GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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TOROS EN HUELVA

Plaza de la Merced
TEMPORADA 1999

Día de Andalucía´99

FERIA TAURINA DE COLOMBINAS 1999: 
carteles, resultados y crónicas

II Ciclo de Novilladas sin Picadores en Clases Prácticas
organizada por la Escuela de Tauromaquia 'La Merced'

Sábado, 16 de octubre '99. 'Angelete',  Jesús Márquez, Jesús Jimeno, Rafael Torres y Damián Rodríguez. A las 17.00 h.

Domingo, 17 de octubre '99. Se lidiaron novillos de Aruci, Federico Molina, Los Guateles y dos de José Ortega, de variada presentación y juegoVicente Fernández (ovación tras aviso),  Curro Cortés (oreja), José María Pérez Marín (oreja tras aviso), Tayra Nono (oreja) y Javier Morano (oreja). A las 12.00 h. La plaza registró más de medio aforo cubierto en mañana de mucha lluvia. El novillero japonés salió feliz pero maltrecho de su debut ya que el novillo también hizo de las suyas.

Sábado, 23 de octubre '99. Fernando Toronjo (rejoneador) y 4 erales para los dos triunfadores de las novilladas anteriores. A las 17.00 h.

Los erales que se van a lidiar son de las siguientes ganaderías: Miguel Báez 'Litri', Concha y Sierra, Arucci, Hnos. Domínguez Camacho, José Ortega, Federico Molina, Hnos. Rubio Martínez, Manuel Ángel Millares, Hijos de Celestino Cuadri, Diego Garrido y Guadalest.


FERIA TAURINA DE COLOMBINAS´99
CARTEL,  RESULTADOS CRÓNICAS

Premios Tertulia El Litri
Trofeo "Navegante" al triunfador de la feria:   JOSÉ TOMÁS
Trofeo "Ciudad de Huelva" a la mejor faena:   MIGUEL BÁEZ "LITRI"
Trofeo al mejor toreo de capa:  JOSÉ TOMÁS
Trofeo al quite más artístico:  MORANTE DE LA PUEBLA
Trofeo a la mejor estocada:  MIGUEL BÁEZ "LITRI"
Trofeo a la faena más emotiva:  MIGUEL BÁEZ "LITRI"
Trofeo al mejor par de banderillas:  LUÍS CARLOS ARANDA, de la cuadrilla de Miguel Abellán.
Trofeo al mejor rejoneador:  ANDY CARTAGENA
Trofeo al mejor toro:  GUISADOR, nº 28, de la ganadería de José Luís Pereda.
Trofeo a la mejor brega:   Desierto
Trofeo al mejor puyazo:  Desierto

Trofeos El Cabezo
Trofeo "El Cabezo" al triunfador de las Colombinas´99: José Tomás
Trofeo al mejor toreo de capa: Curro Romero
Trofeo a la mejor faena: Litri
Trofeo a la mejor estocada: El Juli
Trofeo al mejor rejoneador: Andy Cartagena

Viernes, 30 de julio:  Final de triunfadores del Ciclo de Novilladas sin Picadores que organizan la Asociación Andaluza de Escuelas de Tauromaquia "Pedro Romero" y la Fundación Andaluza de Tauromaquia.  Organizada por la Escuela de Tauromaquia "La Merced" de Huelva.  Televisada por Canal Sur TV. Crónica del Diario de Andalucía.Diario de Andalucía. Crónica de La Voz de Huelva

Sábado, 31 de julio: Cinco toros de Hnos. Tornay y uno de Sampedro, para Curro Romero (oreja y palmas), José Tomás (oreja tras aviso y dos orejas) y Morante de la Puebla (palmas y ovación tras aviso). Crónica del Diario de Andalucía. Crónica de La Voz de Huelva.

Domingo, 1 de agosto:  Corrida de rejones.  Toros de Arucci (buenos en general), para Fermín Bohórquez (oreja y vuelta), Pablo Hermoso de Mendoza (ovación y ovación) y Andy Cartagena (ovación y dos orejas). Crónica del Diario de Andalucía. Crónica de La Voz de Huelva.

Lunes, 2 de agosto:  Toros de Gabriel Rojas (sin fuerza) para Emilio Muñoz (silencio y palmas), Emilio Silvera(vuelta y silencio) y Miguel Abellán (palmas tras aviso y palmas).  Televisada en directo a través de Canal Sur TV. Crónica del Diario de Andalucía.Diario de Andalucía. Crónica de La Voz de Huelva.

Martes, 3 de agosto:  Toros de José Luis Pereda (bien presentados excepto el 1º, justos de fuerza, con juego), para Miguel Báez "Litri" (saludos desde el tercio y 2 orejas con leve petición de rabo), Enrique Ponce (oreja y oreja con petición) y Julián López "El Juli", que debutaba en plaza (oreja con petición y dos orejas). Cartel de "no hay billetes". Crónica del Diario de Andalucía. Crónica de EFE  Crónica de La Voz de Huelva

Miércoles, 4 de agosto:  Espectáculo cómico-taurino-musical del Bombero Torero, en cuya parte seria actuará el becerrista onubense Damián Rodríguez; alumno de la Escuela de Tauromaquia "La Merced" de Huelva.

