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Feria de San Lucas
JAEN
Tarde del viernes, 17 de octubre de 2003
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de María José Barral, bien
presentados. Noble pero justo de fuerzas el primero. De escasa fortaleza el
segundo. Manejables tercero y cuarto. Sin recorrido el quinto. Manejable, pero
apagándose pronto, el último.
Diestros:
Entrada: dos tercios de entrada.
Crónicas de la prensa:
ABC, TorosComunicacion,
Diario de
Sevilla
TorosComunicacion.
FRANCISCO MATEOS. El Fandi arrolla en la Feria
de Jaén
Una de las corridas más esperadas del ciclo de Jaén tiene una lectura muy
clara: El Fandi arrolló, Finito se justificó y Morante desencantó. Si a ello
le añadimos un encierro de Barral escaso de casta pero en el que al menos se
dejaron torear tres astados, tendríamos el telegrama escueto del balance del
festejo.
El Fandi estuvo pletórico de facultades, técnica e ideas en la tarde del
coso de La Alameda. A sus dos astados los recibió de largas cambiadas en el
tercio. En los dos sobresalió su tercio de banderillas, un compendio de
solvencia, facultades físicas y depuradísima técnica para buscar el embroque
en el momento más opotuno y emocionante. Los tendidos -que al menos en esta
ocasión se llenaron en sus dos terceras partes- no pararon de aplaudir y hasta
en su segundo astado le pidieron que colocara un cuarto par, a lo que accedió
el granadino. Simplemente estuvo perfecto en banderillas.
La faena a su manejable primero fue de mucha entrega, aunque la línea de
emoción del trasteo dibujó una curva descendente, en parte porque el toro se
iba apagando, en parte porque el torero consintió que el astado terminara en
toriles. Construyó una primera mitad de faena de muletazos largos y engarzados.
La parte final fue de parón y de cercanías, con alardes valerosos ante un
animal apagadito. Tras estocada y descabello cortó dos orejas. Mismo balance
obtendría en el sexto, un toro más deslucido con el que lo intentó todo.
Faena de altibajos, con muletazos de uno en uno para no terminar de asfixiar al
parado toro. La estocada y la entrega de El Fandi tuvieron como recompensa del público
dos orejas más.
Finito toreó con gusto al primero, quizá el toro con más clase en la
muleta, pero al que le faltaba emoción por la falta de fuerzas. Juan lo
aprovechó, sin obligarle aunque ligando buenos muletazos. Todo lo hizo suave el
cordobés. Tras la estocada, una oreja. Otra cortó del cuarto, que entraba a
veces en la muleta rebrincado y con un molesto cabeceo, pero tenía un fondo de
nobleza y humillaba. Finito lo entendió muy bien, le dio sitio y tiempo entre
muletazos y logró así hilvanar naturales de mucha clase. Los de pecho que
abrochaban las series fueron bellísimos.
No fue la tarde de Morante. El torero sevillano se empeña en mostrar
claroscuros drásticos, en hacerse con el tarro de las esencias que o está
tapado o destapado, pero nunca a medio destapar, el todo o la nada, recordando a
veteranos maestros que lo hacían cuando su DNI marcaba más de 50 años; él
apenas pasa de los 25. En un escalafón tan ausente de buen toreo, la calidad de
Morante hace que muchos le sigamos, pero no debe aprovecharse de esa confianza.
Su primero tenía pocas fuerzas, pero Morante no hizo nada por ayudarlo; que en
Jaén -público agradecido- le peguen la bronca que le regalaron debe hacerle
pensar en su juventud. Obligado a hacer un esfuerzo en el quinto, que embistió
poco, Morante lo intentó, pero todo quedó deslucido.
ABC.
ROSARIO PEREZ. El Fandi desata
pasiones con las banderillas y sale a hombros con Finito
Hervía la plaza. El entusiasmo
convirtió los oles en bramidos. Sucedió en el tercero. Pisó El Fandi el ruedo
y desató pasiones. Lucido y variado con el capote en el saludo: larga cambiada
desde el tercio, verónicas de rodillas y en pie, chicuelinas, serpentina y un
espectacular quite. Si los tendidos estaban entonces en ebullición, en
banderillas se tornaron en un auténtico volcán. El primer par, corriendo hacia
atrás, estupendo; el segundo, excelso, y el tercero, al violín por el pitón
izquierdo, superior. Por si acaso la dosis de exposición y facultades no había
sido suficiente, jugó después con su oponente con recortes y desplantes que
levantaron al público de las gradas. La locura, el delirio... Pero David
Fandila agarró la flámula y el tono decayó. Voluntarioso al máximo, los
muletazos carecieron de profundidad. Trasteo sobre ambas manos en el que la
entrega fue su mejor arma. Alcanzó los instantes más jaleados en el epílogo,
con un par de molinetes de rodillas y un desplante a cuerpo limpio. Pese a que
no anduvo fino con la espada, paseó dos trofeos.
