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Feria de San Lucas
JAEN
Tarde del martes, 17 de octubre de 2000
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Marcos
Núñez, bien presentados pero mansos y complicados: 4º noble, 5º
complicado y 6º bueno.
Diestros:
Entrada: un tercio de entrada
Crónicas de la prensa:
El País
El
País. JUAN ORTEGA. Banderillas,
toreo y pasión
Para empezar a ver torear hubo que esperar hasta el cuarto toro.
¿Qué ocurrió, entonces, en los tres primeros? Pues que los banderillearon,
que para eso el cartel estaba formado por matadores avezados en el arte,
entraron en reñida competencia, es un decir, en cada uno de los tres primeros
astados con un saldo más espectacular que otra cosa: destacó un par de Padilla
al segundo, de dentro a fuera, mientras que cuarteó discretamente en los otros
dos; El Fandi colocó una buena moviola al primero tras un intento fallido y
Esplá ganó la carrera hacia las afueras al tercero, que tenía muchos pies.
En cuanto a otras formas de toreo, las hubo, pero distantes de la emoción
que caracteriza a lo auténtico. Esplá estuvo porfión ante el derrotar
constante de su enemigo, Padilla desarrolló una labor recia ante un toro que
embestía rebrincado y se cayó por falta de fuerzas, por lo que optó por el
medio pase encimista y a grito pelado.
Lo de El Fandi fue harina de otro costal: el toro, aboyancado, sin fijeza y
mal lidiado, cambió en banderillas, donde desarrolló fuerza y genio. El
granadino intentó someterlo por bajo, pero perdió la partida después, cuando
no fue capaz de librarse de enganchones y toreando en línea y hacia fuera; los
adornos, pueblerinos, surtieron seguro efecto.
Según iban las cosas, el tercio de banderillas duró tres toros, hasta que
en el cuarto Esplá quiso torear. Fácil en el segundo tercio, empezó por alto,
probó por naturales y consiguió dos series con la derecha sometiendo la
embestida; menos mal, porque no hubo más, ya que el anovillado enemigo se quedó
corto y derrotando.
Tras esta cicatera dosis de toreo, vino la porta gayola de Padilla que, antes
de empezar la faena, se encaró con un espectador invitándolo a bajar o a
callarse, chulería, no por habitual, menos reprobable. Se inflamó la pasión,
porque el toro tenía genio y Padilla se peleó por bajo, siguió toreando según
andaba y recetó una serie de rebanás, eléctrico y en movimiento
perpetuo. Se aquietó en unos naturales y se vio apurado ante la codicia del
toro que se lo llevó por delante, cayendo de mala manera. Fue conducido a la
enfermería de donde salió raudo para matar.
Fandila saludó al sexto con dos largas cambiadas, dos verónicas
arrodillado, varias de pie y media otra vez de rodillas. Quitó por lopecinas,
se asomó al balcón en el primer par, se le cayó el violín, lo puso después
y remató con un par por los adentros. Juventud, divino tesoro: la sola
enumeración cansa.
Brindó al público muleta al hombro y sable en mano, cual mariscal en
desfile, y toreó inquieto por naturales y más reposado con la derecha hasta
recortar peligrosamente el recorrido y terminar en un barullo al que siguió un
desplante y, todavía, algunos molinetes de rodillas. Demasiadas revoluciones.
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