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Festejo
PLAZA DE
TOROS
DE LA MERCED
Tarde del jueves, 1 de agosto de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Cuadri, bien
presentados, con cuajo y kilos. Sin humillar el primero, cortando el
viaje, con pocas fuerzas pero con cierto tranco. Deslucido el segundo.
De incierta embestida el tercero. Bueno por el derecho el cuarto. Rompió
en la muleta el quinto, el mejor. Se paró el último.
Diestros:
Entrada: un tercio
Tiempo: calor en tarde agradable.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino, ABC, Diario
de Sevilla.
PortalTaurino.
Manuel Viera. El verdadero toreo de Pepín Liria
Las clasificaciones, los etiquetados, son recursos
comunes para entendernos hablando de cualquier asunto, incluso de
algunos toreros a los que se les impone de por vida el tipo de toros que
han de lidiar. Es el caso de dos de los actuantes de la tarde de
hoy, porque del tercero, de Francisco Barroso, ni lo tienen catalogado,
ni siquiera para torear.
Liria, aunque por la vía de la sustitución, volvía a
encontrarse con Padilla y con los toros de Cuadri, toros que casan a la
perfección con las formas etiquetadas del diestro nacido en Cehegín.
De todas formas no ha necesitado Liria el patético esfuerzo de muchas
de sus tardes para conseguir el triunfo; hoy lo consiguió con su
prodigiosa muñeca para someter y templar embestidas y su técnica
depurada para conseguir alargarlas, lo consiguió con verdadero toreo.
El torero de Murcia adelantó el engaño, bajó la mano, abrió el compás
y embebió en lento recorrido la noble embestida del de Cuadri lidiado
en primer lugar. Un toro noble, con escasa fuerza y que nunca terminó
de humillar. Hubo ligazón con la diestra y bellos remates con los de
pecho. No tanto al natural donde la faena bajó en intensidad y vibración.
La estocada, aunque algo contraria, confirmó la oreja.
Volvió a utilizar la técnica para doblegar al
complicado cuarto, al que le pudo con la derecha a pesar del corto
recorrido de la fiera que se defendió con la cara por las nubes en los
intentos de Liria por torearlo al natural. No consiguió, sin embargo,
levantar la faena, pero su entrega y la estocada le valieron un nuevo
trofeo que le permitió salir por la puerta grande.
La corrida de Cuadri, bien presentada y sin demasiadas
complicaciones, tuvo continuado interés. Sin ser brava en el caballo
tuvo fijeza en el engaño, aunque también sosería en las
embestidas de unos, y atisbo de casta en las de otros. Unos toros que le
sirvieron a Padilla para la espectacularidad del tercio de banderillas,
eso sí, menos espectacular que otras tardes, porque a Juan José
Padilla se le ve más cómodo en la plaza, más pausado, sin tenerse que
buscar a cara de perro el contrato para la siguiente tarde. Es verdad
que tan demasiado y grave castigo merman la capacidad y el
valor de cualquiera, y al de Jerez le han castigado sin piedad los
toros. Por eso, para el aficionado puede parecer muy poco incitante la
vulgaridad de una faena, mientras para el público le es fácil
identificarse con la espectacularidad de las formas. Padilla estuvo
vulgar con el noble y soso segundo y asentado y templado con el quinto
al que toreó despacio con la diestra y relajado en algún que otro
natural. Mató de estocada a su primero y tuvo que utilizar el
descabello en su segundo al que le cortó la oreja.
Merece la pena destacar el esfuerzo de Francisco Barroso
para conseguir el triunfo. Hay algo que sí está claro en la lucha de
este torero, y es su seguridad, su verdad ante el toro, ésta es
precisamente su nobleza: que cree en lo que hace y solo hace lo que
cree. Muy dispuesto y asentado estuvo con el rebrincado tercero. Toreó
ajustado y se arrimó sin trampa antes de una fulminante y buena
estocada que por sí sola valió la oreja. Con el sexto no
consiguió templar las complicadas embestidas y optó de nuevo por un
toreo de cercanía que le costó una fea voltereta. Y... a esperar al próximo
año. Quizá vuelva a torear en su tierra.
ABC
Fernando
Carrasco. Toreros
dispuestos para «cuadris» con raza y movilidad
La de ayer, de verdad, era una
corrida para toreros dispuestos... a no volver la cara y a torear.