A las 7:30 de la tarde, excepto el dia 2 de agosto, que comienza a las 7
Empresa Alcoeste, SL (Telf. 959 281500)

COLOMBINAS 1999
CRÓNICAS DE LOS FESTEJOS

diarioandalucia.jpg (22376 bytes)  Edición del 4 de agosto de 1999.  Tarde para el recuerdo

Así da gusto ir a los toros, con unos astados que, salvo los primeros, dan un variado juego y unos toreros que se esuerzan e intentan superar al compañero. La tarde de Huelva ayer queda para el recuerdo. Era corrida de alta responsabilidad. El debut de El Juli puso el primer triunfo: ‘No hay billetes’. Los toros de Pereda, con buena nota de media. Y los toreros aprobados con nota alta. Litri se despidió de su plaza, como merecía, entre el clamor de sus paisanos que lo llevaron a hombros, como es tradición, hasta su casa, flanqueado por los dos compañeros de cartel.

No tuvo suerte Litri con el primero de su lote, un ensabanado muy cortito de todo; de casta, de clase, de fuerzas,... y de pitones. Estuvo en todo momento esforzado, muy metido en sacar partido por el pitón izquierdo, pero el animal, más que embestir, entraba a la muleta a trompicones, sin ningún estilo. Mató de media atravesada y unas palmitas acompañaron al torero hacia la barrera.

El cuarto puso el mejor final a la taryectoria de este Litri en el coso mercedario. Noble, con fijeza, transmisión y recorrido, que siempre fue a más, con mucha fijeza, el mejor astado de Colombinas. Y Litri, que lo brindó a la plaza que tanto le ha seguido, se hartó de torear a gusto, de sus mejores faenas, con mucho temple. Por el derecho cuajó al ejemplar de Pereda, digno colaborador en el triunfo, acoplándose perfectamente, tirando con suavidad. Cuando cogió la muleta con la zurda el viento le molestó y tomó ciertas precauciones, sin ajustarse de la misma forma. No faltaron destellos de gran clase, como un precioso pase por bajo. Terminó con unas apretadas manoletinas, con su clásica mirada al tendido, así como un desplante de rodillas, de espalda al toro y tirando espada y muleta. Se volcó y agarró una buena estocada. Se concedieron las dos orejas entre el clamor del apasionado público.

El colorao que le tocó por delante a Ponce tuvo alguna movilidad que sólo duró un suspiro. Tras una única vara y dos pares de banderillas, el astado, noble pero sin fuerzas, admitió los primeros muletazos a media altura del valenciano –que había brindado la muerte del astado a Litri, con quien le une una gran amistad–, para después ir buscando el abrigo de las tablas y decir nones a la muleta. Ponce, pulcro en una faena técnica y medida; no cabía hacer más. Mató de estocada buena, algo trasera, más un golpe de cruceta, lo que le valió una benévola oreja.

Se puso el mono de trabajo en el quinto, que se movió pero con complicaciones, y sólo un torero como Ponce, con su amplia técnica, es capaz de estar con ese toro como estuvo, en tandas más ligadas de lo que el toro a priori permitía. Se empleó a fondo el torero y hasta sufrió una tragantá que no lo amilanó, sino que siguió tragando hasta ganarse a ley la victoria en la pelea. La estocada cayó bastante caída y eso restó puntos para el segundo trofeo.

El Juli goza del fervor popular y eso siempre juega a su favor. Al menos, de momento, porque, tal y como se ha visto con Hermoso de Mendoza en estas mismas Colombinas cuando no sacó al famoso Cagancho, puede resultar un arma de doble filo, ya que la gente le exige siempre todo: la variedad de los quites, las banderillas, la chispa de la muleta,... Y todo eso siempre no puede ser. A ver cómo hace Julián para no poner banderillas cuando toda una plaza es un clamor exigiéndolo. Ayer el primer astado admitió toda esa variedad del madrileño, que se lució con el capote, puso banderillas de forma brillante –los tres pares por el mismo pitón– y, con mucha suavidad, logró extraer tandas equitativas por ambos pitones. Variado y medido, dejando las últimas embestidas –comenzó a defenderse y a cortar el viaje– para unos detalles artísticos. Un pinchazo y una contundente estocada caída fueron la rúbrica para obtener una oreja.

Salió lanzado hacia el triunfo en el sexto –que brindaría a Litri padre e hijo–, pletórico con capote y banderillas –los tres pares otra vez por el pitón derecho–, formando un revuelo de clamor, con las palmas echando humo. En la muleta valentísimo, con una cabeza privilegiada para hacer en cada momento lo más oportuno. Y no era tan fácil el toro, con picantito, que tuvo que exponer el muchacho, arrebatado de valor y técnica. Terminó con manoletinas de pie y hasta de rodillas las últimas. Pinchazo y gran estocada para cortar las dos orejas.

FRANCISCO MATEOS

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes) Edición del 3 de agosto de 1999.   Abúlica tarde de toros

Lo que son las cosas. Lo mejor de las Colombinas del pasado año, con diferencia sobre todo lo demás, fue la corrida de toros que lidió Gabriel Rojas, por presentación, juego y resultado. Un año más tarde, con el premio de comparecer de nuevo en este coso, ha sido, a falta del festejo final de Feria de esta tarde –el de mayor expectación–, el peor encierro lidiado. Todos los astados evidenciaron el mismo comportamiento: falta de casta y clase –alguno desarrolló más nobleza, aunque rayando en la bobaliconería–, venidos a menos, muy limitados de fuerzas y parándose en la faena, con varios rajándose y abrigándose en tablas. El único que medio se dejó fue el segundo, con el que estuvo entonado Silvera. Con tan nulo y soso material, los distintos intentos de brillo de los tres espadas se frustraron.

