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Festejo
PLAZA DE
TOROS
DE LA MERCED
Tarde del sábado, 3 de agosto de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de
Núñez
del Cuvillo, de diferente presentación y juego.
Diestros:
Entrada: tres cuartos.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino, Diario
de Sevilla, ABC, TorosComunicación.
PortalTaurino.
Manuel Viera.
El retorno de Finito de Córdoba
Y aunque las diferencias aún sean muchas, la tarde me recordaba a aquellas otras de Finito donde la remembranza se alía a una poderosa visión de la realidad. Desde luego que el toreo de Juan Serrano no se haya en esa hondura intimista de ayer, pero sí hay instantes de igual o más belleza.
Sucedió durante la lidia del cuarto. Un buen toro que repetía en los engaños con inusual fijeza, a pesar de querer irse para las tablas en más de una ocasión, Finito adelantó la pierna en el saludo de capa, y citó con la tela muy adelante en los inicios de faena para convertir, después, la tarde de toros onubense en una cascada emocionante de muletazos hondos, lentos, ligados y rematados con excelsos pases de pecho. Dos naturales relajados y ajustados hicieron levantar al público de sus asientos. El mismo público que instantes después pedían honores de indulto para el "nuñezdelcuvillo" que justamente el presidente no concedió. El mismo público que se olvidó de pedir la vuelta al ruedo del astado, honor menor tal vez más justo. Las dos orejas fueron para Juan Serrano, que sin perder un momento había escalado la cima cuando instantes antes, en el primero de sus toros, descendía presuroso después de ejecutar lo más vulgar del toreo ante un soso y parado animal.
Lo inconfundible de la tauromaquia de José Tomás está en que le pone imágenes indelebles a una quietud imposible. Como resulta de igual forma inconfundible esas otras maneras tan suyas, esas pausas que tanto sabe explotar para provocar un silencio de expectación que después llena de sonoridad con su diferente toreo. De ahí el atractivo de este torero que es capaz de enardecer a las masas con sólo dos muletazos.
Lo hizo con el primero nada más salir de chiqueros. Pies juntos, quieto, clavado para pasar la fiera con ajuste imposible. No fue esta faena de altos vuelos, pero sí de bellos y emocionantes momentos, sobre todo en el toreo al natural donde el ritmo lento de los pases y la quietud del torero sobresalieron entre algún que otro enganchón. Citó de frente, se ajusto a la fiera con los molinetes finales, mató de estocada y le concedieron la oreja con toda justicia.
Con el quinto apareció el inesperado, el irónico José Tomás. Tras breves intentos no quiso seguir probando fortuna con el bronco y parado toro.
Sin duda no hubo más, porque Morante es un claro ejemplo de la actitud de torero artista que placenteramente deja que su imaginación se disperse hacia la inspiración o el desánimo. Esto último le sucedió con el tercero, un sosote y noble toro al que veroniqueó muy dispuesto para apagarse después desconfiado en el epílogo de la faena. Con el sexto, al que toreó de capa muy de verdad, abrevió tras escasos intentos de toreo al natural al protestado e invalido toro.
Ojalá, Morante, vuelva a su plenitud. El tiempo pasa, y todo pasa, y todo, tal vez, se olvida demasiado pronto. Sería una lástima. Ojalá, Morante, vuelva.
ABC
Fernando
Carrasco. Finito
de Córdoba se despierta, reacciona y lo borda
Que Finito de Córdoba es un buen torero, nadie lo discute a estas
alturas de su carrera taurina. Pero que también lleva una temporada en
la que «se ha dejado ir» en demasía, también es conocido. Está
toreando mucho pero quizá, es una opinión personal, algo relajado
-siempre con el máximo de los respetos- y viéndolas venir. Por eso,
cuando borda el toreo como lo hizo ayer en Huelva, da incluso más rabia
porque él sabe perfectamente que cuando quiere, puede. Al menos, la
afición onubense fue testigo del despertar del cordobés, que ha
reaccionado a tiempo -queda mucha temporada- y puede volver a deleitar
con su concepción taurómaca.
Hasta que salió el cuarto la tarde había transcurrido sin
demasiadas alegrías. A la floja aunque noble corrida de Núñez del
Cuvillo tan sólo José Tomás pudo hilvanar faena de cierto nivel que
fue premiada con la oreja.
Pero Finito se encontró con «Aguaclara», de 521 kilos de peso. Un
toro al que toreó con sentimiento a la verónica. Luego, el «cuvillo»
tomó un puyazo y tras sacarlo del caballo se fue buscando las tablas.
