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Feria de San Lucas
JAEN
Tarde del martes, 14 de octubre de 2003
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Centeno Guerra (bien presentados y mansos). 

Diestros

  • César Girón (palmas tras tres avisos y vuelta al ruedo).

  • Octavio Chacón (ovación tras aviso y oreja).

  • Curro Jiménez (vuelta tras leve petición y ovación tras aviso). 

Entrada: Menos de un cuarto de entrada. 

Crónicas de la prensa: ABC, TorosComunicacion


ABC. ROSARIO PEREZ. Un cúmulo de desprópositos

Tarde y mal arrancó la segunda novillada de la Feria de San Lucas. Por la mañana había caído un auténtico diluvio y el encharcado estado del ruedo hacía presagiar la suspensión. Hasta las seis y cinco no hubo la mínima intención de arreglar el piso de plaza. Fue a esa hora cuando comenzaron a acondicionarlo, despacito y sin prisas. Total, que el espectáculo inició con treinta minutos de retraso. Y el prólogo no pudo ser peor: el novillo inaugural derribó al caballo; su lidiador, César Girón, bastante verde, oyó los tres avisos; los cabestros, en lugar de contribuir a la vuelta del novillo a los corrales, se ensañaron con él, y al final hubo de ser apuntillado en el ruedo; para rematar la faena la banda empezó a tocar cuando el toro yacía en la arena y las mulillas se resistían a llevarlo al matadero, mientras los despoblados tendidos entraban en cólera. Todo un despropósito.

Menos mal que salió un entregado Octavio Chacón y caldeó el ambiente con curiosos lances y una media arrebujada a la cadera. Después, con la flámula, ejecutó una estimable labor, pero estuvo desacertado con la espada.

Apareció el tercero, «Jolgorio» de nombre y con ciertas complicaciones, y aquello se convirtió en otro infierno. En tres ocasiones se adueñó el «¡ay!» de las gargantas. Curro Jiménez fue arrollado en el saludo, en el quite -de feísima manera- y en el epílogo de faena cuando, atropellando la razón, cerca de toriles y a favor de querencia, intentó adornarse de rodillas. Un milagro que todo no terminase en tragedia.

No mejoró demasiado el espectáculo en la segunda mitad. Girón, nieto del maestro del mismo nombre, se mostró mucho más asentado con el noble cuarto, al que extrajo algún muletazo bello y templado. Claro que tampoco faltaron las lógicas lagunas.

La única oreja

Trató de lucirse Chacón en las verónicas con que recibió al quinto, más justo de fuerzas que sus hermanos y que, por ello, se defendía con un perenne cabeceo. El gaditano, dispuesto, se esforzó por agradar. Pespunteó una labor en la que hilvanó un par de series -una con cada mano- de buen tono, aunque, como sus compañeros de cartel, por momentos no se cruzó lo suficiente. Vio recompensada su entrega con una oreja.

Un espontáneo

Todavía quedaban más cosas por presenciar. Marcaba el rejol las nueve menos veinticinco de la noche y un joven, enfundado en un pantalón gris y una camisa blanca, impoluta, saltó desde el callejón al ruedo, era Manuel Ocaña, El Sombrerero en los carteles. De esta guisa, y cuando la temporada se evapora, reivindicaba este novillero un contrato en la feria en la que debutó con picadores. Un trío de pases pegó y abandonó el coso después de fundirse en un emotivo abrazo con Curro Jiménez, a quien correspondía dar muerte al sexto astado. El de Priego de Córdoba anduvo más voluntarioso que brillante ante un soso enemigo


TorosComunicacion. FRANCISCO MATEOS.  Octavio Chacón corta el único trofeo en Jaén en una tarde marcada por el mal tiempo y las complicaciones del ganado

Qué distinta la novillada de Centeno Guerra a la del día anterior. Sin lugar a dudas, lo de 'Guerra' le viene que ni pintado, porque entre que el piso de la plaza estaba hecho un verdadero campo de batallas por la lluvia caída durante todo el día y las complicaciones de los astados -sobre todo los tres primeros-, aquello pareció una battalla que quedó saldada con tres avisos para César Girón y una tremenda paliza a Curro Jiménez por parte de los novillos, y con el corte de una oreja de Octavio Chacón por parte de los toreros. Altas y bajas, en definitiva, en las dos tropas.

El asalto más duro de tragar le tocó a César Girón. Se llevó en primer lugar el más complicado, un novillo que no se entregó nunca, que quedó enterito tras las varas y que no pasaba en la muleta. A la hora de entrar a matar no se paraba y el torero sevillano pasó las de Caín. Por mucha voluntad que puso, los avisos iban cayendo... hasta el tercero. Un accidente, y la gente así lo entendió y le tributó una fuerte ovación. Se desquitó en cierto modo en el cuarto, que medio se dejó en la muleta, aunque no fue fácil. Buenas y templadas tandas de derechazos que dejaron entrever a un torero de buen corte al que le falta mayor continuidad.

Octavio Chacón ya sabía lo que es triunfar en esta plaza. En su primero se hizo aplaudir de capa. El novillo no humilló en la muleta, con poco recorrido. Chacón, animoso, demostró suficiente oficio y tablas para superar la prueba con éxito. El quinto, aunque tenía poca clase, permitió a Chacón gustarse en algunas fases del trasteo. Para lograr los buenos muletazos fue decisivo la firmeza de zapatillas. Cortó la única oreja de la fría tarde.

Curro Jiménez, un chaval cordobés de frágil estampa pero hecho en la Escuela de Jaén, derrochó voluntad durante toda la tarde. Se llevó una monumental paliza en el tercero, que lo volteó fuertemente dos veces con el capote y una tercera vez más en la muleta, quedando el torero medio KO. Está verde aún, pero logró en el sexto algunos muletazos; habrá que darle tiempo.

 

 

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