Dos trompazos de padre y muy señor mío se pegó el primero en las tablas –en el segundo envite destrozó de cuajo parte de la barrera–, además de un desmedido primer puyazo, acción que fue recriminada por el diestro a su propio picador. Es lógico, por tanto, que llegara a las muñecas de Emilio Muñoz en la faena de muleta mermado de facultades, cuando el astado de Rojas, muy noble, tampoco estaba sobrado de fortaleza física. Apenas dos tandas suavitas, en las que un derechazo fue bueno y lento, duró el astado, que se paró y terminó por echarse completamente, sin dejar opción a su matador a ejectar la suerte que le otorga dicho nombre.

Al cuarto lo cuidó y midió mucho más Emilio, tanto en varas como en banderillas. Se dobló por bajo con él, fajándose para las afueras a la par que comprobaba el desplazamiento del ejemplar de Rojas por ambos pitones. Pero este toro también continuó el mismo tono de la corrida del hierro sevillano: tras la primera tanda se vino a menos, rajándose y buscando el abrigo de las tablas, además de pararse y dejar de embestir. A partir de ese momento, cualquier intento del diestro trianero por lograr algún muletazo resultó en vano. Un feo bajonazo puso fin al soso y abúlico trasteo.

El segundo de la tarde siguió la estela del primero que salió por chiqueros y se llevó consigo una de las dos hojas del portón de toriles, además de romper una tabla de un burladero. Fue manejable en conjunto, desplazándose mejor, con mayor profundidad y recorrido, por el pitón derecho. Silvera, que goza en Huelva de un cariño especial por parte de sus paisanos, que le jalearon con palmas instantes antes de recibir al ejemplar de Rojas, dejó suaves tandas de derechazos, ligadas, aunque algunas veces se veía obligado a aliviar el muletazo por alto porque el animal no podía tragarse tandas de demasiados pases. Al natural logró extraer algunos sueltos de mérito, tirando bien del astado, con mando, moviendo con compás la muñeca. Pero con la espada estuvo torpe y mal.

El quinto fue protestado por renquear de las extremidades traseras y las limitadas fuerzas que exhibió en los primros comapases de la lidia. El presidente lo mantuvo en el ruedo, aunque lo podría haber devuelto perfectamente. La faena de Silvera, que se esforzó con la muleta, pasó desapercibida por la falta de emoción del astado, que embestía a regañadientes y sin ninguna clase.

Miguel Abellán se lució con el capote en el tercero. Comenzó la faena con quietud y verticalidad en unos firmísimos ayudados por alto. Pero a las primeras de cambio, tras la siguiente tanda, comenzó a rajarse y a buscar el abrigo de las tablas. Cuando el torero pretendía sacarlo, se negaba a embestir, parándose. Así fue imposible cimentar faena. Una pena que el astadao no llegara con fuelle y se apagara tan pronto.

El sexto tuvo un comienzo de faena más ilusionante, pero también duró poco. Justo hasta que comenzó a cortar el viaje, lo que a punto estuvo de costarle la voltereta al madrileño Abellán, que sólo pudo lograr algunos muletazos estimables en esos primeros instantes del trasteo. Mató de estocada tendida y se puso punto y final a una triste corrida. Menos más que sólo duró dos horas.

FRANCISCO MATEOS

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes) Edición del 2 de agosto de 1999.   Rejoneo sin triunfalismos

Tarde rara la de ayer, sin los triunfalismos que suelen presidir estas corridas; el ganado, desde luego, no ayudó en esa dirección. Y rara porque, no por bienvenido y más logico, deja de ser extraño ver a los jinetes con dos toros para cada uno, como debe ser. Cartagena salió a hombros por su espectacular toreo y el número uno, Hermoso de Mendoza, fue castigado severamente por el público por no sacar a Cagancho, lo que provocó una serie de actuaciones del navarro, pendiente de expediente por parte del presidente.

Meritoria fue la faena de Fermín Bohórquez al primer astado. El toro de Arucci –ganadería de la tierra– no le puso nunca las cosas fáciles al jerezano, siempre a menos, parándose y rajándose en el último tercio. Destacó la buena labor en banderillas, con temple y sentido de la distancia, trabajándose mucho la forma de sacar al astado de su fuerte querencia de tablas. Quiso poner dos banderillas cortas, algo que no era nada fácil a esas alturas de la lidia. La primera la dejó con acierto, pero la segunda, con el toro ya avisado cuando iba por los adentros, fue toda una proeza. El rejonazo contundente final fue decisivo para la concesión del trofeo.

La segunda actuación de Bohórquez estuvo igualmente presidida por el pundonor del jinete jerezano. Lo más destacado en el plano artístico ante un toro que no colaboró en absoluto con el caballro fue un par de banderillas a dos manos, mientras que la garra del torero lució en el empeño de colocar una rueda de tres rosas al final de su labor, cuando, tras fallar en los dos primeros intentos, un toro ya medio muerto, se echó y los auxiliares debieron levantarlo a punta de capote. No obstante, Fermín logró colocar las tres flores.

