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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA MANZANERA
Tarde del sábado, 22 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Valdefresno,
Montalvo y Hermanos Fraile
(grandes y mal presentados).
Diestros:
Incidencias: Puerto fue cogido por el quinto toro y
sufrió “una cornada de dos trayectorias en la raiz del muslo izquierdo
a la altura del triángulo de Scarpa; una ascendente y otra descendente,
ambas de 15 centímetros. Herida limpia, de pronóstico menos grave".
Entrada: dos tercios
de entrada. Crónicas de la prensa:
El
País, ABC, El Mundo
El País. PABLO G.
MANCHA. Víctor Puerto, cornada y oreja
Caía la noche sobre Logroño y la corrida transcurría toda ella en
medio de una vulgaridad indefinida. Víctor Puerto acababa de cortar una
oreja a cambio de una cornada y la plaza entera se preguntaba por la
suerte del torero herido. En ésas, saltó al barrizal un precioso morlaco
de Fraile Mazas que parecía no inmutarse por nada. Se fue andando hasta
el burladero de matadores sin que nadie saliera a recibirlo y allí se
plantó esperando algún capote que midiera su celo.
No se sabría decir quienes parecían más indolentes, si el animal o
el Califa y su cuadrilla, que se hicieron esperar un buen rato hasta que
armaron sus capotes. José Pacheco lo llevó al caballo como pudo y el
toro pareció despertar recreciendose en un puyazo interminable donde
empujó con toda su alma. Volvió otra vez y embistió con una fijeza
soberbia a la vez que le tapaban la salida, aunque al final se fue suelto.
El toro confirmó su poder con un magnífico tranco en banderillas que ya
no abandonaría hasta el final de una faena mediocre y acelerada, en la
que humilló y se desplazó con una emocionante nobleza.
El diestro de Xátiva fue desbordado literalmente por un toro que pedía
distancia y una muleta poderosa. A veces, incluso, lo pillaba desprevenido
y otras, las más, el engaño se hacía un ovillo mientras el torero
intentaba salir de los embroques con una clamorosa falta de recursos. Con
el primero de su lote, toreó también de forma desastrada y sin ninguna
convincción. Juan José Padilla se la jugó en banderillas y poquito más
con el primero. En el cuarto, se empeñó en la nada torerista, porque el
toro era la nada misma: una mole de casi setencientos kilos que apenas se
tenía en pie y que se movía con tranco calamitoso. Puerto hizo una faena
sin acople en el de la cornada. Pero llegó la voltereta en un momento de
confianza y el público agradeció su entrega con una oreja.
ABC. A.G.ABAD. Puerto
y El Califa sacaron casta entre tanta mansedumbre
Toda la noche y la mañana lloviendo a mares no hacían
presagiar nada bueno. Al final paró el agua y se levantó el viento. Hay que
insistir en que la nueva plaza de Logroño no estará finalizada con su cubierta
hasta el año que viene. Mientras, algunos aficionados aseguraban ayer que entre
tanta comodidad se ha perdido el rigor de lo que era Logroño. Otros echan de
menos alguna bandera española, por lo menos para evitar suspicacias y acompañar
a la de la capital que luce en la presidencia y a la de La Rioja que aparece en
una barrera.
La corrida de Valdefresno, con el sexto de Fraile Mazas, que viene a ser lo
mismo, y el sobrero de Montalvo, fue muy seria y tan lucida de pitones como
mansa. Fueron seis mansos de libro. Haciendo sonar los estribos, saliendo
huyendo del caballo, queriendo quitarse la vara, sin codicia ni un asomo de
bravura. El de Montalvo se dejó más, aunque siempre sabía lo que se dejaba
atrás, y el que cerró plaza, que salió sin querer saber nada de capotes ni de
toreros, rompió a embestir con violencia.
Frente a este muestrario de mansedumbre, dos hombres destacaron poniendo la
nota encastada de la tarde. Víctor Puerto y El Califa, cuando tuvieron
oportunidad, demostraron pundonor y valentía. El primero se llevó una cornada
y una oreja, y el valenciano emborronó con la espada el coraje que puso con la
muleta en el último.
