|
|
|
Festejo
PLAZA DE
TOROS
DE LA MERCED
Tarde del sábado, 4 de agosto de 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Hermanos
Tornay. Tercero y cuarto como sobreros, aceptablemente
presentados, inválidos y nobles.
Diestros:
Entrada: dos tercios.
Tiempo: calor.
Crónicas de la prensa:
Diario de Sevilla,
Portal
Taurino,
El País.
El País.
JUAN ORTEGA. De
falsedad, tedio y aberración
Espartaco
cumplía 21 años y tres días de alternativa, larga condena, que le
ha propiciado un profundo conocimiento del cielo, el infierno y el
putiferio taurino. La experiencia no le valió para aprovechar el pitón
izquierdo del primero, pues se empeñó en utilizar la protección de
la muleta montada ante la inseguridad de un gazapeo mansurrón, que sólo
se resolvió en tres series de naturales templados acompañados de las
consiguientes medidas precautorias. Pobre bagaje que sólo consiguió
mutar la emoción en tedio.
El cuarto se descuajeringaba de atrás como una silla vieja y fue
sustituido por otro novillote que era un escaso argumento para la
despedida de Espartaco, que se empleó con temple, ritmo y sentido de
la medida. Las raciones de pico marcaron un viaje prodigiosamente
alejado del torero, que, afincado en la distancia, no se cruzaba ni
por casualidad. Toda una lección de técnica torera para no torear.
El tercer sobrero salió desgraciado y llegó a la muleta rebrincado,
algo que Morante reprobó con gesto de contrariedad. Toreo de trámite,
que no puede ser toreo; ausencia de toro y tedio invasor. En el sexto,
aprovechó para componer la figura y torear al vacío.
Finito veroniqueó divinamente al segundo, recordando tiempos
mejores; el toro, además de caerse, se rajó, y sólo cuando iba
hacia los adentros, Finito cuajaba algún pase destacable. El quinto
andaba a ratos y se caía en ocasiones. Cuando se mantenía en pie,
Finito imitaba el toreo, llevando a la perfección una embestida agónica,
aberración de libre práctica. Según las muestras, habrá que
estudiar incinerar a toda la camada de Tornay.
Portal
Taurino.
MANUEL
VIERA.
Y
para esto, para qué venir
No es la Huelva una plaza para programar demasiados espectáculos en
sus Fiestas Colombinas, con dos le basta para llenar sus tendidos.
Celebrar mas es ir abocado a la ruina
–económica, se entiende-. Los públicos, que son los que revientan
los cosos al reclamo de torero de moda, acuden solo cuando este está.
Le importa poco todo lo demás, por mucho interés que tenga el
anunciado cartel. Y el de ayer lo tenía como para provocar el aluvión
de gentes a la plaza. No fue así, y la paupérrima entrada casó al
final con el anodino espectáculo. Quizá tengan razón los que en
casa se quedan, porque para ver unos toros lastimeros, sin casta, inválidos,
que sólo admiten una vara y cuatro palitroques en su lomo, para esto,
para qué venir.
Ni un solo quite, ni una buena vara, banderillas de trámite -solo
Joselito Gutiérrez se desmonteró tras un aceptable par-. Todo un
perfecto cóctel en que también se mezcló el toro noblón, tonto, que dice no andar y que sólo sirve para dibujar un hipotético
toreo, despacito, lento, que hace soñar más que emocionar.
Como
antes.
Espartaco,
se despedía de una plaza muy significativa para él, y puso todo su
empeño por estar a la altura de las circunstancias. No lo consiguió
con el manso y apagado primero, aunque los mejores momentos lo
consiguiera en las postrimerías de faena y al natural. Pero fue en el
cuarto, un sobrero de Tornay, muy justo de fuerzas y
de noble embestida, donde Juan Antonio revivió pasadas tardes
en Huelva. Con su portentosa técnica y finos toques imantó la
embestida, mantuvo al noble animal en pie, y muy despacio corrió su
privilegiada muñeca hasta ligar series con ambas manos rebosantes de
cadencia y temple. Se entregó con la espada y rubricó su última
obra en La Merced tal como deseaba.
Es
cierto que Finito de Córdoba goza de un excelente momento profesional
y artístico. Le valen más toros que antes y busca cada tarde el
triunfo con ambición. Lo intentó con el segundo, un toro si fuerzas,
rajado y manso, al que toreó de capa muy despacio, y le sacó sueltos
muletazos con empaque. Mas a gusto estuvo con el quinto al que cuido
en varas, como todos, y le exprimió al máximo las nobles embestidas.
