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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA RIVERA
Tarde del martes, 23 de septiembre del 2003
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Javier Pérez Tabernero
(bien presentados).
Diestros:
Entrada: dos tercios de entrada. Crónicas de la prensa:
ABC.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Floja corrida de Hermanos
Clemares
La Ribera es una fotocopia en color rioja
de Illumbe, hermana gemela. Como gemelos o casi eran los toros de Clemares
Pérez Tabernero, igualados por los bajos niveles de casta y fuerza, a
pesar de su procedencia Santa Coloma. Sangre aguada en esta ocasión, por
dentro y por fuera.
Improvisó Antonio Ferrera al quedarse con una banderilla en la mano
tras un quiebro fallido a medias y la clavó al violín, en plan Andy
Cartagena. Una improvisación en tarde tan monótona se agradece, aunque
sea tan poco ortodoxa. Ferrera toreó luego con bastante suavidad y hacia
arriba, dada la escasa fortaleza del toro. Pero también había muleteado
al anterior vaciando constantemente los viajes por alto, con lo cual
genera una duda: ¿necesidad técnica o alivio? Este noble quinto pedía
el no sometimiento, pero sólo hasta un momento a partir del cual ya se
afianzó; el otro, sin terminar de humillar, quizá menos. De cualquier
modo hubo un Ferrera más animoso y no tan crispado como suele. A ver si
cicatrizan ya las cornadas psíquicas, que son las más duras.
Pasó momentos de apuro cuando perdió pie con el segundo, al que lanceó
con decisión a la verónica en el saludo y abigarrado en las chicuelinas
del quite. Siempre, con muleta y capote, con la oreja metida en la
hombrera. Dentro de la triste corrida, su lote no fue lo peor.
Sin estilo
Al pobre Matías Tejela no le embiste un toro desde hace
tiempo. Inválido uno y tetrapléjico el sexto, que fue devuelto. El
sobrero de Criado Holgado se defendió con cabezazos y sin estilo. No se
rompió las ideas el torero alcalaíno a la hora de matar y se tiró por
lo fácil. Aun con todo, se le ve con sitio y firmeza. Que no desespere.
Manuel Caballero abrevió con el pegajoso, zapatillero y atacado
primero, demasiado cebado; lo intentó con el noble y soso cuarto, que
portaba una daga por pitón izquierdo. Faena técnica y templada de muleta
retrasada, entendible esta vez por el corto recorrido del toro. La cosa no
pasó de voluntariosa y fría.
Dos derribos en los caballos no fueron, desde luego, reflejo de nada.
En descargo de las ganaderías de días anteriores se cumplió el refrán:
otros vendrán que buenos os harán. Pero, evidentemente, no supone ningún
consuelo.
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