El segundo de la tarde se aquerenció de salida en chiqueros. Tras sentir los primeros aceros de Hermoso de Mendoza fue a más y comenzó a romper a noble, desarrollando además fijeza. Faena medida y templada, sobre todo la forma de quebrar en el tercio de banderillas, variando la dirección a la vez que la velocidad del galope, para clavar al ralentí, en el mismo centro del ruedo. Lástima que marrara con el rejón de muerte, que descordó al animal.

El quinto fue de los peores de Arucci, parado y sin embestir. Se esforzó pero el lucimiento apenas pudo ver la luz. Cuando ya estaba en banderillas y no sacó del patio de caballos a Cagancho –su caballo estrella– la gente se lo recriminó y comenzó a pitarle. El rejoneador navarro señaló al toro, con indicaciones de que no reunía las condiciones –estaba completamente parado– para el espectáculo que demandaban. La cosa se torció y la gente se puso de uñas con Pablo, quien, tras finiquitar al toro, salió a saludar, con la plaza dividida, y, ante las aireadas protestas de un sector –el público paga un dinero y hasta cierto punto es lógico que quiera ver lo máximo para justificar el gasto realizado–, Hermoso de Mendoza hizo un feísimo gesto, con un dedo alzado, en actitud que ensombrece a un profesional de cualquier sector. Al retirase al callejón siguió encarándose con varios aficonados de las filas delanteras de tendido, decidiendo finalmente marcharse de la plaza cuando estaba toreando Cartagena al último. Su salida por el callejón fue seguida con pitos por el público. El presidente, Alfonso Garrido, al no haber causa que justificase el abandono del coso, requirió por un walki de la Policía información de su paradero. Sean las que fueren sus directrices, Pablo apareció de nuevo en el callejón, acompañado de miembros de la autoridad. Al retirarse del ruedo al finalizar el festejo, la gente se dividió en pitos y palmas, y el saludo del caballero al presidente fue para enmarcarlo.

Manejable el tercero, que se prestó a la labor de Andy Cartagena. Estuvo menos acelerado de lo que en él es habitual. No obstante, no faltaron momentos espectaculares, como las banderillas colocadas en la suerte del violín, mejor el segundo intento. Terminó su entonada labor con una rueda de tres cortas, que colocó, sin pasar ni una sola vez en falso, en el centro del ruedo. Tras el rejón de castigo –que quedó trasero–, el astado se amorcilló y, ya descabalgado, hizo uso del verduguillo.

Mayor y mejor lucimiento obtuvo del sexto, con una primera parte más templada y una última más volcada en su faceta más espectacular, con giros delante de la cara del astado y banderillas al violín, así como una carrera alocada que acabó con el caballo corneado al estrellarlo materialmente contra los cuernos del toro. Fue certero con el rejón final y cortó dos orejas.

FRANCISCO MATEOS

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes) Edición del 1 de agosto de 1999.   José Tomás, con rumbo fijo

La tarde fue de José Tomás. De principio a fin estuvo en torero, en torero importante. Todo lo que hizo tuvo su respuesta en el público. Desde el oh de expectación por quedarse como un palo cuando el toro se dirigía a él tras salir suelto de varas como en la convencida forma de brindar al público el quinto. Es lógico que algunos rehuyan, mientras puedan, medirse con él; aprieta mucho y el listón que pone a los compañeros de cartel es muy alto.

El primero de los Hermanos Tornay se dejó en el capote, aunque demostró su mansedumbre cuando recién comenzado el trasteo de Curro se quiso rajar una y otra vez, buscando el abrigo de la natural querencia de chiqueros. Antes, el Faraón destapó la esencia del majestuoso mecer de su capote, siempre adelantando la pierna, con más empaque es imposible, acariciando la tela y ganando terreno para salirse a las afueras. La media, casi en la boca de riego del centro del ruedo, toda una escultura al arte taurino. Y después más, en el quite. En la faena, con la comentada tendencia a rajarse del ejemplar de Tornay –aunque también tenía nobleza–, los muletazos hubieron de ser sueltos, sobre todo por la diestra, con unos remates al ralentí. Tanto quería redondear que, cual chaval que comienza, no dudaba en acelerar el paso para perseguir al toro cuando éste le volvía la testuz para encararse a tablas. Mató de media y hubo de usar el descabello. No obstante, tanto gustó lo realizado y, sobre todo, la emoción que transmitía el propio torero, que la oreja se concedió; aunque eso es lo único anecdótico de la labor de Curro.

El cuarto, parado, sin un único muletazo, ayudado también por dos fuertes puyazos que ordenó ejecutar el camero al hijo de Paco Martín Sanz.

El segundo de lidia ordinaria fue devuelto por el primer sobrero de Hermanos Sampedro por su manifiesta debilidad. Su matador, José Tomás, tuvo el enorme mérito de lograr que pareciera que tenía recorrido en la muleta, cuando el astado siempre intentó cortar el trazo de los muletazos, pero la capacidad técnica de José Tomás es asombrosa. El de Sampedro tenía nobleza, pero no remataba los muletazos del diestro de Galapagar; eso fue lo que lo que hizo posible José Tomás. Todo muy templado y en su momento, sin nada que faltara ni sobrara. Erró con la espada y la agonía del astado dilató el final, sonando un aviso. Se le concedió un apéndice.