Naturales lentos, prolongados, ligados y rematados con la estética
del diestro cordobés. Toreo que hace soñar más que emocionar. La
fea estocada le privó de un triunfo, que tal y como está el palco en
La Merced, hasta se nos antoja justo.
Y
Morante.
Al
torero de la Puebla no le acompaña la suerte, ni mucho menos, si a
esto se le agrega su extraña personalidad en la entrega, no es difícil
averiguar el por qué de tantas tardes anodinas. A Morante no le sale
una a derechas. Le devolvieron el tercero y le salió un sobrero con
igual hierro e iguales características, es decir, si fuerza. José
Antonio, sin demasiada ilusión,
le trazó naturales sin emoción. Igual le sucedió con el
sexto, inválido y maltrecho tras la costalada de rigor, Morante esbozó
su toreo con la lentitud del que se ejecuta de salón, claro, sin la
transmisión del toro y sin la emoción de la verdad.
Diario de Sevilla.
Luis Nieto.
Espartaco se despide
de las Colombinas a lo grande
Hace veintidós años -concretamente el 1 de
agosto de 1979-, Manuel Benítez El Cordobés le daba la alternativa
en Huelva a un chaval rubio de Espartinas, que todavía no contaba con
la mayoría de edad. Escribo, por supuesto, de Juan Antonio Ruiz
Espartaco, que ayer se fue a los medios de la plaza de La Merced y
brindó la faena de su segundo toro por la que abrió por última vez
su Puerta Grande. Han sido más de dos décadas por todos los ruedos
del mundo, una de ellas casi al completo mandando en el toreo, la
superación de una lesión que le quería dejar en una silla de
ruedas... Ayer, su triunfo a lo grande en las Colombinas, apoyado unánimente
por el público, fue el compendio merecido de una trayectoria
ejemplar. Si después de esas dos décadas, Espartaco salió con ese
apetito de triunfo, es comprensible porqué ha liderado en su etapa
esplendorosa el toreo.
La corrida de Tornay fue un fiasco de órdago. Toros inválidos,
tullidos, que apenas se tenían en pie.
Espartaco, en las afueras, aprovechó a medias el buen pitón
izquierdo del primero. Por el derecho, labor estéril. Mató mal.
Lo mejor de la tarde llegó en el cuarto bis, un sobrero del mismo
hierro que sustituyó a un inválido devuelto. Un toro cariavacado, al
que le dieron un puyacito. El de Espartinas, en los medios, realizó
una faena que fue a más, en la que cuidó mucho al toro, con tandas
por ambos pitones en las que los muletazos salieron con frescura,
temple y a media altura. Todo ello rociado con unas gotas de estética
y con un desplante de rodillas, como en sus tiempos dorados. Fue la
faena de un veterano que se desenvuelve con facilidad en el ruedo,
calibra prefectamente al astado que tiene enfrente y tiene capacidad.
Lo mejor: una serie al natural en las rayas; en la que, relajado,
quebró la cintura en los viajes y pulseó muy bien. Entró a matar
con ganas y enterró el acero para cobrar las dos únicas orejas del
festejo.
Finito recibió al segundo con unas verónicas armónicas. Pero,
aunque lo cuidó en varas, el toro, sin fuerzas, reservón se vino
abajo. El Cordobés, voluntarioso, no tuvo opción al lucimiento con
el descastado animal, al que pasaportó con una estocada corta. El
quinto fue otro animalito flojo, al que mimó el torero cordobés
tanto en los lances de recibo como en la muleta. Realizó una labor
extensa por ambos pitones, en la que hubo variedad y un toreo, al
natural, de altísima calidad. Aunque faltó toro, se barruntaba el
premio, que malogró con una estocada haciendo guardia.
El tercero se partió la pata derecha y fue sustituído por otro
astado de la misma divisa. Morante anduvo desconfiado con un cornúpeta
que por su falta de motor acabó a la defensiva. Al sexto, una ruina,
le vino fatal la voltereta de salida. Morante lo finiquitó con un
pinchazo tras un trasteo insulso.
Espartaco, con las credenciales de su veteranía y la actitud de un
novillero hambriento de contratos, se despidió de las Colombinas a lo
grande.
|