Puede sentirse orgulloso Tomás Luna del trato que le dispensaron sus
paisanos en la tarde de su alternativa. Más que apoyo hubo pasión en
los oscenses, que se rompieron las manos de aplaudir durante la emotiva
ceremonia del doctorado; pasión tomasista por el primer matador de
toros que ha dado esta tierra.
Al chaval se le notaron los nervios -no era para menos con Ponce y El
Juli al lado y el cartel de «no hay billetes» colgado en las
taquillas- y lo poco placeado que está, pero suplió las lógicas
carencias con entusiasmo ante un toro con picante al que muleteó
decidido por uno y otro pitón. No faltaron adornos, aunque sí acierto
con la espada, y aún así dio una aclamada vuelta al ruedo.
Salió a por todas ante el sexto y lanceó bien a la verónica. Sus
peones Pablo Ciprés y Jesús Arruga cuajaron un excelente tercio de
banderillas, tras el que el nuevo matador se fue a brindar a su gente.
El toro, bueno; y el torero más asentado y siempre entregado y alentado
por los suyos. Faena vibrante rematada de un estoconazo y más pasión
oscense. Dos orejas y salida triunfal a hombros junto a El Juli.
El primero de Ponce, que fue bravo en el caballo, se apagó e hizo
imposible que el valenciano le diera un sólo muletazo en el último
tercio.
Se volvió a repetir la misma historia con el cuarto, que se empleó
bien ante la cabalgadura. El hilito más de fuerza que tenía permitió
a Enrique Ponce insistir en una labor en la que todo lucimiento, no
mucho, la verdad, fue mérito del matador, que estuvo como si un triunfo
ante ese toro le fuera a resolver la temporada.
AL ROJO VIVO
El Juli también levantó pasiones a partir de un quite por
navarras en el tercero. Con las banderillas puso la plaza al rojo vivo y
con la muleta aprovechó las idas y venidas de un toro mansote que al
final se rajó y buscó descaradamente los terrenos de chiqueros. Allí,
El Juli, le plantó cara con molinetes de rodillas que le sirvieron para
cortar la primera oreja de la tarde.
El quinto, descoordinado de patas y manos, se fue para los corrales.
El sobrero, todavía peor, siguió el mismo camino. El segundo sobrero,
del mismo hierro de Fuente Ymbro, puso en aprietos a El Juli con el
capote. Fue un lapsus, porque con las banderillas el joven madrileño
tragó y clavó con torería.
Hubo afanes novilleriles en una faena de muleta que caló fuerte en
los tendidos. Estocada corta con el toro rodado sin puntilla y dos
orejas, la segunda demasiado pasional o apasionada.
Al final, la tarde del día grande de las fiestas de Huesca se saldó
con el semblante feliz de un joven matador de toros que ayer cumplió el
sueño de su vida.