En el manejo del capote con el quinto sólo pudo destacar en la media de remate del quite, de mano muy baja. Sabía el madrileño perfectamente lo que quería hacer cuando, muy derecho, se fue al centro del ruedo para, ceremoniosamente, brindar la muerte del toro. Fue manejable –lo de la vuelta al ruedo me lo tendrán que explicar, porque soy muy torpe y no lo entiendo–, pero no para tanto como logró hacer el diestro. Qué forma más clara y privilegiada de tirar del animal en los muletazos. Faena siempre a más, con tandas más redondas –por ligadas– sobre el lado derecho, metiendo la cintura, arqueando el cuerpo y dando el pecho, pasándoselo cerquísima. Profunda y honda faena, como los cuatro pases de pecho ligados de final de faena, en un palmo de terreno, sin mover un ápice las zapatillas. Estocada contundente a la segunda y dos orejas.

Manso el tercero, que además poseía todas la características negativas que puede desarrollar un animal de esta condición: reservón, con arreones, coladas, buscando las tablas, midiendo al torero, rehuyendo el cite,... Un cúmulo de condiciones tan frustrantes que hizo imposible el toreo de Morante en este primero de su lote, que no tuvo ese aspecto positivo de algunos mansos de romper en la muleta y propiciar faenas importantísimas. Lo único que podía hacer bien Morante –que reaparecía tras su percance de Tudela– lo hizo: matar bien. No obstante, quizá otro diestro de corte torero distinto se hubiera peleado con el astado, en trasteo de aliño para manso. El toro, como cabía esperar, murió en la misma puerta de toriles.

Muy suaves los lances de recibo al último, saliendo para las afueras con torería y garbo. Duró más de lo que en principio cabía esperar y, aunque con algunos altibajos, se prestó a la muleta de Morante, que dejó una faena de menos a más, con una primera mitad basada en el toreo al natural y una segunda con tandas de derechazos muy largos, rematadas con la sevillanía y el garbo de la mejor escuela sevillana. Falló con la espada y perdió la oreja.

FRANCISCO MATEOS

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diarioandalucia.jpg (22376 bytes)Edición del 31 de julio de 1999.   Un inicio de ciclo para la esperanza

Muy entretenida resultó la final del V Ciclo de novilladas sin picadores –en el que participa Diario de Andalucía como patrocinador– que se celebró ayer en La Merced como apertura de Colombinas. Los tres alumnos fundamentaron la buena selección y presentaron sus credenciales como toreros de futuro. Al final, el jurado declaró triunfador al jerezano Sánchez Mora.

Eduardo Ortega, el espigado representante de la Escuela de Jaén, demostró ya en su primero tener bien aprendido el oficio. Además, con buen concepto del toreo. La faena la cimentó por el pitón derecho, aunque al natural también logró tirar bien del noble ejemplar de Millares, que desarrolló una pastueña embestida, a veces rozando el listón mínimo de la falta de fuerza. Con la derecha llegaron los momentos más brillantes, con mucha ligazón y temple, rematando las tandas con unos personales e inspirados pases de pecho. Con la espada, un cañón. Dos orejas justas. Bajó de nivel artístico –no del técnico– en el soso cuarto.

Joselito Ortega, de la Escuela de Málaga, también derrochó buena técnica, aunque el segundo ejemplar de Millares siempre quiso rajarse, algo que consiguió al final. Novillero con garra –algunas veces incluso excesivos gestos–, no dejó escapar la más mínima posiblidad de lucimiento y brilló a un alto nivel en comparación con el juego de su oponente. Contundente con la espada. El otro fue complicado, cortando el viaje. Luchó y se trabajó la faena, que tuvo su mérito.

Sánchez Mora, un jerezano con mucho ambiente pese a su juventud, ratificó con su primera actuación por qué había llegado hasta esta final. Tiene el toreo metido dentro de la cabeza. A veces ahogó la embestida de su primer astado por mor de intentar alargar el muletazo. Falló con la espada. En su segundo, de menos a más con un novillo que tenía que torear lo suyo. Otra vez erró con la espada.

FRANCISCO MATEOS

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LA VOZ DE HUELVA. JUAN CARLOS GIL. Edición del 31 de julio´99. SANCHEZ MORA Y EDUARDO ORTEGA, LOS DOS TRIUNFADORES. Joselito Ortega cortó una oreja y demostró sus ganas de triunfar

Ambiente de día grande en los aledaños de la plaza, pasacalles de la banda de música, todo preparado para que comenzara la gran fiesta de los novilleros. El presidente en el patio de caballos tranquilizando a los noveles, los alguaciles esperando la hora y todo el personal de la plaza cuidando al milímetro todos los detalles. La duda era sobre los toros y los toreros.

    Del ganado, resaltar la buena presentación, si bien en cuanto al juego hubo muchos altibajos. Los dos primeros novillos fueron excelentes, con mucha nobleza en la embestida y con gran son; el resto adoleció de forma alarmante de fuerzas y eso les hizo estar a la defensiva, buscando las zapatillas de los toreros y no dando ningún tipo de facilidades.

