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Feria de San Lucas
JAEN
Tarde del viernes, 20 de octubre de 2000
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Juan
Manuel Criado y un 3º de Criado
Holgado, desiguales de presentación (tres y tres); sólo se mantuvieron en
pie los dos últimos
Diestros:
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Finito de Córdoba,
pinchazo, media trasera tendida y descabello (aplausos); estocada trasera
(ovación)
-
Víctor Puerto,
estocada sin puntilla (oreja); tres pinchazos - aviso- , pinchazo y estocada
trasera (ovación)
-
Morante
de la Puebla, tres pinchazos - aviso- (silencio); dos pinchazos y dos
descabellos (silencio)
Entrada: media entrada
Crónicas de la prensa:
El País
El
País. JUAN ORTEGA. Sacrificio
inútil
Era costumbre antigua el sacrificio ritual de animales para conseguir que los
dioses fueran propicios. Puede que la muerte del toro fiero constituyera un
supremo intento de complacer a las fuerzas rectoras del universo y, sí, que el
sacrificio de 100 bueyes constituyera la auténtica hecatombe. Ayer en Jaén, sólo
llegamos a seis centésimas de hecatombe. Suficiente.
Pasadas de moda las divinidades plurales, no llego a alcanzar el motivo del
sacrificio ni a qué vino el pasar por las armas unos bueyes cojitrancos
groseramente afeitados. Puede que la cosa sólo llegara a ser una manifestación
más de la estupidez humana, porque, si hablamos de fiesta, aquello no pasó de
velatorio, si bien es sabido que en este tipo de reuniones se cuentan los
mejores chistes.
Ni de lejos pretendo hacer chiste de una actividad en la que el hombre se
juega la vida, pero no puedo evitar preguntarme por qué. Se trata de un riesgo,
convenientemente reducido, es verdad, pero un riesgo que no conduce a ningún
sitio, que sólo se corre a mayor gloria del dinero y que no engrandece al
individuo que lo asume, a no ser que éste confunda las puertas de la gloria con
las del ridículo.
Los tres primeros astados fueron malas caricaturas de toros. El primero,
cuando no se caía, manifestaba su falta de fuerzas defendiéndose con un
calamocheo molesto, quedándose en el centro de la suerte o viniéndose cruzado.
Alguna vez combinó una de estas tres manifestaciones de carácter con un
oportuno batacazo.
Víctor Puerto se lució en las verónicas de recibo al segundo y después
aguantó el punteo constante de la cabeza de su oponente, que lo alternaba con
clavar los cuernos en tierra. Anduvo con la muleta retrasada a medios pases, lo
que se correspondía con la media arrancada violenta y algo tobillera que exhibía
el animal. La estocada fue fulminante.
Morante protagonizó en el tercero una sesión de toreo interruptus.
Empezó luciéndose con el capote ante un toro que trastabillaba ostensiblemente
y al que masacraron en el caballo por el método de taparle la salida, lo que
fue muy celebrado. Luego, no sé por qué, comenzó por bajo, hasta que se fue
retirando del toro mientras éste se fosilizaba convirtiéndose en estatua de
piedra. De vez en cuando revivía y cabeceaba. Entró a matar en la suerte de
mechar y el toro murió por decisión propia.
En el cuarto, vimos al Finito del año 2000, que ha cambiado indudables
calidades estéticas por habilidades técnicas que le permiten despachar a sus
enemigos como el que lava, y con la misma emoción.
Los dos toros restantes se salvaron del naufragio, eso sí, con buena
voluntad, y sólo porque no llegaron a caerse. Víctor Puerto estuvo entusiasta,
lo que puede llegar a ser difícil de digerir. Esta vez, con los aceros, fatal.
El sexto se diluyó en su sosería, magistralmente secundada por el torero de
La Puebla, que anduvo por el ruedo a la deriva, sonámbulo y ajeno a una
realidad que tiene como único lado positivo el acabar esta temporada de
calvario.
No está siendo la de Jaén una feria peor que muchas, sino el paradigma de
una fiesta que atraviesa por serias dificultades y que lleva dentro el germen
del mal capaz de acabar con ella. No se trata de estúpidas alarmas ya voceadas
desde hace más de un siglo, sino de la simple y pura constatación de la
realidad por un observador que no está borracho.
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