Cuando el de Córdoba le dio el primer muletazo -bello el comienzo de
faena-, se vio que «Aguaclara» quería franela. Curioso, pero hizo
ademán en varias ocasiones de rajarse y buscar los chiqueros. Lo que
pasa es que repitió en sus embestidas y Finito, inspirado y centrado,
bordó el toreo sobre ambas manos. Iba el toro y el torero le bajaba la
mano, la corría con gusto y temple y remataba atrás. Estaba a gusto y
eso se le nota. Los cambios de mano en los remates de las series, así
como los de pecho y algunas trincherillas hicieron que la plaza se
volviese loca. Luego, al natural, también dejó series de una gran
plasticidad. «Aguaclara» colaboraba -repito que quería irse a tablas-
y Finito le dejaba siempre la muleta en la cara para engarzar los
muletazos. Cuando cambió la espada el público, enfervorizado, pidió
el indulto. Alfonso Garrido -pedazo de feria que ha echado usted, de
verdad, dando rigor y seriedad a las Colombinas- se mantuvo en sus trece
y no lo concedió. Aguantó estoicamente la bronca mientras Juan Serrano
se perfilaba y su cuadrilla, entre los burladeros, sacaba la puntita de
los capotes para que el toro se moviese. Al final tuvo que entrar a
matar. Dejó una gran estocada y llegaron las dos orejas. No era toro de
indulto. Sí un gran toro al que se le hizo una gran faena.
Con el que abrió plaza, Finito estuvo en cambio algo pesado, en una
faena larga a un toro sin fuerzas que deambulaba más que embestía.
Poca cosa y pesadez en los tendidos.
José Tomás dio una de cal y otra de arena. A su primero, un toro
que salió con cierto brío, lo lanceó a pies juntos en medio de la
algarabía. Del quite por chicuelinas sobresalió una imponente, en la
que no se inmutó a pesar de pasarle el astado a milímetros. El de «cuvillo»
se movió y el madrileño le realizó una faena de tono mayor, aunque le
faltó algo más de reposo en los muletazos. La principal virtud, que
toda ella estuvo construida en los medios, en el mismo platillo. La
quietud del toreo sobresalió, aunque echamos en falta una mayor
conjunción ya que, en muchas ocasiones, a muletazos buenos le sucedían
otros enganchados. El conjunto fue bueno.
Al quinto, un toro reservón que se defendía, sólo lo probó para
irse enseguida a por la espada.
Otro lote malo, y van... el que le correspondió a Morante de la
Puebla. Comenzó muy toreramente, por bajo, la faena al tercero de la
tarde, un astado algo andarín y que no se centraba. Tras dos series
diestras algo vibrantes, tomó la muleta con la izquierda y el burel se
mostró más remiso. No terminó de humillar. Morante no lo vio y decidió
machetear con prontitud.
Mayor brevedad mostró ante el que cerró plaza, un toro muy
protestado por inválido al que el de La Puebla quiso torear desde
principio de faena al natural. Una misión poco menos que imposible.
Diario
de Sevilla. Luis
Nieto. Oro de ley de muchos quilates
¿Cómo fue el toreo de Finito de Córdoba en
La Merced? Oro auténtico. Fino oro de ley de muchos quilates, de
quilates incalculables. Sin exageración. Faena, faenón completo, de
los que dejan huella. Sin duda, lo mejor que le hemos visto a Finito
en los últimos tiempos. Suaves y hondas verónicas, pero con
enjundia. Y toreo con dominio, mando, sometimiento, endulzado con ese
son y ese ritmo de un torero que se rompió ayer,-¡por fin!-, ante un
toro que, repetidor como una metralleta, no dejaba respirar. Pero
Finito respiró. Y templó. Y mandó. Y ligó. Y Finito, transportado,
transportó al público al éxtasis. Toreo caro.
Aquello era un funeral hasta que llegó el cuarto, un toro que
manseó en los primeros tercios, pero con un buen fondo de nobleza.
Aguaclara no fue claro al principio. Pero a medida que se fue
calentando, fue a más, repitió y humilló. Juan Serrano se entregó
en el toreo a la verónica, embarcando las embestidas en los vuelos de
una capa magnética y mágica. Verónicas con aroma y profundidad, que
remató con una media soberbia. Como soberbio estuvo en banderillas
Curro Molina. Finito, muleta en mano, comenzó de manera fabulosa y
torera, mezclando pases con mimo, uno por bajo y un admirable cambio
de mano, con otros con mando. En las afueras apostó fuerte. Con la
diestra, la primera tanda fue de estudio y buen pulso. En la segunda,
excepcional, metió los riñones y se sintió, barriendo la muleta la
arena. La siguiente tuvo sabor. Y en la cuarta predominó la estética.
Al natural dibujó una serie de belleza suprema, rematando siempre muy
despacio. Y omnipresente, la ligazón. En otra, el toro le rompió el
estaquillador, y el torero, sin precipitarse, llegó a dar el pase de
pecho con la tela plegada en una anotación de notable improvisación.