Porque la impecablemente presentada corrida de Hijos de Celestino Cuadri
tuvo que torear, y mucho. Tanto en lo bueno como en el no despistarse ni
un solo momento. Una corrida de toros con todas las de la ley. Con
movilidad, fijeza en sus embestidas -algunas de las cuales, como las del
segundo y, sobre todo, el sexto, a menos-, sin doblar las manos ni
caerse por los suelos. Con mayores o menores problemas pero, al fin y al
cabo, aunque parezca mentira, una señora corrida de toros. Vamos, de
esas que las figuras y los segundones acomodados no quieren ni ver en el
campo porque, claro está, hay que estar más que dispuesto para
enfrentarse a ella. Justo como estuvieron los tres diestros de ayer en
el coso de La Merced. Así que ya saben por qué estas corridas no las
matan las figuras.
Pepín Liria sustituyó al lesionado El Fandi. Y desde que
se abrió de capa en su primero se vio que no venía a pasearse. Al que
hizo primero, un tío de 618 kilos pero muy bien hecho, le dejó lances
afanosos. Apretó en banderillas el de Cuadri y puso en apuros a la
cuadrilla del murciano pero, por fortuna, rompió a bueno el astado, que
repitió no sólo con acometividad, sino también con codicia en muchos
momentos. Le plantó cara Liria desde un principio, dándole sitio,
tirando de él y cuajando series más que estimables. Ligó, que siempre
es importante. Pero más lo fue el seguir en ese son y mantener un buen
nivel en su trasteo, a pesar de que con la zurda no hubo todo el
acoplamiento necesario. Bueno el toro, buen talante el del murciano, muy
dispuesto.
Ante el cuarto, un toro con raza desde salida y que hizo hilo en
banderillas, Pepín no bajó de nuevo la guardia. Toro, como decimos,
enrazado, que se fue quedando algo más corto a medida que avanzaba la
faena. Pero el de Murcia, que no tiene inconveniente en fajarse, volvió
a encandilar en el inicio de faena. Técnico, centrado, conciso pero
seguro, fue desgranando un trasteo serio, quizá no de cara a la galería,
pero sí macizo en cuanto a su concepción. Y eso que el de Cuadri, muy
enrazado al principio, se fue apagando. Muy bien el murciano, que volvió,
como en su primero, a tirarse a por todas a la hora de matar.
Juan José Padilla puso todas las ganas y más en su primero, al que
recibió con un farol de rodillas que precedió un toreo de capa
templado. Se dejó el «cuadri» en el caballo. Espectacular y fácil en
banderillas el jerezano, brindó al público. Su oponente, un punto
tardo, se movió pero sin romper a bueno, quedándose corto a medida que
transcurría el trasteo. Padilla, todo voluntad, insistió siempre y le
sacó muletazos de mucho mérito, aunque la faena no alcanzó altos
vuelos.
Mayor mérito tuvo ante el quinto, otro toro bien hecho que no se
entregó en los primeros compases de la lidia pero que rompió, aún
queriendo rajarse, en el último tercio. Y Padilla lo entendió a la
perfección porque en todo momento le dio sitio, distancia y, lo que es
mejor, lo supo llevar. Así las cosas, el de Cuadri repitió en la
muleta del jerezano. Con las complicaciones del toro que no se entrega,
pero yendo una y otra vez. Padilla, muy centrado, estuvo más que por
encima. Incluso cuando el astado comenzó a rajarse.
El onubense Francisco Barroso se esforzó en el tercero de la tarde,
un precioso toro, por mostrar un amplio repertorio en el toreo de capa.
Brindó a Pedro Rodríguez, alcalde de Huelva, una faena que tuvo dos
partes bien diferenciadas. En la primera el toro repitió más, con raza
y movilidad, y Barroso le sacó muletazos estimables. A partir del toreo
zurdo, el de Cuadri fue acortando -incluso le dio un revolcón sin
consecuencias al torero- y fue entonces cuando vimos el toreo de cercanías
de este diestro. Sin inmutarse, quieto, vaciando las embestidas y
haciendo pasar al astado. Un arrimón con todas las de la ley rubricado
con un espadazo en muy buen sitio.
