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Festejo
PLAZA DE
TOROS
DE LA MERCED
Tarde del jueves, 5 de septiembre de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Ganado de José
Luis Pereda y La Dehesilla (de juego desigual).
Diestros:
Entrada: dos tercios de entrada.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino, El
País, TorosComunicación.
PortalTaurino.
Manuel Viera.
Escasos momentos de interés, faltó el toro
En más de una ocasión lo he pensado, y lo he dicho y
escrito en parecidas circunstancias: No está bien que a tan buenos
toreros le pongan tan malos toros. No. Porque no era esta una corrida
para salir del paso, ni una tarde cualquiera en el acicalado coso
onubense. El centenario de esta plaza se merecía otra fiesta y no sola
la del público deseoso de sacar en volandas por la puerta grande
a otro de sus diestros locales, aunque lo demostrado en el ruedo no le
haga merecedor de tal honor.
Digno de elogio es como se ha volcado la joven empresa
por celebrar el centenario de la plaza que rigen. No le ha faltado
esfuerzo, ni ganas, ni ilusión, los numerosos actos programados así lo
demuestra, pero se le escapó el falso nudo con el que atar la culminación
de la efeméride. La tarde de toros en Huelva merecía, quizá, otra
cosa, otros toros, y aunque a modo estaban, los lidiados, para el éxito:
chiquitos, bonitos y bien hechos para no molestar, lo que
molestaba, claro, era la bondad tonta de su escasa casta hasta alcanzar
la desesperación de los que están abajo, y de los que lo ven desde
arriba. A la corrida de José Luis Pereda le fallaron las fuerzas y la
raza, y le sobró las hechuras.
Y así es imposible que llegue el triunfo, aunque
predispuesto estén unos y otros a conseguirlos: los de abajo y los de
arriba. Porque predispuesto estuvo toda la tarde Emilio Silvera, no lo dudo. Se esforzó por
conseguir lo más auténtico de su toreo, pero lo alcanzó en escasas y
contadas ocasiones. Abusó del paso atrás en los lances de capa y su
toreo de muleta resultó exageradamente despegado aunque
los trazos del pase le saliesen, a veces, templados y largos. Así lo haría con el noble y repetidor
primero, al que despacharía de un pinchazo y media estocada
desprendida. La leve petición se quedó después en el obligado saludo
desde el tercio.
Noble y soso como el sólo resulto el cuarto,
al que toreó con lentos, mandones y ligados
naturales, pero siempre hacia fuera. Faena con altibajos con la
diestra, y demasiados enganchones que no fueron óbice para que su gente
le aplaudieran a rabiar y le pidieran las orejas tras la estocada
desprendida. Con buen criterio el presidente concedió un solo trofeo
que el torero rechazó para dar, después, dos aclamadas vueltas al
ruedo.
Al bueno de Emilio Silvera, a estas alturas,
no le merece la pena engañarse
así mismo con tan banal triunfo a las puertas de su retirada, que
parece ser que no ocurrió en esta tarde de
vuelta a su plaza. Si le hubiesen valido tan injustos trofeos
para volver a la continuidad de vestirse de torero, ni el mismo
presidente hubiese dudado en sacar el segundo pañuelo. Pero para que
engañarse.
La celebración tuvo el prólogo del salto del
espontaneo al ruedo. Quiso torear al primer toro devuelto por inválido,
y tal vez, tan vieja forma
de querer ser torero provocó el mayor divertimento del festejo.
Porque Enrique Ponce se encontró con un manso
y complicado toro sin fuerzas, el segundo, y
un alma en pena el que hacía quinto. Con ambos quiso agradar sin
conseguir el más mínimo
lucimiento. Desistió pronto con su primero y trabajó a destajo
justificando su maestría, hoy a todas luces indemostrable, con su
segundo.
Tampoco Finito tuvo toros potables ni
demasiadas ganas por fatigarse. No hubo pizca de emoción con el tercero
y le faltó ángel con el bobalicón sexto.
El resultado final no pasa de ser una monótona
tarde con escasos, escasísimos, momentos de interés. Faltó el toro.
El
País. Centenario, pero menos
Del cartel inaugural, reses de Saltillo para Litri y Machaquito, al
cartel del Centenario media un abismo y estremece pensar lo que puede
ocurrir con el del segundo, si es que llega.
Esta vez fue un Centenario con espontáneo, un ciudadano oriental que
se hincó de rodillas ante el primer toro, una vez devuelto. Si esto
llega a ocurrir en 1902, lo sacan a hombros. No obstante, en estos
tiempos, visto el cariz que tomaban los acontecimientos, algunas voces
propusieron que el presunto chino volviera a salir y no faltaron quienes
lo proclamaron triunfador. Emilio Silvera aportó un toreo de geometría
variable, excéntrico para desviarlo hacia fuera y tomándole de fuera
para que sólo se produjera un contacto tangencial. Remató al segundo
con una estocada baja que fue recibida por sus paisanos tal como
debieron celebrarse los volapiés de Machaquito. No era lo mismo pero
daba igual: se pidieron dos orejas, se condedió una que el diestro dejó
sobre la arena. El segundo, más que inválido estaba impedido y lo peor
es que, a pesar de ser una sardina, llegó a la muleta con peligro. El
quinto salió con más carne que cuernos y sin intención de embestir,
lo que Ponce puso de manifiesto.
Finito sustituyó a El Juli. El tercer toro, hacia la mitad de la
faena, se encogió y parecía a punto de caer, sin duda víctima de sus
propios excesos. En efecto, Finito hizo la faena de reglamento que a
todo el mundo aburre y puso fin a un Centenario venido a menos.
TOROSCOMUNICACION.
Una oreja para el local Emilio Silvera en la corrida del Centenario
La corrida de toros del
Centenario no fue tan exitosa como todos esperábamos. El propietario de
la plaza y representante de los dos hierros que se han lidiado esta
tarde, José Luis Pereda, apostó fuerte y el resultado no fue tan bueno
como el que recientemente lograba en este coso onubense. Los toros no
dieron el juego esperado y la corrida fue plana en negativo. A la
postre, han resultado más brillantes los actos previos a la corrida del
Centenario que la propia corrida en sí.
Emilio Silvera fue el que se llevó
el lote más potable. Su primero embestía mejor por el derecho y el
cuarto, mejor por el izquierdo. Ese primero le dejó estar a gusto en
una faena medida y de tandas de muletazos cortos y templados porque el
toro tenía las fuerzas justas. Rayó a buen nivel. En el cuarto, un
toro noble y que fue a más en la muleta, aunque al final se vino abajo,
estuvo Silvera muy entregado, motivado por el brindis que sobre el ruedo
había hecho a Miguel Báez Spínola 'Litri'. Se gustó por el lado
izquierdo, porque por el derecho protestaba al animal. Mató de estocada
y la gente pidió las dos orejas. La presidencia dejó el premio en sólo
una, que recogió Silvera si bien la dejó sobre el albero. El público
se puso de parte de 'su' torero y abroncó a la presidencia fuerte
mientras que incitaron a Silvera recorrer por segunda vez el anillo.
Fue lo más noticiable del
festejo. Ponce pasó inadvertido, incluyendo su actuación con el
segundo, un toro deslucido y que fue desarrollando sentido pero ante el
que Ponce suele hacerse aplaudir; esta vez estuvo más 'relajado'. En el
quinto, nada que hacer: toro parado.
Finito, que sustituía al enfermo
Juli, toreó bien lo poco que duró el tercero, desrazado. En el sexto,
un toro manejable, debió estar algo mejor.
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