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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MERCED
Tarde del viernes, 2 de agosto de 2002
Corrida de toros

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Desplante de El Juli en La Merced. Foto de TorosComunicacion.

Ganadería Toros de Salvador Domecq, descastados.

Diestros:

Entrada: tres cuartos.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, ABC, Diario de Sevilla.


PortalTaurino. Manuel Viera. Vuelta a la realidad del toro... y de Ponce.

La verdad es que, bien mirado, Julián López El Juli casi es el único de las atrayentes figuras que han sido fiel a su progresiva carrera hacia el número uno, tanto, que ha estado a punto de convertirse, durante las pasadas semanas, en el máximo atractivo de las últimas ferias. Pues ni por esas logró llenar los tendidos de esta plaza, a pesar del afán de superación de la joven empresa por dar a Huelva lo mejor de la Fiesta. De todas formas, demostraría después El Juli su fácil conexión con las masas.

Hubo esta tarde vuelta a la realidad, a la realidad del toro, claro. El toro de los que exigen, el parado e inmóvil sin una gota de casta. Así uno tras otro salieron los toros de Salvador Domecq, a sabiendas de que los principales perjudicados no son otros que los propios toreros.

El Juli animó al deseoso y festivo público onubense. Tanto, que le pidieron la oreja de tercer toro por una faena efectista, sobando más que templando embestidas hasta conseguir escasos derechazos sin chispa. Los naturales resultaron desajustados, hacia fuera, tal vez para prolongar los cortos recorridos del parado toro. Al sobrero lidiado en sexto lugar, casi igual de inválido que el devuelto, al que volvió a banderillear con su acostumbrada facilidad, le pudo trazar naturales muy lentos, aunque desplazados hacia fuera y sin demasiada ligazón. Fue la base de una faena que no llegó a coger altura, y que certificaría después con la estocada que le valió la oreja.

De verdadera sensibilidad se puede catalogar la emocionante ovación que le tributó el público a Ponce antes de la salida del segundo toro. El torero de Chivas correspondería con el obligado brindis en el toro de su reaparición, a pesar de que seguro estaba de que el invalido animal no le aguantaría más de dos pases. La brevedad de la faena contrastó después con la pesadez en el manejo de la espada. 

Al quinto lo dejó crudo. Una sola vara, como a todos los lidiados, y a los medios se fue muy seguro de las posibilidades que le brindaba el toro de Domecq. Hubo mando con la diestra, y sentimiento, ritmo, cadencia, empaque y despaciosidad al natural. Hubo emoción en la forma más expresiva que refleja esta otra realidad de la tarde: la emoción en el templado y largo toreo de Enrique Ponce. El mal manejo del acero le privó de un justo triunfo que saldó con una vuelta al ruedo de clamor.

También reaparecía Ojeda tras su último percance, y quizá debió esperar algo más con el fin de recuperar la confianza y la seguridad, tan necesaria ambas para estar y emocionar. No estuvo Ojeda en su sitio, ni mucho menos, con el parado primero al que mató de media estocada desprendida. Quiso estar con el cuarto, un toro más claro en la muleta, pero el sanluqueño aunque abrió el compás y alargó embestidas, éstas carecieron de ajuste, de ritmo, de continuidad. La indiferencia en los tendidos chocaba con una disposición por agradar a todas luces ficticia. Un bajonazo puso fin a la nefasta tarde de Paco Ojeda. Quizá sean ya las goteras que produce el tiempo. 


Diario de Sevilla. Luis Nieto

El cartel era de máximo tirón taquillero, Paco Ojeda y Enrique Ponce reaparecían, y junto a ellos Julián López El Juli, el líder; uno imaginaba unas colas larguísimas cuando llegamos con antelación a la plaza ¿Entrada? Tres cuartos en La Merced, que precisamente no tiene el aforo de una Monumental. Algo más de dos horas de espectáculo con estrellas y, sin toreo de capa de verdad, lo único que prendió la mecha fue una serie al natural, magnífica, de Enrique Ponce.

Ojeda, que abría cartel, caminó siempre en la cuerda floja de la desconfianza. Con el descastado y deslucido primero, su labor por ambos pitones estuvo enmarcada en un exceso de precauciones.

Con el cuarto hizo un gran esfuerzo. En los medios, consiguió una primera tanda con la diestra, con ligazón. En la segunda surgieron dudas. Y ya en la tercera, mal colocado, le costó estar delante del toro. Fue en picado para rematar con un bajonazo.

