GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA MANZANERA
Tarde del domingo, 23 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Cebada Gago, bien presentados y mansos pero interesantes. 

Diestros

Entrada: cerca de media plaza.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. PABLO G. MANCHA. Descalabro torista

Los toros de Cebada Gago constituyeron una decepción torista en toda regla. La indómita casta que otras veces ha sido enseña de esta divisa se diluyó desde que el primer ejemplar dejó su carta de presentación: escasa presencia, nula humillación, bajísima casta y parones en mitad de los lances. Excepto el tercero, que derivó en nobilísimo y puso el triunfo en bandeja a El Tato.

Lo más triste fue la despedida del local Pedro Carra, sobretodo en el quinto, último de su carrera y el más serio de la tarde. Carra se inhibió y aunque el toro era complicado, se acordó del futuro que le aguarda y decidió no meterse en complicaciones. Zotoluco estuvo digno con el que abrió la tarde y El Tato se encontró con un toro noble, casi aborregado, con el que logró algún muletazo de calidad y consiguió una oreja.


ABC. A.G.ABAD.  El temple y el buen gusto de El Tato

El Tato toreó templadísimo al buen tercero en una faena en la que, junto a muletazos poderosos, surgieron momentos de buen gusto por parte de un torero inspirado que dio lo mejor de sí. La estocada cayó baja y el premio se redujo a un solo trofeo. En un momento en el que el diestro aragonés parece plantearse una retirada momentánea de los ruedos, ayer se mostró como un gran profesional que ha alcanzado la plena madurez.

Se empleó en rematar la tarde con el complicado sexto, al que intentó meter en la muleta por uno y otro pitón. Parecía que lo iba a lograr, pero el toro fue a menos, impidiendo que el trasteo alcanzara cotas de lucimiento.

El mexicano Zotoluco estuvo decidido toda la tarde, pero sin alcanzar brillantez en dos trasteos que resultaron desiguales.

El segundo puso a prueba la capacidad y el oficio del riojano Pedro Carra en la tarde de su despedida. El torero, que a los veintinueve años ha tomado la difícil decisión de abandonar los ruedos en vista de que su carrera no despunta, pasó fatigas ante un toro con dificultades.

Peor lo pasó con el quinto, en el que se vio desbordado por un animal muy serio que precisaba mando. Los paisanos, lejos de cualquier sentimentalismo en la tarde del adiós, le pitaron con fuerza incluso cuando abandonó cabizbajo el ruedo.

La corrida de Cebada, seria y astifina por delante, tuvo desigual comportamiento. Más mansa que otra cosa, no planteó problemas insalvables e incluso soltó algún toro bueno.

 

 
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