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TOROS EN HUELVA

TEMPORADA 2005

 

Sábado, 15 de octubre. Anulada. Toros de Núñez del Cuvillo y Juan Pedro Domecq, para Morante de la Puebla, en solitario.

 
Feria de Colombinas 2005

Sábado, 30 de julio. Cinco toros de Núñez del Cuvillo  y uno (2º) con el hierro de Benjumea, (desigual presentación y descastados), para Jesulín de Ubrique (silencio y oreja), El Fandi (oreja y vuelta al ruedo) y Miguel Ángel Perera (dos orejas y dos orejas). Más de media plaza. Crónica del festejo

Domingo, 31 de julio. Toros de Fermín Bohórquez , el 6º como sobrero (buen juego), para Fermín Bohórquez (silencio y oreja), Hermoso de Mendoza  (dos orejas y oreja) y Andy Cartagena (ovación y dos orejas). Más de tres cuartos de plaza

Lunes, 1 de agosto. Espectáculo taurino 'Los Recortadores'.

Martes, 2 de agosto. Toros de Jandilla (de distinta presentación y juego), para Rivera Ordóñez (ovación y ovación), Salvador Vega (silencio y ovación tras aviso) y Matías Tejela (ovación y ovación tras aviso). Más de media plaza. Crónica del festejo

Miércoles, 3 de agosto. Toros de Santiago Domecq (de distinto de juego y justos de fuerzas), para Enrique Ponce (ovación y dos orejas tras aviso), El Juli (ovación y dos orejas) y El Cid (vuelta al ruedo y ovación). Casi lleno. Crónica del festejo

 


Enrique Ponce en Colombinas. Imagen de TorosComunicación  PortalTaurino, 03 de agosto de 2005MANUEL VIERATres gigantes en el ruedo

Para aquellos que abrieron boca y les supo a poco la esplendida faena de El Cid al tercer toro de la tarde, les llegó después ese otro gran bocado en forma de excelente toreo realizado por Ponce a cuarto. Pero hubo más: todo un recital de buen hacer, de inteligencia, de saber estar, y sobre todo de inagotables emociones y enorme interés en la faena de El Juli al quinto.

Ésta es la historia: sale el tercero, muy cómodo de cabeza, con las fuerzas justas, divisa el capote de El Cid y allí va. Lo mejor una media en los medios antológica. Le miden en varas, igual que a todos, y tras quitar sin demasiado lucimiento, El Cid, se va presto a realizar una faena de hondo calado. Y he aquí toda una lección del mejor toreo que sirve para recrearse en unas formas muy puras. Cites a distancia larga como largo es después el muletazo. Toreo profundo, acompasado, hilvanado y rematado. Todo muy auténtico para transmitir una fascinación incuestionable en la gente. Muy quieto, El Cid, enlaza los muletazos. El natural largísimo, ajustado, bien ligado. Resultado: una mezcla fascinante de derecha y de izquierda de una belleza extraordinaria. 

El Cid repite el milagro cada tarde. Y van muchas. Pero después no mata, malogrando así otra tarde de triunfo legítimo. Con el sexto, gordo y mermadas sus fuerzas por una espectacular voltereta, abrevió tras leves intentos 

No está de más reconocer, otra vez, las ganas, la afición, la maestría, la lucidez, y la exquisitez demostrada esta tarde por Enrique Ponce. Puede hablarse de naturalidad en su toreo. Por supuesto. Pero siempre resuelve la difícil situación con una serenidad encomiable, digna después de tan emotiva faena. Al noble cuarto, sin demasiadas fuerzas, lo toreó suave, sin molestarlo, con la muleta a más de media altura, pero con una exquisita sensibilidad. La mayoría de los pases, muy cortos, acompañados con la cintura, inspirados, rítmicos, ajustados, inmejorables. Con la derecha y con la izquierda faena muy de Ponce por su metraje, pero con un resultado más que interesante. Muletazos trazados con parsimonia, convincentes y emocionantes. Cites con muleta plegada, trazos muy lentos en un toreo de altura que pese al pinchazo que precedió a la estocada no fue obstáculo para la concesión de dos orejas. Demasiado, claro. Con el inválido primero, muy protestado, realizó un trasteo despacio y preciosista, empleando su depurada técnica, aunque sin ninguna emoción.