Brillante de nuevo con el capote y sencillamente magistral en los cuatro
pares de rehiletes que colocó en medio de los gritos de «¡torero, torero!».
Aunque la faena careció de emoción por la falta de chispa de su rival, ejecutó
una estimable tanda zurda. Cazó una efectiva estocada y la plaza se transformó
en una siembra de blancos pañuelos. Dos orejas más, la segunda excesiva.
Se gustó Finito en las verónicas con que recibió al toro que abrió el
festejo, un noble animal que flojeó desde los inicios. Juan Serrano lo sacó
con suavidad de las tablas en una labor bien estructurada donde se vislumbró su
clase. Así sucedió en la serie diestra inaugural y en unos largos derechazos
de la siguiente. Sin embargo, en determinados momentos toreó demasiado
despegado, como en los naturales. Fue premiado con una oreja tras una certera
estocada. Notable resultó su obra al cuarto, que, a pesar de su escasa
fortaleza, poseía calidad, como calidad contuvieron muchas de las series que
Finito dibujó por ambos pitones. Conquistó el premio que le descerrajaba la
puerta grande.
Un achuchón sufrió Morante en los lances de recibo al segundo, que blandeó
en exceso y se paró totalmente tras el tercio de varas. Como buscar el camino
hacia la gloria quedaba abortado, el sevillano no instrumentó ni una serie.
Unos cuantos derechazos y cogió la espada, lo que provocó el enfado del
respetable. Palmas para el toro en el arrastre -no venían a cuento- y sonora
bronca para el torero. Tampoco fue un dechado de virtudes el quinto, con un
cabeceo perenne que deslucía los muletazos. Aun así, el de La Puebla intentó
hacer faena, aunque no encontró eco en los tendidos.
Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Apoteosis
banderillera de El Fandi en tarde triunfalista
En una corrida de escaso brillo artístico y
triunfalista, los momentos álgidos corrieron a cargo de El Fandi,
fundamentalmente en un apoteósico tercio de banderillas en el último toro de
la tarde. El granadino, que desorejó a sus dos toros, fue el triunfador de un
festejo en el que Finito cortó una oreja a cada uno de sus oponentes y Morante
se marchó de vacío. Los astados de Barral, en conjunto bien presentados,
fueron manejables y carecieron de fuerzas. Todos ellos cinqueños, a excepción
del que cerró plaza, cuatreño.
Finito cumplió sin más ante el mejor lote. Oficio y técnica. Pero ni la más
mínima chispa de pasión. Al primero, un toro flojo, noble y repetidor, lo
recibió con bellas verónicas. En las rayas, faena entonada en la que únicamente
se acopló por el pitón derecho. Sobraron un desarme y varios enganchones por
el izquierdo. Mató en el primer envite para cobrar la primera oreja del
festejo.
También flojo y noble fue el cuarto. En este caso, Finito no brilló a la verónica.
Dentro de una labor sosa, consiguió algunos muletazos sueltos de calidad por
ambos pitones.
Morante tuvo en suerte el peor lote. A su primero, que acabó siendo un
marmolillo, lo finiquitó de inmediato en medio de una pitada. Con anterioridad
vivió un momento de peligro cuando el animal se le venció por el pitón
derecho en una verónica. Con el quinto, un astado incómodo, se estiró en unas
rítmicas verónicas. Con la franela, porfión, no logró nada destacable.
El Fandi arrasó siempre, fiel a su espectacular tauromaquia. Fundamentalmente
en banderillas. A ambos toros los recibió con largas cambiadas de rodillas en
los tercios. Y derrochó voluntad con su variedad capotera -verónicas de pie y
de rodillas, largas, chicuelina, caleserina, tafalleras, revoleras, galleos...-.
Con la muleta, faena muy de cara a la galería ante el manejable tercero. Y ante
el sexto, con el toro apagado, se entregó en un trasteo meritorio en el que
exprimió al astado; ya agotado de por sí tras el segundo tercio.
Pero la cumbre de El Fandi, ayer, estuvo en el tercio de banderillas. Si al
tercero le prendió un par de aúpa tras un recorte, otro a la moviola y un
tercero al violín de manera templada y con una facilidad asombrosa, en el sexto
puso al público en pie, que le pidió incluso la vuelta al ruedo tras el
tercio. Un tercio asombroso. Colocó dos pares a la moviola inverosímiles por
el portento de facultades físicas y las ventajas al toro. Otro al violín fue
sumamente espectacular tras correr media plaza. Y un cuarto, de propina, rezumó
torería: corriendo hacia atrás -moviola- llegó a adornarse en la misma cara
del toro y lo fue parando hasta prender los palos con el animal totalmente
entregado.
Es espectáculo hirvió en un triunfalismo excesivo, en tarde de apoteosis
banderillera de El Fandi, que arrasó con su generosa entrega
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