    Con respecto a los toreros, da gusto pensar que la cantera de la fiesta está tan preparada. Eduardo Ortega, de la escuela de Jaén, tiene un concepto clásico de la verónica e intenta jugar los brazos con suavidad. En la faena de su primer novillo estuvo sensacional, le dio la distancia justa, lo tocaba en los momentos precisos y así consiguió que el noble novillo repitiera templado las embestidas. Mató de una gran estocada y cortó las dos primeras orejas del festejo.

    Joselito Ortega estuvo toda la tarde en novillero, derrochó ganas y pundonor por los cuatro costados, se puso en el sitio de verdad en el deslucido que hizo quinto al que arrancó dos series de gran mérito por el pitón derecho. En el segundo, que fue más potable, dio series de derechazos con mucho arrebato y pundonor. Se tiró literalmente a matar o morir y el novillo cayó sin puntilla.

    Sánchez Mora demostró estar preparado para compromisos más serios. Sus dos oponentes parecieron mejor en sus manos de lo que realmente fueron. Con el primero, le dejó la muleta siempre en la cara y giró sobre su pierna izquierda para que los redondos fueran eternos. La faena al último novillo fue una lección de temple y ritmo entre su muleta y la embestida del novillo.        --------

LA VOZ DE HUELVA. JUAN CARLOS GIL. Edición del 1 de agosto´99JOSÉ TOMÁS: ESTO SÍ ES LA REVOLUCIÓN DEL TOREO.  Curro y Morante congregaron a los duendes del arte           

Día grande para la afición onubense y para todo el público que se desplazó de las localidades cercanas para ver a estos tres maestros del toreo. Pronto empezó la borrachera de toreo puro. Curro Romero acarició con el capote las abantas arrancadas del primer burel. ¡Cómo adelantaba el capote!, ¡cómo mecía las muñecas!. Era increíble que eso estuviera sucediendo. Se fue con el toro hasta los medios, porque éste no se había encelado en los vuelos de la muleta. Con la muleta, surgieron momentos de inspiración, y el duende de Romero hoy tenía ganas de ser el protagonista y Curro no defraudó en los más mínimo. Salvo algunos enganchones, el toro quedó rematado con media estocada delantera. En el cuarto nos tocó ver la cruz (todo no podía ser en una tarde). Lo intentó, pero el toro, muy bien hecho y rematado, con los pitones muy armónicos, llevaba dentro cosas que no eran del gusto del artista.

    José Tomás no sabe mentir, ni siquiera aliviarse. En dos momentos de la lidia en los que los toros de sus compañeros se quedaron a medio metro de su cuerpo, el de Galapagar ni se inmutó. Y nada de hacer el esfuerzo en un toro y en el otro a verlas venir. Apuró a los dos toros tanto con el capote como con la muleta. Hubo un quite por gaoneras que hizo dar un respingo del tendido a los aficionados. En el primero de su lote, un remiendo de Hermanos Sampedro, derrochó mando en unos doblones iniciales, que fueron la base para que después el toro se entregara en las siguientes series. Perfecto en la colocación, con la muleta tan planchada que los pitones del toro rozaban la faja. Con la izquierda, indescriptible; naturales infinitos, a pesar de que el toro cabeceaba, pero su exuberante temple hizo que diera rienda suelta a la imaginación con ese duende que tiene la hondura. En el quinto de la tarde, se desbordó todo. Faena maciza y artística. Fue un torrente de toreo puro, una sorpresa continuada, una sucesión de grandes acontecimientos. Media muleta arrastrando por el suelo, en naturales a pies juntos; mano baja, firmeza en los pies, las caderas rotas, los toques precisos... También hubo inspiración porque ésta es cualidad del toreo de José Tomás. El madrileño hacía pasar al animal por donde parecía imposible, pero ése es su gran secreto. Cabeza fría, corazón caliente y pulsaciones bajo cero: ésa es la gran paradoja de José Tomás. "Esto pienso superarlo, porque creo que estoy capacitado para estar mejor  todavía", en declaraciones a LA VOZ.

    A Morante le tocó bailar con la más fea, el tercer toro de la tarde: más alto de agujas que sus hermanos, corniveleto, no tenía hechuras de embestir. El de la Puebla estuvo muy digno con él. Peron con el sexto, de embestida de seda, Morante no defraudó. El inicio fue suave y convirtió la plaza en un volcán. Templado, ejecutaba los naturales con ritmo y embrujo gitano. Pases de pecho con enorme profundidad. Toreó por redondos, con mando y belleza. Lástima que falló con los aceros, porque de lo contrario habría acompañado a José Tomás en su salida por la puerta grande de La Merced.

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LA VOZ DE HUELVA. JUAN CARLOS GIL. Edición del 2 de agosto´99. LA EMOCIÓN DE ANDY CARTAGENA SALVÓ LA TARDE. Fermín Bohórquez destacó en sus dos toros

    Andy Cartagena se convirtió en el sexto toro de la corrida en un auténtico ciclón. Tuvo el coraje y la decisión de poner toda la carne en el asador para superar todas las adversidades de una tarde un tanto extraña. Fue un torbellino, con carreras rápidas y trepidantes, piruetas seguidas unas detrás de otra, consiguió encandilar al público, que todavía estaba pensando en la bronca a Pablo Hermoso de Mendoza. Puso fin a su labor de un certero rejonazo que fulminó al animal, y a sus manos fueron a parar  las dos orejas. Antes de ello, en una galopada trepidante, tuvo la fortuna de espaldas y su caballo "Quito" fue alcanzado, recibiendo una cornada, que no revistió gravedad. En el tercero de la tarde, estuvo mucho más asentado, citando muy de frente y clavando en lo alto del morrillo. Mató bien, pero el puntillero no tuvo suerte y levantó al toro. Se le fue la oreja; pero no importó, son cosas que pasan porque somos humanos y el que no se equivoque que tire la primera piedra.

