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Feria de San Lucas
JAEN
Tarde del miércoles, 15 de octubre de 2003
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Hermanos Rubio (bien presentados y serios). 

Diestros

Entrada: Un cuarto de entrada. 

Crónicas de la prensa: ABC, TorosComunicacion


ABC. ROSARIO PEREZ. La autenticidad del toreo de El Cid

Tarde tras tarde, un desolador panorama envuelve los despoblados tendidos del coso jiennense de La Alameda. Y eso que el empresario Paco Dorado, con su sello de romántico y bohemio, trata de confeccionar interesantes combinaciones, aunque tal vez sobren fechas. Ayer no era un cartel de relumbrón, pero hacían el paseíllo dos de los matadores andaluces con un concepto más puro del toreo: José Luis Moreno y El Cid. Esperemos que a partir de hoy, en el inicio del tramo fuerte del ciclo -conocido ya como «Feria de San Lucas y cierra España»-, y con la llegada de toreros de mayor renombre, los graderíos adquieran más colorido.

Se podrá torear más bonito o florido, pero no con tanta verdad como lo hizo ayer El Cid con el manso tercero: pagó su valor y su entrega con una espeluznante voltereta. Ocurrió en el epílogo de la obra, cuando, de frente y por derecho, agarró la flámula con la mano de los naturales. Desde el principio se atisbó que por ese lado el animal no tenía un pase, como así sucedió. Al primer intento, El Cid resultó cogido, afortunadamente, sin consecuencias. Antes había trazado unos derechazos de enorme mérito. Mayores opciones ofreció el sexto, con el que Manuel Jesús construyó una extraordinaria obra, presidida por la autenticidad de todos y cada uno de sus pases y pasos. Bella faena, con la figura derecha, los pies asentados y mando en las telas. El sevillano metió en el canasto al enemigo en cuatro tandas diestras, que contuvieron muletazos largos y templadísimos. También obtuvo una destacable ronda al natural. Y de nuevo llegó otro susto, cuando en un eterno circular el astado se paró y lo prendió. Valiente, regresó a la cara del animal, y esta vez sí manejó con acierto la tizona. De esta manera, El Cid coronó con una puerta grande, plena de vergüenza torera, su notable temporada.

Si lentas fueron las verónicas del saludo de Moreno, más aún lo fueron las chicuelinas del quite a «Bailaor» -ya hay que tener mal gusto en la hora del bautismo-, un excelente toro de Hermanos Rubio Martínez, con el que el cordobés estuvo a la altura. Dejó constancia de la clase que atesora con una compacta faena, principiada con un par de reseñables series diestras y centrada después en el noble pitón zurdo de su antagonista, al que extrajo enjundiosos naturales, firmes pectorales y dos toreros pases del desprecio. La media estocada precisó del uso del verduguillo, y eso enfrió los ánimos del respetable. Destellos de calidad brotaron también de sus muñecas con el astifino cuarto, que desarrolló complicaciones. Pese a que continúa sin afinar su espada, deberían darle más cancha en las ferias, pues posee un macizo concepto que merece la pena seguir, como se vislumbró en una ronda a derechas de estupendo corte.

Manseó en los compases previos el segundo, que intentó saltar la barrera. Jesús Millán se dobló con poderío en los comienzos. Fue lo mejor de un voluntarioso trasteo, en el que descompuso los muletazos en varias ocasiones. Basó su faena al quinto en el pitón derecho, el más potable. Tarea ardua fue hallar la brillantez.


TorosComunicacion. FRANCISCO MATEOS.  El Cid impone su toreo puro y firme y sale por la puerta grande de Jaén

El Cid sigue pisando fuerte en una nueva buena temporada y con un extraordinario final de temporada. Parece que es ahora cuando más se divierte toreando. Porque divertirse fue lo que hizo en el sexto, un astado que fue a más pero porque la faena de El Cid así fue. El toro no era tan claro, pero en las manos de El Cid -dicen algunos que tiene suerte en los sorteos; ¿o es que su toreo largo, profundo, puro y templado hace que le sirvan más toros?- pareció que iba a mejor. La firmeza de zapatillas atornilladas al albero del sevillano, el temple de su muñeca y la largura de los muletazos fueron cogiendo peso específico hasta que brotaran tandas de muletazos muy largos, sobre todo por el pitón derecho, que enseguida llegaron a los tendidos. El torero disfrutaba y todos disfrutábamos con un toreo tan puro, sin ningún tipo de adorno superfluo; simplemente puro toreo, el de siempre. Cuando más abandonado estaba, al tratar de dar un derechazo tan largo hasta querer convertirlo en un redondo, el toro le levantó los pies y se llevó una fuerte paliza. Mató de estocada trasera y ganó dos orejas.
 
En su primero se gustó en algún lance con el capote. Manso el astado, con brusquedad y peligro, siempre estuvo más pendiente de medir la figura del matador que de seguir la muleta. Expuso, no obstante El Cid, manteniéndolo en las afueras en contra de la querencia de toro de huir a tablas. Logró vibrantes muletazos porque se veía venir la voltereta; y llegó. Fue toda una paliza de la que el toreo salió con la taleguilla medio destrozada pero sin herida. No hiló fino con los aceros y dio la vuelta al ruedo.
 
El otro momento destacado de la tarde fue la faena de José Luis Moreno a su primero. El toro tuvo calidad en la embestida, con recorrido y humillando. El cordobés así lo entendió y lo cuajó en el toreo al natural. Fueron fluyendo los muletazos profundos y lentos, así como los chispazos de pellizco en los torerísimos remates. Con los aceros se retrasó el triunfo y Moreno perdió la oreja del toro.
 
 Jesús Millán no tuvo buen lote. Cierto. Pero en el manso segundo, que quiso saltar al callejón, salió suelto de los lances y esperó en banderillas, tampoco terminó de entregarse y desistió del intento antes de lo que se esperaba. En el quinto, reservón y a la defensiva, Millán se entregó mucho más, pero fue imposible que el torero maño sacara partido; bueno sí, no haber sido volteado, porque el toro olía a hule.

 

 

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