Los toros de Cebada Gago constituyeron una decepción torista en toda
regla. La indómita casta que otras veces ha sido enseña de esta divisa
se diluyó desde que el primer ejemplar dejó su carta de presentación:
escasa presencia, nula humillación, bajísima casta y parones en mitad de
los lances. Excepto el tercero, que derivó en nobilísimo y puso el
triunfo en bandeja a El Tato.
Lo más triste fue la despedida del local Pedro Carra, sobretodo en el
quinto, último de su carrera y el más serio de la tarde. Carra se inhibió
y aunque el toro era complicado, se acordó del futuro que le aguarda y
decidió no meterse en complicaciones. Zotoluco estuvo digno con el que
abrió la tarde y El Tato se encontró con un toro noble, casi aborregado,
con el que logró algún muletazo de calidad y consiguió una oreja.
El Tato toreó templadísimo al buen tercero en una faena en la que,
junto a muletazos poderosos, surgieron momentos de buen gusto por parte de
un torero inspirado que dio lo mejor de sí. La estocada cayó baja y el
premio se redujo a un solo trofeo. En un momento en el que el diestro
aragonés parece plantearse una retirada momentánea de los ruedos, ayer
se mostró como un gran profesional que ha alcanzado la plena madurez.
Se empleó en rematar la tarde con el complicado sexto, al que intentó
meter en la muleta por uno y otro pitón. Parecía que lo iba a lograr,
pero el toro fue a menos, impidiendo que el trasteo alcanzara cotas de
lucimiento.
El mexicano Zotoluco estuvo decidido toda la tarde, pero sin alcanzar
brillantez en dos trasteos que resultaron desiguales.
El segundo puso a prueba la capacidad y el oficio del riojano Pedro
Carra en la tarde de su despedida. El torero, que a los veintinueve años
ha tomado la difícil decisión de abandonar los ruedos en vista de que su
carrera no despunta, pasó fatigas ante un toro con dificultades.
Peor lo pasó con el quinto, en el que se vio desbordado por un animal
muy serio que precisaba mando. Los paisanos, lejos de cualquier
sentimentalismo en la tarde del adiós, le pitaron con fuerza incluso
cuando abandonó cabizbajo el ruedo.
La corrida de Cebada, seria y astifina por delante, tuvo desigual
comportamiento. Más mansa que otra cosa, no planteó problemas
insalvables e incluso soltó algún toro bueno.