El público, sin valorar la mansedumbre del toro en sus comienzos,
pidió el indulto, que no llegó, pese a que Finito alargó la faena
con esa finalidad. El presidente tampoco lo premió con vuelta al
ruedo. Incluso, en principio, banderilleros del torero cordobés
llegaron a una disputa con mulilleros, porque únicamente se le había
cortado una oreja al toro. Sinceramente, después de aquella obra
maestra, lo de menos eran los premios de casquería. Faena excelsa,
profunda y bella a la vez.
El resto del festejo, con una corrida de Núñez del Cuvillo
desigual en presentación y juego, fue historia menor. El propio
torero cordobés realizó una labor de enfermero, basada
fundamentalmente sobre la diestra al inválido, muy protestado, que
abrió plaza.
José Tomás cortó una merecida oreja, más por la estocada que
por una faena a la que le faltó limpieza a un astado con recorrido,
pero que punteaba. Con la capa brilló en un quite por chicuelinas ceñidísimas.
Con la franela, tras una apertura torerísima, no pasó de entonado.
En el platillo, con la diestra, hubo temple en una tanda y bajó el
tono en la siguiente. Con la zurda, exceso de enganchones. Lo mejor
llegó al final, en un afarolado que ligó a uno de pecho o en un
vistoso cambio de mano.
Al quinto, topón y gazapón, el de Galapagar le quitó las moscas
sin más, ante las protestas del público.
Morante anduvo inseguro, cambiando multitud de veces de terrenos,
con el anovillado y noble tercero, que no acabó de entregarse. El de
La Puebla se fue a Punta Umbría a la hora de matar. Tuvo muy mala
suerte con el sexto, un astado con clase, que se lesionó en el primer
tercio. El animal no pudo perseguir las telas con franqueza. El
presidente no quiso escuchar las protestas del público y mantuvo al
animal en el ruedo. Morante se justificó, pero fue imposible el
lucimiento.
La tarde tuvo un nombre: Finito. Y una obra de orfebrería
inolvidable, de muchos, muchísimos quilates.
TOROSCOMUNICACION.
Francisco Mateos.
La tercera corrida de
toros de las Colombinas tuvo como máximo triunfador a Finito de Córdoba.
Sucedió en la lidia del cuarto astado, 'Aguaclara', un buen toro,
aunque no completo. El astado no se entregó en varas y al final del
trasteo se 'rajó', aunque con leves tironcitos de Juan el astado volvía
a las afueras y seguía embistiendo. Esos fueron sus defectos, pero
virtudes tuvo muchas más: fijeza, pronto en la arrancada, con
recorrido, humillaba y un buen tranco. Finito construyó una faena
torerísima con el sello personal de su toreo de mano baja y cintura
metida, mejor por el izquierdo en tandas de naturales excelsos de
belleza. Por el lado derecho también dejó series con mucha calidad.
Finito, además, se adornó con bellos e inspirados remates. Cuando
montó la espada, con las dos orejas en el bolsillo, un sector de la
plaza, en tendidos de sol, pidió el indulto del toro. Finito dio una
tanda más y el animal se 'rajó'. Montó de nuevo la espada y la
gente seguía pidiendo el indulto. Volvió Juan a dejar dos tandas,
una por cada pitón, buenas, con el toro embistiendo, aunque con
tendencias a seguir 'rajándose'. Definitivamente miró al palco y el
presidente Alfonso Garrido le indicó que entrara a matar. Le
premiaron con las dos orejas y el toro se quedó, en cambio, sin
vuelta al ruedo. El primero de Finito tuvo muy pocas fuerzas y
el cordobés se justificó en una faena suave.
Cortó otra oreja José Tomás,
en el segundo de la tarde. El madrileño mostró las dos caras de su
toreo. En ese segundo toreó bien a la verónica de salida y le hizo
un ajustado quite por chicuelinas. Fue faena con altibajos artísticos,
pero con momentos de extraordinaria calidad, sobre todo en dos tandas
de derechazos de mano baja y muy templadas. Cerró faena con
manoletinas hieráticas y una estocada que le valieron el trofeo. Al
quinto, que no le debió de gustar, dejó que le pegaran fuerte en
varas. El animal, deslucido de por sí, fue lidiado brevemente por el
madrileño, que mató mal entre protestas por la apatía mostrada en
esta ocasión.
Morante, con el lote más deslucido, se va de
vacío de Huelva. En el tercero se atisbaba faena porque con el capote
y en los primeros muletazos hubo emoción, pero el animal se apagó
muy pronto. El sexto, al que también le dieron fuerte en varas, se
quedó asfixiado para la muleta.
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