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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA MANZANERA
Tarde del lunes, 24 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Salvador
Domecq, abrochados de pitones y sin fuerza.
Diestros:
Entrada: dos tercios de entrada. Crónicas de la prensa:
El
País, ABC
El País. PABLO G.
MANCHA. La reconciliación
Logroño se reconcilió con Enrique Ponce y Ponce con Logroño. La cosa
no era sencilla porque el desencuentro empezaba a tener tintes melodramáticos.
Una gran figura que llevaba dos años sin asomarse por esta ciudad y una
afición que se preguntaba cada feria por las razones de la huida. Pero
ayer, tras la monumental bronca que recibió Curro Vázquez, el terreno
parecía abonado. El diestro de Chiva se encontró con un toro de
excelente presencia, muy bien armado, con el que dejó patente su
plasticidad con el capote. Lo cuidó al máximo en el caballo. En éstas,
el animal perdió una pezuña, y se aplicó con la mano derecha a sobar la
noble embestida. No había profundidad porque el toro no la consentía,
pero por redondos ligó dos tandas soberbias, plenas de temple. No hubo
continuidad con la izquierda, abundaron los enganchones y llegó un
desarme. Falló con la espada, pero la plaza puesta en pie le pidió la
vuelta al ruedo.
El desastre llegó con Curro y la bronca fue histórica. Su primero le
puso en aprietos de salida y casi resulta volteado en las mismas tablas.
Estuvo absolutamente precavido frente a un ejemplar noble, que había sido
masacrado en varas. Pero saltó un sobrero basto y corraleado de casi seis
años. Curro no lo quiso ni ver, y el peón Joselito Rus fue aclamado
mientras lidiaba ante la indiferencia del diestro. Lo macheteó por la
cara y ofreció una penosa impresión cuando se empecinaba en acuchillar
al toro a paso de banderillas. Lo finiquitó de un bajonazo y tres
descabellos y se fue entre una espesa nube de almohadillas. Finito también
dejó una impresión penosa. Con su primero, renqueante e inválido, se
puso flamenco hasta que se le coló. Con el sexto se tapó gracias a que
las lanzas se habían gastado con la bronca a Curro Vázquez.
ABC. A.G.ABAD. La
torería de Ponce centra una tarde de desatinos
La tarde fue de locos, plagada de desatinos. Bajo el
denominador común de una corrida noble, sin excesos en la presencia y flojísima
de El Torero, propiedad de Salvador Domecq. La cuarta de feria discurrió entre
toros devueltos, broncas, recochineos y unos momentos de torería de Enrique
Ponce, que fue el único en poner las cosas en su sitio y recordar a todos el
objetivo de estar allí: ver torear.
La locura llegó en el cuarto, inválido y devuelto cuando ya le habían
clavado banderillas. Curro Vázquez se inhibió ante el sobrero de Martínez
Elizondo, un manso con casi seis años, dejando todo en manos de su subalterno
Joselito Rus.
El público tomó partido por el peón, que bregó entre oles cada vez más
rotundos, mitad en broma mitad en serio. Cuando Curro intentaba abrir su capote
surgía la pitada. Y así hasta que tuvo que coger los trastos de matar.
Entonces se formó gorda y el de Linares tampoco hizo nada por arreglar las
cosas. Dos mantazos y a matar. La bronca fue de época y además con cierto tono
de cachondeo. En su primero unos apuntes con capote y muleta supieron a poco.
(Silencio y bronca).
Enrique Ponce se debatió con el segundo entre agradar a un público no
demasiado entregado y procurar que el noble Domecq no se le fuera al suelo. Lo
consiguió a medias, los logroñeses le aplaudieron sin pasión y el torillo se
empeñaba en deslucir la buena disposición del valenciano.
Lanceó muy bien al quinto Ponce y Antonio Tejero se lució con los palos.
Salió decidido el diestro con la muleta y la faena alcanzó altas cotas
toreando con la mano derecha. No faltó garbo en los cites de frente hasta que
un desarme emborronó el trasteo que remató muy toreramente por bajo. El
descabello le privó del trofeo. (Silencio y vuelta al ruedo tras aviso).
El tercero se fue para los corrales y el sobrero de la ganadería titular
permitió a Finito torear de forma espléndida a la verónica. Después del
segundo tercio el animal perdió una pezuña. Ahí acabó todo.
Algunos muletazos al sexto tuvieron largura y cierta enjundia cuando el de Córdoba
toreó por el pitón derecho. Lo intentó pero su oponente se iba quedando cada
vez más corto hasta llegar a no saber nada de los engaños, acabando la faena
en un tono gris, como se había puesto la tarde. (Silencio en ambos).
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