GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA RIVERA
Tarde del miércoles, 24 de septiembre del 2003
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de El Torero, bien presentados y con buen fondo.

Diestros

Entrada: tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC.


El País. PABLO G.MANCHA. Un presidente a lo Joan Gaspar

El sexto de la tarde salió de chiqueros con esa debilidad congénita que asola la raza de lidia. Después del primer puyazo, la debilidad se tradujo en invalidez y comenzó una pequeña protesta, que iba creciendo cuando la res se trastabillaba. El segundo encuentro fue un picotazo y la protesta tornó en bronca, más ruidosa aún cuando el presidente -José Manuel Sánchez- cambió el tercio. En banderillas la cosa no fue mejor y César Jiménez recetó dos tandas con la derecha entre gritos de una afición que se sentía estafada y, lo que es peor, desprotegida por mantener en el ruedo a una res que apenas se tenía en pie. Al final, cuando los toreros abandonaban la plaza, José Manuel Sánchez se levantó, saludó uno por uno a los coletudos y tuvo tiempo suficiente para aguantar impávido en su palco -a lo Joan Gaspar- una pitada descomunal, de las que hacen época, para salir segundos después escoltado por la policía para que el altercado público no tuviera peores consecuencias.

César Jiménez había cuajado en el primero de su lote una faena importante, sobre todo en la parte central de su labor -prologada y cerrada con muletazos por ambas manos de rodillas- en la que se gustó con la mano izquierda, arrastrando la pañosa por el albero y llevando al toro prendido por una magia que en la tauromaquia se denomina temple.

El Fandi lo intentó todo. Su primer astado era de espíritu amigable y le consintió cualquier cosa hasta que dijo basta y se rajó de forma descarada. En el otro, con el que se lució con el capote en un vistoso quite por lopecinas, sólo pudo lamentar su endeblez y su ingenua candidez. Tanto es así que en mitad de la faena se echó al suelo y renunció a seguir embistiendo.

Lo peor vino de la mano de Fernando Robleño, que se encontró con dos ejemplares aptos para el toreo. El primero, que tuvo el defecto de calamochear, se veía de lejos y en vez de encontrar una muleta poderosa se la ofrecieron acalambrada y eléctrica. Con el que terminó su actuación tampoco disfrutó del acoplamiento deseado, aunque en un natural descubrió las positivas condiciones del burel.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Bronca a la riojana

Igual que hay bacalao a la riojana o patatas a la riojana existe la bronca a la riojana, y no se la deseo al peor enemigo. José Manuel Sánchez, presidente de Las Ventas importado a Logroño con su pajarita y todo su kit de palco, desató las iras de la afición logroñesa, que rugía con el altavoz de la cúpula y la fuerza de la razón. Se parapetó Sánchez en la cabezonería para no devolver al sexto, el más inválido entre la flojita corrida de Salvador Domecq. La única excusa que le salvaría es que pudiese haber apreciado que la lesión se produjo durante la lidia, en un puyazo traserísimo, cual lanzazo en la columna. Y aun así ya son ganas de mantenella y no enmendalla. Porque, para más inri, el personal se mostraba deseoso de izar a hombros a su querido César Jiménez, que ya había cortado una oreja en el tercero. Y de tanto cabreo quisieron castigar al culpable de que la puerta grande no se estrenase ayer en San Mateo con una petición surrealista como una huelga a la japonesa de pañuelos. Total, que a poco se lo comen, y si no le protege la policía nacional para abandonar su «trono», dan cuenta de él. A la riojana, claro.

La tarde había transcurrido hasta el momento por la ruta de lo previsible: Jiménez, tan predecible, se embolsó una cantada oreja. Cualquiera que lo haya visto en más de una feria es capaz de retransmitirle radiofónicamente una faena con los ojos cerrados. Nada sorprende. Bueno, sí. En este caso, una tanda más sentida de naturales. El resto, desde el principio de rodillas y en redondo, hasta los derechazos ligeros o el final de circular invertido y de hinojos luego ya me lo sé de carrerilla, que es como torea Jiménez, como el empollón que recita la lección de corrido, con el mérito de la regularidad para sacar nota todos los días sin saltarse ni una coma. El cóctel de chicuelinas y verónicas o las navarras y tafalleras tampoco dijeron nada nuevo. Contra el último y la tozudez de Sánchez se estrelló sin remedio alguno.

Sorprendió el quinto, que fue a más, dentro de un sexteto cuajado, sin gran aparato en las moderadas testas y menos poder. Robleño perdió un posible trofeo con la espada y otro con una faena demasiado desigual y por momentos amontonada. O sea que se intuye un toro de dos orejas. El tono decreciente se impuso después de las series diestras y ligadas hasta difuminar la cosa sobre la izquierda y la fase de cierre. Había estado valiente con el anterior, que cabeceaba y se rebrincaba con peligro constante. Fernando Robleño anduvo entonces muy firme y aguerrido para irse detrás de la espada en el segundo embroque, cuando los pitones le lamieron las chorreras.

El Fandi es un atleta. Derrochó facultades con las banderillas para dar y tomar, y eso después de 40 días y 40 noches en el dique seco por una grave lesión. Pletórico en los tercios con los palos, más redondo ante el cuarto, en moviolas y al violín. Pero con la muleta se quedó sin material. Uno, de aire buenecito y santurrón, se rajó; el otro, sin fuelle, se desinfló tanto que se echó en mitad de faena. Por allí quedaron una estocada cabal, un quite por lopecinas y unas largas cambiadas de los saludos.

 

 

 

 
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