El quinto pagó los platos rotos y lo devolvieron a los corrales. El sobrero
era astifino de dar miedo y, con él, Puerto levantó los primeros oles de la
tarde en una labor de valor y emoción. Llegó la voltereta, dramática, con el
toro buscando el muslo del torero cuando lo tenía en el aire. Luchó el
manchego con las cuadrillas para quedarse en el ruedo y, con un torniquete en el
muslo izquierdo, dio unos angustiosos naturales. Recogió el trofeo y se fue
para la enfermería por su propio pie. Su primero, flojo y además muy mal
lidiado, llegó a la muleta ofreciendo poco, y poco hizo.
El Califa acertó a bajarle la mano al sexto. Su toreo al natural fue una
lucha desgarrada en la que dominó las violentas embestidas de su oponente. Tenía
el triunfo en la mano, pero la espada, a pesar de marcar los pinchazos siempre
arriba, se lo arrebató. En primer lugar bastante hizo con burlar los arreones
de su rival.
Juan José Padilla, que venía como triunfador de la Feria del pasado año,
no tuvo opción de triunfo.
Parte facultativo: Puerto sufrió «una cornada limpia de dos trayectorias en
la raíz del muslo izquierdo a la altura del triángulo de Scarpa, una
ascendente y otra descendente, ambas de 15 centímetros. Pronóstico menos grave».
El Mundo.
IÑIGO CRESPO. El temperamento de Víctor Puerto
El poderoso orgullo de torero valiente, la enorme casta, la firmeza y
la terrible ambición del manchego Víctor Puerto salvaron una corrida
plomiza de largo desarrollo y tosca hasta decir basta.
Todo transcurría entre toros grandones, sacados de tipo, que
desarrollaban problemas, manseaban en el caballo y aburrían al tendido.
Hasta que, mediada la faena al quinto toro, la corrida y, por qué no
decirlo, también la feria, dio un vuelco.
Por un lado, Víctor Puerto se jugó el tipo con hombría ante un
descastado sobrero de Montalvo que, pese a estar desigual de conformación,
lucía por delante dos pitones escalofriantes ante los que había que
estar muy valiente. Puerto lo estuvo. Se plantó desafiante ante él y
consiguió extraerle varias series de enorme mérito por los dos pitones,
a base de tragarle mucho y echarle muchos arrestos. En una de éstas, en
un muletazo cambiado, el descarado animal hirió con saña al torero. Salió
prendido ante el estupor de la plaza. No obstante, Puerto, sin mirarse,
siguió firme, con las agallas de los toreros valientes y consiguió
finalmente ganar la partida al animal en un terrible y acalorado cuerpo a
cuerpo, y tumbarlo de una buena estocada precedida de un pinchazo.
El público premió al diestro con una oreja de las de mucho peso, una
oreja que Víctor Puerto se llevó a la enfermería en medio del grito unánime
de la plaza de ¡torero, torero! Ayer fue una de esas tardes en las que, a
pesar de la cornada, Víctor Puerto tiene que estar tremendamente
orgulloso de ser matador de toros.
Y con éstas salió el sexto toro. Un animal de Fraile Mazas que recibió
dos puyazos empujando en el peto y que llegó al último tercio con poder,
con codicia y con transmisión. Un toro de excelente comportamiento que
ponía a su matador una posibilidad de triunfo. Y, la verdad, El Califa lo
aprovechó tan sólo a medias.
Construyó una faena suelta, firme en el trazo, pero carente de mando,
por lo que el trasteo no llegó a redondearse en lo que el toro, sin duda,
merecía.
Lo mejor lo hizo con la mano derecha, pero supo a poco. El toro ganó
la partida al de Játiva. Además, el diestro mató a este excelente
animal de cuatro pinchazos y una media cuando ya sonaba un aviso. El resto
de la corrida, para echar en el baúl de los recuerdos. |