cartel de campanillas. Salió a por todas en el primero, al que recetó cinco largas cambiadas de rodillas. Tan a gusto estaba que ofreció banderillas a sus compañeros, incluido Morante -¡sí, Morante!-, que salió más que airoso del trance. Con la muleta anduvo sin agobios y hasta trazó algún natural largo y limpio antes de entrar de lleno en una fase de molinetes, rodillazos y desplantes, que de todo hubo en abundancia. Las manoletinas y el abaniqueo fueron ADSL, o sea de máxima velocidad. La estocada ya valía una oreja, la otra se la quitaron. Pudo cortar otra oreja al cuarto, que embestía sin humillar y al que toreó con menos estridencias en un trasteo que no remató bien con el estoque.

Morante dejó chispazos de su toreo de capa ante el segundo, con el que no acabó de acoplarse. Al quinto también le dibujó unos lances de primor. El de Salvador Domecq, flojito y bueno, le permitió esculpir unos naturales lentos, con la muleta barriendo la arena ya desde el cite, que supieron a gloria. Faltó ligazón pero no inspiración en un conjunto que tuvo picos de altísima calidad. La plaza entera pidió un trofeo que se le negó.

El tercero, muy feo, se tapaba por los pitones y fue bueno. El Juli y Padilla compartieron un vistoso tercio de banderillas. Y ya con la muleta, el madrileño plantó las zapatillas y se lió a torear. Temple y mando al natural y siempre bajo los cánones del mejor toreo, el de citar largo adelantando la muleta y llevar imantado al toro con la mano baja hasta donde el brazo no da más de sí. Unos circulares de espaldas y la estocada provocaron el delirio. Una oreja, que hubieran sido dos en cualquier plaza del mundo menos aquí, por aquello de mantener la dignidad de Logroño.

Le arrancó otra al sexto a base de querer, de crecerse cuando el sobrero de Torrealta se fue apagando, con la ilusión por el triunfo como bandera y decidido a salir de la plaza en volandas.

FICHA

Plaza de toros de La Ribera. Martes, 25 de septiembre de 2001. Quinta de feria. Lleno de «no hay billetes». Se lidiaron dos toros de Salvador Domecq, uno de Santiago Domecq, uno de Ana María Bohórquez, uno de El Torero y un sobrero de Torrealta. Desiguales de presentación y manejables en general.

Juan José Padilla, de crema y oro. Estocada (una oreja y dos vueltas al ruedo). En el cuarto, pinchazo, estocada caída y dos descabellos (vuelta al ruedo).

Morante de la Puebla, de marino y oro. Dos pinchazos, bajonazo que hace guardia y descabello (silencio). En el quinto, estocada desprendida (vuelta al ruedo tras petición).

El Juli, de verde y oro. Estocada (una oreja con petición de la segunda). En el sexto, estocada (oreja). Salió a hombros e inauguró la puerta grande.


El Mundo. IÑIGO CRESPO. El Juli volvió a dejar su rúbrica

Ayer se demostró que cuando salen al ruedo logroñés toros con la presencia y el tipo adecuados, y no zambombos destartalados como son habituales en esta plaza, la Fiesta adquiere todo su esplendor y el público disfruta del noble espectáculo. Ayer tres toreros, tres conceptos. El toreo en su máxima expresión. La raza de Padilla, la filigrana y el arte de Morante y la calidad suprema de El Juli. Una gran tarde de toros sin duda alguna.

Una colorista traca de fuegos artificiales fue el inicio de corrida. Hasta cinco largas de rodillas le pegó Padilla al que abrió festejo. La plaza en pie aplaudió un brillante tercio de banderillas protagonizado por los tres espadas, incluido Morante. La faena del jerezano fue una combinación muy expresiva de un torero bullidor, a la vez templado y mandón. Una gran estocada puso la rúbrica a una actuación de fresco y hondo calado. El cuarto toro tuvo feas hechuras. Padilla le banderilleó con eficacia y se volvió a entregar con él. Dejó cincelada una labor dinámica emborronada por la espada.

El comienzo de faena de El Juli a su primer toro fue un soberano ramillete de muletazos largos y profundos. La faena fue buena por profundidad y largura, torera por planteamiento y fondo, y soberbia por la hondura de los infinitos naturales que dibujó.

Al sobrero de Torrealta que hizo sexto, El Juli le ganó la partida en todo, principalmente en técnica, en ligazón y en un oportuno toque de muñeca. Se tiró a matar muy de frente y cortó una oreja que unida a la del primero le abría de par en par la primera Puerta Grande de la nueva plaza logroñesa.

Por último, el primer toro de Morante se movió sin romper y el sevillano sólo dejó detallitos. En el quinto el torero de La Puebla dibujó una sinfonía de muletazos por el aroma y el empaque de los mismos. Al conjunto le faltó un punto más de remate y profundidad debido a que al toro le costó descolgar.

 

 
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