No menores elogios merece EL Juli: modélico toda la tarde, pero en especial con el buen toro, aunque no fácil, corrido en quinto lugar. Hoy es necesario predisponerse a traspasar el umbral de la realidad para admirar la inteligencia del madrileño, su forma de estar y el toreo realizado, que parece que no tiene atractivo inmediato, pero es después de esperarlo y observar los inicios de faena cuando se le ve todo su poder de fascinación. Faena en los medios de naturales templados, de mano baja, largos y ligados con una quietud pasmosa. Grandiosidad en los muletazos con la diestra. Encanto en los circulares, y si me apuran, hasta un poquito de ensoñación en los adornos. Tras el pinchazo la estocada fue de efecto fulminante. Dos orejas¿? De parecidas maneras anduvo con noble, aunque flojo segundo. Atacó por derecho y brindó a los tendidos muletazos bien trazados con la diestra, y sobre todo, unos naturales muy lentos e hilvanados. Fue ovacionado.

Conclusión: una gozada de tarde con tres gigantes en el ruedo.


Matías Tejela, en Colombinas. Imagen de TorosComunicación PortalTaurino, 02 de agosto de 2005MANUEL VIERASólo apuntes y esbozos

Tarde monótona, opaca, con falta de competitividad, sin quites, de malos matadores, de embestidas nobles pero sosas. Sin vitalidad, sin gracia, sin impulso en el toreo de los que se le supone han de llegar pronto a la cumbre. Y es que a uno no le faltan motivos para pensar que estas jóvenes promesas han renunciado al toreo auténtico que atisbaron temporadas atrás. Dicho de modo más directo: parece que no tienen interés por transmitir emociones o bien perdieron esta capacidad.

Porque a la noble embestida del quinto jandilla, cabía aplicarle el rigor de la muleta de Salvador Vega para alcanzar el resultado esperado. Demostrado quedó que con faena de tanta intermitencia el triunfo se convirtió en decepción no deseada. El comienzo del trasteo se diría casi optimista. Naturales largos, muy despacio, con empaque, pero sin continuidad. Y así repetidos intentos, ora con la derecha, ora con la izquierda, por conseguir un toreo que no pasó del detalle interesante, con gusto, pero sin emoción. Muy al final de faena logró, Vega, entusiasmar con una serie más hilvanada. De todas formas, tras los ciento un pase mató mal. Con el segundo, de noble embestida pero molesta, gustó en los lances a la verónica. Tras el brindis hubo trincherazos con pellizco para continuar con buenos muletazos diestros, aunque sin conseguir la deseada ligazón. Con la zurda no hubo manera. Cerró faena con cites de frente y a pies junto con sabor. Muy mal con la espada.

El toreo de Tejela es refinado, y a veces de ley, pero hoy le faltó densidad, no tuvo la profundidad deseada, y aún siendo bueno no tuvo hondura, grandeza… Demasiado. Al noble, aunque soso tercero, le dio pases bien dibujados, sueltos, sin emoción. Toreó muy al hilo, con la zurda no hubo acople, y para colmo la estocada cayó baja. Tuvo más calidad el sexto, aunque Matías Tejela dentro de una sobreabundancia de pases, más ficticios que reales, de ahí mi sorpresa, ejecutó el natural acompasado y largo, aunque falto de ajuste, para redondear lo que acabó por ser una faena demasiado cuadrada. 

