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TEMPORADA 2006
Feria de Colombinas 2006
Jueves, 3 de agosto. Cinco toros de Santiago Domecq
y un sobrero (1º) de
La Dehesilla (juego
variado), para
Enrique Ponce (dos orejas y vuelta), El Cid
(ovación y dos orejas) y
El Fandi (ovación tras petición y oreja). Lleno.
Crónica.
Viernes, 4 de agosto. Toros de José Luis Pereda
(buen juego, destacando 1º y 5º), para Jesulín de Ubrique (ovación y
oreja),
José Mª Manzanares (ovación y dos
orejas) y Alejandro Talavante (ovación y dos orejas). Media plaza.
Crónica.
Sábado, 5 de agosto. Un toro de Bohórquez y seis de
Núñez del Cuvillo (de
distinta presentación y justos de raza), para el rejoneador Pedro Calero (ovación)
y Morante de la Puebla (ovación tras aviso y dos
orejas), El Juli (oreja y ovación)
y Miguel Ángel Perera
(oreja y ovación). Dos tercios de plaza. Crónica
Domingo, 6 de agosto. Rejones. Toros de Fermín Bohórquez
(buen juego, destacando el 3º), para Fermín Bohórquez (palmas y
oreja),
Pablo Hermoso de Mendoza (palmas y dos orejas y
rabo) y Andy Cartagena (dos orejas y dos orejas). Casi llena.
Toros
en Huelva. Otras temporadas
Crónicas PortalTaurino,
03 de agosto de 2006. MANUEL
VIERA. Demasiado para tan poco Es difícil a estas alturas añadir algo nuevo sobre el toreo de Enrique Ponce. La bella sencillez del muletazo quedó demostrada en la faena al complicado sobrero de La Dehesilla lidiado en primer lugar. Ponce, como todos los grandes, resolvió la tarde sin aparente esfuerzo con sólo seis muletazos con la diestra moldeados con parsimonia y de reposado trazo. Los engarzó con asombrosa naturalidad, enhebrando el hilo de la bravucona embestida con la aguja de la sapiencia de un maestro. Lastima que lo hecho no tuviese la deseada emoción. La buena estocada bastó para que un público feriante y eufórico desatara en pasión desmedida y pidiera las dos orejas para el valenciano. Y que el presidente concedió. Demasiado para tan poco.
Y así, entre el divertimento de una gente demasiado festera que llenó casi al completo los tendidos y gradas de La Merced, y la anécdota del apagón de luz en los inicios de la lidia al quinto, trascurrieron las tres horas de corrida, motivada también por la dificultad de devolver por falta de fuerzas al primer toro, de la descastada corrida de Santiago Domecq, a los corrales. Ya digo, demasiado tiempo de espectáculo, y sobre todo excesivo cariño y benevolencia con la terna de un público que se divertía, aplaudía a rabiar y pedía trofeos como si de una plaza de pueblo se tratara.
En la faena al cuarto, Ponce, brindó su versión de maestro para rubricar su tarde. Intensa paciencia para conseguir dibujar con su estética acostumbrada, tanto a derechas como a izquierdas, notables muletazos hasta lograr, con exquisita técnica y no menos valor, complacer las exigencias de la plaza. Tanto quiere Huelva a Ponce que hasta le obligaron dar la vuelta al ruedo tras fallar con la espada y solicitar del palco otro apéndice no concedido
En esta ocasión, no existe proporción entre lo hecho por El Cid a su primer toro y la firmeza alcanzada en la lidia del quinto. La intermitente faena al noble aunque blando segundo no dio para mucho. Una templada tanda con la diestra, algún que otro buen natural sin continuidad, y eso sí, dos magníficos pases de pecho para recordar. Si embargo, fue con el quinto, un toro sin clase en sus embestidas, donde el sevillano estuvo a la altura de las circunstancias. No fue faena cumbre, pero los no más de veinte muletazos resultaron doblemente significativos para convencer de inmediato a los tendidos. Tanto caló lo hecho, que tras matar de una buena estocada paseó triunfal dos apéndices.
Personalmente la espectacularidad no me atrae. Sin embargo, no dudo que en el toreo es una expresión más para lograr el deseado ambiente emocional en los tendidos. El Fandi emana espectacularidad. La demuestra cada tarde con sus particulares formas vibrantes, a veces mecánicas, pero casi nunca inspiradas y profundas. Su dimensión más emblemática, ya se sabe, está en el tercio de banderillas. Con los palos es único y su eficacia es total. Desató la pasión en los tendidos en sus dos tercios. Locura colectiva en la gente puesta en pie. Después lo intentó todo con el descastado tercero y con el rajado sexto, desde las largas cambiadas de rodillas en el tercio hasta los vistosos quites, No hubo más. Una oreja del sexto sumó la quinta de la tarde. Ya quedó escrito. Demasiado para tan poco.
PortalTaurino,
04 de agosto de 2006. MANUEL
VIERA. Manzanares y Talavante, simplemente torearon Érase una vez que el torero que imaginábamos en el ruedo de la plaza no se llamaba Tomás. Se llamaba Talavante. Y es como era aquel: distinto y excepcional.
El toreo de Alejandro Talavante es una fuente inagotable de emociones, de naturalidad, de equilibrio, de verdad. La gente se encuentra de pronto, frente a frente, con algo distinto, con unas formas que no se sabe adónde van a ir a parar. Unas formas que permanecieron durante los últimos años mudas en los anaqueles del recuerdo, y vuelven intactas con la esplendorosa frescura del joven Talavante.
Su toreo complace en la sorpresa, transmite emoción, y el ritmo fascinante del pase asusta. Y es que Talavante asusta por si mismo. Su merito principal consiste en quedarse quieto, muy quieto, generando así una atmósfera totalmente emocionante. Su punto débil es la espada. Algo tan importante en esto que muy pronto debe de solucionar.