    Si Andy Cartagena fue la heterodoxia, Hermoso de Mendoza fue la antítesis, muy templado con sus monturas, dejándose llegar mucho a los toros, para luego quebrarles las embestidas y salir airoso de las suertes. Lástima que al primero de su lote lo descordara con el rejón de muerte, perdiendo lo que se había ganado. En el quinto, también estuvo en maestro, pero la gente se empecinó en ver a Cagancho y él no lo creyó conveniente, lo que dio lugar a un pequeño alboroto.

    Fermín Bohórquez dejó muy claro desde el principio que venía a Huelva a no dejarse ganar la pelea. El primer toro fue el más deslucido del encierro, pero el arrojo y las ganas de agradar que tenía hizo que expusiera todo lo imaginable. Anduvo con gran seguridad y mató de un gran rejonazo, que fue suficiente para cortar el primer trofeo de la tarde. En el cuarto puso todo de su parte para que la puerta grande no se le escapara. Hay que destacar los pares de banderillas a dos manos y cómo salía de las suertes toreando con mucho sabor. Quizá alargó la faena demasiado y el toro no le ayudó en nada a la hora de matar  esfumándose el triunfo.

    La corrida de Arucci fue deslucida en su conjunto , destacando el tercero de la tarde.

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LA VOZ DE HUELVA. JUAN CARLOS GIL. Edición del 3 de agosto´99. LOS TOROS DE GABRIEL ROJAS FUERON DE MENOS A MENOS. Los tres toreros estuvieron a gran altura con la corrida

    Cuando falta la materia prima, que es el toro, la Fiesta se derrumba y lo que acontece en el ruedo carece de la emoción necesaria para encandilar al público. Los toros de Gabriel Rojas, no es que fueran malos en sí, es que no se movieron y la nobleza de las embestidas de alguno de ellos no transmitía nada. Por si fuera poco, hubo un garbanzo negro. El sexto de la tarde, "Trompón" de nombre, y casi con cinco años cumplidos, acusó peligrosamente la edad.

    Emilio Muñoz estuvo muy decidido y centrado toda la tarde, con ganas de agradar. En el primero de su lote cinceló algunos naturales marca de la casa. Se colocaba muy de frente, adelantaba un poquito la muleta y se traía al toro detrás de la cadera, pero la falta de fuerzas del animal impedía la ligazón, por lo que era muy difícil conectar con los tendidos. Por el pitón derecho, más de lo mismo. Embestida noble y un muletazo aquí y otro allá. A la hora de matar, ni siquiera el toro le permitió intentarlo, ya que se echó para no levantarse más. En el cuarto, de nuevo quiso estar a la altura de las circunstancias, pero lo que tenía delante topaba más que embestía. Esta vez con la espada estuvo desarcetado, se le fue la mano y ésta cayó muy baja.

    Emilio Silvera fue cariñosamente apoyado por sus paisanos en la salida de cada uno de sus dos toros. Palmas acompasadas que querían infundir el mismo ritmo a su toreo. Con el capote, la pésima acometida de los toros hizo imposible que se produjera esa necesaria comunicación entre toro y torero. Sus toros echaban la cara a los cielos y embestían antes con las pezuñas que con la testa. Quizá la causa por la que acudían así a los engaños era su conformación morfológica: toros muy altos de agujas y cortos de cuello. Con la muleta en su primero sí estuvo muy bien. Naturales templados, suaves, largos y mandones. Lo más torero de la tarde. En el quinto, que fue muy protestado, hizo un gran esfuerzo, pero era intentar sacar agua de un pozo seco. No anduvo bien con la espada y perdió el triunfo.

    Abellán salió con todas las ganas del mundo. En el tercero de la tarde, jugó maravillosamente los brazos en el recibo con el capote, ganándole terreno hasta rematar en los medio. En el sexto, un toro con mucho peligro, orientado, que estaba muy pendiente del torero, demostró tener un valor sólido. Asentó las zapatillas y le robó dos series por la derecha y nada más.

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EFE. 3 de agosto´99.

Miguel Baez «Litri» acompañado de sus compañeros de terna, Enrique Ponce y Julián López «El Juli», fue sacado a hombros por las calles de Huelva hasta su domicilio familiar tras su triunfo en la cuarta corrida de las Colombinas, en la que se despedía de la afición onubense ante su próxima retirada.

La plaza registró un lleno total con «no hay billetes», hecho que no sucede desde el 3 de agosto de 1989. En una barrera presenció la corrida el vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, acompañado de su esposa.

Miguel Baez «Litri» no tuvo fortuna con su primero, un animal sin fuerzas y quedado ante el que chocó la voluntad del onubense.

