El toro de Tornay que abrió plaza
ofrecía las orejas en bandeja a Rivera Ordóñez que, despegadillo, sólo
consiguió como premio una ovación del buen público oscense. Otro buen
toro fue el cuarto, al que muleteó sin apreturas y al que cortó una
oreja por los desplantes y molinetes de rodillas. Lo mejor lo hizo su
subalterno Hipólito, que templó con mimo la embestida durante el
segundo tercio.
Morante de la Puebla, sin el mínimo asomo de pundonor, dejó que su
picador se cargara al segundo. Allí acabó todo. La faena de muleta fue
un lamentable simulacro, sin que al torero parecieran importarle mucho
las constantes protestas del público. El sevillano se contagió de la
vulgaridad de sus compañeros frente al flojo pero noble quinto. (Pitos
y silencio).
Miguel Abellán anduvo bullidor y al calor de las peñas con el manso
y flojito tercero, en una labor que fue pura bullanga. Fue arrollado de
forma espeluznante por el sexto, que después fue devuelto a los
corrales. Con el sobrero de Tornay volvió a destacar por su ánimo.
(Oreja y palmas).
La vulgaridad imperó ayer en el coso de Huesca, en un festejo en el
que la terciada corrida de José Luis Pereda, con los remiendos de
Tornay, sin ser nada del otro mundo, mereció mejor trato por parte de
la terna.