Quienes hasta ahora manteníamos cierto recelo hacia las formas de Alejandro Talavante, hoy tuvimos la oportunidad de verlo en unas condiciones propicias para despegar las dudas. Sobre todo en la faena al sexto, más talavantista que tomasista. La impresionante quietud y la ligazón de lo soberbios muletazos con la diestra se sucedieron sin solución de continuidad. Todo muy despacio, muy natural, muy sencillo, y con una enorme autenticidad. Diversidad en la muleta, detalles de toreo grande, y aunque no da el perfil de torero artista, todo lo contrario, lo hecho esta tarde lo cataloga como uno de los diestros más atrayentes del momento. Así lo considero.
Muy despacio toreó de capa al tercero, para hilvanar después impávido en los medios lentos y hondos muletazos con la diestra. El natural, largo y rematado, fue prólogo a una nueva quietud sin limites para rematar faena con destalles muy toreros. La espada, ya está escrito, no es su fuerte.
No tengo la seguridad, me queda la duda, de que esta fuera, de las que le he visto, su faena mejor acabada. Pero si estoy seguro que lo hecho esta tarde por Manzanares al quinto toro ha sido algo grande. El alincatino interpretó el toreo con un entusiasmo poco común. Brindó una auténtica versión del natural de largísimo trazo y lentitud pasmosa. La faena tuvo indudable interés y belleza. Desde la profundidad del pase a los sensacionales remates de pecho, pasando por la ligazón y el ritmo acompasado. Simplemente toreó. La estocada dio pie a la concesión de las dos orejas. En el segundo, un toro complicado y nada fácil, demostró seguridad y firmeza. El fallo a espada le privó de lograr el deseado apéndice.
Jesulin hizo valer sus mejores armas: valor, técnica y ritmo. El torero de Ubrique posee una privilegiada muñeca, como si estuviera diseñada especialmente para el temple. La lentitud del pase se fusiona a la perfección con el remate de pecho. Un par de notables tandas de muletazos con la diestra al noble cuarto cuentan entro lo mejor de la interesante tarde, por toros y toreros. Al primero, un bravo toro de la buena corrida de Pereda, lo toreó largo y acompasado, aunque quizás demasiado despegado. Con todo, Jesús Janeiro, dejó patente un toreo admirable por su ligazón y el encanto del exquisito temple. Mató de media estocada a su primero y consiguió una oreja del cuarto tras espadazo desprendido.
PortalTaurino,
05 de agosto de 2006. MANUEL
VIERA. Morante, borracho de
toreo La escena volvió a repetirse en la tarde de hoy: Morante extendió su capa en los medios, asentó las zapatillas, hundió el mentón en el pecho y esperó la llegada del noble bruto. Poco después el vuelo de la tela transportaba la embestida con increíble lentitud. Así nacieron las espectaculares por majestuosas, bellas y emocionantes verónicas, y media de embrujo, con las que quitó al cuarto toro.
Fue este el aperitivo de un gran banquete. Morante, borracho de toreo, tuvo la sabiduría de interpretarlo después con un arte supremo. Y es que las diferentes y personalísimas formas del sevillano de La Puebla ocupan un lugar fundamental en la tauromaquia de hoy: por sentimiento, por sensibilidad, por inspiración, por calidad, y sobre todo por autenticidad.
Morante pertenece ya a esa rarísima especie que son los genios. Genial, serena y espontánea, al tiempo que profunda y trascendente fue la faena al cuarto nuñezdelcuvillo. Sensacionales los hilvanados muletazos con la diestra y de ensueño el natural por sentimiento, lentitud y hondura. Todo un muestrario de majestuosos pases que tuvieron epílogo en tres naturales, citando de frente, de verdadero prodigio. Mató mal, y a pesar de ello paseó triunfante las dos orejas del buen, aunque flojo, animal.
Quizá esta nueva versión del toreo de Morante no fuera tan completa como otras ya vistas en plazas cercanas, pero la calidad de esta magnifica obra la sube a la altura de lo sublime.
Y aquí quedó la tarde. El sevillano toreó con intermitencia al parado primero, al que mato de estocada y descabello. El Juli le cortó la oreja al soso segundo tras un arrimón al final del trasteo. Faena técnica, con algún que otro muletazo notable, pero sin transmitir una pizca de emoción. Con el quinto estuvo mal. Vibrantes tandas con la derecha sin conseguir la atención de los tendidos. Medios pases, y un afán desmedido por arrancar, pese a lo banal de su toreo, un apéndice para sumarlo al primero y poder acompañar a Morante por la puerta grande. El bajonazo infame le privó de hacerlo.
Miguel Ángel Perera no tuvo demasiado lucimiento con el inválido tercero. La flojedad del toro, tónica general de la noble corrida de Núñez del Cuvillo, no le dejó tener continuidad en una faena de sueltos, aunque notables, muletazos de derecha e izquierda. A pesar de la mala estocada le concedieron la oreja. Tampoco con el soso y rajado sexto consiguió su objetivo. Tras un inicio de faena emocionante con pase cambiado por la espalda el trasteo vino a menos. Ligazón y despaciosidad con la derecha. Largo y lento algún que otro natural, pero sin alcanzar la cota deseada.
Prologó el festejo el rejoneador local Pedro Calero. El onubense mató al novillo de Bohórquez de un desafortunado rejón de castigo. Con el sobrero, del mismo hierro, anduvo con ganas. Sólo con ganas, porque a la bisoñéz de su oficio se le une la escasa doma de las cabalgaduras. Prematura y precipitada su actuación en La Merced.
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