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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA MANZANERA
Tarde del viernes, 21 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de José Luis Marca,
bien presentados, mansos, descastados y con pocas fuerzas.
Diestros:
-
Enrique
Ponce, estocada atravesada y tres descabellos (silencio); tres
pinchazos y dos descabellos (silencio).
-
Julián López, El Juli,
pinchazo y estocada atravesada (saludos); estocada y un descabello
(silencio).
-
Diego
Urdiales, pinchazo, estocada caída y cinco descabellos
(silencio); pinchazo y estocada contraria -aviso- (oreja).
Entrada: dos tercios
de entrada. Crónicas de la prensa:
El
País, ABC, El Mundo
El País. PABLO G.
MANCHA. Un ruedo impracticable
El cielo riojano se desplomó sobre la nueva plaza
de La Ribera minutos antes del paseíllo. La primera faena de la feria ya
estaba hecha porque el ruedo se había convertido en un platillo
impracticable. Después llegaron los toros de Marca y con su endeblez y
descastamiento terminaron por descomponer todos los fastos de la
inauguración. Salió Ponce decidido a reconciliarse con el público de
Logroño, pero el toro, inválido hasta la desesperación, se derrumbaba
una y otra vez. Los dos compusieron una estampa grotesca: el torero,
desafiante, y el toro, suplicando la muerte entre costaladas y
aspavientos.
Con el segundo de su lote, un ejemplar anovillado
pero que parecía quererse mover, compuso un trasteo largo y tedioso donde
la muleta viajaba a media altura para no terminar con el escaso vigor del
astado. De nada le valió.
Tampoco El Juli tuvo su tarde. Con el primero de su
lote logró los mejores momentos cuando citó a distancia y consiguió
dibujar algún natural de trazo largo y mandón. Sin embargo, recurrió al
encimismo y el toro se paró de forma inmisericorde. En el quinto, otro
ejemplar aborregado y con alma de mármol, sólo pudo probar su embestida.
El toro parecía encogerse por momentos y el público agradeció su
brevedad.
Diego Urdiales se encontró con un sobrero de casi
seis años, enorme y con poder, que derribó a los dos piqueros y que
aguantó cuatro puyazos en toda regla. En la muleta fue otro borrego que
llevaba la cara por las nubes ya que nunca humilló, y aunque el torero
intentaba estirar la mano, lo único que se encontró fue alguna colada.
En el sexto consiguió la primera oreja de la historia de este coso, tras
recrearse en dos buenas tandas de derechazos donde la ligazón fue su
mejor argumento.
ABC. A.G.ABAD. El
riojano Diego Urdiales salva la inauguración de la plaza
lnaugurar plazas cubiertas sin cubrir trae problemas. Si no, que se lo
pregunten a los once mil riojanos y visitantes que soportaron estoicamente
los fuertes chaparrones de la tarde del estreno de la flamante plaza de la
Ribera. Bonita de verdad... pero sin cubierta, que llegará en 2002, si
Dios quiere. Fue como una premonición porque la corrida resultó un
desastre, al margen del mal estado del piso, hasta que saltó el último a
la arena.
Diego Urdiales lo templó con el capote y salió a darlo todo con la
muleta. Faena firme, de un torero con ambición que no se atropelló. Al
contrario, se puso en el sitio, citó con gallardía y embebió a su
enemigo en la muleta. Mejor por el pitón derecho, la faena fue a más y,
después de un pinchazo y una estocada, cortó la primera oreja de la
nueva plaza.
Los logroñeses ya estaban tan enfadados por la endeblez del ganado
que, a las primeras de cambio, el presidente devolvió al tercero a los
corrales. Los casi setecientos kilos que pesaba el sobrero de Bañuelos le
dieron para derribar a los dos picadores, para recibir un tremendo puyazo
y para llegar al último tercio con la cara por las nubes. Difícil
papeleta para Urdiales, que resolvió con dignidad, corriendo la mano con
excelentes maneras.
Las cosas comenzaron mal. Primer toro, primera bronca. En tierra de tan
buenos vinos, «Botellero», que así se llamaba el que abrió plaza,
aunque era de Marca, parecía de saldo. Enrique Ponce naufragó ante el
inválido aguando la efemérides.
El cuarto, apañadito de pitones, era una raspa con cara de novillote.
Labor entusiasta del valenciano que acabó en nada.
El Juli se empleó a fondo con el segundo, al que obligó a seguir su
muleta en buenos pases por el pitón izquierdo. La descastada nobleza del
animal hizo desaparecer del coso cualquier sombra de emoción.
Toreó bien con el capote al quinto, al que clavó dos ajustadísimos
pares de banderillas. Cuando parecía que aquello iba a levantar el vuelo,
el toro de Marca se empeñó en que no.
La tarde no fue como para tirar cohetes y eso que durante el paseíllo
sonaron con fuerza unos fuegos artificiales que quisieron dar solemnidad a
la inauguración del moderno coso. Gracias al torero riojano, el
acontecimiento no se fue al traste.
El Mundo.
IÑIGO CRESPO. Borregos en la inauguración
Una aborregada infame y sacada de tipo abrió feria y época en la
nueva plaza de toros logroñesa. Nuevo coso, nuevos aires y dicen que
nuevos tiempos para una afición taurina que sigue padeciendo en sus
propias carnes los mismos males de siempre, cuando por estas fechas llegan
las calendas de San Mateo.
Toros inflados en kilos y sacados de tipo que no pueden ni con su
esqueleto han sido la nota común del festejo.
Ayer, con plaza llena y en tarde de inauguración, los cinco zambombos
de José Luis Marca y el mastodonte sobrero de Bañuelos, lidiado en
tercer lugar, fueron un muestrario de toros inválidos y rebrincados que
no dieron opción de nada a los toreros. De la quema salvamos el pitón
izquierdo del segundo y el buen aire del lado derecho del sexto. Muy poco
para justificar la inclusión de la ganadería de Marca en esta corrida
tan señera.
Los toreros poco hicieron. Lo más notable lo desarrolló el diestro de
Arnedo, Diego Urdiales, que dio la cara en todo momento y sacó partido al
sexto a base de correr la mano con gusto, entregarse siempre y transmitir
al tendido una brillante ilusión. Cortó una oreja que pasará a la
historia por ser la primera del nuevo coso. En su primero, un astado de
681 kilos con el hierro de Bañuelos, tan sólo pudo mostrar su tremenda
voluntad.
Julián López, El Juli, hizo un esfuerzo con su primer toro en dos
magníficas series de naturales de mucho mando y perfecto trazo. Con el
toro ya parado se metió entre los pitones en un firme arrimón. Con el
quinto, el madrileño se estrelló ante un animal con feos aires de
morucho engordado.
Enrique Ponce no tuvo opción y pasó de puntillas en su reencuentro
con la afición de Logroño. |