En el cuarto, con entrega, garra y casta estuvo por encima de las condiciones de su oponente con una y otra mano, para concluir con manoletinas mirando al tendido y sus clásicos desplantes ante el delirio de sus paisanos, que al matar de una estocada y aunque tardase en caer le premiaron con las dos orejas y solicitaron el rabo.

Enrique Ponce se encontró con un primero sin fuerzas y cuidándolo y toreando a media altura, sólo pudo sacar pases aislados.

En el quinto puso mucha voluntad, pero tampoco las fuerzas de su oponente le ayudaron a redondear la faean. Únicamente caben destacar pases sueltos.

Julián López «El Juli», muy aplaudido al banderillear a los dos toros,, tuvo un primero con las fuerzas justas, por lo que tuvo que cuidarle y lo toreó con ambas manos.

En el que cerró plaza, estuvo más pendiente de los adornos que del toreo fundamental paro caló entre los espectadores, que le concedieron las dos orejas y solicitaron el rabo.

 

LA VOZ DE HUELVA.  JUAN CARLOS GIL. Edición del 4 de agosto´99DOS COLOSALES FAENAS Y UNA EMOTIVA DESPEDIDA. La corrida de José Luís Pereda estuvo a la altura de las circunstancias

                Tres concepciones distintas de interpretar el toreo y tres sonados triunfos para cada uno de los actuantes. Litri no pudo tener mejor despedida. En su primer toro no pudo lograr nada positivo a pesar de su entrega y exposición. El precioso animal se quedaba en la mitad de los muletazos tirando un derrote al estaquillador de la muleta de Litri. Así era totalmente imposible conectar  con los tendidos. Pero salió el cuarto toro de la tarde, negro mulato, largo, muy rematado y con este toro no podía escaparse el triunfo. Se sacó el toro a los medios y allí compuso una faena perfectamente estructurada. Citaba de lejos y el toro se venía con alegría a la solicitud de su matador, que le corrió la mano con mucho son. Litri se dio a torear con mando y belleza, procurando y consiguiendo ligar los pases en un palmo de terreno, con un amplio sentido de la colocación. Los naturales fueron templados, largos y cadenciosos. El secreto lo descubrió inteligentemente Litri. Se colocaba muy cruzado, adelantaba la muleta y embebía la noble embestida del toro en los vuelos flamencos de su acompasada muleta. Las series eran rematadas con detalles de torero bueno. Ayudados por bajo, pases del desprecio, desplantes garbosos y tremendistas. La plaza entregada rugió de pasión cuando su torero tiró de repertorio y ejecutó los molinetes de rodillas que culminaron con un desplante típico de la etapa juvenil de Litri. rodillas, sin muleta y de espaldas al toro. La espada viajó certera y el anhelado triunfo de Litri se convirtió en realidad.

    Enrique Ponce dejó muy claro desde su saludo capotero al segundo toro de la tarde  que no iba a ser convidado de piedra en la fiesta de despedida del torero onubense. En ese toro con la muleta tuvo que utilizar  su magisterio para que el toro no rodara por los suelos. Muy flojito, el pupilo de Pereda tenía una calidad extraordinaria, que el torero de Chiva aprovechó al máximo. Se distanciaba del animal para que cogiese aire entre serie y serie, y luego corría la mano a media altura para no quebrantar las pocas arrancadas del toro. Un temple exquisito y un pulso que no se alteraba por nada le sirvieron para cortar una trabajada oreja.

Pero la dimensión torera, de figurón único del toreo, lo demostró en el complicado quinto toro del festejo. Un burel alto de agujas y que se orientó muy rápido. Embestía a regañadientes, sabiendo en todo momento lo que se dejaba detrás de la muleta. No se arrugó Ponce, que estuvo muy firme con él, plantándole pelea en todo momento. Muy firme, con las zapatillas bien asentadas en la arena, aguantó carros y carretas hasta que el toro se convenció de que tenía que embestir por el pitón izquierdo. Tenía las dos orejas cortadas, pero se le fue la mano y cobró una estocada caída, que no fue óbice para que le concedieran otra oreja.

    El Juli triunfa en todas las plazas a las que acude y Huelva no podía ser la excepción. En el tercer toro, un "colorao" melocotón toreó muy bien de capa con ajustadas verónicas. Banderilleó con unas portentosas facultades. Con una embestida muy sosa y que se venía  a menos, el madrileño cuajó una faena pulcra rematada con una estocada. En el sexto salió "arreao" por el triunfo de sus compañeros y toreó con suma perfección. Hizo un quite de lo más variado, mezclando gaoneras, faroles y faroles invertidos rematados con una preciosa revolera. Otro toro de triunfo rotundo que en las manos de El Juli brilló con luz propia. Las series perfectas y al final, manoletinas de rodillas. Casi "ná".


TEMPORADA 1999
Festejos Celebrados

Domingo, 28 de febrero´99. Plaza de la Merced (Huelva). Festival. Ganado de distintas ganaderías (solo destacaron los lidiados en 3º y 6º lugar, de Litri y Torrestrella, los demás, muy complicados), para Emilio Silvera (saludos), Litri (ovación), Ponce (oreja), Jesulín de Ubrique (saludos), El Tato (oreja), Oscar Higares (saludos) y Francisco Barroso (saludos).

 

 

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