Rivera Ordóñez, que sustituía a Finito de Córdoba, estuvo indeciso con el noble, aunque descastado, primero. Medios pases, muletazos anodinos a media altura. Dos con la izquierda que destacan y punto y final con pinchazo y descabellos. Con el cuarto, de embestida boyante pero sin fuerza, hizo una meritoria tarea, aunque el resultado final suscitara legítimas dudas por las condiciones del toro. Rivera Ordóñez se empleó en el inicio de faena con las rodillas en tierra. Toreó despacio con la derecha y con la izquierda, pero no hubo mayor resultado debido a la falta total de emoción. Otra vez la espada le falló

Y así quedó la tarde, reducida a simples apuntes y esbozos de un toreo que quedó lejos del demostrado en otras ocasiones por los que se suponen están a las puertas de alcázar la meta.


  PortalTaurino, 30 de julio de 2005MANUEL VIERATriunfo legítimo de Miguel Ángel Perera

En algunas tardes de toros, uno se encuentra hasta indisciplinado, y lo paga con quien nada de culpa tiene. Con el presidente. ¿Y qué culpa tiene el que ocupa el palco que le soliciten los trofeos con absoluta mayoría y convicción? Y todo porque ya empieza a ser rutina, previsible hasta el hartazgo en esta plaza, tanta almohadilla blanca al vuelo pidiendo orejas cuando lo sucedido en el ruedo no es, ni mucho menos, merecedor de tan alto honor. Conviene indisciplinarse de vez en cuando y dar un toque de atención para que La Merced no se convierta en una simple plaza de pueblo. 

Pese a todo, justo es también valorar en su medida la tarde de Miguel Ángel Perera. El extremeño hizo un interesante trasteo con el noble tercero, un buen toro aunque con las fuerzas justas, Ejecutó con perfección y pulcritud una serie de naturales de mano baja y largo y despacioso recorrido que pronto llegaron a los tendidos. Los muletazos tuvieron temple, buen trazo, ligazón… y dieron al conjunto de la faena un trasfondo de verdad que se palpó de inmediato con el interés que despierta lo infrecuente. La estocada fue la merecida rúbrica a lo hecho.

Con el sexto, Perera, volvió a exhibir una vez más su rica sensibilidad, su capacidad para transmitir unas formas que constituyeron rematar una tarde con una gran faena. Faena sobria, de valor, y despojada de cualquier bananismo. Faena de muleta por delante, mano baja y trazo largo. Faena emocionante, de desafío y gozoso disfrute bien rematada con la espada. Triunfo legítimo, aunque premiado, ya quedó dicho, con excesivas orejas.

De no ser por el entusiasmo desproporcionado del público con las banderillas de El Fandi, la tarde del granadino no hubiese pasado como una más. Y es que El Fandi levanta pasiones con los palos. Es un todo un espectáculo. Hoy, no pasó de eso. Sólo destacar un soberano cuarto par por los adentros al quinto. Con el descastado y flojo segundo demostró unas enormes ganas de agradar, y hasta solicitó el compás del pasodoble para calentar el ánimo de la gente. Estocada algo caída y oreja de pueblo. Al quinto, el más complicado de la tarde, y tras el tercio de banderillas –para recordar el cuarto par- sólo pudo ofrecer de nuevo su afán por buscar el triunfo. Aunque mató mal le pidieron otra oreja no concedida. 

Jesús Janeiro pareció ser el de siempre, pero su toreo estuvo repleto de detalles, bazas suficientes para conseguir con facilidad el interés del público. Muy técnico y con un enorme temple sostuvo en pie como pudo al inválido primero. Al encastado cuarto le ejecutó todo un repertorio de pases con la derecha con exquisita despaciosidad. Fueron series muy bien trazadas, rítmicas, ajustadas y ligadas, que, sin embargo no tuvieron continuidad al natural. La estocada, algo trasera y caída, le certificó una oreja.

La corrida de Núñez del Cuvillo adoleció de casta y de fuerzas. De desigual presentación destacaron tercero y sexto.

 

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