Ponce, con ganas y sitio, aunque con algunas dudas en la lidia, fue atenazado por las telarañas de la cogida de León. Cinco pinchazos en su primer toro y cuatro más dos descabellos en el otro no son habituales en este torero habitualmente seguro con la espada. En el primer pinchazo del quinto perdió la muleta y fue perseguido por el toro en una escena que recordó la tremenda cogida del 23 de junio en León, donde un toro le fracturó tres costillas. Aquí, afortunadamente, se zafó del astado. El valenciano, al que le recibieron con una merecida ovación de órdago, y al que trataron los onubenses como suyo, no tuvo oponente para el lucimiento con el inválido segundo.

Se acopló ante el noble quinto, al que dio sitio y larga distancia. Lo mejor de la faena y de la tarde fue una serie al natural, ligada y con temple. Pero no reventó ese estupendo pitón. Y acabó aliviándose en unipases. Con su habitual estética, entre la que brotó un primoroso cambio de mano, envolvió su correcta labor.

El Juli, el más bullidor y pundonoroso, dio todo lo que pudo de sí. Ni con el capote ni con banderillas sacó nota. Ante el descastado tercero, que no podía con el rabo, se mostró porfión en una labor, por ambos pitones, carente de emoción y estética. Mató de media eficaz. El público pidió la oreja y el usía, en su sitio, no la concedió. Fue abroncado. Y el torero se limitó a saludar, negándose a dar la vuelta al ruedo que le pedía el respetable.

Con el sexto realizó un esfuerzo notable en el platillo. Faena voluntariosa ante un toro que se quedaba corto por ambos pitones. Consiguió meterlo en la canasta. No hubo lucimiento, pero sí capacidad técnica y entrega. El epílogo estuvo salpicado de algunos recortes pintureros. Se tiró con fe y dejó una estocada desprendida. En esta ocasión, fue premiado.

Después de la auténtica corrida de toros, de Cuadri, que abrió la feria, y de los esfuerzos lidiadores de la terna -Liria, Padilla y Barroso-, el espectáculo de ayer resultó light. Por enésima vez volvimos a la realidad de la Fiesta: el toro endeble, sin poder. Y por enésima vez nos empachamos de pases...

En la memoria del corazón, una tanda excelsa al natural de un Enrique Ponce, que reaparecía con todos los honores y con la cogida de hace más de un mes revoloteando en su cabeza. Ojeda continúa por momentos perdido. Y El Juli, como siempre, a lo suyo, no perdonó y se hizo con el único trofeo de la tarde.


ABC Fernando Carrasco. Enrique Ponce vuelve y se olvida de templar la espada

Tres cuartos de entrada esperaban a Ojeda y a Ponce en la tarde de su reaparición, después de un largo periodo de dolorosa convalencia. Ni uno ni otro redondeó con éxito.

Se lidiaron cinco toros de El Torero, muy desiguales, noblotes y descastados. Destacó el quinto, que tuvo más recorrido; el sexto fue devuelto.

Ojeda se enfrentó a un toro noblón, que no se comía a nadie, pero soso y sin clase. Fue faena sin emoción, aunque en algunos momentos el veterano torero se vio en apuros por problemas de colocación. Escuchó una ovación después de una estocada corta. El cuarto tuvo mayor acometividad. Tras un inicio vibrante en una serie despatarrado y entonado, fue desbordado por un animal que le ganó siempre la acción. Mató de un bajonazo y se silenció su gris labor.

Ponce fue recibido con un gran cariño y muchas palmas. Brindó al público un toro muy deslucido, tanto que parecía descoordinado. Muleteó a media altura sobre la mano derecha. Ni siquiera cogió la izquierda. La espada le falló hasta en cuatro ocasiones. Una vez más pinchó en el quinto, al que le hizo una faena que tuvo sus mejores momentos al natural, toreando muy despacio. El final, de uno en uno, muleta plegada, y luego por bajo, tuvo relieve. Pero, lo dicho, estuvo hecho un pinchaúvas. Dio la vuelta al ruedo tras escuchar un aviso y descabellar dos veces.

El Juli se arrimó con el tercero, después de estar espectacular en banderillas. Cobró media estocada, se le pidió minoritariamente la oreja y saludó desde el tercio. En el sexto bis, de la misma ganadería, sirvió. Estuvo variado y voluntarioso, mejor con la mano izquierda. Atinó con una estocada caída y se ganó una oreja.

 

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