El sexto fue un toro con fijeza pero que estaba muy pendiente de
todo, además de quedarse corto. Quiso acortar aún más las distancias
Barroso, que se llevó una espeluznante voltereta, aunque sin
consecuencias. Fue el toro menos apto para el triunfo. Sin embargo, el
onubense también anduvo dispuesto, aunque sin alcanzar grandes cotas.
Por cierto, los tres con la espada anduvieron como auténticos ases.
Aquí también hubo disposición.
Diario
de Sevilla. Luis
Nieto. Lidia
abre la puerta grande
La feria de Colombinas no se ha podido librar
de los efectos del verano sangriento, aunque Ojeda y Ponce retornan
hoy, El Fandi no toreó ayer en la plaza de La Merced, donde fue
sustituido por Pepín Liria; precisamente, el de Cehegín abrió la
Puerta Grande. Sus compañeros, Padilla y Barroso, la rozaron. La
terna cumplió con una corrida seria y encastada de Cuadri.
Los cuadri, a excepción del quinto, no hicieron una buena pelea en
varas. En la muleta predominó la nobleza, aunque sin entrega, sin
humillar del todo. Toros serios, encastados, que no perdonaban
errores.
Pepín Liria cumplió con el noble primero. Bullidor con el capote,
entendió con la muleta a este astado, con clase, de más de 600
kilos. Le dio siempre sitio y lo embarcó, por ambos pitones, en pases
largos. Como nota negativa, le faltó ceñirse más. Tras una gran
estocada, con decisión, ganó la primera oreja del festejo.
Liria se mostró voluntarioso con el manejable cuarto, que no llegó
a entregarse. Lo mejor lo consiguió con la diestra, en dos buenas
tandas. Por el pitón izquierdo, cortísimo, hubo varios enganchones.
Mató de una estocada contundente, aunque no bien colocada, y logró
el pasaporte para la salida a hombros.
El segundo astado, con movilidad en el capote, acudió corto, muy
corto, a la muleta de un Padilla porfión. El jerezano lo recibió con
un farol de rodillas en los tercios y lanceó con suficiencia a la verónica.
En banderillas destacó en un segundo par, de poder a poder, en el que
cuadró en la cara. Saludó tras un estoconazo.
Con el quinto, Padilla, bullidor con la capa; banderilleó con
facilidad y acierto. El toro, único que se entregó en varas, fue
poderoso. Al inicio de la faena le dio un serio achuchón en un pase
de tanteo. Luego, en los medios, el torero se impuso en una faena que
fue a más. Con la derecha, destacó en una serie intensa, con ligazón.
Con la izquierda, le resultó imposible el lucimiento. Gran estocada,
aunque mal colocada, que precisó de un descabello como remate. El público
pidió las dos orejas. La presidencia concedió una. Dio dos vueltas
al ruedo, la segunda acompañado por palmas por bulerías.
Muy dispuesto estuvo Francisco Barroso con el manejable tercero,
que no llegó a romper. El onubense brilló en un variado quite en el
que intercaló chicuelina, tafallera y gaoneras. En la faena, con
brindis al alcalde de Huelva, apostó por la quietud, dentro de su
personalidad. Consiguió una primera tanda con la diestra de hasta
cinco pases. Por la izquierda, hubo exceso de enganchones y sufrió
una voltereta en la primera serie. Mató de estocada casi entera, de
efecto rápido. Oreja al esfuerzo.
Barroso estuvo muy valiente con el sexto. Dibujó las mejores verónicas
del festejo. Y cortó el aliento en un ceñidísimo quite por
gaoneras. Con la franela, en sus ansias, ahogó al toro, que punteó y
se revolvió por momentos. Labor estimable por ambos pitones. Cuando
se metió en el terreno del toro, en un arrimón, el astado le enganchó
por el pitón derecho, como estaba cantado. Le propinó un varetazo en
la espalda; destrozándole la taleguilla. Mató de media estocada y un
descabello. El público, algo frío con el torero local, no pidió la
oreja. Y Barroso, con una tremenda paliza, se marchó por su pie tras
recibir una gran ovación.
Pepín Liria, que entró por la puerta de las sustituciones, salió
por la puerta grande. Primera salida a hombros en la primera de feria.
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